Un día como hoy, el ser más maravilloso que haya caminado sobre la faz de la tierra jamás, entregó Su vida por la de toda la humanidad en una Cruz. Ese hombre perfecto y santo, cargo voluntariamente nuestras iniquidades y las de todo el mundo, nuestro pecado y su peso, nuestras enfermedades, toda condenación, dándonos una esperanza viva de libertad y reconciliación con Dios. Ese Hombre soportó la más grande injusticia solo por amor, amor a ti, amor a mi. Sometió Su voluntad a la del Padre, dejándonos a todos aquellos que le aceptan a El y Su obra, un ejemplo perfecto de vida y conducta. Ese Hombre es Jesús, a quien la muerte no pudo contener. Jesús el Salvador, el Santo de Israel, redentor de nuestras almas, el Camino, la Verdad, y la Vida. El que abrió el camino al Padre, dándonos acceso personal a Su presencia por el poder de Su Sangre preciosa. Jesús se dio por amor, y por ese amor, derramó misericordia para la humanidad, dándoles la oportunidad de aceptarle a El, y con El, toda bendición celestial de parte De Dios el Padre eterno. Celebramos la Vida de ese Hombre y Dios, ha sido exaltado por el Padre al más alto lugar, le ha sido dads toda autoridad, y un Nombre que es sobre todo nombre, para que todo en el cielo, en la tierra, y debajo de ella, doble rodilla ante Su gloria, y toda lengua confiese que Jesús es el Señor, desde hoy hasta siempre por toda la eternidad. Jesús, por El, Su vida, Su sacrificio y resurrección, es que hoy podemos entrar en una esperanza viva de que así como Jesús nuestro Salvador, seremos levantados un día para encontrarnos con El. Sea toda la gloria y la honra y el honor al santo nombre de Jesucristo por todas las edades. Amén.














