El orgullo es tan extraño, te convence de que estás ganando porque no buscas a nadie, mientras poco a poco vas perdiendo a personas que si importaban y lo peor es de que hay personas que prefieren perder a alguien importante antes que mandar un mensaje de tan solo cinco palabras: "Perdóname, yo también me equivoque".
Y dejan pasar días, meses y hasta años esperando que sea la otra persona quién de el primer paso aunque por dentro también la extrañen.
Y un día, entiendes que tener la razón no siempre significa ganar. A veces ganas más cuando eliges cuidar un vínculo antes de alimentar tu ego, esto claro, siempre que la otra persona realmente valga la pena tenerla en tú vida.















