MORFINA
Hoy volvĂ a ese maldito bar, el lugar donde te conocĂ, donde por primera vez nuestras miradas se cruzaron. Pero esta vez no vine solo, vine con mis amigos, esos que nunca me fallan, los que saben lo que es el verdadero cariño. A diferencia de ti, ellos no se alejan, no me abandonan. Mientras los tenga a ellos, me he dado cuenta de algo importante: ya no te necesito.
TodavĂa apareces en mi cabeza, pero solo cuando el alcohol corre por mis venas. Porque cuando estoy sobrio, tengo claro que no vales la pena. A veces, pienso en ese dĂa, el dĂa que me pusiste los cachos, y en vez de doler, agradezco, porque ese fue el dĂa en que todos mis problemas se desvanecieron.
SĂ© que no era perfecto, que cometĂ errores, pero te di todo lo que tenĂa, te entreguĂ© mi vida entera. Siempre estuve ahĂ para ti, hasta que decidiste dejarme ir, persiguiendo a cualquiera que te ofreciera menos de lo que yo te daba.
PerdĂ 215 dĂas de mi vida, dĂas que nunca volverĂĄn, pero sĂ© que aunque no fui suficiente para ti, fui mĂĄs de lo que merecĂas. PensĂ© tanto en quĂ© habĂa hecho mal, en cĂłmo podrĂa haber sido mejor. Me costĂł entender que nunca fue mi error. Fui ciego, no vi venir tu traiciĂłn, y confieso que me doliĂł, me hiciste un hueco en el corazĂłn. Pero ahora, ese hueco lo llenĂ© con risas y cervezas.
Mientras tĂș sigues buscando a otro que te llene ese vacĂo que ni siquiera entiendes, yo me quedo aquĂ, con mis muchachos, brindando por la vida que, sin ti, se volviĂł mucho mĂĄs buena. Cantando a voz en grito, riendo de verdad, porque al final, me di cuenta de que estar sin ti es lo mejor que me ha pasado.







