Este año fue…
Mucho que agradecer, mucho que valorar, mucho que soltar.
Empecé el año de guardia con cena regalada por mi servicio fav del hospital jaja, colgando una videollamada con el corazón roto y una lloradita en las escaleras de tercer piso. Creo que mi yo de ese día y hoy ni se topan.
Estar lejos de casa siempre fue muy difícil, hasta que mi casa se volvió aquí, si ese día me hubieran dicho cómo iba a ser la vida este año, de verdad que no lo hubiera creído… Estar a mil quinientos kilómetros de casa me costó tanto tiempo toda mi salud mental pero aprendí muchas cosas, aprendí a hacer buevito, a hacer pan de plátano, pay de queso, aprendí a caminar y a hacer las cosas aunque sea con miedo, aprendí a cuidarme, aprendí a desconfiar, aprendí a elegir, aprendí a disfrutar y sobre todo a agradecer.
Recuerdo el primero de enero, llegando a la Ciudad de México de posguardia, las calles vacías y yo pensando… Qué estoy haciendo aquí? Intenté romantizar la vida ese mes, obviamente fracasé… Pero los fines de semana a lado de mi amorcito fueron hermosos. Conocí la carretera a Chignaguapan que hasta siento que la aprendí de memoria, imaginé tantas historias durante esas tres horas de viaje cada viernes, tuve tanto frío al bajar del autobús que mi amorcito tuvo que recibirme con unos guantes rosas nuevos. Hice mi propia sesión de fotos con vibes de folklore… Ay como amé ese lugar. Me subí por primera vez a un caballo.
En febrero vino mamá, comí quesadillas verdaderas en León, todo parecía un sueño… sufrí mucho ese mes en las guardias, pero un plato de comida hecho por mamá me salvó la vida, encontré amor en la sandía fría después de 36 horas sin dormir.
En marzo después de casi 3 años a distancia, se me cumplió compartir los días con mi corazón, acomodamos su ropa en el clóset con fé que se nos cumpliría, y así fué. No lo podía creer, Dios le dio un trabajo, por fin despertaría todos los días con su carita. Desde entonces todo se ve color rosa, no acabaría de escribir todo lo que eso me ha hecho sentir. Ahora comemos hamburguesas hechas en casa y vemos películas que no le gustan con pizza los fines de semana pero ya no me despierto después de las 7 y tomo coca zero de vez en cuando… unas por otras.
Fui a barre, estaba encantada pero me lastimé la rodilla jaja, ahora me duele hacer casi cualquier cosa.
En junio tuvimos que traer a mamá, le hicieron una biopsia, mi mente fatalista pensó lo peor, no pasó más pero ganamos tres semanas más juntas y más quesillo para quesadillas.
En julio mi hermano estuvo tan mal que tuve que volver a terapia, me cuestioné tantas cosas, lloré y dormí una semana entera, tuve miedo a la depresión que te hace dejar de funcionar, la fluoxetina volvió a mi vida. Me tragué las lágrimas para poder ir al hospital, le hice una carta de despedida, me dolió tanto no haber podido protegerlo, hoy lleva meses sobrio, fué su primer día de clases en teología. Estoy tan feliz.
En agosto tomé un curso de lectura, quiero mucho a Tania aunque quizá ella nunca se acuerde de mí.
En septiembre comí una guacamaya y mole de nuez por primera vez. Me corte el cabello, había olvidado la sensación del cabello al hombro, lo corté por primera vez hasta ahí en los días más tristes de la universidad, hoy es todo lo contrario. Mi amorcito se bautizó, estoy tan orgullosa de él, no hay mejor camino que ese.
En octubre viajamos a casa en Campeche y Chiapas, me sentí tan querida, tan amada, esta vez no volvería con el corazón roto, al contrario volvería a casa con el amor de mi vida, celebramos mi cumpleaños en casa, comí quesadillas diario, casi todas hechas por mamá, espero no sea muy notorio mi obsesión por ellas. Probé el pibipollo y vi la colita del atardecer en el malecón de Campeche. Pero el 30 de octubre me volví oficialmente zurda, fué el sí más bonito de toda mi vida, nunca estuve tan segura de aceptar algo… Nos vamos a casar!!! No lo puedo creer, compartir el resto de mi vida a su lado, no puedo ni describir ese sentimiento en su totalidad.
También adoptamos a Ofelia, el tres de octubre se estrenó un álbum en su honor. Me robó a mi futuro esposo, pero la entiendo yo también me enamoré de él, los amo juntos.
Volvimos a casa, puse un marcapasos definitivo sola por primera vez, me estresé, me equivoqué con un paciente por distraída, no pasó a mayores, creí que me estaba volviendo loca, no fué así, solo estaba estresada, terminé la tesis, la presenté con la cara llena de blush, un blazer rosa y un ramo de flores, me caí en tacones al llegar al hospital, manché mi traje, aún así me aprobaron, creo que sin esa mancha no hubiera sido yo, se logró con ayuda de mis amigos hospitalarios y mi amorcito, quien por cierto se lució con la comida, hace coffe break para eventos, por si gustan su número.
En diciembre compramos el carro gracias a Dios, me preocupaba muchísimo los trayectos diarios en Uber de mi amorcito, spoiler me sigo preocupando, pero él está feliz y yo también.
Al final del año llegó Dorothea, Ofelia ya no está sola, son felices juntas, pero creo que Ofelia a veces está celosa, pero yo creo que es mejor que no crezca como hija única, jaja amo nuestra pequeña familia.
Pues el año terminó, de guardia otra vez, pero esta vez no hubo lagrimitas y a seguirle, tenía a tres loquitos esperándome en casa al día siguiente, ya no más viajes y carreras, ya no más idas a la central de autobuses llenas de ilusión ni corazones rotos al volver, este año construí mi hogar a mil quinientos kilómetros de casa…
Hoy a tres días de un nuevo año, puedo decir que Dios siempre estuvo ahí, en todas las primeras veces, en todas las quesadillas, en todas las lágrimas, en los días felices y en los días tristes, en los ataques de pánico, en cada una de las cosas, todo se lo debo a él.













