Estaba caminando por un pasillo un tanto conocido para mí, ya que pasaba por aquí cada vez que necesitaba ir a la biblioteca.
Pero mientras caminaba observé que había algo diferente, algo que no había visto antes y que no había prestado atención.
Algo así como un casillero solitario a un costado del pasillo. No era de las personas que se quedaban con la intriga y la curiosidad así que me dirigí hasta el.
Cuando me acerqué me di cuenta que llevaba un candado, no iba a meterme en problemas, yo no quería eso. Pero algo dentro de ese casillero me llamaba, era una atracción imposible de negar, así que saqué un invisible que llevaba en mi cabeza, como pude abrí el candado que estaba frente a mi y con cuidado despliegue la puerta.
Saqué de ahí un enorme cuadro, que contenía un retrato de una persona, una chica específicamente.
Estaba anonadada, no podía creer lo que estaba viendo.
Era yo, ese retrato, en ese cuadro... era yo. Pero me dió un vuelco en el corazón cuando en el horizonte pintado a lo lejos, se encontraba una silueta de un pirata que mi corazón creía conocer.
- En mi opinión, creo que estás aún más bella que en ese entonces - dijo una voz cerca de mi oído. - Pero, sigues enamorándome como la primera vez. Con locura.
Me di vuelta despacio, con mi corazón a punto de salirse de mi pecho, esa voz yo la conocía de algún lado. Y cuando lo miré, lo reconocí. El pirata que se veía en el retrato a lo lejos.
-Por fin te encontré, llevo esperándote una eternidad - y a continuación sus labios se posaron sobre los míos.