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Something about Myungha giving love so freely to Yeowoon, his own mirror image, and yet being unable to view himself as worthy of love.
Something about Myungha erasing himself from all their lives and Yeowoon still hearing the echoes of his voice because of the imprint we leave on the people we love.
Something about learning that part of loving someone is also receiving love from them and that second chances are worth fighting for.
Something about Love for Love’s Sake that is so raw and honest and also muddled and confusing because that’s what love is.
"entrada en calor"
- Soft con leve 🔥, maybe in the future haga una parte 2 🔞
-cualquier escrito subido de tono quedan en twitter (o en Wattpad próximamente)
La mañana se desvanecía lentamente dándole paso a una aburrida tarde en la sede. Volkov se encontraba sentado frente a su monitor en la comodidad de las oficinas del subsuelo, el ruso se sentía completamente bloqueado, había trascrito y terminado muy pocos informes de la gran pila que tenía a un lado del computador, haciéndole sentirse agobiado por la cantidad excesiva de trabajo que tenía esas últimas semanas, aún más al saber que Horacio tomaba el sesenta porciento del papeleo para evitar sobrecargarlo con tanto trabajo y poder pasar más tiempo juntos fuera de la sede.
Bufando por lo bajo con molestia se levanta, ya sabiendo que estar así de estresado no ayudaría en nada a terminar todo el papeleo. Se pasa las manos por su pelo, desordenandolo ligeramente, antes de tomar la radio, cuando la frecuencia a la que les pertenecía únicamente a su pareja y a él. — ¿Hache? ¿Aún te encuentras en la sede? —Pregunta por el aparato a la vez que va saliendo de la oficinas en dirección al piso de arriba— 10-4 Uve, eh uff estoy en el gym —La voz entrecortada y cansada del menor se deja oír levemente distorsionada por la radio, pero aún así el ruso sonríe al escucharle, le apetecía bastante pasar un tiempo con su pareja luego de estar práctica desde la madrugada separados. Ni el desayuno juntos pudieron tomar por culpa de una reunión que tenía el moreno con la LSPD.
— Bien, voy para allá —responde encaminándose hacia el gimnasio de la sede, no tardando más de cinco minutos en llegar, abre las puertas encontrándose únicamente con el moreno ejercitándose. Sus ojos azulados viajan por la trabajada espalda del de cresta, viendo como los músculos se iban tensando y destensando a la para que subía y bajaba las pesas— ¿Disfrutando las vistas ruso? —Murmura con coquetería el director a la vez que deja la pesa sobre su soporté, dándose vuelta para mirarlo.— Sí, la...la verdad es que si —Dice acercándose lentamente al menor, observando cómo pequeñas gotas de sudor iban cayendo desde su cuello hasta su musculosa negra pegada.
Horacio ríe por lo bajo haciendo un gesto con su mano enguantada para que se acercará, cosa que el mayor no duda en hacer hasta quedar frente a frente, casi que rozando sus cuerpos. Sus ojos se miran fijamente, el zafiro desafiando a la esmeralda combinada con miel, en una guerrilla interna, viendo quién era el primero en ceder y besar los labios del contrario — Mmh que te parece ayudarme en vez de solo mirar, eh? —El moreno desliza suavemente uno de sus dedos por el pecho del ruso, sonriendo al escucharlo tragar con fuerza. Volkov tararea para si mismo antes de poner sus manos sobre las caderas del más bajó — Me parece buena idea querido mío —susurra inclinándose ligeramente, rozando sus narices sutilmente, tentando al más bajo a unirse en un beso, más sin embargo ninguno hizo nada, manteniéndose así unos momentos más, que parecieron horas antes de que se alejaran lentamente.
Aún manteniendo sus miradas Horacio le hizo un gesto para que se sentará sobre una colchoneta con las piernas, ligeramente, separadas para luego el colocarse entre ellas. Sus largas piernas morenas pasaron por encima de las pálidas del ruso, el cual apoyo con cuidado sus manos en la diminuta cintura del peliblanco y sus codos en las rodillas acaneladas— Me quedan hacer abdominales y terminaría por hoy —Dice en un coqueto y sugerente murmullo, relamiéndose los labios intencionalmente para que el ruso fuera el que cediera ante él. Volkov deja escapar un largo suspiro al ver la acción, conteniendo el impulso de inclinarse y besar de manera necesitada los labios pomposos de su pareja, a la vez que asiente ligeramente con la cabeza, dándole una señal de que comenzará.
Horacio se deja caer sobre la colchoneta empezando el ejercicio, su torso haciendo la mayor parte del trabajo para subir todo la parte superior de su cuerpo, siendo sostenido en todo momento por las grandes manos del ruso. Una vez arriba nuevamente el director se acerca hasta casi rozar sus labios, volviendo a bajar antes de de que aquella simple acción sucediera, desesperando a ambos y haciendo que sus deseos de besarse aumentarán — Hache —se queja el mayor al tenerlo nuevamente tan cerca, esta vez no pudiendo contenerse e inclinado su cabeza para dejar un rápido beso en los labios rosados de su pareja. Escuchá a Horacio reír mientras vuelve a bajar, solo que esta vez no llegando a tocar la colchoneta, llevando a la mitad de camino — Míralo al ruso atrevido —murmura con clara diversión volviendo a acercarse y uniendo sus labios nuevamente.
Volkov siente sus mejillas arder en un color carmín intenso a la vez que sus labios dejan ver una enorme sonrisa al observar cómo Horacio volvía a subir, juntando sus labios otra vez, pero ya no siendo suficiente, ninguno se podía conformar con ligeros roces entre sus belfos, necesitando más y más e inevitablemente el moreno fue el que cedió ante el ruso, llevando sus manos a la mejilla coloradas del mayor y juntas sus labios en un beso pasional, danzando como solo ellos sabían, transmitiendo el amor y deseo mutuo que se tenían, encajando sus labios con perfección como si estuvieran hechos para el otro. Las manos de Volkov se aferran a la cintura de Horacio, acercándolo más a su cuerpo, como si eso fuera posible.
Sus cuerpos se mecen al son de la danza de sus labios, persiguiendose y evitando separarse aunque el oxígeno estuviera acabándose, las manos morenas se deslizan a los brazos blanquecinos intentando prolongar aquel candente baile unos momentos más antes de separarse con las respiraciones entrecortadas.
Sus ojos se unen e inevitablemente las sonrisas bobas y enamoradas aparecen en sus rostros, felices de tenerse el uno al otro. — Te amo Viktor —murmura Horacio entre diminutos jadeos, recuperando el aire perdido — Yo también te amo Мое солнце —Corresponde con un dulce tono de voz, volviendo a acercarse y besar los labios hinchados del más joven deseando internamente estar en la comodidad de su casa para disfrutar plenamente del moreno, a la vez que lo sube a su regazo, presionando los firmes glúteos del director sobre su pelvis ocasionando gemidos ahogados en el acalorado beso.
FIN
"Descanso necesario"
- Soft? Hurt/Confort?
- Basado en el directo de hoy 21/10/22
Luego de estar más de dos horas hablando con aquel muchacho, Volkov se sentía a punto de explotar, estaba harto de escucharle decir que eran unos pecadores, que él solo cumplía con su deber, que las víctimas tenían las culpa, entre otras sin sacar ninguna información coherente o útil. El sujeto era un toca huevos de primera y no sabía si era adrede o simplemente era un imbécil de pies a cabeza. Con un gesto hizo que los agentes lo mandarán a las celdas de la sede, ya mañana se encargarían de él nuevamente.
Suspirando con pesadez se deja caer sobre el asiento de piloto del patrulla, ya había salido de servicio, por hoy había cumplido bastante con su labor como para seguir en si oficina haciendo papeleo. Tomando su celular se dedica a buscar una buena cena para él y Horacio, no le apetecía cocinar mucho, y definitivamente no dejaría que el moreno lo hiciera, luego de su pequeño desmayo haría todo lo posible para que descansará la mayor parte del tiempo que pudiera. Sabía que no solo había sido el gas, podía oírlo en su voz, y como bien ciego que era decidió dejar pasar el asunto, aunque no lo olvidaba, lo tenía presente en su mente, analizando cada paso que daba su pareja, preocupado de que se volviera a desplomar.
Su mente siguió divagando sin que él se diera cuenta hasta que una voz muy conocida y amada, lo saco de su pequeña ensoñación — ¿Vamos a pedir hamburguesas? —Pregunta el de cresta apoyando suavemente su mejilla en el hombro del ruso, mirando la pantalla con curiosidad, siendo que efectivamente había una gama de diferentes combos de McDonald's y Burger King— Mmh, si quieres querido mío, podemos pedir lo que quieras —Murmura girando ligeramente su cabeza para besar delicadamente la frente del peliblanco a la vez que toma la mano del moreno.
Siente a Horacio tararear de gustó mientras que se dedica a acariciar suavemente con su pulgar el dorso de su pálida mano — Uff pues si se me antoja o una pizzas también estarían bien —Dice a la vez que alza su mano libre y se desliza por la página de pedidos mirando más ofertas de comida rápida — Podemos pedir ambas si quieres, pero primero vamos al hospital —Susurro alejándose ligeramente del cálido cuerpo del moreno para mirarlo a los ojos bicolores que tanto ama, ve como Horacio frunce el ceño negando levemente con la cabeza antes de refunfuñar por lo bajo un "es necesario" recibiendo de su parte un asentimiento de cabeza.
El menor suspira con resignación — Bien, vamos al hospital, pero no quiero que me pinchen —Se queja volviendo a acercar sus cuerpos, rodeando con su brazo tatuado el torso del ruso, escondiendo su rostro en el hombro del mismo.— Bien nada de agujas —Promete con una sonrisa aliviada en sus labios.
───
Habían pasado tres horas desde que entraron al hospital antes de poder emprender su camino a su casa vacacional para poder descansar luego de un estresante día de trabajo, para el alivió y la tranquilidad de ambos no fue nada grave, aunque si le mandaron una revisión mensual al director, ya vería Volkov como haría que fuera sin falta, no podía obligarlo, pero quizás con algunos besos podría convencerlo sin muchos problemas de por medio.
Ambos ya habían pedido dos pizzas tamaño familiar, que debido a la lejanía de su casa tardarían un buen rato en llegar. Entre risitas risueñas debido al cansancio entraron a la casa, dirigiéndose directamente a la habitación de arriba, y única; El ruso le indicó al menor que se sentará en la cama entre que el iba a preparar todo.
Tomo unas cuantas velas de aroma a vainilla y miel junto a una botella de vino tinto dulce, que el moreno ama, y unas copas de vidrio antes de ingresar al baño.
Con cuidado dejó las cosas sobre el mueble donde estaba todas las cremas corporales de Horacio para después abrir ambas llaves de agua, pero más la caliente para dejar el agua en el punto correcto. Toma un fósforo para prender una de las velas para posterior ir prendiendo todas con suma delicadeza y colocarlas en lugares donde sabía que no podrían causar ningún accidente.
Abre la puerta momentáneamente mientras que agarra dos bombas de jabón anotando mentalmente que deberían de comprar más — моя маленькая ¿quieres la rosa o la azul? — Preguntá asomando la mitad de su cuerpo mirando al moreno, viendo que sus pijamas ya están preparados sobre la cama al lado del relajado moreno, quien se desplaza por, probablemente, tiktok o twitter.
Los ojos bicolores se dirigen hacia los suyos antes de bajar a más bombas de baño, mirándolas entrecerrando sus ojos antes de señalar la azul con una sonrisa sutil en sus labios — Bien, espera un poco más y nos damos un baño Querido mío —murmura con un tono de voz suave antes de ingresar nuevamente al gran baño para dejar caer delicadamente la bomba azul en la bañera media llena para luego cerrar las llaves y poder guardar la rosa.
Toma dos grandes toallas y las deja a un lado de la bañera para luego tomar las copas junto al vino y dejarlos al alcance de sus manos.
Suspira con una sonrisa, satisfecho de su trabajo para luego llamar a su pareja antes de comenzar a desvestirse, dejando la camisa y el pantalón en el canasto de ropa sucia mientras que escucha como el de cresta ingresa vistiendo únicamente sus boxers negros con corazones — Hostias Uve, muchas gracias rusito —murmura acercándose para besar los labios finos de su pareja, siendo correspondido rápidamente. Volkov coloca suavemente sus grandes manos en la diminuta cintura del peliblanco disfrutando de los dulces labios mientras danzaban en un conocido baile para ambos, uno delicado y tranquilo, pero necesitado, saciando todas las horas en las que estuvieron tan cerca, pero tan lejos a la vez. — Я люблю тебя (te amo) — susurra sobre los pomposos labios una vez se separan del beso por un poco de aire, Horacio ríe por lo bajo— Yo también te amo ruso bobo —dice con una sonrisa enorme antes de dejar un último beso para separarse del peligris.
— Ahora vamos a disfrutar de esto cursilería —Murmura con diversión mientras se quita los boxers al igual que el mayor.
Ambos se miran unos momentos antes de que el de cresta le hiciera un gesto para que ingresara primero a la bañera para luego ingresar él, sentándose entre las piernas del ruso, apoyando su espalda con cuidado sobre el pecho del mayor. Los dos dejan escapar un largo suspiro con tranquilidad, sintiéndose felices y a gusto uno al lado del otro, en su hogar donde nadie les podía interrumpir, ni quitar su momento juntos. En su lugar seguro, en los brazos del otro.
— Te prometo que las citas que no tuvimos estas semanas las tendremos —Murmura el ruso mientras comienza a dejar suaves caricias a lo largo de los brazos Horacio.
— Mmh me gusta la idea Uve, quiero tener una cita con mi bonito novio —Responde en el mismo suave tono de voz, inclinando ligeramente su cabeza para besar la mejilla sonrojadas del mayor, ganándose un pequeño beso robado — Estoy seguro de que tú novio no es tan bonito como el mío — Susurra sobre sus labios con una sonrisa juguetona surcando en sus labios ocasion una carcajada por lo bajo de Horacio — Definitivamente, pero el mío sigue siendo muy muy bonito —Asegura mirándolo a los ojos azulados con todo el amor indescriptible que siente hacia él e inevitablemente su sonrisa se amplía aún más al ver que todo ese torbellino de emociones y sobretodo amor y cariño le era devuelto con la misma intensidad. Se sentía en una nube de la cual jamás pensaba bajar, no si significaba abandonar los brazos de su persona favorita.
FIN
"Estoy ocupado"
- Angst
- Basado en la imagen
-TW: Sangre, Mu3rt3
El dolor, el dolor lo estaba matando lentamente, no podía aguantarlo más, todo el día temblando y mareado le habían dejado agotado por completo, la náuseas constantes evitaron que logra comer aúnque sea una miseria fruta, sintiéndose aún peor con el estómago completamente vacío.
Su cuerpo, su mente y su corazón gritaban por un descansó a través de dolorosas punzadas por todo su cuerpo, ya no daba a basto, sintiendo como cada parte de su cuerpo poco a poco perdía las fuerzas, dejándolo sin poder respirar casi de lo agobiado y sofocado que se sentía.
Todo daba vueltas, la fiebre cosionando que empezará a alucinar, viendo sombras donde no las había, logrando que una enorme paranoia se colara por su mente, poniéndo en alerta su inestable cuerpo, en el cual habían partes que temblaban sin parar, zonas que jamás en la vida pensó que podrían temblar, se sentía tan extraño, como si no fuera dueño de su propio cuerpo, como si fuera un intruso; y aquel maldito dolor que le dejaba sin aliento le estaba nublado el juicio, no sabía ni donde se encontraba.
Con dificultad tomo su celular necesitaba que le llevarán al hospital, necesitaba a alguien que hiciera que parará de sentirse así, necesitaba un abrazo pensó mientras las lágrimas caían de sus ojos como cataratas furiosas, dejando irritada toda la piel a su paso. El brillo de la pantalla le cegó unos segundos, inclusive su vista no se sentía bien, como si sos ojos no estuvieran viendo lo que deberían de ver.
Bajando con mucho trabajo entre sus contactos llegó al de su pareja, él lo ayudaría¿verdad? claro que sí, no importaba que hubieran discutido más temprano en el día, si le decía Volkov que se sentía mal, él vendrá a ayudarlo, así de bueno era su ruso. E inevitablemente sonrió a duras penas al pensar en el alto hombre siendo tan amable y dulce con el, aliviando momentáneamente su agonizante dolor. Volkov siempre lograba ayudarle directa o indirectamente.
"Me siento mal :(" escribe luego de varios intentos, sus dedos apenas tenían la fuerza para teclear bien las letras y sostener el celular a la vez sumándose su visón borrosa a casua del punzante dolor de cabeza, el cual solo aumentó al escuchar el ruidito que hizo el celular. Le había respondido, "Estoy ocupado" , y ahí una luego de quedar estático unos segundos una sonorosa carcajada sin gracia se escapa de sus labios, que idiota, que maldito idiota eres Horacio Pérez, no haz aprendido,eh?! NO HAZ APRENDIDO NADA! su subconsciente le grito, estás solo, siempre lo estuviste, pensó con amargura.
Ahogando entre sollozos, no aguantando más el insesante dolor y responde con un simple "ok" cómo puede e intenta cambiar de contacto hacia el de su hermana, pero lastimosamente no pudo pedir ayuda por culpa del el dolor, el dolor era demasiado para su cuerpo, para su corazón, el cumulo de dolencias fue tanta que entre lágrimas y gimoteos de auxilió se desmayó, cayendo con fuerza de la silla donde se encontraba al frío suelo, haciendo un terrible sonido sordo.
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Maia esa tarde recibe una llamada inesperada de su hermano, sorprendida sin entender el motivo no duda en atenderlo, en ese momento se encontraba conduciendo junto a su madre, la había llevado a una consulta médica para ver sus avances, sintiéndose feliz y contenta al saber que todo estaba bien y en orden, pero aquella llamada casi logra que choque el auto.
El escuchar un estridente golpe seguido de un lamento, ya conocido, para ella logra desestabilizarla por completo, y también a Charlotte, el ver el nombre de su pequeño niño en el celular y escuchar aquello la dejo en shock, no sabía que pasaba— ¿Horacio? ¡¿HORACIO?! —Los gritos alterados de la rubia más joven se escuchan por todo el vehículo mientras conduce a rápidas velocidades a la gran mansión, temblando al volante mientras escuchaba a su pequeño hermanito pedir ayuda entre sollozos y a su madre a su lado alterarse cada vez más.
Maia se consideraba una mujer muy fuerte, pero ahora mismo tenía tantas ganas de llorar, el no saber que pasaba, el escucharle ten mal y destrozado, no sabía como haría al verle, no quería ni verle en ese estado — C-calma Horacio, ya llegamos, ya llegamos, aguanta hermanito, te lo pido —Sus palabras salen atropelladas a la vez que ingresa a la gragaje de la mansión, tenía tanto miedo, tanto que simplemente entro en pilo automático, ignorando todo a su alrededor para salir corriendo e ingresar a la casa.
Y ahí casi se desmorona, pero debía ser fuerte, fuerte como siempre se le había inculcado. Más ahora, vejndo a Horacio tirado en el suelo, su cuerpo temblando ligeramente semi inconsciente mientras que un charco de sangre le rodeaba la zona posterior del cuello. Al borde de un ataque de acerca al hombre tomando su pulso y agradeciendo a todos los diose y deidades que existieran por aquello.
— Todo estará bien, no he preocupes, todo estará bien— repite una y otra vez como una mantra mientras que sin saber cómo lo logra levantar y llevarlo a su coche a todo prisa, siente la mirada preocupada y conmocionado de su madre a su lado, pero no puede hacer más que pensar en llegar al hospital, Horacio tenía que ponerse bien, no podía perderlo otra vez, no podía perder a su hermano nuevamente, se negaba, no quería.
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Las horas pasan y las dos mujeres ven como médicos entran y salen de la habitación del moreno, corren de aquí para allá, algunos cubiertos de sangre, otros con distintas cosas en sus manos y ambas mujeres ya sabian que esto no acabaría bien, no cuando una mujer no expresión aflijida se le acercó con cautela.
Charlotte jamás olvidaría el dolor que aquellas simples, pero irreales palabras le ocasionaron "No pudimos hacer mucho más, lo siento tanto", esas ocho palabras se le quedarían grabadas a fuego en su pobre corazón, el cual lloraba por su hijo, su pequeño niño al cual se le fue arrebatado de muy infante y cuando por fin volvía a estar con él, se desvanecía sin ser capaz de hacer mucho más.
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"Heeey?"
"Hache?"
"¿Estás bien?"
"¿Horacio?"
"¿¿??"
Esos cinco mensajes son los que manda luego de una hora, sinedo sincero consigo mismo Volkov había actuado de manera infantil solo por qué seguía enojado por su tonta pelea de la mañana. Ahora más calmado admitía dos cosas, la primera era que Horacio tenía razón en aquella discusión y la segunda era que la preocupación se lo estaba comiendo vivo, el saber que su pareja estaba sola en su casa y sintiendose mal le ponía los nervios de punta, necesitaba asegurarse de que todo estuviera bien.
Así que sin importarle nada el trabajo y al ver que el moreno no contestaba sus mensajes salió a toda velocidad de la sede, llevándose un patrulla con él mientras conducía a rápidas velocidades en dirrección a la mansión, necesitan corroborar que todo estuviera bien.
Más sin embargo al llegar el panorama no le gusto en lo absoluto, la reja estaba abierta de par en par logrando que sus alertas saltarán, dudo en sacar su teléfono para intentar llamar al de cresta, pero desistió, si se encontraba en peligro delataría su ubicación y eso sería muy malo.
Baja del vehículo con mucha cautela sacando su arma para ingresar a la mansión con el mayor sigilo que puede con sus enorme, y torpes, estremidades.
Ve uno de los banquillos tirados en el piso junto al destrozado celular a su lado, en la pantalla se podia ver apenas el contacto de Maia, cosa que extraño al ruso ¿Ella lo habría venido a cuidar? ¿Dónde estaba su auto? Pensó frunciendo el ceño con preocupación mientras se dedica a revisar toda la casa cuidadosamente.
No había nadie, bufando con preocupación y molestia toma su teléfono saliendo del chat de su pareja y buscando el de Maia, llamándola.
Uno...dos... tres, la grabadora.
Vuelve a intentar.
Uno...dos...tr- —V-volkov ven al hospital, ya —La voz angustiada y cargada de una inquietante tristeza le aturde por completo, ¿Hospital? Hospital repite en su mente mientras sale de la casa y se dirige al hospital del sur.
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Nononononono, no por favor no, nono no y NO! sus pies tiran hacia atrás, era mentira, todo era mentira, Horacio esta bien, ahora mismo se encontraba en la mansión enojado con él mientras que el se dedicaba a cuidarlo, hacerle sopa de pollo y verduras para su mal estar, y darles mucho muchos mismos como disculpas por la discusión de la mañana, si?
Él esta bien, Horacio esta bien, su Hache esta en exelente estado, está...— Horacio está bien —Dice con voz lastimera ante de caer al piso de rodillas, sinete la mirada fija del dúo de mujeres y de Andrés, el cual no sabía que estaba en la cuidad, pero como le importaba ahora mismo, si atención recaía en el punzante dolor que sus desgarradores sollozos salían de lo más profundo de su garganta negando una y otra vez la verdad , porque Horacio esta bien, solo esta enojado con él, nada más , está vivo, él está vivo...
"Perdóname por no haber estado ahí"
" Te extraño tanto querido mío"
"Me siento tan culpable, discúlpame mi vida"
"siempre juntos"
FIN
"Ahora no"
- Hurt/Confort
Volkov daba vueltas en círculos en el living de la mansión,hacia dos horas que Horacio había salido de servicio y por ende debía de llegar a casa en menos de cuarenta minutos, pero aún nada, el moreno no llegaba y le tenía los pelos de punta. Frustrado se deja caer en uno de los sillones mientras deja escapar todo el aire que había estado reteniendo sin saberlo.
Había sido un día, más bien, una semana complicada, empezando por haber discutido muy fuerte con Horacio por culpa del poco tiempo en el cual se veían a causa de sus horarios y de los viajes constantes a los cuales Madisson había estado mandado al director desde hace más de dos semanas, eso sumandole a lo pesada que se había vuelto la ciudad últimamente, teniendo que acudir a cada rato a algún badulaque en proceso de estar siendo robado le tenía los nervios a flor de piel.
Toma la cajetilla de cigarrillos para agarrar uno y prenderlo, deja escapar el humo sintiendose reconfortado de cierta manera ante el amargo sabor invadiendo su boca. "A Horacio no le gusta el olor" piensa para si mismo dándole otra calada, pero no podría hacer nada ahora mismo, y no queriendo admitir su conducta infantil, en cierta medida también lo hace para molestarle por aún no aparecer en casa.
Pasan los minutos y nada, toma su teléfono nuevamente y le marca al número de su pareja, sin respuesta, bufa por lo bajo molesto a la vez que se lleva otro cigarrillo a la boca, repitiendo el mismo proceso de antes; Estaba más que preocupado por el de cresta, sabía que seguía dolido por lo de hace unos días, el también lo estaba, aunque el que se fue de boca fue él, pero eso no significaba que podía preocuparlo de tal manera.
El sonido de la puerta le sobresalta al estar tan metido en sus pensamientos, el conocido sonido de la botas de cuero del moreno chocando contra el suelo de madera se deja escuchar unos segundos antes de que el dueño apareciera en su campo de visión.
Se levanta en el momento que le ve, a la par que el de ojos bicolores se para, manteniendo la distancia entre ambos.
Reina un tenso silencio, ambos manteniendo la mirada contraria a la espera de que el otro actúe. Al pasar los minutos Horacio supira con pesadez relajando sus hombros rígidos — Buenas noches —Es lo único que sale de sus labios mordisqueados mientras camina en dirrección a la escaleras, siendo detenido por el ruso.
— ¿Buenas noches? ¿Es lo único que piensas decir? —La pregunta sale acompañada de un tono brusco y con toques de ironía, mirando fijamente al más bajo — ¿Si? ¿No sé supone que dices eso cuando te vas a dormir? —Rebate el moreno llevando su mano libre a la muñeca del más grande como un pedido silencioso de que suelte su brazo, más Volkov no lo hace — tú y yo tenemos que hablar Horacio —Murmura seriamente poniéndose frente a la escalera, cosa de evitar que el moreno huyese a su habitación compartida.
El pelirrojo ladea la cabeza ligeramente en negación — No ahora Volkov, no quiero —Responde echando su cuerpo así atrás, liberandose de su agarre y creando una distancia entre ambos, una distancia que generó un fuerte dolor en el pecho del ruso, y de Horacio también — Tenemos que hablar en algún momento, Hache —Fue interumpido por la voz ligeramente temblorosa del más joven — No, simplemente no— Murmura dándose la vuelta y caminado hacia la entrada.
El ruso, en pánico, persigue a su pareja queriendo solucionar todo, sabía que no debió de de gritarle cuando el de cresta quiso explicarle toda la situación, e inclusive cuando le contó que había peleado con Madisson para que lo liberará un poco y poder pasar más tiempo juntos, él siguió reclamado una y otra vez no acostumbrado a que el moreno no estuviera junto a él en largos periodos, más encima por estar trabajando; Se sintió como alguna vez Horacio debió sentirse cuando el mismo se enfocaba más en el trabajo que en él — Por favor, hablemos — Pidió ya desesperado tomando las manos del director, evitando que saliera por la puerta.
El cuerpo frente al suyo se tenso visiblemente y su cabeza bajo, mirando hacia el suelo de manera nerviosa — Lo haremos, solo que no ahora —Respondió aún dándole la espalda rechazando los suaves intentos del ruso para que se diera la vuelta y lo mirará — ¿Entonces cuándo? —Pregunto en un susurró aventurando una de sus manos hacia una de las mejillas del moreno y lograr que sus ojos se encontrarán, notando las lágrimas acumuladas en aquellos ojos bicolores que tanto ama — Cuando el dolor de tus palabras ocasionaron sea lo suficientemente soportable cómo para verte a la cara sin querer llorar —Murmuro Horacio dándole rienda libre a qué las lágrimas cayera cómo cascadas de sus ojos.
— Porqué me dolió Volkov, me dolió mucho y aún me duele, en cada momento siento una presión en el pecho que solo tengo ganas de llorar, y no es justo, no lo es, así que no pienso hablar contigo de este tema hasta que pueda hablarte sin querer tírame a tus brazos a llorar —Su voz se escuchaba quebradiza y con una gran tristeza, pero aún así sus palabras fueron firmes— Además no quiero decir cosas con la cabeza caliente y luego arrepentirme —Murmuro bajando la mirada e intentó apartarse del reconfortante tacto del peligris, sin éxito.
Volkov envuelve sus brazos alrededor de la cintura del moreno, acercando sus cuerpos y abrazándolo con fuerza sintiendo como el más bajó se resistía e intenta con, vagos, empujones apartarse de él antes de rindiera, abrazándolo de vuelta a la vez que esconde su rostro en su pecho, sollozando con fuerza. El ruso apoya suavemente si mentón en la cabeza del de cresta dejando escapar algunas lágrimas al escuchar a su pareja así, sabiendo que en su mayor parte era su culpa — Lo siento моя маленькая, lo siento mucho, tenías razón, nada fue tu culpa o la mía —Murmuro comenzando a dejar caricias a lo largo de la espalda del francés, en un intento de consuelo — Tú intentaste buscar alguna solución y yo simplemente te grité y herí tus sentimientos, lo siento mucho querido mío —Llevo una de sus manos al cabello pelirrojo, acariciando suavemente esté, manteniendose así por un largo rato, juntos, disfrutando de la compañía mutua.
Horacio fue el primero en separarse unos pocos centímetros del cuerpo del más alto, aún manteniendo el contacto entre ambos— Uve —Murmura alzando la mirada para mirar a los ojos del ruso, notando que también estaba llorando provocando un dolorcito en su pecho — Tenemos que hablar, lo sé —susurra llevando sus manos las mejillas sonrojadas limpiando suavemente las lágrimas — Pero ahora mismo será mejor descansar, cariño —.
El ruso suspira dándole la razón internamente antes de asentir con sutileza la cabeza cerrando momentáneamente sus ojos disfrutando de las delicadas caricias sobre su mejilla — Está bien, pero...—Acepta en un murmullo deslizando su mano del cabello a la mejilla del moreno — ¿Me permites besarte? Te extrañé mucho estos días —Susurra con dulzura inclinado su cabeza ligeramente. Horacio duda unos segundos antes de sonreír sutilmente, inclinándose y besando los finos labios del peligris, iniciando una dulce danza entre ellos dos, curando lentamente las heridas provocadas en esos días y zanjando momentáneamente la charla pendiente que tenían. Hoy ya habían solucionado la parte más difícil y por fin volvían a estar en los brazos del otro, en su hogar.
FIN
Royal Au "Ojos Bonitos"
-𝚙𝚊𝚛𝚝𝚎 2/2
Poco a poco sus ojos se van abriendo notando una leve incomodidad en su espalda, se tira para atrás ligeramente dándose cuenta que se había quedado dormido entre los brazos de Volkov, el cual suspiraba suavemente apoyando su cabeza sobre la pared a su lado, los fuertes brazos del hombre le rodeaban por completo, manteniéndole sobre su regazo con delicadeza, sirviendo como una manta en contra del friolento clima otoñal. Se mantiene unos momentos más entre la calidez del ruso, disfrutando del abrazo y admirando las tranquilas y hermosas facciones del serio hombre, era una lastima que ya no confiará en él.
Deja escapar un suspiro prolongado, ya acostumbrado a ese sentimiento de decepción presionando fuertemente en su pecho a la vez que cuidadosamente retira los brazos del más grande de su cintura y hombros, dejándolos sobre el regazo de el mismo, dónde anteriormente se encontraba sentado. Se adentra a la casita, a la cual le tenía tanto cariño, y toma una manta de color celeste cielo, poniéndosela al rededor del cuerpo del hombre, para evitar que se enfriará su cuerpo.
Se sienta a un costado del dormido peligris, abrazando sus piernas con fuerza mirando como lentamente el sol iba haciéndose cada vez más grande en el horizonte, pintando el cielo oscurecido de suaves colores amarillentos y naranjos que lentamente se transformaban en un celeste pastel— Pensé que serías diferente —Murmuró por lo bajo al aire cerrando sus ojos momentáneamente.
— ¿Cómo? —Murmura por lo bajo abriendo lentamente los ojos— oh... Buenos días Horacio— La desorientada voz grave del ruso se deja oír como un susurró unos momentos después, sus ojos bicolores se abren apenas para mirarlo de reojo, ve como se despereza sin cuidado para luego tomar la manta con delicadeza, dejándola a un costado de su cuerpo — Buenos días... Comandante —Su voz suena más rasposa de lo que normalmente es; Sus ojos vuelven a cerrarse mientras escucha como Volkov se desplaza hasta quedar a su lado, rozando hombro con hombro.
Ambos se quedan en un silencio algo incómodo, cosa que nunca había ocurrido entre ellos, siempre se mantenían entre pequeñas charlas triviales sobre sus gustos, ya sea gastronómicos, de música, películas, e inclusive de sus animales favoritos, pero ahora solo había silencio, uno inquietante para el ruso y uno pesado para el moreno. No acostumbrados en esos meses a estar así, tan distantes, algo muy diferente a lo que pensaron, al conocerse, que sería el estar juntos largas horas todo los días.
Volkov, ya no pudiendo aguantar aquello, se arma de valor para hablarle e intentar seguir con la conversación de ayer o mínimo que el moreno le mirara, pero antes de siquiera poder formular alguna frase o palabra, el monarca se levanta con elegancia, dándole la espalda unos momentos antes de voltear a verle, conectando sus ojos con los del ruso mientras que el sol le pega desde atrás, dándole un toque que deja sin palabras al más alto, quien sentía como sus sentimientos sin aclarar por el rey aceleraban su corazón de manera despedida — Me retiraré a desayunar, deberías de hacer lo mismo —Dice con seriedad y aquello es como un baldazo de agua fría para su persona.
No hubo una invitación, no hubo un tonteo, no hubo una broma, no hubo una pequeña charla matutina, ni hubo esa dulce sonrisa que iluminaba una habitación entera, esa dulce sonrisa que había logrado ganarse el privilegio de verla dirigida hacia él, y ahora lo había perdido. Y duele, duele como si le acabarán de apuñalar justo en el corazón al ver aquellos ojos tan bonitos de distintos colores mirarlo con seriedad, no con esa calidez abrazadora con la que lo recibió desde el momento uno, confiando, dándole una oportunidad de trabajar a su lado, dándole la oportunidad de ser su amigo. Y todo aquello se había ido.
Sus palabras quedan atoradas en su garganta, sintiendo un horroroso nudo en la boca del estómago, duele pensó, duele mucho pensó nuevamente mientras le ve acercarse para tomar la manta celeste a su lado, y sin dirigirle una última mirada, se va, sin siquiera decir nada, ni un diminuto "adios" cómo siempre decía cada vez que algún externo venía a buscarle para alguna junta o reunión, ahora solo le dedicó un silencio dejándolo congelado en su lugar, sin saber muy bien que hacer — oh —murmura por lo bajo al ya no poder distinguir la figura del de cresta, necesitaba pedirle disculpas como de lugar, necesitaba que Horacio volviera a confiar en él, no podía permitir que le mirara como si fuera uno más del montón, no cuando aquellos bonitos ojos ya le habían observado con un brillo especial, dedicado únicamente a él.
───
La tarde cae en un cerrar y abrir de ojos para el ruso, estuvo todo el día dando vueltas por el castillo, en ningún momento se le había llamado para acompañar al moreno a ningún lado como acostumbraba hacer, incluso si solo era de su oficina a la biblioteca, a dos habitaciones de distancia, él estaba ahí para hacerle compañía, y ahora nada, está solo dando vueltas, completamente perdido. La culpa le comía lentamente, las últimas palabras del monarca quedaron dándole vueltas en su mente, ese tono tan cargado de tristeza, casi como si le estuviera suplicando "Estás perdonado, simplemente...no vuelvas hablar de mis ojos, son hereditarios y se llama heterocromía".
Ese "estás perdonado" tan vacío, como si en realidad fuera a arreglar algo. Nada estaba bien. No cuando el de cresta ya ni le volteaba a ver más de dos, míseros, segundos.
Deja escapar un suspiro fastidiado, la había cagado a lo grande, y ya ni le importa el trabajo, sino la opinión del hombre más joven, el simplemente pensar qué tenía una mala imagen de él hacia que su pecho se oprimiera, nunca le importó la opinión de los demás, pero no quería que pensara mal de él. No Horacio. Su opinión si le importa, y demasiado, quería que estuviera orgulloso de decir que era su guardia personal, quería que estuviera orgulloso de llamarlo amigo, quiera que estuviera orgulloso de ser su compañero, su pareja.
Se queda inmóvil unos momentos, pensando una y otra vez en aquella imagen, ser pareja del moreno...una pareja romántica. Su mente se queda en blanco por completo unos segundos, él no podía ... no, simplemente no había oportunidad. No después de todo lo que había pasado y de los tanto pretendientes que tenía el más joven, y Volkov no les culpa, el también estaba detrás del menor, solo que sus sentimientos iban más allá de lo físico o sus riquezas, y quizás y solo quizás por eso siempre renegó ser su amigo, porque quería ser más que un simple amigo para el de cresta.
───
Pasan los días, y aún no había reunido el valor de hablar con el rubio, siempre había algo que ocurría y derribaba toda su valentía, y si bien ahora le acompañaba más a menudo, entre ellos casi ni hablaban más allá de alguna charla espontánea que surgía de puro milagro; Y el ruso no podía más con esta situación, la brecha que se había abierto entre ambos era demasiado para él.
Llevando una de sus manos al hombro del moreno, dando un suave toqué en el hombro del más bajó llamando su atención antes de hablar por lo bajo — Hor...su majestad —Se corrigió al ver pasar a algunos compañeros suyos, mirándolos de reojo para luego volver a centrar su atención al de cresta, encontrándose con aquellos ojos de diferentes colores mirándole fijamente como hacia tiempo no hacían.
Horacio le miro seriamente a los ojos por unos momentos más antes de desvíar la mirada al entrar a su oficina con el detrás, siguiendo sus pasos — Hablá —Murmura sentándose frente a su escritorio para comenzar a revisar una infinidad de papeles, maldito papeleo había exclamado en más de una ocasión el más joven al ver tantos papeles sobre su escritorio.
Se para frente a la mesa, sintiendo los nervios recorrele por completo mientras repasa nuevamente los múltiples discursos que había pensado para este momento, quedándose en blanco unos segundos — Horacio —Dice con el tono más seguro que logra, mirando fijamente al hombre sentado frente a él, recibiendo un simple asentimiento con la cabeza— ¿Podrías mírame por una vez? —Pregunta apoyando las palmas de sus manos sobre el escritorio, necesitaba mirar aquellos ojos por un largo tiempo para sentirse bien otra vez.
El de cresta detiene sus movimiento, dudando unos segundos antes de alzar su cabeza, conectando sus ojos con los suyos. Toma aire antes de comenzar a hablar— Quiero volver a tener nuestra antigua relación—Murmura desviando su mirada unos segundos hacia abajo para luego volver a conectar sus ojos— Se qué ya no confías en mí, no como antes, pero quiero volver a tener la relación de antes, e inclusive ser más cercanos —Las últimas palabras fueron susurradas, no muy seguro de la reacción de Horacio, quien lo veía atentamente con una expresión inexpresiva una cara que solo veía cuando hablaba con políticos o otros miembros de la realeza — Realmente me gustaría remediarlo Horacio, dame una oportunidad —E inevitable su tono se quiebra ligeramente en la última palabra, sus sentimientos saliendo lentamente a la luz, aquella calidez que sentía cada vez que veía al moreno se instalaba lentamente en su pecho junto a la leve angustia que toda la situación le estaba ocasionando.
Hay un silencio prolongado entre ambos, uno que le causa nervios a ambos antes de que el menor dejara escapar un suspiro prolongado, suavizando sus expresiones, dejando entrever una leve curvatura en sus labios — Volkov —Susurra levantándose de su lugar para caminar hasta quedar frente a frente, haciendo que el peligris tuviera que agachar un poco su cabeza para poder seguir manteniendo el contacto visual — Me presentó, soy Horacio Pérez, el rey de Francia, un placer tenerle como guardia real Comandante...—El moreno extiende su mano hacia él, haciendo un ligero gesto para que dijera su nombre, e inevitablemente un enorme alivio le recorre todo el cuerpo y una sonrisa sincera se deja ver en sus labios a la vez que deja escapar un suspiro — Comandante Viktor Volkov, su majestad, un placer conocerle — Responde tomando con delicadeza la mano morena, alazandola y dejando un casto beso en el dorso de esta, causando una risita en el de cresta.
— Que bobo eres ruso —Murmuro el moreno antes de tirarlo de su mano, juntando pecho con pecho en un fuerte abrazo, Volkov no duda en envolver su brazo en la cintura del más joven, sonriendo aún más al sentir la mano cálida del monarca en su espalda dejando pequeñas caricias, había extrañado en demasía aquella cercanía con Horacio— Gracias —Susurre apoyando mi mentón en su cabeza con cuidado recibiendo una simple palmada en la espalda, aunque para él fue más que eso, era el inicio de una nueva oportunidad para ambos — A tí Viktor, espero y esta vez no me decepciones, te empecé a querer mucho más de lo que piensas como para volver a estar tan distante conmigo — Y ahí sintió como su corazón se aceleró antes sus palabras, al igual que sus pálidas mejillas tomaron un color intenso rojizo.
— Yo también te quiero Hache y mucho —Murmura con sinceridad, apartándose unos centímetros para volver a conectar sus miradas, pidiendo un silencioso permiso, recibiendo una sonrisa cargada de cariño y un leve asentimiento, devuelve la sonrisa antes de inclinarse y dejar un prolongado beso en la frente del rubio, deseando internamente, al igual que el más joven, que todo fuera bien a partir de ahora. Y que su relación poco a poco fuera volviendo a ser la de antes.
Royal Au "Ojos Bonitos"
- Horacio rey de Francia y Volkov su gruardian personal
-𝚙𝚊𝚛𝚝𝚎 1/2
Deja escapar un largo suspiró mientras escucha a lo lejos la voz de su más fiel consejero y amigo, Willy, el menor hablaba y hablaba de todas las cosas que tendira que hacer el día de hoy, pero al estar recién despertado y tan cansado de todo el trabajo de ayer a la noche le impedían presentarle el cien porciento de su atención a sus deberes del día — Majestad, ¿Me está prestando atención? —Siente el sutil toque de una mano en su hombro haciendo que su cabeza se incliné hacia atrás ligeramente, pasando sus ojos de distintos colores sobre Walker, logrando despejar su cabeza y prestarle la atención que merecía.
E inevitablemente una sonrisa diminuta se asoma en la curvatura de sus labios, ver aquellos ojos mirarle como si fuera otra persona más; mirandole cómo miraría a un hermano, con cariño y no con miedo, cómo era usual en los últimos meses, le alegraban el día. Agradecía a su madre, la actual reina madre, por haberle mandado a aquella institución para jóvenes, dónde pudo conocer a los primos Ryan Blake y Willy Walker, sus mejores amigos, y mayores confidentes desde su tierna infancia — Si te soy sincero, no mucho, a grandes rasgos Willy —Murmura ganándose una mirada comprensiva y una sonrisa del muchacho a su lado, gesto que no duda en corresponder.
Tarareando para el mismo, el más bajó le hace un gesto, indicándole que se levanté, cosa que él obedece, parándose frente a frente — Lo que decía era que hoy vienen sus nuevos caballeros reales Majestad, y que usted tendría que asistir y darles su bendición, como indica el protocolo —Informa a la vez que sus manos acomodan sus prendas y le abrochan los últimos botones de la camisa, dejándole "presentable" cómo decía su viejo padre; O bueno lo más presentable que se puede estar llevando una cresta, actualmente de color blanco , y tirada hacia atrás, dejando en el pasado su cresta roja y en punta junto a su etapa de punk y de "rebeldía" que trajo tantos chismes y titulares en el periódico y en las noticias en su adolescencia.
Deja que el de ojos verdosos termine de hacer su trabajo, al cual tanto le costó acostumbrarse, ya que podía vestirse solo, pero el protocolo así lo dictaba. Da suaves palmadas en sus hombros antes de separarse unos pasos, dándole vía libre para poder verse en el espejo de la gran habitación— Nuevos caballeros...Mmh, espero y estos sean competentes, no quiero repetir lo de hace unos años —Murmura alejándose para poder mirarse al espejo, pasando sus ojos de abajo hacia arriba, los brogue y los pantalones de vestir negros de seda, la camisa blanca y el blazer largo de un color vino tinto opaco, dándole una apariencia elegante y formal, le gustaba el estilo que había adoptado los últimos años, más correspondiente a su edad más adulta; Y antes de llegar a su rostro o a siquiera sus ojos, su mirada se aparta rápidamente en dirección al gran ventanal, interrumpiendo sus pensamientos mientras apreciaba como el cielo se tornaba de un color celeste precioso a sus ojos.
Mantiene un pequeño silencio por unos momentos antes de responder— Iré y les daré mi bendición, pero al primer problema que ocasionen, se van —Lleva sus manos a su pelo, peinandolo hacía atrás con delicadeza, bufando por lo bajo— No estamos para más escándalos, ni problemas...— "ya suficiente conmigo" pensó para el mismo, dándose vuelta para poder mirar al más jóven, quién le sonreía con simpatía, siempre brindándole un enorme confort y seguridad en su persona— ¿Ya haz desayunado o me permites desayunar contigo? —Pregunta devolviéndole la sonrisa, al igual que antes, e ignorando los malos pensamientos, sabía quién era y no porque algunas personas decían falacias y disparates de su persona debía creérselas.
Willy ríe por lo bajo haciendo una reverencia — Sería un placer desayunar con usted mi Majestad —Dice con aquel tono formal que tanto gracia le hacía al moreno antes de dirigirse a abrir la puerta para él, Horacio ríe contagiado y agradece internamente, ya que eso era lo que necesitaba, un poco de normalidad para su exótica vida. Ambos salen en dirección al gran jardín, dónde también estaría su madre desayunando, envueltos en una pequeña charla, ignorando que hoy sería un largo día, por no decir los meses complicados que se avecinaban.
───
Las horas habían pasado, al igual que su tranquilidad. Ahora se encontraba rodeado de gente que le miraba de reojo, algunos criticando, juzgando su apariencia, sus ojos, sus decisiones y otros alabandolo, deseosos de ser como él,...mejor dicho deseosos de tener los privilegios que tiene ser el rey, y siendo sinceros no sabía cuál le disgustaba más. No habían razones para pensar ningúna, nadie en esa sala lo conocía más allá de sus breves apariciones en la televisión nacional o más allá de algún discurso dado. Y sus privilegios no compensaban las responsabilidades que tenía, no para él.
Deja escapar un disimulado suspiró, en un banal intento de tranquilizarse mientras que escuchaba como las grandes puertas se abrían, dejando ver a los nuevos caballeros reales y a su nuevo guardia real personal. Su mirada duda entre las paredes y las puertas antes de posarse en los diez hombres y siete mujeres que se iban acercando a paso uniformado hacía su persona, siendo el que encabezaba las dos filas un hombre alto, muy alto, de hombros anchos y, porte firmé y y elegante, cabello grisaseo tirando a un rubio oxigenado casi que inexistente y unos ojos hielo que le helaron la sangre, valga la rebundancia.
Cómo en efecto domino se van arrodillando una vez llegan a estar a menos de dos metros de él, como muestra de respeto, pero causando una intensa presión sobre su pecho. Se queda unos momentos analizando a las personas frente a él, dudando sobre si aquello era lo correcto, pero sabía que sin importar lo que quisiera, ya estaba ahí, inclusive si podía evadir el protocolo y todas sus malditas normas, no podía decir no, no en este momento.
Toma con, más fuerza de la debida, la espada y con paso elegante y un suave contoneo de caderas se acerca al primer hombre, escucha el suave susurro "Su majestad" causándole un escalofrío por todo el cuerpo, su voz era grave y con un acento bien marcado, quizás de Rusia o de Noruega pensó para el mismo mientras desenfunda la espada — Dígame su nombre y rango —Murmura por lo bajo, teniendo especial cuidado para que solo el extranjero le escuchará.
Ve como su cabeza se eleva en su dirección, haciendo contacto visual directo, y Horacio debía de admitir que tenía unos ojos verdaderamente hermosos y simples, de un solo color, cómo debía de ser.
Sus miradas aún se mantienen unidas, cosa rara, ya que Horacio estaba acostumbrado que no pudieran mantenerle la mirada, ya fuera porque "era alguien muy intimidante" o sus extraños ojos, pero le agrada poder mirar a alguien, que no fuera de su círculo, a la cara — Me llamo Volkov, el Comandante Viktor Volkov su majestad —Aquella voz profunda se vuelve a hacer presente, deleitando sus oídos con ella, y manteniendo el tono bajo, hablando únicamente entre ellos dos.
Asiente con la cabeza como respuesta, atreviéndose a darle una diminuta y fugaz sonrisa, al final aquel hombre pasaría gran parte de su día a día con él — Yo Horacio Pérez, rey de Francia, le concedo con toda la buena fé y confianza, —Su voz suena clara y concisa, como cada vez que le toca hablar en público, hacia muchísimos años atrás que dejó la timidez de hablar frente a un gran grupo de personas— con todo el respeto que se merece, el título de guardia oficial jefe al Comandante Viktor Volkov — Su cuerpo se mueve en manera automática desfundando la espada y colocándola de manera suave sobre uno de los amplios hombros, antes de moverla al otro, dejándola reposar ahí unos momentos para pasar a la cabeza y poder terminar aquel pequeño acto, dándole la espada a uno de los sirvientes a su lado.
Hace un gesto al hombre indicándole que podía levantarse, este no duda en obedecer, aún manteniéndole la mirada, es atractivo, pero joder como intimida el cabrón piensa para si mismo mientras el hombre, mucho más alto de lo que pensó, se movía de manera rígida e incómoda hasta quedar a su lado, solo que unos centímetros más atrás de él, mirando a los soldados que aún quedaban arrodillados ante su persona.
Toma nuevamente la espada a la vez que un suspiro disimulado sale de sus labios, tener que repetir el proceso una cuantas veces más era tedioso como nada más, pero tener la impotente figura del desconocido detrás de él, le ponía incluso más tensó, serían unas largas horas.
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Los días habían pasados hasta llegar a ser semanas, la presencia del ruso, un descubrimiento que le llevo un poco más de tiempo del que le gustaría, no era tan molesta ni incómoda, Volkov era alguien muy agradable de convivir, no hablaba mucho, eso estaba más que claro, pero mínimo no lo trataba de manera diferente, aunque le miraba con desconfianza, lo cual se negaba a admitir que le generó un malestar profundo, con el tiempo se fue acostumbrando. Para el mayor era solo otra persona más, alguien que tenía que "proteger" y ya, aunque luego de un entrenamiento entre ambos, quedó más que claro que él podía defenderse solito.
Y aquello le gustaba, saber que de cierta manera tenía el respeto de alguien como el ruso, era un orgullo, quizás el hecho de que todos le tratarán cómo si fuera de cristal o como una bestia demoníaca había influenciado de manera evidente, pero eso no importaba, hacia años que le dejo de dar importancia a lo que decían de él.
O también podría ser la palabras que Volkov le había dicho — "Sinceramente pensaba que usted era solo un niño mimado más, pero me sorprendió gratamente su majes- digo Hache, se ha ganado mi respeto como muy poco lo han hecho, con una valentía inigualable, es un placer compartir día a día con usted" —Aquellas palabras le habían dejado una gran marca en él, simplemente en ese momento quedó mudo ganándose una risita por parte del mayor, y ese diminuto gesto lo dejo incluso más sorprendido, definitivamente le debía de agradecer a Willy.
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Camina tranquilamente por los largos y anchos pasillos del castillos, buscando a su guardia real, hoy tenía ganas de enseñarle a montar en caballo, luego de que se enterará de que no sabía o peor aún, de que directamente jamás había estado cerca de un caballo nunca, a pesar de trabajar en una granja de niño, le dejo impactado, ¿Qué clase de granjero fue? Pensó con gracia, habiendo sido un motivo de picarlo un rato por un largo tiempo.
Pero toda aquella ilusión de ayudar al ruso se rompió en mil pedazos al momento de doblar la esquina, escuchando claramente voces que conocía — -eno no es malo, sabes? Nunca lo ví hacer las cosas que se dicen, pero si es cierto que a veces se desaparece y vuelve muy tarde a la noche — La grave y sosegada voz de Volkov se deja oír por el pasillo desierto, a su lado se encuentra un hombre un poco más bajó que el ruso y con una barba poblada, Greco, si mal no recuerda y al otro lado un chico más joven que los otros dos, y buen amigo de Blake, Parker.
— ¿Estás seguro? Digo, no por nada hay tantos chismes, todos dicen que hizo un pacto con el diablo y por eso tiene los ojos así, pero lo más común sería que tuviera uno rojo, no? Cómo la sangre y eso —La voz amigable del castaño oscuro se deja oír con un tono entre divertido y misterioso, cuestionando claramente las palabras, que escucho por la mitad, del peligris — Todo el mundo no, solo la población más vieja, e inclusive no son todos, además dicen que el nació así y las parteras dijieron que todo el parto fue normal, simplemente debe ser una falla genética y ya —Refuta el más bajó de los tres alzando una de sus manos con el dedo índice elevado.
El trío se queda callado unos momentos antes de que Volkov subiera y bajará los hombros a la vez que deja escapar un suspiro — Hombre, ya te digo que nunca le ví hacer nada raro, pero eso no significa nada, a saber, yo no soy su puto amigo, perfectamente podría haber hecho un pacto, es muy bueno en combate y muy inteligente, quizás si lo hizo para tener mayor afinidad y esas cosas, aun —Y ahí pegó media vuelta y se alejó a paso apresurado, no queriendo seguir escuchando como le acusaban de algo que jamás había hecho, no era justo que por tener un ojo de cada color le desprestigiaran de aquella manera. Hoy en día era lo que era tras años y años de entrenamiento y mucho esfuerzo.
Él, Horacio Pérez, no había tenido que aguantar por años más de 14 horas de entrenamientos y clases particulares para que ahora alguien, ̶e̶̶n̶ ̶q̶̶u̶̶i̶̶e̶̶n̶ ̶c̶̶o̶̶n̶̶f̶̶i̶̶a̶̶b̶̶a̶, quien lo conocía hacia unos meses dijera esas cosas de él. Se negaba a escucharlo, ya suficiente tenía, al final Volkov le había mentido descaradamente, nunca dejó de desconfiar de él, y eso solo fue su culpa por ser tan blando.
───
Paso horas y horas en su pequeño lugar seguro, una casita de piedra, pintada de un suave color pastel celeste y llena de dibujos que había hecho en su infancia junto a su madre. A su alrededor estaban desperdigados un montón de cuadernos antiguos suyos, de su época estudiantil. Horas y horas gastadas en sus estudios, lágrimas e inclusive algunas veces sangre, para ahora mismo sentirse inútil. ¿De que servía tanto esfuerzo por personas que solo le criticaban? ¿De que servía levantarse cada día para dar lo mejor de él, si nadie más hayas de su madre y su hermana le apreciaban?
Ya no quería seguir así, ya no quería ser rey, ya no, solo quería volver a ser un niño pequeño, uno que no era consiente de la maldad de la gente, quien vivía aislado y feliz, en su burbuja. Cómo odiaba al maldito protocolo y todas su mierdas, si no fuera por el, él estaría feliz, en una casa en el bosque bien alejado y contento, rodeado de animales y un hermoso paisaje, quizás casado ya sea con una mujer o un hombre, y si su imaginación se lo permitía con hijos, a los cuales les entregaría el mundo si pudiera.
Bufa por lo bajo llevando sus manos a sus mejillas calientes limpiando las lágrimas que caían furiosas de sus ojos, los responsables de tanto mal injustificado hacia su persona — A veces me gustaría desaparecer como Gustabo —Murmura en un hilo de voz recordando a su hermano de otra madre, quien no dudo en mandar a todos a la mierda e irse del continente a vivir su vida tranquilamente, cada mes le llegaban cartas de el, contándole su día a día y nuevas cosas que iba aprendiendo, realmente lo extrañaba mucho.
— ¿Su majestad? — Una potente voz que reconocía, pero que ahora mismo no tenía ganas de ver ni en pintura se deja oír a su derecha. Se inclina sobre si mismo, ocultándose de aquellos ojos hielo que le observaban a unos metros de distancia — ¿Se encuentra usted herido? —Vuelve a cuestionar a la vez que escucha el sonido de las botas chocar contra el pasto del jardín de la casita.
No físicamente piensa para si mismo dejando escapar un resoplido — No, estoy en exelente estado, puede irse Comandante —Responde con toda la seriedad que puede reunir, no se sentía bien para hablar con alguien ahora mismo. — Mmmh, déjeme decirle que no suena muy bien —Responde el ruso luego de unos momentos de silencio terminando de acercarse, quedando parado detrás de él.
Rueda los ojos disgustado y se mantiene en silencio, no queriendo responder ante la evidencia de su estado — ¿Hache? ¿Qué es todo esto? —Pregunta mirando con curiosidad los cuadernos a su alrededor, siendo sincero consigo mismo se tienta a responder, pero no lo hace, simplemente opta por empezar a guardar todo el desastre que hizo en su arrebato, el cual culminó con el sentado en el suelo llorando con una fuerte presión en el pecho.
Escucha los pasos del peligris alejarse unos centímetros dándole espacio para levantarse y reorganizar sus apuntes. Ambos se mantienen en silencio, Horacio concentrado en poner todo como estaba antes y Volkov mirando cada movimiento del moreno cuerpo — ¿Su majestad? —Pregunto nuevamente alzando una de sus manos para rozar sus dedos en el hombro del más bajó causando que el de cresta se alejará de manera brusca y en alerta sorprendido de mala manera al mayor, haciendo que sus expresiones dejarán en claro su preocupación — No me toques, más bien retírate, no necesito de tú protección, ya lo sabes —Los ojos bicolores se encuentran con los azules grisaseos, el ruso rápidamente nota el color rojizo de los ojos y su nariz dándose cuenta que estuvo llorando, y aquello hizo que una ira le llenará por completo, como un incendio forestal, arrasando todo por su paso.
— ¿Estuviste llorando? ¿Qué pasó? ¿Estás herido? —Las preguntas salieron una tas otra a la vez que se acerca rápidamente llevamos sus manos a las mejillas húmedas del moreno queriendo, de alguna manera, consolarlo, ayudarlo; pero antes de siquiera poder posar sus manos en las mejillas sonrojadas del menor, este le empuja, desestabilizándolo y alejándolo unos cuantos pasos — ¿Hora- — Murmura pero no puede terminar de decir nada siendo interrumpido por el grito del peliblanco — ¡Cállate! No te hagas el preocupado ahora, se que no confías en mí, ni que te agrado y obviamente no eres "mi puto amigo", así que vete, vete y déjame en paz, solo soy un niño mimado que hizo un pacto con algún demonio, no?! ¡¿ESO SOY, NO?! —.
Ambos quedaron en completo silencio, en aquella pequeña casita solo se podía oír la pesada respiración del moreno y sus pequeños sollozos, sus miradas conectadas, los ojos bicolores cargados de tristezas, irá y una profunda decepción, y los azulados sorprendidos, poco a poco llenándose de arrepentimiento también — ¿Tú... tú fuiste el que escucho, verdad? —Pregunta el ruso con voz ligeramente temblorosa sintiéndose avergonzado por completo, él no pensaba de aquella manera, él lo había defendido, pero evidentemente Horacio no había escuchando todo el discurso. No lo culpaba, claro está, al final él también no se hubiera quedado a escuchar como el moreno hablaba de él.
— Horacio, déjame, por favor explicarte...yo — Intenta siendo nuevamente interumpido por la ronca voz del chico frente a él — No! Cállate, no hay nada que explicar— Dice generando otro pequeño silencio — Horacio, te lo pido de rodillas si quieres, pero permitirme explicarte todo, te juro que si no te convence mi explicación, renuncio, si así lo deseas y prometo encontrarte a alguien que te proteja, aunque se muy bien que no lo necesitas —Murmura con un tono de voz desesperación, no podía soportar que el moreno le mira de aquella manera, decepcionado de él.
El moreno frunce el ceño, mucho más calmado que hacia unos momentos, una expresión entre enojada y dudativa se abre paso en su rostro antes de asentir suavemente con la cabeza — Hablá — Un firme murmuró sale de sus labios a la vez que se sienta donde anteriormente estaba, solo que esta vez mirándole fijamente — Mira, Greco, Parker y yo salimos a dar una vuelta rutinaria y ahí escuchamos a algunos compañeros hablar sobre tus... —Le interrumpe haciendo un ademán con su mano — Sobre mis ojos ,si si, son un tema recurrente cuando hablan de mí —Asiente con la cabeza para luego continuar— Sobre tus ojos, exactamente,... ahí nos pusimos a discutir las tantas teorías que hay, cosa que no debimos, no tenemos por qué hablar sobre ese tema, y menos si no estás presente, cosa por la cual la cual me disculpo Hache —Dice intentando trasmitir lo arrepentido y avergonzado que se sentía, solo recibiendo un vago asentimiento de cabeza.
— Yo, aunque no lo creas, te "defendí", si bien es verdad que dije que no era "tu puto amigo para saber eso" , yo realmente te defendí, sé o bueno ahora sé por tu reacción, y por los momentos que hemos pasado a lo largo de estos meses que no,...que tú no hiciste algo así, y se que mis palabras no bastan, pero realmente no quiero que pienses que yo pienso alguna de esas cosas, y te juro que mis palabras fueron y SON reales, te admiro y te respeto como a nadie, por el excelente trabajo que haces como rey, que en estos meses aprendí que no era para nada fácil, y en definitiva eres una hermosa persona —El silencio reina entre ambos nuevamente, sus ojos aún manteniéndose conectados.
El morenos suspira y aparta su mirada llevando sus manos a su rostro, limpiando las lágrimas que volvían a caer de sus orbes bicolores, se sentía tan ahogado, no sabía que pensar, ni dónde esconderse, simplemente era demasiado para él, demasiado acostumbrado a las críticas — Horacio, discúlpame — Y aquella maldita voz que prácticamente rogaba su perdón no le ayudaba en nada, maldito ruso que puso su mundo patas para arriba.
— Estás perdonado, simplemente...no vuelvas hablar de mis ojos, son hereditarios y se llama heterocromía —Murmura ya cansado, había sido un día tan agotador que podría dormirse con facilidad en ese mismo instante. Escucha como el ruso se desplaza hasta quedar a su lado — ¿Me permites? —Pregunta alzando levemente sus brazos en su dirección, y en un día normal le diría que no en broma, luego de hoy si no hubieran tenido está charla le hubiera dicho que no a secas, pero en ese momento solo quería un buen abrazo y dormir hasta el año que viene, así que sin dudarlo se acercó al más grande, escondiendo su rostro en la unión del hombro y el cuello, envolviendo sus brazos en su torso, aferrándose de la misma manera en la qué Volkov se aferraba a él. Quedándose unidos en un fuerte y cálido abrazo, sabiendo que tendrían que profundizar su conversación más adelante.
Os #3 v! Licántropo
-Soft
Horacio se encontraba tranquilamente cocinando mientras cantaba y bailaba las canciones de su playlist, era temprano en la mañana, 10:30 para ser más exactos y se sentía con todos los ánimos del mundo. Volkov cómo todos los días se había marchado alrededor de las 4 am dejándolo solo en la cama junto a una notita, pegada en la heladera, despidiéndose y deseándole un bonito día, por su parte respondió con un mensaje de texto y un sticker de perrito, una mala broma rutinaria de su parte.
Hoy se había tomado el "día libre" entre muchas comillas, ya que se pasó la mayor parte de la mañana transcribiendo informes y soportando el hablar con superiores de otras sedes para llevar la cuenta de todos los gastos y pérdidas de cada sede del país, entre otras cuántas cosas. Estaba ya estresado y agobiado de hablar con gente que ni conocía y aún si le trataba como un inferior, así que para mejorar sus ánimos decidió ponerse a cocinar una torta, definitivamente era la mejor manera, y la más sana, de desestresarse que había encontrado.
Sonriendo con alegría, sintiéndose mucho más cómodo y tranquilo que antes, deja el molde de la torta en el horno ya pre calentado y pone un temporizador para no olvidarse, ahora solo faltaba esperar, ya tenían todo el glaceado listo y las frutillas cortadas lo más parecidas posible. Camina hasta el living de la casa tomando los papeles que había dejado de lado y los comienza a ordenar para entregarlos mañana pensando en cómo estaría el ruso ahora, lo más probable encerrado en su oficina trabajando, trabajo trabajo trabajo repite en su mente a la vez que rueda sus ojos con cierta diversión.
Y antes de siguiera de poder guardar los papeles en cada carpeta correspondiente escucha la puerta de la casa abrirse, con curiosidad por la hora tan temprana inclina su cuerpo para poder ver directamente hacia la puerta, encontrándose con los ojos grisaseos de su pareja, lucían cansados y algo agobiados, ocasionando una punzada de preocupación y alerta le atravesará, y antes de que dijera una sola palabra, la nariz del ruso olfatea el aire negando con la cabeza ligeramente en desaprobación — No te preocupes querido mío, solo estoy agotado por la jornada de hoy — Su rasposa voz se deja oír mientras sonríe sutilmente mientras se acerca en su dirrección para dejar tres besos como saludo, uno en su frente, otra en su hombro, y el más importante, uno en la zona posterior de su nuca.
Deja apoyada su cabeza en la unión de su cuello y hombro, simplemente reposando y cargando las energías perdidas a lo largo del día — Un día duro, eh? —Dice, aún manteniendo aquel deje de preocupación en su voz, llevando sus manos a la gran espalda del peligris, comenzando a dejar caricias a lo largo de ella— si quieres puedes desetresarte un rato, yo estoy haciendo una rica torta de frutillas y chocolate, podemos comerla después — Murmura luego de unos momentos de silencio, siente como el más alto olisquea por última vez su cuello antes de separarse lentamente de su cuerpo, los ojos grisaseos le miran atentamente, como si fuera un cachorro pensó Horacio sonriendole tratando de transmitir confianza y confort en su pareja.
El ruso deja escapar un suspiro prolongado para luego comenzar a quitarse la ropa lentamente quedando totalmente desnudo, retrocediendo unos pasos más poco a poco la figura humana de Volkov va pasando a una humanoide hasta finalmente convertirse en un enorme lobo blanco frente a los ojos asombrados de Horacio, quien si viene ya había tenido la oportunidad de ver el cambió, aún seguir manteniendo el privilegio y la confianza del mayor para dejarse ver en ese estado le asombraba cómo de igual manera le llenaba de orgullo el pecho.
Sonriendo ampliamente con una enorme cálidez en el pecho se acerca al animal, acariciando suavemente su pelaje sedoso resiviendo un gruñido contentó a la vez que se acurrucaba contra su torso — Muy bien lobito, descansa un rato en lo que terminó y se hace la torta,¿si? Yo no pienso apartarme de tu lado —Dice señalandole el sillón antes dejar un besito en la punta de la nariz del ruso. Volkov, muy obedientemente eleva su pata, cómo afirmando, pero le jala la ropa con los dientes de manera cuidadosa, dejando muy en claro sus intenciones. "Descansas conmigo o no voy", y el moreno no era nadie para negarle aquel capricho a su alma gemela.
Ambos se acostaron en el gran sillón, el gran lobo sobre el cuerpo de Horacio, quién debajo del animal apenas se podía apreciar con claridad — Joder ruso, eres un maldito oso de peluche, bueno lobo —Dice soltando una risita mientras abraza el cálido cuerpo afelpado de su ruso recibiendo un diminuto ruñido y un lametazo en su mejilla — Uve! —Rezonga con finjida molestia mientras mima todo lo que llegaba a su alcancé para tranquilizarlo y consentirlo, aún más de lo que ya lo tenía.
FIN
Os #2 v! licántropo
- Soft
- Mate = Soulmate
El mediodía poco a poco hacia acto de presencia en la casa vacacional junto a los fuertes rayos de sol que invadían y se colaban por las rendijas de las persianas semi cerradas. El licántropo eleva su mano con pereza pagando el despertador antes de que sonará y logrará lastimar sus sensibles tímpanos.
Refunfuñando por lo bajo busca el cálido cuerpo de su pareja, gruñendo en desaprobación al notar la fría manta a su lado— Hache —alargando la última vocal deja escapar el apodo del moreno en tono berinchudo, ahora entendía como se sentía Horacio cuando lo dejaba solo en la cama, no era bonito despertarse sin su pareja a su lado. Y más si últimamente se sentía necesitado de mimos, el cambio de estación se dijo a si mismo Volkov para evitar el bochorno y las bromas del moreno en un futuro.
Suspirando aguidiza sus oídos escuchando como el más jóven se encontraba en la piscina ya, cantando alguna canción de moda mientras disfrutaba del buen clima, y renegado al saber que el de cresta no le iba a escuchar a tanta distancia, se levanta de la cama con toda la pereza del mundo comenzando con su rutina matutina, por una vez que se quedaba dormiemdo más tarde Hache lo abandonaba por completo pensó para sus adentros formando un leve puchero en sus labios, definitivamente la primavera le estaba afectando de más y haciéndolo incluso más cariñoso que antes, o era simplemente el hecho de estar demasiados años aguantando el estar lejos de su mate, aunque lo tuviera al alcance de sus manos.
Su época de comisario desde luego era algo de lo que se avergonzaba, pero día a día esta cambiando poco a poco, mejorando como persona y en su mayor parte gracias al moreno quien nunca lo abandonó, ni lo juzgó. Y con una sonrisa de oreja a oreja se pone el bañador y una camiseta celeste, un regalo de Gaia por su cumpleaños recordó mientras salía de la habitación y bajaba las escaleras rápidamente, su sonrisa se amplía al ver el desayuno que el de cresta le había preparado.
Tomando la tasa de café frío, uno que Horacio había insistido en aprender a hacer y a qué lo probará, cosa que le termino gustando y unas tostadas con Nutella y fruta picada.
Tarareando para si mismo, contento de sentirse, él y su lobo, cuidados por su pareja, se dirige a la parte trasera de la casa, donde el moreno se encontraba recostado en una plancha inflable en el medio de la piscina, vestía únicamente uno de sus shorts de baño y unos lentes de sol que le impedían ver sus hermosos ojos heterocromáticos. — Buenos días querido mío —Dice acercándose al moreno, dejando la tasa junto al platito con el desayuno en el suelo, algo lejos de borde así no se mojan antes de él sentarse en el borde de la piscina para remojar sus pies y estar más cerca del pelirosa y poder conversar tranquilamente.
Horacio lleva una de sus manos a las gafas, bajandoselas ligeramente, lo suficiente para dejar ver superficialmente sus ojos y conectar mirada con las orbes grisaseas — Días cariño mío, porqué bueno estás tú rusito —El moreno le guiña el ojo antes de volver a subir sus lentes a la vez que su aroma se torna ligeramente picante causando una risita nerviosa en el licántropo.
Volkov nego avergonzado haciendo gestos al de cresta para que se acercará, su pareja alzo una de sus cejas antes de obedecer y acercarce, bajando de el inflable para nadar hacia él, complacido al tenerlo lo suficientemente cerca, pidiendo permiso silencioso y sinedo concedido al instante, sus manos se posan el la cadera ancha para elevarlo y sentarlo en su regazo. Automáticamente su rostro se dirige a su cuello, olfateando y disfrutando con pura alegría el poder saciar a su lobo, el cual se encontraba saltando de la euforia al estar rodeado del aroma de su mate — Ahora si que son buenos días...hueles tan bien Hache, mi Hache —murmura con dulzura separándose unos centímetros para poder admirar y disfrutar de las hermosas facciones del pelirosa.
El menor simplemente soltó una risita, acostumbrado a lo mismoso que era el de nacionalidad rusa desde que empezaron su relación, e inclusive antes era bastante cariñoso, buscando su atención y cercanía constantemente, y sin olvidar su devoción y cuidado hacia su aroma, cosa de hombres lobos justificaba cada ves que alguien se atrevía a preguntar. Llevando sus manos a las mejillas coloreadas de rojo del peligirs comienza a dejar pequeñas caricias en estas, sonriendo ampliamente con cariño —Dime, que se siente tener una pareja tan bonita como yo, eh? — El tono bromista del de cresta se deja oír claramente entre sus palabras.
— Mmh, muy bien la verdad, sobretodo porque él es muy hermoso de aquí también —Murmurá rozando su dedo índice con el pecho del moreno, sobre el corazón. Automáticamente las mejilla de Horacio se tornan de un rojo intenso, seguido de su aroma que se hace incluso más dulce que antes y su corazón acelerado — Uve —Responde apartando la mirada tímidamente unos momentos para luego volver a unir sus miradas — Tú si que eres bonito de corazón lobo tonto, y eso solo me hace amarte más —Susurra retomando las caricias en las mejillas ajenas antes de dejar un casto beso en los finos labios.
Volkov solo pudo devolverle la sonrisa cargada de amor y cariño, sintiéndose extasiados al sentir la verdad en aquellas palabras — Я тоже тебя люблю, моё солнце (yo también te amo, mi sol) —Dice antes de llenar la carita del moreno con besitos, agusto y contento de estar junto al de cresta a su lado.
Puede oler la ligera confusión, pero simplemente decidió dejarlo descubrir que significaba solo, le gustaba que no entendiera sus cursis palabras, se sentía más agusto así, aunque algún día se las diría en inglés, se prometió a si mismo mientras dejaba diminutos besitos en los labios pomposos del moreno.
FIN
Os V! licántropo
- Soft
Haciendo puchero como un niño pequeño que se le negaba un dulce, Volkov miraba a Horacio dándole órdenes a los nuevos agente recién ascendidos y a los novatos de la lspd con desgana, ahora se estaba arrepintiendo muy seriamente de atender la llamada de Madisson y de aceptar aquella práctica de entrenamiento.
Podía oler la asquerosa exitacion de algunos de los cadetes hacia su pareja, impidiéndole disfrutar del dulce aroma que desprendía el moreno, aumentando su malhumor a niveles extraordinarios, Horacio no era un pedazo de carne para qué lo mirarán con aquellos ojos, era su superior el cual deberían de respetar. Además hoy se suponía que era un día en pareja, sin gente a su alrededor, pero Madisson tuvo que llamar y arruinar todo, el ruso admitía que trabajaba como un loco, pero cuando era tiempo con su pareja no quería saber nada de nada, ni de nadie, solo de su pequeño humano.
Refunfuñando por lo bajo ante el cuchicheo imparable de Blake, Gastón y Eduardo a su lado hizo un pequeño esfuerzo para concentrarse únicamente en la melodiosa voz del director bloqueando el resto de voces, quien se encontraba demasiado lejos para su gusto, algo más que agragar a su lista de motivos de su enojo.
— Y con eso sería todo, vayan cada uno con su grupo de asignación para resivir órdenes más específicas, ¿entendido? — Una oleada de "10-4" se escuchó antes de que todos los agentes se dispersaran por el lugar dejando solo al moreno en medio del gran parking de la sede del fbi.
Pudo escuchar claramente como supiraba con cansancio, Horacio había dormido muy poco la noche anterior al igual que él, lo cual había sido claramente su culpa, pero en su defensa el aroma natural del más bajó era tan embriagante que lo dejaba totalmente aturdido, sin mencionar su bonita voz diciendo su nombre, sus caricias, todo él lo llevaba a estar en una nube de felicidad y éxtasis constante.
Sin notarlo en lo absoluto, él también quedó completamente solo sentado en la cola del patrulla, admirando directamente al moreno que se acercaba con pasos tranquilos, moviendo sutilmente sus caderas de manera habitual, siendo tan llamativo y atractivo a la vista como siempre— heeey rusito, ¿admirando las vistas? —El licántropo sintió ganas de aullar internamente al sentir el dulce toque del moreno en su brazo, sacándole de su trance.
Y sin evitarlo envuelve sus brazos en la cintura de avispa del pelirrojo, sonriendo ampliamente bajo su máscara negra— Cómo no hacerlo, eres hermosa моя маленькая, debería de arrestarte por ser tan bella —Dice atrayendo el cuerpo del menor hacia el suyo, juntando pecho con pecho para marcar su aroma en la ropa y el cuerpo moreno, sabiendo que si bien los humanos no tenían su nariz superdesarollada todos podían verlos ahora mismo, ríe por lo bajo al sentir las miradas de la malla y de sus agentes, siendo un plus el ver las mejillas sonrojadas, el poner nervioso a Horacio es de sus nuevas actividades favoritas por lejos, siendo seguido de sus sesiones de mimos acostados en el sillón de su casa — Lobo bobo y celoso, pará —Murmura entre avergonzado y divertido escondiendo su rostro en la unión del hombro y cuello del peligris.
Bajando su máscara dejando ver su sonrisa enamorada, comeinza a dejar caricias en la espalda del menor haciendo un gesto a Blake para que se fueran yendo sin ellos, recibiendo una afirmación — En mi defensa, hoy era nuestro día, tú y yo deberíamos de estar acurrucados en la cama, tú deberías de tener mi aroma sobre tí, no de esos agentes hormonados —murmura una vez ya tienen más privacidad en el gran parking, centrado en la pequeña risa amortiguada por su cuerpo — Además no soy "celoso" solo cuido a mi pareja, querido mío —.
Horacio se aparta unos centímetros de el más alto para mírale a los ojos— "Cuido a mi pareja" dice el perro, se dice ser celoso rusito, celoso —Dice sonriendo dejado de la tela con un tono divertido, ya acostumbrado a el "problema" de su aroma, el peligris constantemente, incluso en su época de comisario, cuidaba mucho su aroma, diciendo que era sagrado y debía ser mantenido intacto, refunfuñando cuando alguien se le tiraba encima para abrazarlo por demasiado tiempo.
El director baja su máscara mostrando sus bonitos y pomposos labios— Sigo diciendo qué tú quieres más a mi olor, que a mí lobo bobo —Su tono divertido camuflado con regañó finjido a la vez que su dedo índice se apoya en su pecho, dando golpecitos suaves en este causó gracia en su persona— Ya el celoso voy a ser yo de mi propio aroma —Y en ese momento el peligris soltó una sonorosa carcajada negando levemente con la cabeza.
— Hombre tampoco llegamos a eso, pero bueno...— Siguió con la broma con un tono divertido, riendo más fuerte cuando el de cresta le dió un suave golpe en el hombro contegiado de su risa. Ambos se miraron a los ojos unos momentos luego de calmarse, pero manteniendo unas enormes sonrisas en la comisura de sus labios, el moreno se acerca lentamente rozando sus narices deteniéndose justo cuando sus labios se iban a tocar— Te juro que te besaría, pero yo no beso perros —susurra sobre sus labios antes de apartarse del semi abrazo que tenían junto a una sonrisa juguetona alejándose de a él, sonriendo al sentir el aroma dulzón volverse más picante delantando la clara diversión.
Y antes de que se alejara mucho estira sus brazos volviendo a tomar al más bajo por la cintura, soltando un gruñido de aprobación al tener a su pareja entre sus brazos otra vez— Mmh que pena que este "perro" sea tú pareja destinada, ¿no? Definitivamente es una tortura besarme — Bromea mientras va dejando besitos en los mofletes sonrojados del pelirrojo— Tanto que hace un ratos me estabas besando una y otra vez, ¿No? —Murmura sobre los labios pomposos, pidiendo un silencioso permiso, siendo rápidamente aceptado por el moreno, quien juntos sus labios en un dulce baile, moviéndose en sintonía ya conocida para ellos, aumentando poco a poco la intensidad hasta quedarse sin aire.
— Una tortura absoluta a la cual me sometería siempre si eres tú, mí ruso oxidadizimo — Responde Horacio mientras recupera el aliento antes de volver a unir sus labios, y Volkov vuelve a sentirse en una nube, los labios cálidos de su pareja sumandole su aroma embriagante logran embobar por completo a su lobo interior, sintiendose pleno y tranquilo entre sus brazos, alegre de poder tener el privilegio de compartir su vida con su destinado, y más siendo alguien tan hermoso, por dentro y por fuera, cómo Horacio.
FIN
El beso del 31/07/22 <333
Si no nos dan besito en el canon, yo dibujo como se dan un besito
Si lo de Twitter es verdad, empiezo a subir mis escritos aquí y en Wattpad
Pd: mi usser en Wattpad es Kdre4m :)
Volkov Vampiro>>>>>>>
Si no nos dan besito en el canon, yo dibujo como se dan un besito
Muchos Horacios por qué extraño a mi niño