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⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Wyverne Radamanthys x Gemini Kanon Rhadakanon.
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, animal transformation, animal instincts, animal traits, animalistic, animal ears, kemonomimi, monsterfucking | teratophilia, hunters & hunting, mating cycles/in heat, mating cycles/in rut, mating bites, mating cycles, shapeshifting, wolf!kanon, moose!rhadamanthys, carnivore/herbivore relationship(s) (beastars), wolf pack, wolf instincts, bad wolf, water sex, underwater, underwater sex, underwater blow jobs, diplomatic incidents.
⬩➤ ⸙ 𝔣𝔬𝔯𝔢𝔰𝔱 𝔰𝔢𝔠𝔯𝔢𝔱 𝔰𝔢𝔯𝔦𝔢𝔰
El bosque guarda secretos y el rio se los lleva con él.
Nacido bajo el infortunio en una cuna de oro, así se sentía ser el hermano menor o incluso peor, ser la copia exacta de su hermano, un constante doble, una comparación barata.
Kanon siempre tuvo que esforzarse el doble para sobresalir y llamar lo suficiente la atención de su padre y la única forma fue cambiando de terreno. Aunque era tan bueno como Saga cazando en la amplitud del campo, siempre había quedado opacado por las habilidades y el brillo nato de su gemelo. La frustración lo había carcomido vivo, frotándose en el lodo de la envidia mientras intentaba cazar todo lo que tenía en frente. El río lo acogió como otro hijo, no solo refrescaba su hocico en los veranos más duros, sino que brindaba comida y pulcritud. Le gustaba como se sentía flotar entre algas y nenúfares, como la marea lo llevaba a un destino propio y como la luna se reflejaba en el espejo.
Para un lobo el pescado era un alimento pobre, poca carne, muchas espinas; sumado a que su cuero no era tan agradable de arrancar y que ellos no podían trabajar en hacerlo ropaje o telas, pero el brillo de las escamas le resultaba agradable, mientras lo cocía con y el filo de los cartílagos, de cierta forma empezó a darle cierto resplandor a su ropa y a la aldea, decorando poco a poco mientras las lobas ya mayores le hacían sus cestas con la corteza de los árboles.
Aun así, no era fácil obtener la bendición lunar de los ojos orgullosos de los que más quería.
No supo bien en qué momento había dejado de darle tanta importancia a lo que su padre podía opinar, supuso que luego de años de ser la penumbra de el que sería el próximo líder lo llevó a darse cuenta que el tiempo le favorecería más a hablar con su hermano, con esa mentalidad de que solo la Diosa de la Luna era superior a él, con el ego tan alto que podía tocar las estrellas y no era para menos, la admiración a Saga lo había contagiado hasta él, siempre viendo a su gemelo ser el mejor en todo, cualquiera diría que la envidia sería lo decretado, pero prefirió no ser tan ciego, no solo ver el árbol sino el bosque. Su anciano padre tenía filo en la lengua más no en los colmillos, luego de tantos años solo era cuestión de tiempo para aquel rito de ascensión, hacerse polvo era natural, era el último paso que le quedaba a su padre para terminar un ciclo, mientras él, estaba muy aferrado al tercero.
Cuando su mente dejaba de buscar la manera de impresionar a su familia se disponía a buscar parejas que cortejar. La mayoría eran fáciles, algunas pequeñas ofrendas por aquí, unas salidas al río por allá y terminaban enroscados entre pasto y aullidos cuando llegaba la primavera. Le gusta la época de apareamiento, sin la necesidad de un cachorro, era cuidado con sus elecciones, sabía con quién enrollarse, como terminar, creó su fama y con ello se desenvolvió.
Se lo conoció como el segundo en discordia, siempre lo comparaban, siempre querían ver si en algún punto su propio desgarbo lograría consumirlo o si brillaría como una nueva luna en el cielo. Igualmente, no quería competir con Saga, sino caminar a su par, igual que cuando eran niños, quizás no igual de agasajados, pero sí en ese borde cómodo y cordial donde la zozobra les pintaba la cara y se tiraban entre los matorrales a contar los conejos que habían cazado.
Pero ilusionarse era algo de niños.
La voracidad de un primer celo era suficiente para hacer a dos lobos machos quieran consumirse en cólera al no querer ceder nada. Él y Saga no eran tan distintos y no hablaba solo de lo físico, sus gustos eran similares, les gustaba compañeros fuertes, eran territoriales, odiaban el agua de coco y podían cazar lo mismo sin problema, Kanon se hizo experto en peces y cuando observó a Saga tomar tres salmones entre sus fauces algo en él se tornó negro.
La presentación fue feroz, de pronto estaban cazando al lado de su padre y al otro segundo estaban matándose.
Kanon fue el primero en atacar, saltando directo al pecho de su hermano y empujándolo de nuevo al río, se sumergieron bajo el cielo crepuscular, oyeron a su padre soltar un aullido, pero nadie intervino. Kanon mordió en el brazo de Saga hasta que el sabor a metal le manchó los dientes antes de sentir como Saga se inclinaba sobre él, girando como un endiablado, hasta que el menor lo soltó y él se puso a furtivo. Impúdico, las garras de Saga le desgarraron la carne con simpleza, el escozor de las heridas le hicieron soltarlo y Saga aprovechó ese momento para repartirle una somanta de palos; golpe tras golpe podía sentir como el lado más animalístico y territorial de su hermano tomó posesión de cada fibra de su cuerpo. Kanon respondió mordiendo otra vez su herida, el mayor de los lobos enfureció y fue justo cuando un zarpazo le hizo pitar los oídos, una sensación de perder el conocimiento le hizo apagar las luces antes de escuchar lo que parecía Aiolos deteniendo la pelea y el agua remolinada del río de color carmín.
Abrió los ojos observando la luna, a su lado, apoyado contra un tronco dormitando observó al cachorro de Kardia con brazos cruzados y el rostro preocupado, tan pronto lo oyó moverse lo observó huraño.
—Mírate, jodido idiota —Milo escupió enojado tirándole a su lado un pequeño morral, posiblemente vendas y algo de ropa a comparación de sus harapos.
—Hola a ti también…
—¿Qué estabas pensando?
—Yo qué sé, que quería partirle la cara.
—Bueno, hizo eso contigo.
—No me he dado cuenta, gracias.
—Ya, ve a curarte eso y… no sé, piensa que vas a decir.
—No creo que les interese lo que salga de mi boca.
—Lo que sea, cuídate, no quiero ir a tu velorio antes de tener mis propios cachorros.
—Que gran forma de pedirme ser tu padrino.
El rubio solo rodó los ojos, trasmutando de nuevo a lobo para correr de vuelta a la cabaña, dejando al lobo malherido solo.
Fue a la laguna derrotado, enojado en sí mismo, las heridas le escocían en la carne lacerada, la piel en esas zonas se le caía a cachos, abiertas como un libro y sangrientas que manchaban su pelaje. Se metió al agua lamentándose, quitándose loa harapos, gimoteando de dolor ante ellas. Se permitió cerrar los ojos y nadar un poco, dejando que el agua se lleve la inmundicia y la pena de la derrota. La noche era santa, la luna resplandecía y se espejaba en los remolinos de las pequeñas olas que formaban su avance. Quería quitarse la pestilencia e ingratitud en ese momento; aun sentía las garras de Saga cuartearle la carne, los dientes filosos clavándose en su cuello y partiéndolo en el polvo, pero no era la fúrica pelea lo que le llenaba el pecho de un dolor tumefacto, sino esos ojos decepcionados que jamás lo verían con gloria.
Maldijo mientras se frotaba el cuerpo, queriendo arrancar de sí mismo el pelaje de herencia que le recordaba en cada luna su lugar. Se sumergió hasta las orejas, esperando que el pitido de sus tímpanos merme al solo oír el rumiar del río, las algas le hicieron cosquillas y aprovechó a quitar pecados hasta que los pulmones le rogaron.
Salió con el cabello chorreando, el flequillo tapándole entre los ojos aquella impiadosa expresión que le arrugaba el rostro. Se acercó a la orilla a descansar un momento, debía vendar las heridas antes de volver.
¿Acaso podía volver?
No sería el primero que regresara con el rabo entre las patas, pero ya sea que se vuelva un vagamundo o un derrotado quería embalsamarse como una momia antes de elegir.
Buscó en su morral vendas y entre la luz tenue que se filtraba entre el follaje de los árboles, guiado por la agudeza de su olfato, encontró las plantas medicinales que hizo añicos entres sus garras, creando un intento de ungüento que se sentía frío bajo la noche de verano. Se envendó hasta donde no había herida, en especial el brazo izquierdo que lo sentía tan débil. Se dejó estar unos momentos contra la corteza de un tronco viejo, el viento helado calándole hasta los huesos, se quiso arropar con la poca ropa que Milo le había preparado y su cabeza se centró en él; Milo cayó en sus garras una luna de sangre. No fue algo premeditado, sino el capricho de dos lobos que sabían el valor del otro y las ansias que le generaba en el cuerpo cuando se veían el uno al otro, el sexo casual era algo cotidiano entre los lobos no emparejados, ayudaba a controlar el libido y abría la posibilidad de conseguir concordancias entre parejas para ampliar la manada, era una práctica común, luego del primero celo, buscar saciar lo que el sol bajo la piel quemaba. Kanon se permitía gozarlo siempre y cuando no debía consumirse en el papeleo que ser hijo del líder de la manada. Constantes arreglos diplomáticos entre las distintas manadas, las cabras del oeste, más al norte, donde la nieve cubría los valles, sus hermanos del invierno descansaban. Más al sur, zonas más prohibidas, empezando por los ciervos, aquellos seres tan míticos como los mismos dioses, siguiendo por los prados, los zorros y liebres vivían a una cercanía preocupante, pero había treguas escritas, límites de territorio que nadie se atrevía a sobrepasar sin pensar en las consecuencias, el bosque se manejaba así, a puros contratos que por años dieron paz a esa zona, los pocos aventureros que se habían salido de los límites de lo conocido no habían vuelto, así que manadas y rebaños permanecían en aquella paz inhóspita. Mientras el viento corría al este los carneros y ovejas descansaban en la pradera, al finalizar el río, los osos dormían en sus cuevas y cazaban truchas y salmones. Solo donde el sol salía, cerca del océano tan temido, descansaban los alces, aquellas enormes criaturas que sus astas parecían ramas en otoño, fuertes nadadores, crepusculares en su andar, Kanon jamás había visto uno, pero no era tan tonto para ir a buscar pelea donde podrían revolcarlo como un trapo.
Sabía de un lugar cruzando las montañas, allí a la lejanía, había una especie más, oculta de lo conocido, solo servía como una leyenda para que los cachorros permanezcan dentro de las copas de los árboles, acunados en el vientre cálido de sus progenitores y que los pandas rojos no acercaran a comerlos, Kanon y Saga lo habían creído un tiempo, ambos abrazados a Aiolos, los tres envueltos entre sábanas y pulgas en sus formas de cachorro, aullando despacio mientras el crepitar de la fogata los protegía del frío.
Soltó una risilla melancólica, le gustaría masticar algo de tabaco, pero no era fácil de conseguir y menos en esas condiciones. Decidió ponerse la ropa y buscar un claro para descansar, las heridas le matarían por la mañana, los músculos tensos y el orgullo herido, caminaría con el rabo entre las patas por unos días antes de quitar las miradas de él, siempre pasaba algo interesante en la aldea que borraba los viejos chismes y no sería esta vez la excepción.
Caminó hasta encontrar un montículo de hojas otoñales, el color caramelo de estas lo hicieron sentir acogido, así que ni lento ni perezoso se arrastró hasta que debajo de sus patas el rumiar del césped se transformó en crujidos. Se desplomó sobre el follaje, agotado por esa noche, sin pensarlo demasiado observó una última vez a la luna y pereció en vigía bajo el manto de estrellas.
Las pezuñas sobre la orilla le hicieron abrir los ojos de golpe, se quedó inmóvil buscando con su olfato el dueño de aquel sonido amenazador, se escondió entre las hojas intentando no aullar lastimosamente, el dolor de la pelea le tiraba de la carne y con sumo cuidado fijó sus ojos cerca del río que había sido su tina para lavar sus heridas. Lo vio allí, bebiendo de la orilla, un enorme animal tan pálido como Selene, sus grandes astas le hicieron tener escalofríos y la forma robusta de su cuerpo imponía incluso a los reyes del bosque. Todos sus instintos le dijeron que debía huir, aun así, prevaleció, observando hasta que el gigante decidió transmutar, su cuerpo se hizo el de un hombre, sumamente alto, la carne pálida casi no se veía bajo el manto de cabello rubio, era un ser fascinante, su cabeza coronada con aquellas ramas blancas, no podía verle bien el rostro por las sombras, pero no le pasó desapercibido cuando se sumergió en el agua libre de todo prenda y taparrabos. Nadó un poco sobre la superficie, antes de verlo hundirse a bucear, aprovechó ese momento para moverse de su sitio, caminando lento hacia un árbol que le diera más escudo y un mejor ángulo.
Lo vio emerger de golpe, masticando algas entre sus dientes planos, herbívoro se recordó, antes de verlo tirarse el cabello hacia atrás y poder ver finalmente su rostro. Parecía joven incluso para su impecable condición física, tenía ojos ámbar, como la miel de las abejas o cuando el Cristo quemaba en verano, su dermis era nieve pura y sobre sus crisantemos la pradera de trigo formaba una única ceja poblada, eso le robó una sonrisa, algo pícaro, su cornamenta era una corona de espinas sobre su cabeza, lo hacía verse imponente ante sus ojos.
El alce giró la cabeza de golpe al oír el crepitar de los pájaros migrando, Kanon aprovechó ese momento para irse, escurridizo, mientras caminaba con pisadas suaves hasta que pudo volver a transmutar y volver a casa pensando en la fascinación de haber observado aquella criatura que estaba lejos de casa.
Ignorando los ojos pesados cada que circulaba por la aldea, empezando a hacer recurrente el camino al río, allí, donde con cautela observaba aquel alce que no debía estar allí, era algo que no concordaba con su panorama, ¿Qué hacía en su territorio? Podía enfrentarlo con la excusa de una vigía de rutina, al final eran zonas de lobos, lo que caía bajo las copas de los árboles y lo iluminaba la luna terminaba siendo su festín o en su defecto, la advertencia precisa de que nadie debía meterse allí sin autorización, los lobos eran territoriales, podían presentir cuando el viento cambiaba o como las ramas crujían, así que antes de poner sus colmillos en la yugular prefirió observar.
Había días que no podía ir, las cazas se volvían lentas cerca del invierno y comprendía que no había demasiado tiempo para hacer sus propias fechorias, condenado como todos a tener que proveer para la manada, en especial cuando los cachorros nuevos ya habían nacido y tenían varias bajas al tener a otros lobos cuidando a las crías o protegiendo la zona de posibles ataques, lo que dejaba un reducido número de alfas listos para obtener la misma cantidad de comida con menos garras y tiempo. Pudo escabullirse en una de las cazerías cuando una luna llena había iluminado el cielo nocturno, el brillo de las estrellas iluminaba como pequeñas semillas el firmamento y él con la euforia quemándole debajo el pelaje fue a observar a aquel ser equivoco en tiempo-espacio.
Lo observó nuevamente en el lago, el hombre parecía refrescarse allí siempre incluso en la crueldad del invierno, frotándose el pelaje y bajando a bucear en busca de algas, parecía ser que le gustaban tanto como a él comer peces, pero por supuesto a un herbívoro tan majestuoso no iba a mandar sus dientes planos con sangre. Aunque sus astas eran increíblemente imponentes más le interesaba el color trigo de su pelaje, tenía entendido que la mayoría contaba con pelajes oscuros y profundos, casi frondosos, pero este espécimen era particular.
Sacudió la cabeza para quitar el exceso de agua de su cabello y podría culpar al instinto o incluso al refulgir de la luna, pero con la esquina de su ojo pudo captar una sombra que no había visto antes, miró en su dirección al instante, notando solo montículos de hojas, pasto y la corteza de los árboles con rasguños marcados, el alce suspiró quedo antes de sentir el rumiar del agua a sus espaldas, congelándolo en su lugar mientras el agua se movía en su dirección. Preparó sus manos en puños al no poder usar las pezuñas en sus pies, cuando sintió el aliento en su espalda se giró dispuesto a dar el primer golpe, sus astas soportarían el daño seguro, pero su atacante fue veloz al meterse bajo el agua.
Quiso nadar rápido, tomar distancia de aquel que osaba en desafiarlo para idear un plan, intentó moverse antes de ser tomado de una pata, las garras se clavaron en su carne y lo metieron debajo del agua al instante, dejando que la espesura de los remolinos le haga tener una visión corta, empujó con sus extremidades al cuerpo que tenía intenciones de imponerse al suyo, saliendo a la superficie para acercarse a la orilla, el instinto gritándole que amplíe la distancia bajo cualquier concepto. Logró llegar a la orilla, pero el victimario fue sumamente preciso, lo tomó del cuello con garras, la otra mano le sostuvo de las astas, no permitiéndole atacar con libertad. Su pecho subía y bajaba ansioso, tenía la mirada al cielo y se obligó a sí mismo a bajarla sus ojos y no olvidar al cazador que lo tenía agarrado.
Lo primero que observó fueron aquellas orejas en punta, un pelaje azul cubriéndole la carne, menos en el rostro. Tenía facciones duras, puntiagudo como cualquier carnívoro, sus ojos verdes reflejaban una mezcla de curiosidad y peligro que le hizo sudar frío por toda la columna, se removió bajo aquella mirada, el lobo le mostró los dientes, apretando con firmeza donde sus dedos rozaban carne. En ese momento lo oyó gruñir bajo, su aliento pegándole en el pecho antes de que su voz, firme y profunda, saliera de su garganta.
—¿Qué hace uno como tu aquí? Sabes bien que no es tu territorio.
—No tengo porqué responderte nada.
Kanon frunció las cejas, imitando la acción del rubio que para su sorpresa tenía solo una, tupida, incluso más poblada que las suyas. Sus zarpas se hundieron en el calcio de esos cuernos, el alce apretó los dientes, furioso ante la osadía, y quiso quitarse las manos de encima, pero el lobo le aulló que se quede dónde estaba.
—Estas rompiendo muchas reglas al venir aquí.
—¿Qué vas a saber tú de reglas?
—Se más que cualquiera que hayas hablado antes —Escupió con suficiencia, porque al final, era verdad.
Conocía las leyes y tratados como la palma de su mano, incluso más que Saga podría decir, cuando no tenías que ir luciendo como el próximo líder uno se permitía estudiar, no todas sus escabullidas habían sido solo románticas o candentes, había ido a las fronteras exactamente a observar, incluso había hablado un poco con otras especies usando su rango de hijo del líder, eso le benefició información y también como persuadir a su padre a crear convenios y arreglos entre manadas.
—¿Qué hace un alce solo en terrenos lejanos a su pandilla?
—Lo que me observaste hacer todos estos días —Oh, así que lo había notado —Refrescarme y comer, ¿Acaso fui a molestar a uno de ustedes o a causar disturbios?
—No deberías pasar fronteras porque sí.
Irónico, pero estaba dispuesto a seguir masticando de su lengua.
—Si sabes de leyes, tendrías que conocer la situación que estamos pasando.
Kanon pestañeó dos veces confundido, ¿situación, de qué hablaba? Decidió aflojar el agarre un poco, permitiéndole hablar más libremente sin quitarle el filo del pulso.
—Habla.
—Igual que sus cazas son bajas en invierno la escarcha malogra nuestra comida, en el bosque los lagos y ríos no se congelan por el follaje y las ramas, necesitamos suministros y esto fue lo mejor que pudimos encontrar sin crear escándalo.
—No explica que vengas tu solo.
—Sabíamos que iban a haber lobos merodeando, así que tuvimos que usar una distracción.
—Tu… —El rubio le sonrió, viendo que el plan había salido casi perfecto, estaba listo para ser atacado, sin embargo, no creía que solo un lobo estaría al acecho.
—Así que tenemos dos opciones, podemos negociar por esto, como deberíamos haber hecho en un principio o… —Kanon sintió el agarre firme en su cadera, el desafío le subió por la garganta como la bilis —Alguno termina como carroña.
—¿Estás seguro qué quieres desafiarme, a mí, un lobo, en su propio terreno?
—Haré lo que mi manada necesite para sobrevivir.
Kanon pensó entonces en la pelea con su hermano, en como la derrota solo traía desgracia y que este hombre estaba dispuesto a dar su vida por una causa mayor, incluso con esa actitud altanera y amarga, algo en él le seguía interesando. Soltó su cuello dejando que las zarpas creen caminos hacia el sur, lastimando un poco su pecho y abdomen antes de clavarse en su cadera, igual que su contrincante estaba imitando. Se acercó a él, el aliento cálido chocando con la piel helada por el frío y la humedad, le sonrió, haciendo que el contrario se sacudiera incómodo antes de soltar:
—Te dejaré alimentar a tu pueblo, con una condición.
—¿Qué quieres?
—Por tu zona hay comida que nos interesa —Explicó creando círculos con su pulgar cerca de la pelvis —Ardillas, mapaches, otros tipos de aves.
—No soy un carnívoro para matar ninguna especie.
—Nosotros hacemos el trabajo sucio, solo necesito que creen… una estampida, algo que los haga entrar al bosque creyendo que hay refugio, aunque es solo una buena tapadera para comer—Kanon explicó con sorna cubriéndole el rostro —¿Es justo, no? Nos ayudamos mutuamente y no creamos un escándalo legal, lo veo correcto.
—Estás demente…
—La opción de hacernos carroña sigue en pie.
Clavó las uñas en la carne suave cerca del vientre, el más alto solo se mordió la lengua al ver que no tenía mejor opción, quitando la mano de su cintura la elevó para que hicieran el trato. Kanon le devolvió el apretón y finalmente le dejó espacio suficiente al alce para poder tomar su ropa y ponérsela.
—Eso sí, si alguno rompe el trato, las consecuencias son severas.
—No esperaba menos.
—Por si necesitas salvarte el pellejo, mi nombre es Kanon, diles eso a los lobos que veas, posiblemente se retirarán a hablar conmigo. ¿Bien, eh…?
—Radamanthys.
Kanon silbó el nombre, largo, fuerte, poderoso, le gustaba como se le deslizaba en la lengua.
—Ten cuidado donde pisas, no llames la atención de otros depredadores, no serán tan cordiales como yo.
Radamanthys rodó los ojos y volvió a la pandilla a varios kilómetros lejos. Donde los matorrales estaban levemente escarchados y los pocos ríos congelados, solo permitiendo beber agua de ellos y no formar vida. Se acercó hasta encontrarse de golpe con su padre, este estaba sentado hablando con otros viejos y él asintió con la cabeza mientras su hijo le contaba el nuevo panorama.
—¿Estás seguro de eso?
—Sí señor, completamente, además, morir de hambre no es una opción.
—Bien. Hiciste bien hijo, ve a descansar.
La primavera llegaba dulce para todos, no solo el deshielo de los prados brindaba comida y calor al poder cazaron libertad, sino también era esa época donde las parejas empezaban a interesarse demás, donde los roces acaparaban miradas y donde todos los jóvenes querían fundirse en uno solo para dar llegada a la fase tres de sus vidas, la reproducción. Kanon y Radamanthys no era la excepción, habían hablado en ciertas ocasiones de eso, en especial cuando la cornamenta del rubio se cayó en medio de una ávida discusión y Kanon, en una mezcla de risa e impacto, terminó llevándose una para dejarla de decoración sobre su cama, haciéndoles hablar que la nueva resurgiría para primavera, donde los machos intentaban impresionar a sus parejas y consensuar un encuentro candente entre ambos para llegar a un mismo fin.
Las reuniones en el río se volvieron algo recurrente, ambos buscaban comida a su antojo, aunque Radamanthys era un hombre de pocas palabras y la mayoría del tiempo estaba de brazos cruzados masticando como una vaca mientras se sus comentarios pasivo-agresivos ponían a Kanon de cabeza. Aun así, luego de Milo, podía ser él mismo sin necesidad de tamizar lo que se deslizaba entre sus colmillos.
Y como todo lo que traía la primavera era fortuna, ese día tampoco fue la excepción.
El calor le sofoca incluso sumergido bajo el frescor de las corrientes, intenta que el agua fría se lleve ese intenso ardor que se empieza a acumular en la zona baja del vientre, pero fracasa, solo pudiendo inclinarse hacia adelante con una maniobra en el estómago y los ojos desorbitados. Sus orejas bajan inconscientemente y el rabo se le esconde entre las patas, de pronto el césped húmedo de la orilla mezclado con barro es mucho más interesante que cualquier conversación que estaba teniendo con el rubio en ese momento. De pronto el aire fresco que lavaba el sudor de su espalda se detiene y al levantar el rostro desde su hombro nota a Radamanthys con ojos curiosos sobre él.
—¿Qué sucede? —No sabe si hay desinterés o genuina preocupación en su voz, pero las palabras salen y a Kanon se le cierra la garganta.
—Tengo calor…
Radamanthys encarna la ceja gruesa ante tal respuesta tan insípida, cruzó sus brazos molesto, observando como el pecho contrario subía y bajaban en busca de bocanadas de oxígeno fresco, definitivamente este lobo no estaba diciéndole la verdad y antes de estamparle las astas en la espalda lo giró desde los hombros para hacer chocar el aliento cálido de su boca en el rostro contrario, observando con cuidado los ojos verdes ponerse acuosos como un pantano, profundo y peligroso, los colmillos filosos cortando sobre la piel fina de los labios, Kanon enfrentó su mirada, no interesado en ser molestado en ese instante, sino en combatir sobre sus instintos e ir a pasar el calor a otro lado.
—Déjame en paz, me largo.
Estaba a punto de salir del agua y tomar su ropa, antes de sentir como una mano conocida se enredaba en el cabello de entre sus orejas y lo jalaban hacia atrás para volver a sumergirse en el río y dejarlo fijo contra la barranca, el cuerpo enorme del alce esta vez lo encerró completamente y con dedos firmes le acarició la mandíbula observando la rabia salirle por los poros.
—¿Es tu celo? —Preguntó con una de sus comisuras tirando al cielo —¿Estás caliente, cachorro?
—Qué te jodan, maldito animal.
Radamanthys rio por debajo de su aliento, encantado con las palabras que no podían negar como se alzaba orgulloso sobre su estómago. El ante le soltó el rostro más no el cabello y su mano bajó por el abdomen marcado antes de hacer círculos sobre el ombligo.
—¿Vas a ir hasta tu zona? No vas a poder llegar antes de atacar a lo primero que veas —Le advirtió siendo obvio, y Kanon, dentro de él, sabía que tenía razón. Sus celos eran fuertes, calores que subían de golpe y le nublaban el juicio, generalmente tenía un par de amantes fijos, para poder solucionar el problema siempre que se presentara, pero ahora, lejos de la manada y con un alce sumamente molesto y orgulloso realmente estaba empezando a dudar de cuáles eran sus opciones.
—¿Y a ti qué mierda te importa qué me follo?
—Entonces no debería haber problema si es conmigo.
—¿Qué?
Un grito ahogado se trabó en su garganta cuando los dedos ajenos descendieron a tomar firme desde la base, tirando la cabeza hacia atrás mientras un suspiro tembloroso se le filtraba entre los dientes, tomó el brazo del rubio buscando frenar la caricia, sus garras clavándose firmes en los brazos llenos de músculos y vello, tan peludo que podía jurar que no comprendía cómo soportaba el calor del verano con toda esa mata sobre el cuerpo. De igual forma no pudo detenerlo, ni incluso cuando le gruñó enojado, buscando intimidar a un herbívoro que solo reía como un bufón ante sus acciones. Las yemas fueron de la cabeza a la base y apretó, ahí donde la carne debía hincharse antes de explotar y fecundar, ahora parecía una burla entre los dedos gruesos y largos, que exploraban su zona con cierto fervor mezclado de sátira.
El agua salpicaba entre sus muslos mientras la mano ajena agitaba con firmeza su dureza. Kanon empezaba a perder la poca razón que le quedaba, queriendo apartar la diestra ajena con fuerza, pero viéndose en desventaja tan pronto el peso contrario, cálido y húmedo, se le venía encima. Kanon se aferró a los hombros ajenos cuando el agarre firme de su cabeza se liberó y bajó por las hebras añil hasta llegar a la espalda baja, donde la depresión del arco lumbar se asentaba, acariciando los hoyuelos bajos, aquellos simétricos que veneraban a Venus antes de tomar la carne firme de los glúteos con una mano y apretar con tenacidad donde la cola se escondía. En un movimiento escurridizo se filtró como el río entre sus cachas y con una moción helicoidal precisa que hizo al lobo trastabillar pasmado antes de tomar unas de las astas ajenas amenazante.
—¿Qué crees…? Yo no soy-
—Todo tu cuerpo está caliente, pero comprendo que estés aterrado si es la primera vez —Mencionó apuntando con su mentón la zona trasera —Supongo que tendrás que relajarte.
La protesta nuevamente quedó perdida en el aire antes de sentir al rubio bajar, las astas amenazaron sobre su pecho a la vez que lo escuchaba tomar aire y hundirse bajo el agua lo suficiente para tomarlo del glande y chupar. La incursión obscena de ver los mechones rubios flotando mientras se ahogaba —de forma muy literal— lo hicieron volverse sumamente sensible, enredando las garras en aquel trigal antes de sentir la sacudida de sus piernas cuando la presión posterior finalmente cedió ante la sinuosidad de sus falanges y Kanon le rezó a la luna mientras su compañero lo complacía. Ceñido en hacerlo un desastre contra la orilla, Radamanthys solo salía a tomar unas bocanadas de aire antes de bajar nuevamente al miembro y que sus labios rocen la hinchazón.
La mano suelta se le comenzaba a arrugar, apretando el nudo a la par que le cosquilleaba el vientre con los nudillos, sus manos eran enormes, logrando cubrir hasta el ombligo y más lo comprobó cuando los dedos lograban llegar a zonas que jamás había recibido. Era una combustión espontánea, todo su cuerpo de pronto era una sauna, sintiendo en su espalda sudada como los mechones de cabello se le pegaban y desde el estómago el fuego se disparaba hacia todos lados, el celo le estaba golpeando duro, más de lo que se sentía en la cavidad húmeda, dejándole los ojos cristalinos a la par de los labios. Sus garras se afianzaron a las astas buscando equilibrio, raspando un poco la estructura ósea antes de aullar lastimosamente cuando dos de esos dedos inmensos comenzaron a abrirlo de par en par, era demasiado, logrando que se curve en desespero a la vez que intentaba buscar su liberación.
Radamanthys calaba profundo en él, en su sistema, desde la primera vez que lo vio hasta ahora que se estaba aprovechando de que su cabeza de abajo pensaba mejor que la de arriba. Escuchó el sonido de corcho viniendo debajo de las corrientes antes de sentir al hombre imponerse sobre él, sin siquiera poder quejarse antes de tomar su boca en un beso hambriento, delineando los colmillos a la par que se permitía explorar sus fauces a sus anchas, Kanon arañó el pecho firme, tirando carne y pelo a la vez que sus propias caderas danzaban hacia adelante, buscando frotarse contra el herbívoro mientras se sentía sobrepasado por el tacto que jamás había cesado. Le robó el aire antes de nuevamente ponerse en cuclillas y finalizar su labor, lengua, mejillas y garganta le hicieron un juego sucio y salivoso, teniendo que clavar uñas en las astas cuando finalmente la luna llena lo golpeó, incluso subiendo una pierna al hombro ajeno mientras se fundía como plata líquida entre sus fauces. Radamanthys salió a los segundos, sus ojos espesos e interesados en probar más de lo que ese lobo era capaz de brindarle.
Kanon quiso moverse, pero los dedos gruesos aun seguían jugueteando con él y su cordura.
—Aún no terminé —Expresó limpiando su boca con algo del agua dulce del río —Daté la vuelta.
—Soy un Alfa, sabes. No necesito ser tratado desde ahí y…
Los dedos se curvaron hacia aquel punto dulce y Kanon le imploró a la luna en ese instante —No parece muy convincente lo que dices. Tampoco me importa.
Quiso protestar, darle un zarpazo a ese rostro atractivo y masculino, demostrarle que él, un lobo, una fiera, un cazador, un alfa, no necesitaba más que un poco de ayuda de un herbívoro para solamente llegar a liberarse, pero las manos fuertes no le dieron tregua, saliendo de su cuerpo para tomarlo de la cola y aplastarlo contra el lodo de la orilla, Kanon maldijo en voz alta, un gruñido feroz, salvaje, pero al sentir la lengua que en un principio le había complacido por delante ahora lo hacía por detrás tuvo que clavar sus uñas al barro y asegurarse de no gimotear desesperado mientras lo comía entero. Fueron unos segundos, la lengua empujando entre los anillos antes de escupir contra él, caliente, fluido, excepcional. Se inclinó hacia atrás buscando que llegue de nuevo a ese punto escuchando la burla de risa que le raspó la garganta, no tuvo que soportar mucho, no cuando lo sintió salir entre burbujas antes de que el haz del brillo lunar los bañara y todos los instintos se le pusieran alerta al sentir la punta del famoso venoso irrumpiendo entre sus posaderas.
El peso ardiente del cuerpo robusto hizo que su camino al fondo se sintiera constante y de cierta forma agradable, natural. Kanon sintió su cabeza dar vueltas, tan distinto a cuando él lo hacía, erguido sobre su propio abdomen a la par que el alce se hundía hasta la bragadura, ya lo había fichado y sabía que era enorme, ideal y proporcional para su especie, solo que ahora no estaba con una hembra sino con él, un lobo macho que estaba intentando reacomodar sus órganos para poder recibirlo en un intento patético de ceremonia.
Radamanthys resopló tomando entre sus pezuñas los laterales de su cintura, el calor era intenso y apretado, lo que lo hizo sonreír sabiendo que aquel orgulloso carnívoro se estaba deshaciendo bajo su tacto. Se inclinó sobre su presa para olfatear entre sus cabellos, lamiendo donde las orejas comenzaban antes de tomar algo de las hebras entre sus dientes y jalar con suavidad, Kanon cerró los ojos aun adaptándose, pero el alce no iba a darle un buen momento, así que antes de que pudiera decir algo se retrajo lánguidamente y se estrelló contra él haciendo que todos los sonidos que habían estado ocultando en su garganta se escupieran en un aullido bravo que hubiera ahuyentado a toda su manada.
Tomándolo desde el rabo para hacerlo someter, siendo un herbívoro no tenía esa hambre de carne y sangre que su compañero le había mostrado, pero algo debajo de su piel y pelaje picaba intensamente en esa noche de luna llena, anhelo puro mezclado de deseo, eran animales salvajes, sumergiéndose en el intenso goce de suspiros temblorosos y sonidos estrangulados. Kanon dejó caer el rostro entre los hombros mientras era perpetrado, una sensación tan intensa que su propio calor estaba tirándolo hacia el límite, ululea incoherencias a la vez que su boca maldice el nombre ajeno, muy a su pesar, la fricción es deliciosa y lo hace gemir más de la cuenta, tirando las manos hacia atrás buscando algo con que afirmarse y no caer en la tierra mojada, Radamanthys lo notó enseguida, deslizando una mano por el pecho ajeno para lograr pegar su espalda con el suyo, de esta forma el sexo se volvió incluso más íntimo y el lobo notó que no iba a poder durar más.
—Espera, Radamanthys…
—¿Ya? Se supone que los alces duran menos que los lobos.
Solo se comió un codazo, antes de acercarse a las orejas y tirar de una con los dientes a la vez que tomaba al Alfa desde la base para masturbarlo. Radamanthys se encontró admirando su rostro mientras se arrugaba de placer, apreciando aquel perfil bien tallado, masculino, con bonitos ojos, pestañas humedecidas y dientes afilados, todo acompañado de una personalidad asquerosa; altanero, ególatra, confiado aunque a veces dejaba caer la máscara y mostraba un poco de inseguridades, la presión constante en la que vivía, Radamanthys encontró eso encantador, casi como un tesoro a la vez que cuando la máscara estaba firme le gustaba aplastarlo y condenaron a ser esto, un ser sincero que no paraba de escupir la verdad.
Kanon se desesperó cuando el vientre le hizo cosquillas, no pudiendo evitarlo cuando su propio cuerpo volvió a explorar y descargar la intensidad del calor en el río, su propio nudo se hinchó, comenzando a manchar todo su frente mientras Radamanthys lo sostenía con firmeza imitando su acción, sólo que él logró gozar de lo que nadie se había jactado: venirse dentro del hijo del líder de los lobos. Le sabió a victoria, el triunfo de finalmente haberlo sometido a ese estado de humillación y cuando logró ver el nudo firme en el aire se rió a sus anchas tomándole de la mandíbula al otro.
—¿Qué se siente ser un alfa y estar así, hmm, Kanon?
—Que te follen…
—Descuida —Sonrió viendo las estrellas —Aun tenemos noche de sobra para divertirnos.
La rudeza no paró, sin nudo era fácil volver al ruedo, revolcando al otro fuera del río para que las hojas caídas se le peguen en la espalda. Lo hizo de frente, viendo sus expresiones y en medio de la rabia lo sintió girar, tomándolo de las astas para que no se mueva, montándolo brusco y egoísta, buscando su placer mientras pateaba la humillación lejos de sí mismo. Duraron toda la noche, Kanon demostró lo que era ser un lobo en celo, logrando al final tomarlo con tanta sencillez que Radamanthys lo encontró sumamente apetecible, hierba fresca se había burlado, Kanon respondió mordiendo uno de sus brazos fuertes, dejando una marca que chorreó sangre antes de ir entre sus piernas a devolverle el favor. Cuando los primeros rayos matutinos iluminaron el cielo el carnívoro se despertó unido al pecho peludo del otro, viendo que era una agradable fuente de calor. Cruzándose de brazos para observar su rostro notó que el otro estaba aún dormido, aun con la expresión seria que le atribuía a aquella uniceja poblada y la mandíbula tensa, quizás sus instintos de ser acechado por un depredador.
Aun así, sonrió, una sorna paliativa antes de apretarle la nariz y despertarlo, seguro debía volver y él también.
—Hijo de perra —Rugió mientras veía al otro ya ponerse la ropa que habían abandonado en un árbol —Eras mejor cuando tenías mi nombre atravesado en la garganta.
—Vaya, te gustó eso —Apuntó con una garra a su pectoral izquierdo, estaba de buenas, el sexo siempre lo calmaba —¿Estás en unas dos semanas?
—¿Qué?
—Te tengo que presentar a mi padre —Kanon rodó los ojos —Para coger, inútil.
—¿Quieres repetir?
—¿Te da miedo?
Radamanthys no dijo nada, estupefacto —¿Aquí?
—No, empieza a hacer frío, cerca del límite de la pradera, es tranquilo y casi no cazamos ahí, nadie vendrá.
—¿Ahora soy tu sucio secreto?
El de cabello añil se ajustó el pantalón y se acercó a tirarle de una asta para asestarle un beso.
—Ambos los somos.
No dijo más nada, empezando a caminar cortando la conversación ahí, antes que empiece a ponerse sucias o peor, romántica. Radamanthys terminó de acomodar su ropa, desenredando mechones azules de propia cornamenta y le gritó:
—¡Espera! —Kanon quien ya estaba bien metido en el bosque se giró a verlo —¿A qué… hora?
Solo obtuvo una mano levantada con los cinco dedos estirados, lo vio marcharse agitando la mano antes de que el horizonte no le dejara ver más allá. Se lavó el rostro en el lago y con una sonrisa recordó la noche anterior, orgulloso de haberlo puesto en su lugar luego de tanto rato que lo venía jodiendo vivo, ahora era el otro que había terminado contra el lodo. Volver a la manada significó observar a todos en una normalidad que él ya no sentía, tomó algo de césped de un jarrón y comenzó a masticar pensando en sus deberes de hoy hasta que dos pares de manos lo adentraron a lo que identificó como la cabaña de Aiacos.
—Par de estúpidos —Murmuró al verse tirado en una silla —¿Qué les pasa?
—No volviste anoche. —Aiacos habló cruzándose de brazos.
—¿Y? Puedo salir cuando quiero.
—A follarte carnívoros —Minos alzó su mano hasta sus astas y quitó unos cabellos azules.
—¿Qué, porque ustedes no pueden significa qué yo tampoco? Tenemos un trato.
—Es peligroso, imbécil —El alce albino se quejó, pateando el suelo —Ambos son líderes hijos de los líderes de manadas, si alguno se muere va a estallar una guerra y luego tendremos que movernos de territorio.
—No nos matamos, al menos no de esa forma.
Aiacos no lo compró, tomando su brazo y observando la marca morada de dientes —Ajá.
Él solo subió los hombros, desinteresado, no creía que fuera a matarse en la brevedad, si seguían querer seguir siendo amantes al menos. Radamanthys se levantó y tomó un paño para cubrir su herida.
—Si tienen tantas quejas vayan a decirle a mi padre, yo iré a trabajar.
Ambos alces se vieron molestos, no iba a soplarlo, pero deberían poner un ojo para que todo no se vaya por un caño.
Kanon volvió cuando el almuerzo ya estaba servido, sentía el aroma a carne fresca por todos lados, su apetito luego de la noche anterior se intensificó y abrió la puerta para encontrar a su hermano devorando su plato junto a su ropa levemente mojada, el río, supuso. Ambos se miraron, pero ya se habían olido kilómetros atrás, aun así Saga no dijo nada, Kanon fue por su pedazo y se sentó contrario a él mientras los colmillos trituraban la carne y chupaba los huesos.
—¿Papá?
—Salió.
—Hmm.
—¿Tu?
—¿Yo?
—Anoche.
—Ah —Subió los hombros antes de sonreír —Igual que tú, pasando el celo con un herbívoro.
Saga detuvo su masticar, observándolo medio incrédulo antes de darse cuenta de que su hermano lo sabía, bueno, era un secreto menos.
—Bien por ti.
—¿Sabes lo jodido qué son los borregos?
—Sí, lo jodidamente bien que aprietan.
El gemelo menor soltó una carcajada —Supongo que no le diremos al viejo.
—Si te quieres ir al muere, vete solo.
—Cobarde.
—Precavido.
—¿Sabes qué? Mejor me voy a cazar al río desde temprano —Tiró sus huesos a la basura y fue por sus herramientas antes de ver a su hermano con una sonrisa —¿Qué da tanta gracia?
—¿Qué te follaste? —Kanon no fue lo suficientemente rápido para responder. Saga alzó las cejas y enganchó tanto las comisuras que sus colmillos salieron a la vista —Oh.
—¡No asumas cosas, maldito estúpido!
—Te vendes solo.
—A ti te venderé si no cierras el hocico.
—Bienvenido al club.
El lobo más joven no le prestó demasiada atención a su hermano, azotando la puerta antes de preguntarse si realmente había un club. Caminando en la frondosidad del bosque se acercó al río siendo atacado por las memorias frescas de la luna llena, relamió sus labios y recordó a los hijos de Sísifo, ambos también pasaban sus celos con herbívoros y Aiolia incluso iba a tener un cachorro. Oh, entonces a eso se refería.
Su padre los mataría si esto se volvía ampliaba y para mala suerte de todos, iba haciéndose costumbre.
De igual forma, solo podía esperar esas dos semanas con aquel alce para mostrarle lo que realmente podía hacer.
Kanon se acomodó la correa del morral al hombro, dejando que el peso de sus herramientas de caza lo anclara a la realidad del bosque. El viento del este traía el aroma a pino húmedo, a tierra fértil y, si afinaba demasiado el olfato, juraría que todavía podía percibir el rastro de trigo y río de Radamanthys impregnado muy en el fondo de su propia piel. Una sonrisa ladeada, casi depredadora, se le dibujó en el rostro.
Resultaba irónico. Había pasado años maldiciendo la cuna de oro, compitiendo contra el brillo nato de su gemelo y buscando desesperadamente la aprobación de un padre que solo veía coronas de líder. Y al final, el verdadero territorio donde Kanon gobernaba no se ganaba con colmillos al cuello ni con el beneplácito de la manada. Se ganaba ahí, en los límites prohibidos, donde las leyes del bosque se difuminaban bajo la luz de la luna y un Alfa podía entregarse al salvajismo sin dar explicaciones a nadie.
Miró de reojo la cabaña que dejaba atrás, donde Saga seguramente seguía limpiando los restos de su plato con la misma parsimonia de siempre. El "club" de los descarados. Ya no se sentía como una copia barata; ahora era el dueño de un secreto que hacía temblar la paz de los contratos escritos.
La próxima luna llena iba a ser sangrienta, y él ya no podía esperar para empezar a cazar.
AO3 link.
Legend of Sanctuary Week 2026
G e n d e r b e n d . . . . . . . . . .
Prompt 1 - Seasons
Summer
Winter
Prompt 2 - Professions AU (Surgeon Shiryu)
Prompt 5 - Genderbend (Ikki x Shiryu)
Part 1/2
Part 2/2
Hi I'm deeply sorry to ask this but I'm sharing my commission for important matter (I got myself cut living expensive by parents and I might not get enough to pay for studies and medical help)
So I'm sharing them in case anyone is interested to commission me it would be a pleasure to work on it and even get a little help (I'm ashamed to share that but I'm in a situation I can't it ignore)
sharing some example of my works
I appreciate the time you took to read this,contact me for further information
Legend of Sanctuary Week 2026
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Prompt 1 - Seasons
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Prompt 2 - Professions AU (Surgeon Shiryu)
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Part 1/2
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- - - Surgeon Shiryu - - - ✚ Hospital AU ✚
Prompt 1 - Seasons
Summer
Winter
Prompt 2 - 🡕 Professions AU 🡔
Prompt 5 - Genderbend (Ikki x Shiryu)
Part 1/2
Part 2/2
“Possession”
LoSWeek2026
Day 4: Horror
╭─── ❄ WINTER Fashion ❄ ───╮
⋆ S e a s o n s Series ⋆
Legend of Sanctuary Week 2026
Prompt 1 - Seasons
Summer
🡕 Winter 🡔
Prompt 2 - Professions AU (Surgeon Shiryu)
Prompt 5 - Genderbend (Ikki x Shiryu)
Part 1/2
Part 2/2
╭─── ☀ SUMMER Fashion ☀ ───╮
⋆ S e a s o n s Series ⋆
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Prompt 1 - Seasons
🡕 Summer 🡔
Winter
Prompt 2 - Professions AU (Surgeon Shiryu)
Prompt 5 - Genderbend (Ikki x Shiryu)
Part 1/2
Part 2/2
✧˚ · . Kanon x Shura ✧˚ · .
January birthday gift for @jazelfrov
[PROMPT 7: Free Day]
Mini comic: Domestic LoS Ikki x Shiryu
Shiryu likes to make desserts in his free days 🥞
Then, Ikki joins the kitchen 😋 🍴
. . .
Legend of Sanctuary Week 2025
[PROMPT 2: Alternative Universe]
Post 1 - Introduction of the bronze boys
Post 2 - Hyoga & Shiryu
Post 3 - Ikki & Shun
Post 4 - Hyoga x Shun
Post 5 - Ikki x Shiryu
Post 6 - Covering Coworkers' Shifts (Ikki & Shiryu)
[PROMPT 5: Everyday Outfit x Hospital AU]
Post 1 - Seiya
Post 2 - Hyoga
Post 3 - Ikki x Shiryu
Post 4 - Ikki & Hyoga
[PROMPT 7: Free Day]
➤ Domestic Ikki x Shiryu - Minicomic ➤
Everyday Outfit x Hospital AU (4/4)
Not the most sane doctors tbh
. . .
Legend of Sanctuary Week 2025
[PROMPT 2: Alternative Universe]
Post 1 - Introduction of the bronze boys
Post 2 - Hyoga & Shiryu
Post 3 - Ikki & Shun
Post 4 - Hyoga x Shun
Post 5 - Ikki x Shiryu
Post 6 - Covering Coworkers' Shifts (Ikki & Shiryu)
[PROMPT 5: Everyday Outfit x Hospital AU]
Post 1 - Seiya
Post 2 - Hyoga
Post 3 - Ikki x Shiryu
➤ Post 4 - Ikki & Hyoga ➤
[PROMPT 7: Free Day]
Shiryu cooking
Domestic Ikki x Shiryu - Minicomic
Everyday Outfit x Hospital AU (3/4)
Ikki has been waiting to wear that T-shirt on one of their dates😎 He bought it in secret and put it on at the last min., so Shiryu only noticed once they were already out… too late to make him change🤦🏻♀️
. . .
Legend of Sanctuary Week 2025
[PROMPT 2: Alternative Universe]
Post 1 - Introduction of the bronze boys
Post 2 - Hyoga & Shiryu
Post 3 - Ikki & Shun
Post 4 - Hyoga x Shun
Post 5 - Ikki x Shiryu
Post 6 - Covering Coworkers' Shifts (Ikki & Shiryu)
[PROMPT 5: Everyday Outfit x Hospital AU]
Post 1 - Seiya
Post 2 - Hyoga
Post 3 - ➤ Ikki x Shiryu ➤
Post 4 - Ikki & Hyoga
[PROMPT 7: Free Day]
Domestic Ikki x Shiryu - Minicomic
Thermal
⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Aries Mu x Gemini Saga SagaMu
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, thermal bath, bathroom sex, water sex, introspective gemini saga, mental instability, mental health issues, sad and sweet, references to depression, coercion, mental coercion, sexual coercion, intrusive thoughts, implied/referenced suicidal thoughts.
Estas agua que me vieron sucumbir, me verán alzarme de nuevo.
Los pasos firmes sobre el mármol milenario hicieron eco en aquella noche donde hasta los susurros de las ninfas, inocentes y curiosas, veían a aquel mártir dirigirse a su Santuario. El blanco de su albornoz se movía a cada marcha desolada, su cabello, envuelto en un velo largo, con algunas raíces de pino entre ellos, perfumado y buscando absorber el aceite que luego de una batalla consigo mismo y la pesadez de Cronos.
El rumiar pacífico de las pequeñas cascadas que llenaban el piletón de las aguas termales, de aquel donde el vapor creaba leves figuras por todo el recinto, algunas burbujas iban revolviendo el agua pasando de una piscina tranquila a algo turbulento. Quitó su bata para dejarlo sobre la banca, a su lado, descansaba una pequeña canasta de bambú, dentro: shampoo, bálsamo y jabón, junto algunas hierbas aromáticas se encontraban esperando a ser usadas.
El hombre se quitó el velo dejando que la luna bese el cuerpo que solo los dioses podían moldear en arcilla. Sumergió un pie en aquel cálido manantial, suspirando cuando cada músculo del cuerpo se destensó por un momento, gozando de la agradable sensación de relajación.
Aunque su mente jamás lograba sintonizar.
Cerró los ojos un momento, dejando que el calor desprenda la inmundicia, alguna clase de mezcla de sudor, tierra y sangre, dejando que el agua se tiña de una terracota mugrienta. Frotó sus brazos y tomando de la canasta se tiró agua en la cabeza, empezando a perder aquella frialdad que las telas no habían logrado sacarle. El baño fue un ritual antiguo y pausado, sus dedos tomaron el shampoo y empezó a rasgar entre los mechones del cuero cabelludo, las cicatrices de antaño siempre decorarían su cráneo, pero prefirió no pensar demasiado en ello, ya había tenido años para hacerlo. La espuma con un suave aroma florar logró higienizar parte de su cabello para luego humectar el largo, el enorme campo de hortensias que ocultaban parte de su espalda. Tomó el jabón, la cremosa sensación se le escapa entre las manos, una efervescencia le recorre mientras terminaba de esterilizar cada fibra y poro, era lo menos que podía hacer, tallar y tallar hasta que lograra quitarse la dermis, porque toda su vida estaría manchada.
Ya con la roña en el agua lavó su cabello, gozando de la sensación de pulcritud antes de decidir salir a las aguas frescas.
El cambio de temperatura fue brusco, haciendo a su cuerpo tremolar ante la heladez del agua, aun así, ese shock de realidad le gustaba, ponía su mente en blanco por al menos un momento. Se sumergió hasta la cadera, sentado en la parte más baja de la rampa que tenía como piso, se permitió buscar debajo de una baldosa floja lo que siempre ocultaba, ahí, entre mármol en polvo y telarañas pudo encontrar su caja de cigarrillos, no es que le diera miedo o vergüenza fumar en público, pero a veces, la sensación de hacerlo solo —aunque jamás realmente lo estuvo— ayudaba a tamizar cualquier hilo de coherencia que su mente quería rescatar.
Con la punta de su dedo incendió ese universo que lograba explotar con tan solo un chasquido, tanto poder y euforia que su cuerpo simplemente había aceptado, había calibrado y maximizado, cuando se sentía más que un mortal, más que los dioses, más que las estrellas, cuando entre sus manos podía tener a Niké y debajo de si podía apoyarse a ver el mundo desde su trono. Cuando leer las estrellas era aquel trabajo recurrente, descifrando los confines del universo, pactado entre los cosmos la riqueza y obediencia de quienes no podía si quiera mirarlo a los ojos.
Ahora, el casco se sentía de cierta forma más pesado, la túnica le quemaba la carne y la máscara se había roto hace ya mucho tiempo, aun así, aun con todo, decidieron confiar en él y no podía comprenderlo.
Tomó una calada larga de humo, primero saboreando el amargor del tabaco, llenándose el pecho antes de largarlo, asentando el sabor, calentando sus encías. La otra fue más lenta, menos profunda, se permitió nublar su mente y luego, la tercera, fue el fiel reflejo de una vieja costumbre, casi automática, se llenó de humo como una locomotora, carburando pensamiento que se volcaron sobre él como una cascada, bulló entre los pliegues un sentimiento amargo, la culpa de nuevo carcomiendo su franqueza, le quemó vivo incluso estando en agua helada y terminó dejando caer el cigarro de entre sus labios al agua, el sonido de tss le devolvió un momento, quitó la colilla y se movió un segundo al lado más profundo.
Allí, donde el agua parecía tranquila, lo recibió sin prejuicios. Cerró de nuevo los ojos, empezando a meditar. Su mente viajó al absoluto pasado, al más lejano que pudo rememorar, se vio con su reflejo, ambos en una feria, quería robar unas manzanas o incluso convencer a alguien de que los gyros de cerdo no eran tan buenos como los de carne, recordaba las quejas de Shion bajo la dieta estricta, por un momento casi podía jurar, que incluso con vendas hasta en los ojos, podía divertirse con aquel reflejo, no, con su hermano, pero el agua lo consumió, de igual forma que él le dio fin a la maldad de Géminis, él se ponía a meditar en estas aguas sagradas, que ironías como de hilarante eran los destinos. Luego recordaba los golpes, las risas de Aiolos ante alguna estupidez, el sabor a sangre en su boca cuando notó que no era solo él el que lograba destrozar las galaxias y leer las estrellas, recordó a los niños, la euforia de su deber llevándolos adelante y luego, la sangre, los gritos, el llanto, la oscuridad, de pronto el mundo estaba a sus pies, la tormenta le azotaba, estaba aterrado y seguía firme sobre el trono, por trece años vivió así, con los fantasmas subiéndole por la espalda, las noches en vela, la rutina le mantuvo a flote, pero cada misión, cada orden, cada mirada de aquellos tres que juzgaban su juicio más no sus órdenes. Así movió el mundo a sus pies, con el diablo susurrándole al oído, la pena innata, al menos hasta que la luz de aquel escudo le recordó sus votos, su razón de pelear y brindó sus latidos a la larga y fortuita vida de su Diosa.
Aun así, nunca sería suficiente.
El sonido de pasos sobre las baldosas mojadas le llamó la atención, no la suficiente para levantar la vista de sus propias manos, pero sí para ponerse alerta. El rumiar del agua y el suave oleaje yendo a su dirección, la marea chocándole contra la piel fría antes de sentir el tacto áspero sobre uno de sus pectorales. Hubo una corriente eléctrica, un chispazo ante el toque sutil, seguido de la presión suave de labios palpando el hueso de mandíbula, sus mejillas húmedas y los pómulos pálidos.
—Ahora no —Su voz salió áspera y baja, no asqueada, pero el contacto lo hacía volver a tierra y él no merecía estar ahí.
—Solo disfruta.
¿Cómo podía hacerlo si todo le atormentaba?
Quiso empujarlo, pero no encontró su propia fuerza, sino que el más bajo aprovechó ese intento patético de tapadera y le pasó los brazos por el cuello, acercando su rostro hasta depositar con una castidad genuina un sin fin de besos que decoraban su mentón húmedo. Se atrevió a abrir los ojos para ver aquella cabellera liliácea danzar entre espuma y olas, se sentía hipnotizado por una sirena; como un marinero perdido en altamar, sin poder encontrar puerto cuando no había un faro que lo ilumine, pero Mu, él siempre era la luz y la marea.
Los dedos ajenos, ásperos y largos, el toque destacado de un herrero, de quien moldeaba todo a su tacto. Una gracia digna mientras le quitaba el cabello del rostro, mientras le permitía sintonizar su corazón, el pulso acelerado de tener a su luz frente a él para hundirlo era siempre tan exasperante, le daba tanta paz como lo hacía enloquecer en cólera y pavor. Sus manos viajaron hacia la cadera ajena para hacerle de puerto, lo detuvo a una distancia que a cualquier le hubiera hecho ínfima, pero él, donde cada milímetro eran millas, cuando tuvo que soportar no poder tener esa carne entre sus dedos, prefirió mantenerlo en un lugar de contemplación.
—¿Me quieres lejos? —Mu susurró y se sintió como un mantra.
—No.
—Pero tampoco cerca.
Silencio. Saga relamió sus labios para ordenarse —Te quiero aquí.
—No me mientas —Quiso acercarse, pero las manos ajenas se lo impidieron.
—Aquí está bien.
—No, no lo está. Quiero tocarte, quiero que me toques.
Y lo anhelaba tanto, pero no lo merecía. No cuando le había dañado tanto y él eran tan estúpido a veces.
—Deberías odiarme.
—Lo hago —Murmuró contra las curvas de su oreja —Pero también te amo, ya que te odias demasiado, así que prefiero intentar buscar tus sonrisas más que tus lágrimas.
Lo estremeció. Tan crudo, tan honesto, tan Mu; le cosquilleó de los pies a la cabeza, le hizo abrir la boca y no poder decir nada, metiéndose en aquel laberinto que era su cabeza y hacer sonar las campanas. Cerró los ojos mientras se apoyaba contra su sien, sintiendo los brazos envolverlo en algo que oscilaba entre amor y condena, apretaba para contenerlo y a la vez para dejarle sin aire, le daba tanto como le quitaba y Saga sabía que había elegido bien a quién darle su corazón, más cuando lo arrancó de su pecho, se lo hubiera tendido en bandeja de plata al santo de Aries, ya que era el único escarmiento que podía equivaler a cuando le quitó todo.
—Mu, no…
—¿No? —Le besó el cuello, lo hizo delirar, esos labios, los quería contra los suyos.
—Por favor…
—¿Hmm?
—Por favor.
—No estas siendo honesto.
Y lo sabía, era tan embustero, pero verlo a los ojos y mentir era correcto, aunque se sintiera hervir bajo cada capa de su piel, ardiendo en su sangre. Se tomó la cabeza, quería sucumbir, Mu era una tentación demasiado intensa para no caer, no cuando toda la marea le reventaba contra las rocas con él encima. El tibetano le tomó el rostro, le elevó y el mentón y lo obligó a verlo y perdido entre esos luceros de primavera supo que no tenía salvación.
—Mu…
—Aquí estoy.
—Por favor.
—¿Otra vez con eso?
—¿Qué más puedo decir?
—La verdad —Le dijo con firmeza —. Dime qué quieres.
—Quiero consumirte, tomarte en mis manos y ver cómo te deshaces entre mis dedos como arena fina, quiero saborearte como el vino a media noche y devorar tu carne como un cesar gozando de la vid hasta que tu mero recuerdo sea solo mío.
La distancia se redujo a cero en un segundo. Hubo algo parecido a un cable pelado entrando en contacto con el agua, ellos eran conductores y al hacer contacto explotaron hasta hacerse ceniza. Mu besaba con una reverencia que le mostraba a pocos, su boca era un pecado, aquella lengua filosa al hablar se serpenteaba en su boca y le envenenaba por dentro sin tener que ser un parásito. Fue entonces cuando Mu empezó a mover las manos, tal como quien moldeaba barro, le talló el cuerpo con la punta de los dedos y las palmas callosas, le permitió palpar la piel oliva y también apretarle la carne; parecía un animal desesperado, queriendo sacar el cuero para masticar su cuerpo.
Saga exhaló un improperio bajo su aliento cuando lo sostuvo firme desde la base, se sintió de cristal, tan fácil de romperse en mil pedazos, tan transparente para no tener que comunicar lo que anhelaba. Sus caderas persiguieron el tacto, Mu jugaba con él a su antojo, haciéndolo luchar por lo que quería, que diera su mejor esfuerzo. Le sostuvo desde las muñecas, sus uñas clavándose en los incontables surcos que su labor provocaba, lo llevó de nuevo a su eje, impidiéndole soltarlo, Mu se burló, una mezcla de risa y chisteo de lengua, de igual forma, no paró.
El agua pareció convertirse en lava, o quizás era su sangre, parecía un metal caliente, el temple era inmediato mientras le fisuraba la piel y el rostro se le fruncía. Saga sintió el sudor acumularse en su espalda, el sacudón tímido, pero constante, de su bajo vientre, Mu lo observaba, podía sentirlo, mientras él veía en su reflejo la imagen derrotada que siempre lo perseguía. Cerró los ojos a forma de sermón, no queriendo afrontar lo inutilizado que se sentía mientras su amante lo ayudaba a llegar al cenit.
Era maleable entre sus manos, barro y cal, clavó las uñas contra las cerámicas heladas en un intento desesperado de aguantar el torrente que lo hacía eructar como un geiser. Se obligó a detener a Mu cuando el agua ya se había puesto turbia, fue entonces que lo hizo chocar contra el borde, Mu lo invitó a explorar, guiando sus manos entre los muslos de porcelana fría, alabastro puro, y con un desliz certero un dedo se deslizó hacia el punto de ingreso. Lo vio suspirar y morder, frotándose bajo su ombligo para apaciguar la incomodidad, pero no iba a permitirlo luego de tanto estando bajo su merced. Vio las chispas saltarle en los ojos, constelaciones que solo él podía conectar, reforzó su brillo al agregar otro dígito, luego otro más, teniéndolo casi donde lo quería antes de guiar su camino de la punta a la base, gozando de pasar de ese frío desamparado a la calidez conocida.
Silbó entre sus dientes en triunfo, el primero de la noche, se sintió como el primer trago de vino en su lectura, fresco, reverente, dejándole la garganta con ganas de más.
—Saga…
Su nombre se le deslizó de la lengua, un sollozo, un cántico, una plegaria. Se mojó el rostro buscando concentrarse, Mu se le afianzó al cuello, insistió con más ganas, justo como le gustaba, justo como lo quería.
Saga recordó que era humano, de lo mucho que mente desquebrajada aun ansiaba al hombre que por años se le había escapado de las manos. Se hundió como una lanza, perforó hasta el fondo, el grito contrario pareció una ópera, resonó por toda la acústica de las termas, las piscinas quietas formaron trémolos y dejaron estelas, Saga tarareó en aprobación sin perder ritmo ni voluntad, iba a hacer añicos aquel ego que lo limitaba.
Levantó el mentón dispuesto a besarlo, pero lo que vio frente a él lo cautivó.
En aquellos iris cristalizados por la intensidad del acto pudo apreciar su figura, su rostro ya no mostraba signos de duda o tormento, sino reflejó a una bestia consumida en deseo, un afán tan enorme que se le desbordaba por los poros. Se vio a él, Saga, como guerrero, como griego, como fuego y en medio de aquella piscina que siempre derramaba lágrimas y penas, se atrevió a cambiar de curso y evaporar cualquier resto del hombre que un día fue más mártir que usurero.
Mu se volvió su ansiada libertad, su panacea; quemó bajo sus manos aquella versión de él que tanto odiaba y lo volvió viril y orgulloso de nuevo. Su objetivo se volvió dejar su huella en su alma, empezando por el cuerpo, mientras la sensación cosquilleante en su vientre le avisaba el último acto de aquella obra dramático, volviendo a la tragedia: comedia.
Se humedecieron como aves en un estanque, la intimidad y timidez del momento se convirtió en un espectáculo sinfónico, no solo eran los sollozos sucios que salían de sus bocas, sino también la carne pegándose y el agua chocando contra el peldaños. Buscó de nuevo su boca, devorando cualquier sonido, entre chasquidos tronadores que les fundía desde los dientes hasta las encías.
Notó rápido cuando Mu logró dar su último paso, las uñas cortas le marcaron surcos y lunas en los hombros, lo oyó vociferar algo que no era griego, posiblemente chino o incluso tibetano, le calentó hasta los huesos, volcándose en él para ensuciar la carne que había lavado. Intentó recuperar el aire, una bocanada, dos, tres; se sintió mareado, de nuevo la oscuridad le nubló la vista y sin mucha devoción el golpe a tierra le llegó por parte de su voz melódica.
Saga recordó que la noche aún era joven y que los astros los acompañaban. Así que tomando a Mu de los brazos lo giró para presionarlo desde la cadera contra las baldosas, un sonido húmedo de piel contra cerámica mientras Saga pasaba sus manos por los hoyuelos de su espalda baja.
—¿De vuelta en tierra?
Saga relamió su labio superior y palmeando los glúteos se inclinó sobre él.
—Aun en el cielo —Besó su nuca —¿Una más?
—Una más.
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Chamuyo Ch. 02
⟡ ݁₊ . 𝖕𝖆𝖎𝖗𝖎𝖓𝖌 ➜ Cepheus Albiore x Capheus Daidalos Dalbiore
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, first kiss, boys in love, argentina, argentina au, modismos argentinos, lunfardo, alternate universe - college/university, alternate universe - modern setting, falling in love, love confessions, dorks in love, cepheuscest, fadu, coronados de gloria, other additional tags to be added, silver saints - freeform, humor, sexual humor, inappropriate humor, design students.
── .✦ 𝔠𝔥𝔞𝔭𝔱𝔢𝔯𝔰 ➜ 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 (+more)
A veces te encontras con lo peor en la fila del café.
Entrar por el subsuelo se había vuelto costumbre, ese piso oscuro y con eco, helado en invierno como ahora, donde todos los ingresantes llevaban aun la cara pintada con ilusiones porque el parcial de matemáticas no había pasado. Dobló por las escaleras a planta baja y de paró en seco al ver las colas eternas, sacó el celular para mandarle a Asterión un mensaje y este le sacó una foto metido ya en una cola y el pie de esta con el nombre de la librería: "La Mutual."
Pidiendo permiso se logró ir metiendo de a poco entre la multitud hasta que la melena rockera color petróleo y esa cara de orto se encontró de frente con la suya.
—Buen día —Daidalos le dijo casi en automático y el lanusense le chistó sin muchas pulgas.
—Que buenos días, amigo, mira lo que es esto. ¿Tanto imprimen estos trolos?
—No son ni las nueve y ya andas puteando.
—Es que me da una re bronca.
—Cucha ura, seguí haciendo fila, te mando el PDF por mensaje y yo compro dos cafés, ¿tá?
—Si no te chapo acá es porque sé que me vas a cagar a piñas.
—Deja, salí zanguango, ya vengo.
—Sí, mi amorcito.
Revoleó los ojos intentado ocultar la sonrisa que se le estaba escapando y se fue hasta el centro de estudiantes.
No le sorprendió encontrarse con otra fila eterna, podía jurar que veía más gente en FADU cada lunes y jueves a la mañana que en su pueblo cuando era misa. Se puso detrás de un grupo de chicas, levantándose el puño de pulóver para ver el reloj, ocho y cinco, todavía era temprano para la clase diseño industrial, pero mientras antes pudieran enchinchar quizás podían salir tempranito del salón.
La fila avanzaba rápido, la mayoría se pasaba de la caja a hacer la fila para el café, desfilando medialunas, facturas y galletitas a estas horas que posiblemente lo único que tenían en el sistema era sueño, tinta y hambre, así que los pobres cristianos que no venían con mate —ya que Asterión se negaba a traer el termo en diseño por todo lo que tenía que llevar en mano en el viaje y el de Daidalos era un lumilagro de vidrio que no pensaba romper—, habían acordado un cafecito esos días de frío y amargura por los constantes cambios en los proyectos.
El tucumano pagó los dos cafés y se giró con los huesos adoloridos, "la humedad de Buenos Aires te va a matar", le había dicho su abuelo allá cuando había decidido irse de su amado Tafí del Valle, seco y fresco, tan distinto al clima de la Capital que a veces le hacía putear más de lo que lo hacía sentirse bien. Se acercó a la primera máquina y pidió el cappuccino para Asterión y para él uno negro, seco, de esos que le ayudaban a despegarse los párpados y sacarse la almohada de la cara. Estaba por ponerle algo de azúcar al de Asterión cuando una mano en su hombro le hizo girar la cabeza creyendo que su compañero ya había terminado de imprimir, pero esos rulos rubios que le hicieron ponerse del revés y los ojos celestes que brillaban vivarachos le hicieron morderse la lengua.
—Mira donde te vengo a encontrar —Albiore se apoyó contra el borde de la mesa de los microondas con una sonrisita boluda, Daidalos se quería rajar.
—Ah… buenas.
—Buenas —Le repitió y con una sonrisita puso su propio vaso a servir, el morocho no pudo evitar mirar que había pedido un cortado —¿Para Asterión?
Por un segundo se quedó pensando, después miró el café y le dijo que sí con la cabeza —Sí, ya me voy.
—¿Pudiste tener una buena idea? A mí no se me caía nada hasta anoche que medio pude tirar algo.
—Sí, ponele, intenté ver proyectos para inspirarme.
—Que pibe inteligente que sos —Otra vez le mostró los dientes y Daidalos cambió el peso de un pie a otro —¿Te gusta el café? Creí que solo tomabas mate.
—Me va cualquier cosa mientras no sea muy dulce.
—¿Una chocolatada no?
—No tengo tres años.
—Yo tampoco, pero una nesquik siempre me va, más en verano, una cindor con treinta a la sombra pega como piña.
—Yo pensaría que solo tomas café de especialidad.
—Me gusta el buen café, pero este tiene su magia, más que en el comedor.
—Nunca lo probé. —¿Por qué seguía dándole hilo para charlar?
—Sabes lo que pasa, todo piola con el pibe qué hace los cafezulis en el comedor, pero no sé si es la máquina o el café o qué carajos, pero quedan feos y en estas maquinolas al menos sabe a un café universitario, berreta, pero con sabor a sufrimiento y espumita —Le comentó mientras le ponía tanta azúcar que hasta Daidalos se empalagó de solo verlo —Y esta más barato, viste. No nos vamos a perder las gangas.
—Sos… un delirante.
¿Cómo podía hablar tanto tan temprano? Él ni siquiera había dicho cincuenta palabras.
—Me lo dicen seguido, ¿te están imprimiendo?
—Sí, mucha fila.
—Conseguite uno de arqui, boludo. Como no duermen se vienen temprano y parece que acampan en River, pero nada, imprimen los pobres locos.
—No conozco a ninguno de arquitectura.
—Si son un semillero, movés un banquito y salen seis, pero tranca, te puedo presentar a Orphee, el mejor loco que conocí en este antro —Le aseguró con una sonrisa mientras agarraba los dos vasos de café —Aunque eso puede cambiar si nos conocemos.
—Seguí soñando.
No le dio bola a lo que tenía que decirle, sea halago o puteada ya iba tarde para verse con Asterión quien seguro ya estaba por agarrar las hojas, se dio media vuelta y se fue levantando un poco una mano para despedirse o incluso para decirle clarito que no lo siga.
Albiore cerró los ojos agarrando paciencia de donde no tenía hasta que sintió desde atrás como le pegaban con un rollo de papel y se giró para ver al que tenía los pelos como la bandera con una ceja asqueada.
—¿Qué fue eso?
—Hola a vos también.
—¿Es tu nuevo chongo?
—A eso vamos, a eso vamos… —Agarró el rollo para pispearlo —¿Cuánto te debo?
—Cuatro quinietos, pero posta, fíjate lo que te agarras, que todo el mundo te quiera partir significa que tenés que averiguar si a besos o la cabeza.
—Al menos tenemos a tu señora que nos safa de todas.
—No te va a curar eternamente Eurídice.
—Moriré en mi ley entonces —Le hizo ojitos y Orphee se le rio negando.
—Que personaje que sos. ¿Qué le ves?
Albiore levantó los brazos dándole una seca al café —Que es complicado, parece que siempre tiene un palo en el orto, pero seguro es medio incomprendido, además esta re bueno y me gusta hacer aflojar a los sensibles.
—A veces me olvido de que sos un tarado con cara de lindo.
—Vos safas que ya estás agarrado de otra rubia.
—De la más linda que pude soñar.
—No digas eso que me pongo celoso.
—Anda con Babel, que seguro te está esperando.
—Sí, sí. Te paso por mercado, gracias.
—Anda.
Orphee se preguntó por un minuto si lo conocía de algo al famoso Daidalos, pero con la maqueta en mano ya tenía que ir al taller y dejar a Albiore y su vida amorosa en paz.
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Everyday Outfit x Hospital AU (2/4)
Hyoga wore that shirt thinking of idiots, not to flirt 😭 Well… blonde, handsome and a doctor… Bad combo (;⌣̀_⌣́)
. . .
Legend of Sanctuary Week 2025
[PROMPT 2: Alternative Universe]
Post 1 - Introduction of the bronze boys
Post 2 - Hyoga & Shiryu
Post 3 - Ikki & Shun
Post 4 - Hyoga x Shun
Post 5 - Ikki x Shiryu
Post 6 - Covering Coworkers' Shifts (Ikki & Shiryu)
[PROMPT 5: Everyday Outfit x Hospital AU]
Post 1 - Seiya
➤ Post 2 - Hyoga ➤
Post 3 - Ikki x Shiryu
Post 4 - Ikki & Hyoga
[PROMPT 7: Free Day]
Domestic Ikki x Shiryu - Minicomic
[PROMPT 5: Everyday Outfit x Hospital AU]
Everyday Outfit x Hospital AU (1/4)
He lives surrounded by unicorns like they’re his emotional support 🦄💖
Legend of Sanctuary Week 2025
[PROMPT 2: Alternative Universe]
Post 1 - Introduction of the bronze boys
Post 2 - Hyoga & Shiryu
Post 3 - Ikki & Shun
Post 4 - Hyoga x Shun
Post 5 - Ikki x Shiryu
Post 6 - Covering Coworkers' Shifts (Ikki & Shiryu)
[PROMPT 5: Everyday Outfit x Hospital AU]
➤ Post 1 - Seiya ➤
Post 2 - Hyoga
Post 3 - Ikki x Shiryu
Post 4 - Ikki & Hyoga
[PROMPT 7: Free Day]
Domestic Ikki x Shiryu - Minicomic
