I just found out that many saint seiya fangirls are in here omg where have I been🥹✨ So I just wanna introduce myself to this fandom!
𝄢 you can call me Arista I’m 20+ yrs old ♎️ Thai 🇹🇭
𝄢 I was into this franchise since I was little 🤏🏻 It’s kinda dead fandom here where I’m living. Then university hit so hard I became normie for 4 years 🙈 BUT i’m back now!
𝄢 Aries Mu is my bias he’s so pretty so sweet so perfect🐏✨. But the ship i’m in is Camilo💜💙 I LOVE THEM
𝄢 suck at arts but will create more hehe ;)
𝄢 now I’m back to exploring other fandoms, I might post some stuff from the other shows
So in Saint Seiya Awakening/Tencent there’s this really pretty Shura skin where he wears this beautiful formal wear and I wanted to draw it ;_;
And then I also got into mind on how he came to have it! I like the take of him being raised in Japan by Izo, the previous Cap saint, so I thought it’d be cute to draw them together (especially baby Shura)
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, asgard, asgard arc, saint seiya, alpha/beta/omega dynamics, alpha/omega, alpha!aiolos, omega!shura, discrimination, travel, mission fic, missions gone wrong, alternate universe - road trip, hurt/comfort, cold weather, snow, partners to lovers, misunderstandings, getting together, living together, forced proximity, forced bonding, old society, non-traditional alpha/beta/omega dynamics, traditions, tales, mythology references, god warriors, saints
La ventisca ruge entre las vetas de un nuevo nido.
El trote suave de los potros sobre la tierra es lo que se escucha mientras el sol se pone en el monte, tiñendo el cielo de carmín, algunas nubes amenazaban relampagueantes el inicio de una fúrica tormenta, ambos necesitaban un refugio pronto antes de que la lluvia los bañe y tengan que perder más tiempo. El mapa indicaba un pueblo a tres kilómetros más, podían ver las luces tenues que resplandecían en la oscuridad del bosque junto a las nubes densas de humo que salían de las chimeneas, el agotamiento mezclado con el hambre era peligroso; así que arrearon a los caballos con velocidad, hasta que las primeras gotas los humedecieron luego de dejarlos en un establo.
Entraron a la cabaña con el cabello revuelto, lodo en las botas y pidieron una habitación, el hombre que los atendió alzó una ceja, un alfa y un omega adultos entrando a una habitación juntos; sus ojos buscaron una alianza en sus anulares o incluso se aventuró a mirar el cuello del pelinegro para apreciar algún tipo de hundimiento, el gruñido por el atrevimiento le hizo no dudar en darles la llave mientras el alfa, quién parecía incluso más exhausto, le soltó las monedas y ambos se perdieron con el equipaje pesado escaleras arribas.
La puerta se cerró con cuidado, intentando no despertar a los otros residentes quienes debían estar descansando. El omega dejó caer la caja con furia, el metal hizo vibrar hasta las ventanas mientras se quitaba la chamarra húmeda en los hombros con el arrebato a flor de piel.
—Maldito insolente.
—Olvídalo, solo es un viejo.
—¡Porque a ti no te revisó el cuello y te miró como una puta! —El alfa puso un dedo en sus labios y apuntó a la pared, su compañero bufó molesto —Que demonios le importa, ni siquiera nos preguntó si éramos pareja o algo.
—La gente ve alfas y omegas como pareja todo el tiempo, podríamos ser hermanos y van a seguir creyendo que follamos.
El de cabello negro terminó bufando alto, tirándose a la cama no solo con el agotamiento acumulado sino también con la rabia bulléndole en la sangre.
—Shura —Palmeó su hombro —Tomo el baño primero.
El español asintió con el rostro en la almohada —Haz lo que quieras.
El sonido salió algo tamizado y su compañero sonrió para ir a buscar quitar lo que dos días de viaje le hacían al cuerpo. El agua salió hirviendo y sus músculos cantaron contestos, se permitió tomar algo de temperatura, agradable y apacible, aunque en su mente la imagen de momentos atrás le hacía aun ruido. Comprendía completamente la frustración de Shura ante la insolencia nata que tenían ciertas personas sobre alfas y omegas que iban juntos, entendía que varios podían confundirlos, andaban siempre juntos y de cierta manera ya la ropa del otro podía sentirse aquel aroma natural que no le pertenecían, aun así, las preguntabas siempre iban dirigidas a Shura y él debía ser el que se mordía la lengua y sonreía como si fuera una broma, matarse a golpes con cada estúpido que se les cruzara no era una solución factible a largo tiempo.
Permitió que el jabón le quite el petricor y cualquier otro aroma invasivo, salió seco y con la toalla en la cadera, buscando una muda de ropa limpia mientras observaba al español en la misma posición que lo había dejado momentos atrás.
—¿No vas a tomar un baño?
—Te estoy dando privacidad.
Aiolos rio, negando con la cabeza mientras las telas de algodón le abrazaban la carne tersa, buscó el desodorante mientras el de cabello negro se alzaba de su puesto y arrastraba los pies hacia el baño.
—Ten cuidado, sale bien caliente.
—Mejor.
Y otro portazo le cerró el paso a algún tipo de conversación. Suspiró acercándose a la ventana, apoyándose contra el alféizar para ver el pueblo al que habían llegado. El frío calaba profundo en el norte de Europa, aun tenían que seguir tirando, varios kilómetros más donde el invierno era cruel y su gente tajante, tradicionales, sería un drama constante ir rondando en aquel pueblo, a él se le notaba lo mediterráneo en cada poro; piel oliva, ojos verdes, rizos rubios dominantes, era alto, ancho y no había tenido mucho tiempo de afeitarse así que la barba se le notaba, cualquier podría identificarlo por griego, con el acento bien marcado y la forma que cantaba las palabras, Shura quizás correría con algo de suerte con ese rostro estoico y la piel nívea, aunque el cabello tan oscuro lo hacía resaltar como un Blancanieves que en realidad más que un príncipe se podía considerar un cazador.
Las tripas le rugieron tan pronto pudo relajarse un rato, miró hacia el baño donde el vapor salía suave entre las rendijas de la puerta de madera. Su primer pensamiento fue tomar sopa, cualquier caldo le haría tomar energía, aunque se moría por probar cualquier animal a la estaca que estos pueblerinos pudieran encontrar, verduras calientes y cerveza, lamentablemente no confiaba en los vinos del aquilón, menos cuando la vid de su patria era tan exquisita.
Aprovechando la luz que aun las velas daban buscó en su morral el mapa que iban siguiendo desde Grecia. Era una odisea lenta, fáustica, ya había recorrido más de dos mil kilómetros entre la Europa del Oeste, se habían entretenido un poco en España, habían comprado víveres y alguna que otra provisión donde Shura tenía contactos, oírlo hablar ese español autóctonos, reír y sonreír a los lugareños hizo a Aiolos sentir que el viaje no iba a ser tan pesado, al menos creyó hasta que cruzaron los Alpes por Francia y tuvieron que tomar el primer un largo tren desde Bruselas a Ámsterdam, allí, mientras iban charlando de forma amena en uno de los vagones privados velozmente un guarda les pidió los documentos y tuvieron una charla extensa sobre lo indebido de la situación y la cantidad de hormonas que molestaban a los pasajeros, ninguno de los dos supo bien que decir, pero tan pronto abordaron en la estación Shura compró parches y medicamentos, Aiolos no musitó palabra mientras le colocaban sobre el cuello ambos supresores y la subida al barco fue, por lejos, incómoda.
Mientras más al norte se encontraban, más capas de ropa iban colocando sobre su cuerpo, Aiolos descubrió rápido que el frío no le agradaba y Shura, ya con la paciencia colgando de un hilo, le dijo simplemente que se callara luego de la sexta queja seguida de un estornudo. El rubio rodó los ojos y eso los llevó a Noruega, donde pidieron unos caballos y eso los llevaba aquí. Ya con unos días cabalgando creía que el mal humor de Shura se había esfumado, hasta que un estúpido tuvo que estirar la lengua y estaban en el punto de inicio. Sacudió la cabeza agotado y cuando oyó el grifo cerrándose se acercó a su cama para buscar más monedas.
Shura ya salía vestido de allí dentro, fresco y con una cara más amigable, posiblemente estaba igual de hambriento y cansado que él así que tomaron sus abrigos y se fueron a buscar una taberna en un silencio que sabía a tregua.
No tardaron en encontrarla, el lugar más iluminado y con esa enorme chimenea de adobe en una esquina; entraron captando miradas, había sido así desde Bélgica, así que ya era costumbre, ambos fueron a una mesa lejana, las botas de cuero rechinando de la humedad. El lugar estaba cálido y había un delicioso aroma a cerdo y cerveza por cada veta de madera del lugar. Un hombre con barba les dictó el menú de memoria, pocas cosas, pero las justas. Tentados pidieron cerdo, caldo y algo de cerveza, posiblemente si la lluvia no mermaba decidirían descansar y replantear su ruta.
La bebida llegó en unos minutos, la comida después. Dos tragos le tardaron a Aiolos para que pueda ablandar la lengua.
—¿Un poco mejor?
—Cuando este durmiendo voy a estar mejor que nunca.
—¿Crees qué merme la lluvia pronto?
—Quizás llovizne todo el día, sería mejor reorganizarnos.
Aiolos asintió, mismo plan, no era sorpresa que los enviaran en misiones juntos, pensaban similar, se complementaban en batalla y el noventa y cinco por ciento de las veces estas misiones largas y discretas tenían éxito, Shion buscaba esa perfección, no era algo rápido ni explosivo, sino el trabajo premeditado y pulido de dos personalidades que se complementaban como la cal y la arena.
El cerdo tenía un sabor agridulce peculiar, Shura comentó que posiblemente era hierbas autóctonas, el tarareó intrigado, intentando que su paladar descubra los nuevos sabores que se le derretían en la lengua. Antes de que pudiera averiguar si era ortiga o angélica la gente dejó la cachara barata y el sonido de una voz melodiosa llenó el recinto y empezó el espectáculo.
El sonido suave de una lira de madera captó la atención de todos los presentes y un hombre alto y esbelto con el cabello en llamas tarareaba apoyado en una pared. Sus dedos bailaban sobre las cuerdas haciéndolas cantar y poniéndose firmes sobre sus botas empezó a recitar.
—¿Un bardo? —Aiolos preguntó con el vaso entre los labios, la malta llenándole a la nariz.
—Escaldo les llaman aquí.
El eco del arpa melancólica se funde con la ventisca. El hombre nórdico sostiene su lira mientras mira a su multitud con una sonrisa lánguida y desapegada. Pasa una mano suave por las cuerdas del instrumento, y con una voz impregnada de una calma tan gélida como el norte, recita las viejas advertencias de los sabios.
—En las tierras de Asgard aprendemos desde niños lo efímero que es el mundo. Las antiguas estrofas del Hávamál siempre lo dejaron claro...
Mime, como un hombre parece haberlo reconocido, acaricia una cuerda de su lira, provocando un sonido agudo y punzante.
—Un arco que cruje, una flama que truena... una ola subiendo, el hielo nuevo, una serpiente enroscada...
Da un paso al frente, cerrando los ojos con melancolía, Aiolos y Shura quedan mudos en sus asientos, los cuerpos rígidos en su lugar.
—Los hijos de un rey, un becerro enfermo, los halagos de una bruja... Nadie debe ser tan tonto para confiar en estas cosas.
Abre sus ojos, fijos en ambos receptores, con una chispa de ironía y desdén.
—Y, aun así, los hombres caen en trampas más sutiles. El hombre no debe confiar en las palabras de una mujer. Los corazones de las mujeres andan en una rueda giratoria. Después de todo... amar a una mujer falsa es como cabalgar sobre el hielo con un potro de dos años, o navegar en una barca sin timón...
el réquiem termina en dos tiradas, la gente de la taberna estalla en aplausos y vítores, Aiolos tarda en despertar y solo reaccionar cuando la silla a su lado cruje y ve a Shura dirigirse al hombre, quiere levantarse y acompañarlo, pero algo en ese aroma residual que aun sentía a su lado le dice que espere sentado mientras el diligente omega hacía su trabajo.
Llega con unas monedas en mano, el bardo parece captarlo al instante, quizás el aroma intenso a los lirios o la simple presencia de un omega con pocas pulgas, Mime se giró sobre sus talones extendiendo su mano con una sonrisa y esa voz ensayada.
—Gracias, señor.
—Bello poema.
—¿Le gusta la literatura?
—Me gustan los mitos y las leyendas.
Mime rio por debajo —Claro, a cualquiera con un mínimo interés se inquieta de los que nos rigen.
—Habló de Asgard, aunque este pueblo no es lo parte de aquellos dominios, ¿usted es de allí?
El muchacho pareció alzar una ceja, aquellos ojos que tenían las pupilas quemadas, algo había leído antes de partir sobre los asgardianos y sus ojos peculiares, una adaptación al frío como los esquimales, solo que ellos parecían haber fundido el color de sus ojos con sus pupilas y estaba concentrado en ello mientras charlaban.
—Asgard es solo un reino del mito, donde los æsir viven y aunque tiene conexión con el Midgard, no debe olvidar que es solo una fantasía.
—Igual que la Acrópolis de Athena y su Santuario, ¿verdad?
Mime se detuvo en seco, su rostro cambió de repente y el aroma a cuernecillo le llegó a la nariz ante el nerviosismo. Shura levantó una mano en tregua, no quería pelear, pero la información no era negociable. El nórdico suspiró y le apuntó a la barra, si seguían hablando frente a todos sería una mala decisión. Caminaron juntos ante el tabernero y Shura le hizo un ademán a Aiolos para que estuviera alerta, el alfa se cruzó de brazos mientras jugaba con lo que quedaba de cerveza y observaba a cada uno de los presentes.
—No esperaba un santo por estas tierras, ¿qué lo trajo tan lejos de su Diosa?
—Hay cosas que necesitamos averiguar y la única opción está dentro de Asgard, ¿sabe llegar?
—No están muy lejos si venían sin indicaciones.
—Sabemos que hay una barrera.
—Bien informados —Asintió mientras pedía una aquavit, inconcordante con aquella cara de querubín —Van a necesitar alguien que les permita pasar.
—Danos tu precio.
—Aún tengo algunos recitales que dar en pueblos más al sur.
—Te daremos buena moneda, de inmediato.
Mime observó a Shura, el omega tenía ojos decididos, no se le movía ni una pestaña al verlo, los labios en una chata línea y los hombros firmes, pero en todo ese paquete de omega duro de roer el aroma de un alfa estaba impregnado de forma natural en la piel de mármol, podía olerlo si se concentraba, como una última defensa antes de quebrar. Mime le dio un trago a su bebida y observó al alfa unas mesas más allá, estaba mirando el crispar de la chimenea con los brazos cruzados, pero sabía que lo había estado observando fijamente un rato atrás.
—¿Tu compañero? —La pregunta tenía tanta doble intención que Shura no supo si asentir o no.
—De viaje, de trabajo.
—Claro, entonces, soltero.
El omega no habló, no es como si la situación le interesara, Aiolos podía tener algún romance perdido en Grecia o en Asgard y él realmente no formularía una opinión sobre eso, donde quisiera dejar marca era su problema, no el suyo, así que solo levantó los hombros y Mime volvió a reír negando.
—Entonces lo descubriré yo mismo —Murmuró —¿Cuánto piensan darme para pasar?
—Queremos que sea tan pronto termine la lluvia, lo más temprano posible.
—En Noruega no amanece temprano, pero si es así, podemos acordar el viernes a la diez, el viaje durará cinco horas si tenemos suerte y los fiordos no están congelados.
—¿Cuánto?
—Seis.
—Estás loco.
—¿Van a pelear contra la barrera de un Dios?
—Te sorprendería de lo que somos capaces.
—Vale, cinco.
Shura se levantó dispuesto a decirle a Aiolos aquella locura antes de que lo tomara del hombro con ojos firmes.
—Tres mil y me das su nombre.
Su dedo suspendido apuntaba a su compañero, Shura pestañó al menos tres veces antes de girarse y darle la mano, el bardo se esfumó luego de decirle que lo vería frente a la iglesia ese mismo viernes, horario acordado. Le sonrió mientras saboreaba el nombre conocido entre sus labios y volvió a la mesa donde Aiolos parecía todo menos calmado.
—Eso fue demasiado tiempo.
—La negociación no es algo rápido.
—Dime al menos que conseguiste buena data.
—El bardo es de Asgard —Aiolos quedó boquiabierto —Va a hacernos pasar la barrera, a ambos, fue caro, pero no tanto como quería originalmente.
—¿Solo plata?
Shura no supo bien que contestar —Así es el trato.
—Bueno, entonces deberíamos prepararnos.
—Es el viernes, tenemos todo mañana.
—Entonces vamos a dormir.
Sí, en eso estaba totalmente de acuerdo.
Volvieron a la habitación, dejando la ropa pesada a un lado para ambos colarse entre las sábanas, Aiolos iba a darle el vial a Shura quien tendía a leer de noche. Pero este se mojó los dedos y lo apagó, dándose media vuelta luego de un corto buenas noches. Aiolos prefirió contestarle y cerrar los ojos junto al sonido relajante de la lluvia golpeando el techo.
Por la mañana le despertó el aroma a café, el sonido de la pluma contra el papel y la lluvia aun aflojando los listones del techo, se giró para ver a Shura con una taza en la mesa de noche, una vela le iluminaba el mapa que habían tomado y marcado cada ruta y camino por el que habían pasado, Aiolos se removió entre las sábanas, agotado, el clima lo hacía querer fundirse más con el colchón y el suave aroma de flores silvestres de su compañero junto a la poca luz de la habitación lo arrullaban, se permitió cerrar los ojos y tomar una calada, infló en pecho de cada nota que pudo captar y suspiró contento antes de abrir los ojos y que Shura lo observara con una ceja levantada.
—Debería golpearte por atrevido.
—Usa parches entonces —El chisteo de lengua le hizo reír y salió de la cama perezoso, se sentó al lado del omega y robándole la taza de café tomó un sorbo largo y apuntó al norte de Noruega con su mano libre —¿Dijiste los Fiordos anoche? Quizás estén congelados con la tormenta.
—El bardo tenía el mismo temor, así que posiblemente debamos abrigarnos y quizás seguir a pie unos kilómetros.
—Nosotros podemos, él no lo logrará…
—Es un guerrero, —Escupió y Aiolos necesitó otro trago —Un guerrero de Asgard, el frío no le debe hacer ni cosquillas.
Aiolos rodó los ojos, genial, ahora debían viajar con una persona peligrosa, no sabía que tipo de locura había negociado Shura, pero esperaba que lo que sea que su cabeza había formulado haya sido lo suficientemente bueno para completar la misión.
La lluvia fue cesando llega más la noche del jueves, el resto de las horas se la pasaron revisando los informes importantes de la misión, la carta que estaba aún sellada con el símbolo de Athena en cera blanca, aquel mochuelo que siempre la acompañaba e hicieron un registro de bienes antes de partir. Abandonaron la posada luego del desayuno, el sol rebotaba sobre la nieve blanca haciendo una resolana difícil de ver, esperaban que para el medio día esta fuera charcos que le permitieran caminar. El escaldo reposaba con su abrigo de piel dándole de tomar a su caballo, ambos santos se acercaron con cuidado al bardo quien ya tenía las correas firmes.
—Buenos días, caballeros —Saludó con una sonrisa corta que iba más dirigida al heleno que al español —¿Todo listo para marchar? Seguro nos tomará todo el día.
—Entonces vamos —Shura dijo esperando llegar antes de que el sol no se ponga.
El griego le extendió la mano al pelirrojo —Buenos días, mi nombre es Aiolos, un gusto conocerlo.
—Puede llamarme Mime, espero que tengamos un viaje agradable.
La sonrisa que compartieron fue natural y Shura esperaba que el crepúsculo boreal fuera encantador.
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Deja que la luna se torne roja.
Famine
El crepitar de las antorchas marchando por el frondoso camino a la torre simulaba los rayos del cristo redentor por la mañana, cálidos y acogedores, aunque con intenciones equivocadas.
Entre la muchedumbre las palabras rudas se soltaban entre los dientes filosos, los rostros furiosos de los pueblerinos danzaban entre sombras mientras cruzaban el puente hacia aquella guarida que por milenios vio los astros extinguirse y los árboles crecer y florecer, ahora, iban con la intención que ese rito infinito llegara a un fin.
Un hombre con barba fue el primero en llegar a la vieja puerta de madera, con las bisagras tan oxidadas que ni el aceite podría aflojar su rechinar. Dio tres golpes coléricos contra las vetas de la entrada, sacudiendo la placa haciendo que de uno de los balcones emerja una figura.
El escándalo se hizo afasia y entre el silencio resonante, aquella criatura de largo cabello negruzco se asomó envuelto en un paño negro, como si estuviera de luto eterno. Sus ojos rojos paralizaron a la horda, expectantes ante su reacción. Solo obtuvieron eso, una mirada llena de desasosiego y resentimiento, pero ni un otro movimiento de aquel hombre.
—¡Baja ahora, monstruo!
Una voz logró tomar valor, motivando al resto a elevar sus hachones.
—¡Bestia!
—¡Engendro!
—¡Fenómeno!
Rodó los ojos para dar media vuelta, volviendo a entrar a su torre cuando un rugido partió el cielo como un rayo y lo hizo detenerse.
—¡Vampiro!
Aquel hombre, si podía llamarse así, salió de nuevo, esta vez con la capa entre los hombros, mostrando su vestimenta oscura y elegante a los pueblerinos, se veían turbulentos ante su presencia y él solo sonrió mostrando los colmillos.
—¡Devuelve a nuestro líder, chupa sangre!
—¿Qué les hace creer qué él quiere regresar?
La risa se le escapó de los labios, resonando por las montañas, intimidando a más de uno, entre sus carcajadas miró hacia dentro, donde la figura desahuciada de su compañero lo observaba con bruma en las pupilas. Levantó una mano para acercarlo a él, el cabello rubio como el oro brilló bajo el clamor de la luna, sus ojos apagados reflejaron las estrellas y entre los rasguños de su cuello los dos depresiones verticales adornaban su piel canela.
—Es un poco tarde para eso.
Los gemidos de asombro se ahogaron en sus garganta, pudieron ver el azul de la realeza hacerse plata, igual que la luna, sus ojos también se tornaron carmín y mirando a su verdugo aspiró aire lento y depravado, con un hambre que le calaba desde las entrañas y que no podía saciar.
—Mu…
Lo llamó buscando su consuelo, el pelinegro le acarició los rizos plateados y con una suave sonrisa apuntó al sur.
—¿Hambre, Saga? —El mártir asintió despacio —Allí tienes comida, ve a saciarte hasta que tus garras y dientes se tornen vino.
Lo último que se escuchó esa noche fue el carbón restallar sus últimas chispas y los gritos de horror bajo el cielo nocturno ante el nacimiento de la segunda criatura.
Hi I'm deeply sorry to ask this but I'm sharing my commission for important matter (I got myself cut living expensive by parents and I might not get enough to pay for studies and medical help)
So I'm sharing them in case anyone is interested to commission me it would be a pleasure to work on it and even get a little help (I'm ashamed to share that but I'm in a situation I can't it ignore)
sharing some example of my works
I appreciate the time you took to read this,contact me for further information
i have forgotten to upload the alone/tenma & just regular alone art onto here MY BAD (i was reminded bc i’m trying to work on this comic & i went huh…. did…. i upload my new alone art? (no i did not) i’m behind on uploading stuff
the 2nd alone/tenma art is a base btw! i was having minor artblock when i made that one
—— ♡ 𝖙𝖆𝖌𝖘 ➜ saint seiya, love, gay, bl, first kiss, boys in love, argentina, argentina au, modismos argentinos, lunfardo, alternate universe - college/university, alternate universe - modern setting, falling in love, love confessions, dorks in love, cepheuscest, fadu, coronados de gloria, other additional tags to be added, silver saints - freeform, humor, sexual humor, inappropriate humor, design students.
── .✦ 𝔠𝔥𝔞𝔭𝔱𝔢𝔯𝔰 ➜ 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 (+more)
A veces el mundial es buena excusa.
—Qué caripela.
Daidalos llegó con el café a medio tomar, si ya tenía la jeta torcida ahora parecía que lo había pateado un caballo, todas las arrugas se acumulaban entre las dos cejas y el mentón estaba tenso, Asterión podría jurar que si fuera de piedra estaría todo quebrado por la fuerza que estaba haciendo.
—Déjame adivinar, te viste con un canario.
—Es más pesado que locro en enero, no me lo puedo sacar de encima —Se frotó la sien completamente agotado y ni siquiera había empezado la clase.
—Dicen que cuando ves a alguien nuevo te lo encontrás en todos lados, aunque no me sorprende, el loco va con nosotros a las mismas materias, seguro que lo ves mínimo dos veces más a la semana.
—A este paso me doy de baja de una materia.
—Andá, exagerado, no les des bola al pibe, teneme el café que imprimo y subimos.
La clase de diseño industrial era lo único que le podía sacar el malhumor de la mañana. Las clases donde su cabeza decidía explorar rincones creativos que llegaban de madrugada, con la pava sobre la hornalla y los bizcochitos de grasa, solo él y su lápiz junto al compás de los trazos suaves de su ingenio. El café le había reactivado las neuronas y Asterión prácticamente abrazados a él, medio sueño, medio friolento, se juntaron los dos con cara de pocos amigos a escuchar la clase.
Dos mesas más atrás, en otro grupo docente, Albiore sentía que se le cerraban los ojos. Estaba cansado, se había hecho el boludo todo el fin de semana y ahora sufría las consecuencias, pero no era su culpa, había estado rato largo cargando a todo país que había perdido o empatado en el mundial, además se había estado intercambiando figuritas con unos primos y ahora, en la clase de diseño, que poco le importaba el pasar del tiempo y los temas del país no eran de suma importancia como lo eran en su cabeza, así que con un mate en la mano y dos horas de sueño fue a cursar mientras Babel le comentaba como una abejita sobre el partido de España y él tenía los ojos fijos en aquel tucumano que parecía mil veces más descansado, lo había notado mientras todavía estaba manija, ahora, le gustaría estar con el Diego.
—¿Qué onda, pa? Todavía con la almohada en la jeta.
—Babu, estoy más cansado que padre en cumpleaños, pero que partidazo el de Japón.
—Se te ve arruinado —Dos golpecitos en la espalda le hicieron agarrarse la cabeza.
—Y mañana juega la escaloneta.
—¿Nos juntamos o tenés cita con tu amorcito?
Fue en ese instante cuando se sintió Ricardito Ford, iluminado frente a la realización que podía hacer una juntadita.
—Sos un genio, Babu.
Tan pronto dieron receso Albiore saltó del banco y agarró a Asterión de la capucha del buzo, el muchacho lo miró como si fuera a navajearle el cogote, pero se relajó al ver quien estaba parado frente a él.
—Que te pasa, salame.
—Bueno, che, ni un hola. No nos hablamos desde primero.
—Motivos nos sobran, Ballenato.
—Daaale. Encima que venía con la buena onda de juntarnos un ratito mañana.
—Es el partido —Asterión dijo y notó que Daidalo lo estaba viendo desde la puerta —No te voy a dar el número o me las corta, Albiore.
—Nooo, no papá, no va por ahí, cuchame —Le dijo mientras sacaba el teléfono —Mañana juega Argentina a las diez, no conozco a nadie que curse de noche y estaba planeando con Babel de juntarnos en mi depto a ver el partido porque queda cerca de acá a la uni y de ahí cada quien ve si se quiere rajar a su casa o si hacemos viajecito escolar en el 37. Traemos una birritas, pedimos empanadas y la pasamos bien un día en mitad del cuatrimestre, ¿cómo te queda el moño?
Asterión pareció premeditarlo al menos diez segundos, la idea le venía joya, más porque significaba no levantarse a las cinco y llegar a horario a la facultad y si convencía al tucumano amargo que tenía de amigo, el rubio le iba a besar las manos. Dos pájaros de un tiro no era algo que quería desperdiciar.
—Deja que le consulto a don amargo.
—Sisi, tenés mi número, mandame cualquier cosa.
Albiore miró a Daidalos quién ya parecía denso como remar en dulce de leche, le guiñó un ojo y le dio un codacito de despedida a Asterión quien seguía pensando mientras se acercaba a su amigo.
—¿Y ese ahora te agarró a vos? —Dijo mirando al rubio quien había pasado por su lado a lo que creía que era ir al kiosco.
—A los dos, la verdad, nos invitó a ver el partido a su casa.
Daidalos se quedó mudo un toque —¿A los dos?
—El loco es sociable, te había dicho.
—Pero porque me invitó a mí, es más conocido tuyo que mío.
—Y te haces la pregunta, vos también —El de zona sur se rio, pero subió los hombros —Yo creo que, si voy, me conviene dormir más y venir a la facu temprano. ¿Vos?
—Ni de onda, ura. No le voy a dar el gusto.
—Daaale Dai, ni le des bola, seguro te dormís cuando termina el partido y le usaste la casa.
—Yo no vivo lejos.
—No, pero vas a socializar un toque.
—Tenemos que hacer cosas.
—Juega Argentina Dai, hasta a vos te interesa eso.
Daidalos suspiró —Tengo cábalas.
—Las rompiste cuando pisaste Buenos Aires —Le dijo y Daidalos lo miró fijo —Acompañame esta, te prometo que no te rompo más las bolas después, solo quiero que salgamos un rato.
—Me estás hablando muy bonito para ser vos.
—Y vos estás cediendo como un nene con caramelos.
Y debía admitir que sí, lo estaba haciendo, no tanto por ir a ver el partido en sí o la casa de aquel rubio careta, sino porque en el fondo quería pasar un rato más con Asterión, sabía que vivía lejos, muy lejos si se ponía quisquilloso, a veces lo invitaba a quedarse cuando las horas apretaban y más cuando eran las entregas, pero el resto de días Asterión se subía a ese 45 y viajaba hora y media de acá a su casa junto a sus auriculares rotos y apoyado a la ventana dormitando lo que no podía de noche, No podía fallarle, podía estar algo incómodo una noche.
—Bueno dale, mañana y ya después si necesitas nos quedamos en casa.
—Sos el mejor sabelo.
Albiore recibió la buena respuesta que ellos dos se unían y creó por la tarde el grupo para acordar hora, comida e incluso quienes se quedaban o no. Tan pronto como el número de Daidalos fue agregado por Asterión lo guardó antes de que salga despavorido cuando estuviera en casa y sonrió contento por su plan.