El ritmo que manejaba aquel hombre de pestañas largas bajo la luz del faro estelar era inigualable, mucha gente quedó embelesada por la manera en que las manos se movían con una coordinación celestial en donde controlaba el resto de sus extremidades, guiándolas por el salón.
Presenciar algo que fuese exquisitamente hermoso no estaba en sus planes de la semana, más sin embargo agradeció al destino que lo guio a estar aquí en este mismo momento. La luz centellaba bajo su piel pálida y reflejaba con amor el éxtasis de la canción.
Una sensación mínima de electricidad nació en las yemas de sus dedos, rápidamente viajó a lo largo de todo su ser de manera que sintió una jovialidad sin igual. Si pudiese tan solo acercarse para apreciarlo con mayor atención podría decir con certeza el sentimiento que este intentaba expresar.
Se movió entre la multitud con la esperanza de poder encontrar un espacio que lo acercara más pero no fue el caso y quedó mucho más atrás de lo que antes estaba. Entre la gente que se movía por el cansancio de estar parados, podía ver fragmentos del baile que seguía realizando aquel joven celestial. Cada movimiento ondeante que no tenía descanso reflejaba el esfuerzo de muchos días practicando. Cada gota de sudor que se deslizaba por su piel demostraba el cansancio que lo estaba alcanzando.
Bajo esa luz etérea pudo observarlo con detenimiento como si estuviera en una vitrina inalcanzable. La cara triste del joven reflejaba un vacío particular.
¿Por qué estás triste cuando estás en el punto más álgido?
¿Por qué no sonríes a pesar de estar logrando lo que todos esperan que hagas?
¿Por qué te ves infeliz a pesar de ser extraordinario?
¿Por qué tu corazón se ve vacío?
Ante aquella tormenta de preguntas que crecían a la par de la melodía intensa solo pudo suspirar profundamente. Su aliento había sido robado por aquel espectáculo sin igual y no creía que volviese a sentirlo de nuevo.
Cuando la música paró su corazón también lo hizo porque significaba que aquel ser desaparecería para siempre. Todas las luces se prendieron para iluminar el lugar y aquel bailarín que se encontraba en el centro mantuvo una fachada impecable mientras caminaba hacia la salida.
Al mismo tiempo en que sucedía todo eso su mirada se posó sobre el otro y este, por obra del destino, lo observó momentáneamente. Los ojos de aquel ser emitieron desdén por todo su alrededor, pero a su vez mostraron un vacío misterioso que podía engullirlo fácilmente. No había ningún pensamiento de por medio, pero eso era lo que lo hacía más místico.
En una fracción de segundos todo volvió a la normalidad.
La gente siguió transitando.
Él siguió con su camino.
Cuando llegó al estacionamiento del lugar solo pudo ver la oscuridad en el horizonte. Sobrepuso ante aquel manto oscuro la imagen de aquella luz vacía, danzando sin parar en la penumbra que lo engullía.
















