Poco después del amanecer se calmó el viento. Después regresó. Pero hubo un momento en esa madrugada en que todo se quedó tranquilo, como si el cielo se hubiera juntado con la tierra, aplastando los ruidos con su peso... Se oía la respiración de los niños ya descansada. Oía el resuello de mi mujer ahí a mi lado:
—¿Qué es? —me dijo.
—¿Qué es qué?— le pregunté.
—Eso, el ruido ese.
—Es el silencio. Duérmete. Descansa, aunque sea un poquito, que ya va a amanecer
— Juan Rulfo













