Cosimo Galluzzi

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Lint Roller? I Barely Know Her
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Caminaba con la espalda recta y la mirada vacía, como todo un chico correcto, como un robot. Llevaba la maleta en su hombro, esperando encontrar su cabaña. No le parecía difícil, muy bien sabía donde estaban las coordenadas sin verlas dos veces. Al fin parecía haberla encontrado, pero dejo de ver su futuro lugar de estadía al ser pechado por otra persona.– Ten cuidado, aquí hay arboles, insectos mortales y humanos.
¿Qué? ---Estaba tan absorta en la libreta que portaba consigo a todas partes que ni prestó atención a la figura masculina que tenía cerca de ella. Le miró y trató de reconocer de quién se trataba, algún alumno quizá, pero no le sonaba en absoluto.--- Oh, no me digas. ¿Tú en qué te catalogas? Ya que pareces pronunciar el “humanos” con tono despectivo. ---Cerró la libreta y prestó atención al chico, quien había captado ligeramente su atención con aquella actitud.
Ambos animales los recordaba bien, así que asentía a medida que ella hablaba, sonriente –Son animales realmente listos, no necesitan de nada más que sus otros sentidos para vivir,– Comentó –Eso me agradaría. Espero que mi sentido de la ubicación no me falle, porque sino, estaría perdido, literalmente– Bromeó –Los que esconden la cabeza bajo la tierra… ¿No son los avestruces? Realmente no recuerdo cuál era
Raros y listos, así que si a ti te catalogan como tal, debes de ser inteligente. ---Comentó como si nada, encogiendo sus hombros a pesar de que él no podría presenciarlo.--- Siempre puedes guiarte por el Sol. Ya sabes, sale por el este y se esconde por el oeste. Aunque claro, en tu caso es más... complejo. Si alguna vez te pierdes grita mi nombre, a lo mejor aparezco como una heroína de esas. Joder, qué raro suena. ---Negó con la cabeza, riendo.--- Así es, chico listo. Ellas sí que saben cómo huir de los problemas.
Me interesa —afirmó, asitiendo con su cabeza—, aunque más me interesa saber por qué estás aquí, sola. —Sonrió ligeramente, intentando sentir un poco de empatía por su compañera de trabajo y volteó hacia ella con sus manos dentro de los bolsillos de su chaqueta, una chaqueta tal vez aún más antigua que los árboles que parecían rasgar el cielo nocturno con sus copas—. La fogata está espectacular, ¿no quieres venir?
No tardó en reconocer a una de sus compañeras, cerrando la libreta que llevaba consigo para girarse y quedar frente a la morena, quien le apremió con su compañía. Frunció el ceño ligeramente, en un signo de total confusión.--- ¿Sola? Estoy distraída. ---Dicho esto llevó la mano al telescopio, recordándole que ella era amante de ese tipo de cosas.--- ¿Y ver a un montón de adolescentes hormonados bebiendo y coqueteando? La verdad es que paso. Resultaría divertido meterme con ellos, pero prefiero estar pendiente de esto ahora mismo.
Sus pasos la llevaron frente a donde una de las profesoras, nunca había sido de las mejores alumnas si es que no tenia algún interés adicional pero esa vez fue diferente, amaba las estrellas y la forma en la que todo fluía en el gran espacio. –¿Si? ¿Crees que puedo quedarme contigo?– Dijo con un tono suave mientra su mirada bajaba con una cierta timidez.
Elevó el rostro para prestar especial atención en la joven que acababa de presentarse a su lado, parecía un tanto tímida y eso le hacía sentirse, de alguna manera, menos bruta.--- No hay problema. Pero tendrás que echarme una mano con el telescopio. Supongo que no te importará, ¿no? Entiendo que para algunos sea aburrido.
Rió suavemente al ver a la rubia alejarse, ella podía ser tan difícil que le daba gracia.– También hay una foto mía por si la necesitas para tu habitación –guiñó aunque ella no pudiera verlo.– Vamos, dámela –se le acercó para quitársela de las manos. Abrió la misma y de allí sacó lo prometido: La foto.– Yo sé que quieres pensar en mí, así que ni agradezcas. Tómalo como un regalo de cumpleaños.
Paró en seco al notarle a su lado, viendo cómo le arrebataba la cartera, a lo que no puso mayor impedimento. Una carcajada divertida escapó de su boca, negando al ver la fotografía que le estaba ofreciendo. La tomó sin tapujos, observándola fijamente.--- Dicen que la cámara engorda y que en persona uno se ve mejor... ---Le lanzó una mirada indiscreta de arriba a abajo, oscilando una ladina sonrisa.--- Mentían. Te ves incluso peor en persona. ---Bromeó, guardándose la fotografía con total confianza en el bolsillo de su pantalón.--- Ya tengo diana para los dardos que colocaré en mi habitación. Gracias, ojitos.
Se dejó guiar por la mujer y, colocando su bastón bajo el brazo, tocó la superficie para así sentarse. Una imagen de aquel animal vino a su mente, por supuesto era bastante desagradable, aunque para Franco, todo animal que no fuese un caballo, perro o gato, era desagradable. Por su expresión, se rió, fue una corta risa, pero después de todo, era una. –Son asquerosos– Aseguró, arrugando su nariz. –No es como si fuese la primera vez que ven a una persona… Discapacitada, pero creo que aunque vean uno diario, siempre recibiremos ese tipo de miradas que o son de asco, quién sabe por qué, o son de lastima.–
Personalmente lo más raro del mundo, para mi, son los osos perezosos. ¿Has visto qué nariz tienen? O los topos, que esos sí son ciegos. ¡Y mira qué bien se las apañan! ---Exclamó con una sonrisa, disfrutando de la conversación con el joven.--- Oh no te preocupes, yo te voy a tratar igual que a todos los demás, con la única diferencia de que te puedo indicar dónde queda cada sitio o hacer que te lo memorices a la fuerza.--- Volvió a bromear, sintiéndose más calmada al ver que el chico se había olvidado por un momento de sus problemas anteriores, o eso dedujo.--- Siempre puedes esconder la cabeza bajo la tierra.
—¿De verdad?. — Le preguntó a la rubia, mientras que con tímidez avanzaba por el lugar y tomaba el telescopio. —Que asombroso… — Murmuró mientras observaba el cielo estrellado, era realmente lindo tomarse un pequeño tiempo para apreciar la naturaleza la vida acelerada y ser una chica de ciudad puramente no la dejaba apreciar todo eso.
Sí, aunque aún queda, es interesante verlo... En la ciudad con la cantidad de luz que hay no se puede disfrutar por completo. ---Explicó detalladamente, cerrando la libreta que llevaba encima. Miró a la chica.--- ¿Tú no eres de mi clase, verdad? No recuerdo haberte visto antes.
A pesar de que seguía hablándole no podía reconocer quién era, el tiempo fuera de Bedford le hizo olvidarse de los alumnos (Que no eran sus amigos) y profesores, tal vez no los rostros, ¿Pero de qué servía eso ahora? –Gracias,– Murmuró y tragó saliva. –¿De casualidad no tendrás alguna silla o me ayudarías a buscar un lugar dónde sentarme?– Preguntó con cierta vergüenza, nunca podría acostumbrarse al hecho de tener que depender de la gente –Alejarme– Contestó a secas –Demasiada gente en el área de cabañas, demasiadas personas que, podía pagar todos los millones del mundo, a que estaban mirándome como el bicho raro–
Asintió con una sonrisa, sin caer en la cuenta de que él no podía verlo. Decidió tomar su antebrazo y llevarle consigo hasta una piedra grande en la que podría sentarse un rato y descansar. Se quedó frente a él, para continuar la charla.--- Peor para ellos, ni que fueras lo más raro que hay en el mundo. ¿Has visto los ciempiés? Esos bichos sí que son raros. ¡Tienen cien jodidos pies! ---Exageró, sonriente, esperando que aquel tono ameno animara al chico.
Rió ante las palabras de la rubia, a quien había visto un par de veces en la sala de profesores, pero sin embargo nunca había hablado con anterioridad. Había escuchado un par de cosas sobre esta, en su mayoría comentarios negativos, pero como era típico de Theo, nunca juzgaba a alguien antes de conocerle.—Me temo que no, sólo el entrenador de Lacrosse—terminó por decir, encogiéndose de hombros al mismo tiempo que terminaba de decir sus palabras. —Pero ya estoy acostumbrado a que se me acerquen a preguntar cosas, es su mayoría idioteces—y es que era común para el oji azul que los chicos de su equipo se acercaran a preguntar sobre x tema relacionado con las prácticas, o que simplemente le saludaran. Pero por otro lado estaban aquellas chicas que por algún motivo u otro se acercaban, aunque claro, en su mayoría solo eran excusas para acercarse al noruego. Dio un paso al costado, alzando su mirada debido al lugar en donde se encontraba sentada la profesora.—Me habré equivocado—rió.—¿Qué hay de ti? ¿es cómodo allá arriba?—preguntó a esta, alzando el ceño en una expresión que acompañaba a sus palabras.
Oh, nunca lo habría imaginado. Eres muy joven, ¿no? --- Objetó curiosa, mientras apoyaba una pierna sobre la rama y dejaba la otra colgando, meciéndose por el peso, entretenida.--- Para eso estamos los “profesores”, ¿no? Para aclarar dudas. Pero no te ves tan desagradable como otros. Me incluyo. ---Y lo decía sin reparo alguno, volviendo la vista al frente, sonriente.--- Mucho. Al menos no vienen alumnos a preguntarme tonterías. ¿Te unes? O a lo mejor prefieres dejar tus aptitudes físicas para el Lacrosse...
–Bueno…– Suspiró –Esto es bastante deprimente– Agregó. con ayuda de su bastón fue encaminándose hasta el lugar dónde había escuchado la voz, no le permitían alejarse mucho porque, después de todo, podría tropezarse y hacerse daño, pero Franco jamás hacía caso. –Hace tanto que no veo una estrella fugaz– Recordó, tenía la cabeza baja con su característicos anteojos oscuros. –¿Te molestaría decirme cuando pase? Así por lo menos puedo fingir que la veo y pido un deseo– Quiso bromear, pero hasta para él era tremendamente deprimente.
No tardó en comprender lo que sucedía cuando vio el bastón que portaba consigo el joven. Al instante se sintió bastante culpable, más no hizo otra cosa más que mantener silencio y mirarle fijamente.--- Sin problema. Puedes quedarte conmigo hasta que suceda, si quieres. ---Ofreció, intentando remediar aquella pequeña metedura de pata.--- Quedan dos horas y trece minutos, te avisaré cuando suceda. --- No tardó en acercarse a él e hizo ademán de ayudarle, pero no llegó a tocarle, quizá él prefería hacerlo por su cuenta, y lo comprendía.--- ¿Buscabas algo en particular?
La noche por fin había caído, y lo mejor de todo aquello era poder disfrutar de su telescopio. Había podido captar varias estrellas y algún que otro planeta desde aquel cielo tan despejado que, por la contaminación lumínica de la ciudad, no podía en Inglaterra. Sonrió ampliamente, apuntando una última anotación en su pequeña libreta que portaba consigo. Una nueva figura hizo acto de presencia cerca de ella, así que decidió informarle de su descubrimiento.— En un par de horas pasará una estrella fugaz, lo digo por eso de pedir un deseo. No sé, quizá te interese. —Ni siquiera levantó la mirada de lo que escribía.
No había transcurrido demasiado tiempo desde que el guardabosques les había dado las últimas instrucciones del guardabosques. Lo cierto era que la idea le apasionaba, y es que, hasta hace un par de años era enviada a campamentos de verano en las zonas montañosas de la geografía británica, por lo que sentía que por primera vez se encontraba dentro de su terreno. En un momento, había pasado de ser la chica con cierto poder para atraer las situaciones problemáticas, para convertirse en una persona fundamental para aquellos con los que compartiría cuarto. Así, no tardó en utilizar el tiempo que los demás estaban empleando en asentarse para tener un primer contacto con la naturaleza. Se adentró un poco en el bosque hasta llegar a una pequeña zona de arroyo el cual se detuvo a contemplar. El ambiente no tenía nada que ver con los muros cerrados de Bedford. En un momento, escuchó unos fuertes ruidos de movimiento del arbusto tras de ella, por lo que se giró dirección a la persona que supuso intentaba asustarla. No le sorprendió en absoluto que alguien intentara hacerlo.— ¡Muy gracioso! Pero sé que no hay osos en Inglaterra.
Oh vamos, ¿quién dice que pretendía asustarte? Y de haberlo hecho créeme que se me habría ocurrido una forma mejor que salir haciendo ruiditos detrás de un arbusto. ¿Acaso no has visto películas de miedo? --- Comentó en tono jocoso, mientras salía de detrás de aquel arbusto donde anteriormente estaba. Limpió un poco su ropa y acomodó el cabello.--- ¿Has visto esa escolopendra? ---Y, por si acaso la joven no sabía de qué le estaba hablando, se explicó.--- Es similar a los cienpies, solo que estos tienen 23 patas. Lo digo porque son venenosos y me ha parecido ver uno antes, estaba tratando de cazarlo. ---Explicó, mostrándole la pequeña bolsa de plástico y los guantes que llevaba puestos. Más valía prevenir que curar.--- No me apetece que ningún idiota se acerque mucho y termine con una picadura en enfermería.
La idea de salir de Bedford le resultaba maravillosa, ya se había cansado de caminar por los pasillos tratando de evitar a las personas que se le acercaban. Desde aquella noticia las cosas no habían estado nada bien, pero por suerte la inglesa pudo charlar con su abuela al respecto y en julio comenzarían sus trámites para transferirla a la escuela de Artes en Florencia. Su mejor amiga no paraba de criticar su vestimenta, ¿a quién en su sano juicio se le ocurría llevar un vestido a un campamento? Después de escuchar sus quejas por casi quince minutos, la porrista decidió tomar una caminata. Nunca había tenido la oportunidad para salir de campamento, toda su vida se había enfocado a los entrenamientos. ¿Ahora? Ella tenía la oportunidad de ver el mundo a su manera. Una sonrisa se plasmó en sus labios al sentir la brisa primaveral golpeando su rostro suavemente. Por suerte su abuela le había enviado una cámara fotográfica, de esa manera ella podía capturar imágenes para después plasmarlas. Se detuvo para mirar unas flores de tonalidades claras. Las observó detenidamente tratando de encontrar el mejor ángulo. —Hermosas. —Exclamó brevemente logrando tomar la fotografía. La naturaleza sin duda era asombrosa y tenía toda una gama de colores y texturas para ofrecérselas a Danielle.
Era el lugar idóneo para echar un vistazo más allá de la superficie azulada que descansaba sobre sus cabezas; la visión de nubes blancas y un brillante Sol no era suficiente para la rubia. Es por eso que decidió hacerse con un telescopio que había portado consigo en el viaje, a sabiendas que podría investigar mucho más allá de lo que sus ojos podían ver en un primer instante. Con una pequeña libreta en su mano y un bolígrafo en la otra, empezó a preparar las distancias donde la lente captaría los planetas y estrellas que estaba buscando. Anochecería en una hora, así que era el mejor momento para ponerse manos a la obra. Una voz femenina la despertó de sus pensamientos, siguiendo su recorrido con la mirada hasta que paró y fotografió aquello. Una ladina sonrisa dibujó sus labios.--- ¿Estudiante de fotografía?
La belleza en la que se cernía aquel paisaje tan único era lo indicado para captar por completo la atención de la joven, provocando que tanta belleza distorsionara sus pensamientos, convirtiendo hasta lo más oscuro en lo más tentador. Dudó hasta de sus palabras, dudó de sus acciones, pero lo vacía que podía encontrase justificaba su forma de ser, su forma de mirar a todos y a cada uno. Repentino y maravilloso era el buen humor que invadía cada extremidad, provocando que una suave sonrisa pintara sus carmín. En el genuino momento donde la vista que se había permitido era lo único que la mantenía con los pies en la tierra; ni tanto, ya que estos tomaron control propio y empezaron a merodear por el lugar. El sentir otra presencia, sin importar donde se encontrase la otra, no tuvo que hacer esfuerzo alguno para tener una pequeña parte de su atención. —¿No crees que es hermoso?–. Indagó, en lo que sus ojos vagaban por sus alrededores, encantada ante todo lo que podía admirar.
Ni siquiera sabía por qué se estaba dirigiendo a ella, cuando estaba simplemente pasando un momento tranquilo sentada en aquel tronco, simplemente disfrutando de la lectura. Levantó la mirada de su lectura y observó a la joven, tratando de plantear una respuesta más amena de la que resonaba en su cabeza.--- Supongo. ---Aunque Silver disfrutaba de las vistas de la naturaleza, en esos momentos lo único que le interesaba era leer la última teoría de Stephen Hawkins. Retomó la lectura con interés, sin saber si aquella morena continuaría dirigiéndose a ella o preferiría ir a otro lugar.
Por tercera vez, aquí no hay pumas. Lo peor que podría ocurrirte es que veas a un ciervo por tu ventana.—volvió a insistir el oji azul con un tono de voz aburrido. Estaba cansado, recargado sobre el rígido tronco de un árbol mientras le explicaba con desinterés a una persona que no podía ocurrir nada malo por dormir en una cabaña en la mitad del bosque. El ambiente era fresco, muy diferente al típico clima que se sentía en Bedford, y muy diferente al de su país, pero bastante agradable en fin. Las ramas de los árboles tapaban la visión hacia el cielo, dejando solo un par de lugares despejados en los cuales podías observar el cielo nocturno y las estrellas que adornaban a este.
El chico asustadizo asintió ante el comentario de su compañero y se fue abrazado a sí mismo, cabizbajo y preocupado por si en realidad el moreno estaba equivocado. Cuando se marchó, una carcajada llegó desde algún lugar recóndito. No se veía nadie a simple vista. Pero no fue hasta que la rubia se removió y dejó caer sus piernas a los lados de aquella rama grande del árbol donde estaba subida, que pudo saberse su situación.--- Hey, tú. ¿Eres el guía turístico o el psicólogo del lugar? Es divertido ver cómo acuden a ti. Deben confiar plenamente en tu palabra. ¿Y si hay un puma y eres su primera víctima? ---Bromeó entre risas, ahí apoyada en una rama alta, justo en el mismo tronco donde descansaba el chico. ¿Cómo había subido allí? Silver siempre había sido muy revoltosa.
Convivir no era su fuerte, en realidad, ninguna interacción humana lo era. Recién habían llegado al campamento unas horas antes y ya se las había ingeniado para escabullirse, llevando una manta con ella, a una distancia prudente tendió la misma y se acostó, observando la naturaleza a su al rededor y la belleza de la quietud y naturalidad que esta brindaba. No pasó demasiado hasta que calló en brazos de morfeo… Pero no todo podía salir tan bien, quién sabe cuanto tiempo pasó cuando una figura se situaba frente a ella, bloqueando los rayos de sol que hacían colorear su pálida piel. —Muévete. —Se quejó adormilada, entreabriendo los ojos.
Normalmente no se metía en asuntos ajenos, en realidad prefería ignorar ese tipo de cosas y limitarse a hacer lo que quería, ignorar cosas absurdas como la actual. Sin embargo le sabía mal dejar a la chica allí cuando ya estaba empezando a anochecer y, probablemente, cogería un buen resfriado dado a que por la noche las temperaturas bajaban extrañamente.--- Sería un placer, pero vengo a hacer mi buena acción del día. ---Dicho esto le tiró encima una manta que había cogido del almacén, al ver a la muchacha dormir tan plácidamente contra un árbol. Giró y se sentó en el lado contrario del tronco, sacando un libro de Astronomía, ignorando la existencia de la joven.