Heral (1)
En estos días en los que nos imponemos ininterrumpida compañía, esta historia no es una novela. Solo algunos días en la vida de alguien. Solo un sujeto más al que observar por entretenimiento. Y no me malentiendas, a veces ese directo de fondo o el podcast del día son la opción más sencilla para no sentirnos indiscutiblemente solos. La misma razón por la que creo que consumimos y compartimos tanto contenido, la misma razón por la que nuestra peluquera sabe más sobre nuestras opiniones que nuestra propia familia, la misma razón por la que la adolescencia no es más que una bienvenida al mundo de los adultos, donde los cuarentones se comparan más entre sí que críos de trece años. El sentimiento de pertenencia y rechazo, la falsa creencia de que tenemos la opción de aislarnos, como si no fueran los otros quienes nos marginan, como si nosotros mismos no dejáramos a algún otro marginado. Pero todo este preludio es sin más una carta de presentación de mi mente para ti, para que me aceptes o me desprecies ignorando algo tan vano a simple vista como es una publicación. Quizá esté hablando mi síndrome del impostor, me disculpo, es que nunca me he sentido suficiente.

















