“Sí,” una vez más sonríe debido a la expresión ajena, afrontada por un simple cumplido. “Puedes hacer lo mismo cuando quieras, es decir, si crees que soy adorable, me gustaría escucharlo. Además, ¿estás diciendo que porque eres mayor no puedes serlo tú para mí? eso no tiene sentido,” hace un puchero, más digno de un niño pequeño que de un chico de veinte. Esperó pacientemente la respuesta ajena, podía ver que estaba sopesando muchas cosas a la vez. Siente curiosidad por saber lo que piensa, pero supone que ya tendrán tiempo de conversar un poco más sobre temas menos fáciles de compartir. No oculta su júbilo al escuchar la confirmación, y termina inclinándose hacia ella, ahora perdido en el encanto que le producían las facciones ajenas. “También te vez muy bonita hoy, por si querías saber…” el tono juguetón no se pierde, incluso cuando se acerca con lentitud hacia los labios ajenos, y por fin la besa, con delicadeza en un principio, hasta encontrar el ritmo que comienza a funcionar a la perfección entre los dos. Eventualmente, una de sus manos va a acariciar la mejilla ajena, dejándose llevar por la lenta e íntima conexión que estaban compartiendo. Era agradable, sentir que la mente solo se llenaba con las sensaciones que la muchacha le estaba regalando. “¿Te gustan los cumplidos?” pregunta momentos después, separándose un poquito de ella, sus pulmones reclamando el aire que necesitaban. “¿O debería seguir haciendo esto?” sus labios se deleitan nuevamente con los ajenos, una pequeña sonrisa formándose en su rostro.
Rueda los ojos con gracia, pues realmente el muchacho tenía razón. Sin embargo, le daba demasiada vergüenza explicarle que quería que la viera de otra manera. O al menos que no se había esperado aquel adjetivo en ese momento. Tal ver sólo era demasiado caprichosa. “Está bien... a partir de hoy picaré tus mejillas cuando me plazca.” Eso si poseía la valentía suficiente en el momento para hacerlo, claro. Sin apartar la mirada del contrario, quiso observar su reacción ante la respuesta que acababa de dar. Contuvo la respiración cuando Jae se acercó, soltándola a continuación gracias a la risa provocada por su comentario. “Sí, era justamente lo que pensaba en este momento.” La sonrisa y proximidad del muchacho la relajaron, tanto que se permitió imitar su tono juguetón. En realidad no pensaba en nada, su concentración la tenía por completo el rostro del chico. El cual parecía ser incluso más bello de cerca. Su sonrisa se desvaneció segundos después de juntar sus labios, percatándose de cuánto había querido aquello cuando por fin sucedió. Concentrada únicamente en él, se dejó llevar con delicadeza. “Supongo.” Estaba tan acostumbrada a no recibirlos, que a veces podían llegar a incomodarla. Pero otra de las cosas que intentaba cambiar de ella. “Pero también me gusta darlos.” Si quería, podía hablar de las muchas cualidades que el joven tenía. No sería difícil. “Si no queda más remedio...” Con mucha más seguridad ahora elevó ambos brazos hasta los hombros contrarios, rodeando su cuello mientras volvía a besarle. Quería estar lo más cerca posible, disfrutando del momento sin ninguna preocupación.