Me encantan las recetas. Podría decirse que es un placer culposo, pero una receta es algo normal. Es una confesión que me da vergüenza porque me encanta verlas, pasar largos minutos viendo a mis cocineros favoritos en Instagram, me encanta pensar que son fáciles de hacer, me encanta pensar que me saldrían divinas y la realidad es que soy una cocinera más bien mediocre, después de hacer cursos y diplomados no queda más que reconocerlo.
Pero resulta que las recetas no son solo de cocina. También son las que solucionan un problema, así como las que te receta el médico. Las que queremos que actúen fácil y rápido, como una aspirina, pequeña y eficiente, para múltiples dolencias. ¡Qué más le quisiéramos siempre pedir a la vida que tener al alcance algo así para todo mal! Todavía me pregunto cómo sobrevive alguien a la inclemencia de estar encerrado en un cuerpo humano siendo alérgico a los antiinflamatorios no esteroideos, en especial porque casi no tomo medicamentos, pero cuando me quiero tomar un Advil es precisamente porque siento que lo necesito desesperadamente.
Para que te funcione una receta necesitas tener adherencia al tratamiento. Los humanos no somos buenos para eso. A pesar de que las redes nos quieran dar consejos todos los días, a todas horas, sin parar, sobre las formas de rendirnos ante la esclavitud buscando exprimir cada uno de nuestros minutos de forma productiva, nos resistimos. Creo que nos resistimos naturalmente. Alabamos las virtudes de la disciplina, la perseverancia, sí, son buenas, y quisiéramos usarlas para poner a correr nuestras ideas en el mundo real. Cuidado. Que no te tome por sorpresa ir vendiéndole tu alma al diablo. Piensa siempre que nada es tan importante como parece.
Imaginarme una receta hoy parece importante, me da esperanza frente a lo que todavía no entiendo del mundo y de la vida. No es de cocina, no es médica. Tampoco me la inventé yo. Diría que es mística y que siempre debe venir acompañada de contexto. Sin haber establecido ese ambiente que rodea a las cosas sobrenaturales, esta receta no funciona. El primer ingrediente es la disposición, normalmente no la incluimos al inicio de las recetas, pero yo creo que aportaría muchísimo a mantenernos apegados al tratamiento:
Ahora viene la parte más difícil: conseguir los ingredientes.
2 onzas de orines de sapo negro
2 lágrimas de selva virgen
Otros elementos necesarios, que no son ingredientes y debemos tener en cuenta:
1 botella de vidrio azul, que debes poner en el marco de tu ventana a la hora en que comience a verse en el cielo la próxima luna llena. Debes consultar en tu ciudad cuál será este próximo día y la hora exacta en la que esto sucederá. Googléalo, lo encontrarás fácilmente. Con más nivel de dificultad tenemos que cumplir con la condición de que la luz de la luna caiga directamente sobre la botella vacía. Si no sabes en qué sitio ponerla, es probable que tengas que gastarte otro ciclo lunar intentándolo, un minuto de luz que pierdas disminuirá la efectividad de la receta en un 50%. Añadiré que si está nublado y la luna no se ve, por supuesto que no funcionará. Pero recuerda, la paciencia sí es una virtud que en este caso nos interesa.
Falta decir que tampoco funcionará si no te has dicho a ti misma la realidad de la situación:
Eres inmune a mis requiebros
No le escuchas a mi corazón
Te portas como una basura
Y en conclusión, no dejarás de ser porquería
No es el primer paso, sorprendentemente puedes hacerlo antes o después, o puedes intentar quedarte despierta de noche al lado de la botella azul, pensando y pensando sobre la realidad de la situación, pero no es necesario. Con que te lo digas una vez es suficiente. Esto parte del principio de honestidad consigo mismo, es al menos uno de los resultados comprobados de la receta.
El ingrediente más fácil de conseguir son los siete clavos. Pueden ser metálicos, como los que te puedes imaginar enterrando en el corazón de un vampiro. Eso sí, hiérvelos bien antes de usarlos. También puedes usar los clavos de olor, que suelen mencionarse como ingrediente acompañante de la canela. Chocolate con sabor a “clavos y canela”, dicen los empaques. Eso sí, no prepares tu chocolate de la mañana con clavos de olor. Recuerda que la taza del chocolate al desayuno te puede ayudar a preparar tu consciencia e identificar correctamente la realidad de la situación.
El agua bendita, pídela a una tía. Si no tienes una tía que te la pueda traer, pídela a la tía de tu amigo. O a la tía del amigo de tu amigo. Es una tía quien te la proporcionará. Tal vez te parezca una condición difícil de cumplir pero será más fácil que encontrar la piedra indicada. Con la piedra debes hacer algunos ensayos. Al recogerla del piso no debe sentirse muy áspera ni muy suave. Puedes recoger varias, el éxito depende de haberla pisado sin darte cuenta en medio de una de tus caminatas diarias. Debes sentirla a través de la suela del zapato, si quieres, puedes decidir no usar zapatos de suela gruesa por unos días mientras encuentras tus ingredientes.
Todos los sapos son negros en la noche. Si escuchas sapos en la noche, sigue directamente a la fuente del canto. Recoge un litro y medio de agua y ve a mi siguiente receta donde encontrarás cómo obtener los orines de sapo destilando esta agua. No es ni tan asqueroso como suena y podrás pensar en hacer tu propio whisky ya que habrás obtenido los conocimientos básicos necesarios. Solo nos faltan las lágrimas de selva virgen. No te lo repetiré pero hay un sitio en Bogotá donde puedes comprarlas, son de temporada, así que debes ir entre octubre y diciembre por ellas. Vienen más de dos gotas así que si las guardas en un lugar fresco y seco, podrás repetir esta receta cuántas veces quieras.
A la mañana siguiente de haber dejado tu botella a la luz de la luna, debes poner adentro todos los ingredientes, usarás un mezclador de vidrio y les darás vuelta mientras preparas tu desayuno, idealmente incluyendo tu taza de chocolate en el menú. Luego te sientas a la mesa, mientras comes vas leyendo el periódico y te darás cuenta de que el horóscopo no te predice un mal panorama sentimental. Las palabras no tienen tal efecto. En cambio la receta sí:
Pruébalo una vez, con fe. No te arrepentirás.