estaba de acuerdo con ella, lucero era por demás atractiva, pero también tenía una vibra especial, a michaela le gustaban esas cosas. disfrutaba cuando congeniaba con terceros, sin importar qué tipo de vínculo se desarrollaría, o mismo si conexión duraba apenas unas horas. comentario siguiente provoca genuina carcajada, una que logra que se incorpore apenas en el colchón, acomodándose de costado. “me gusta mucha gente, nu —pero tranquila, que no tengo intenciones de nada serio con nadie.” no era ese tipo de personas. atracción sentía por varies de sus compañeres, y no tenía problema alguno en admitirlo, porque no significaba nada realmente. era algo que sucedía en el momento y ya, no tenía que ser más grande o importante de lo que era. “lo son. me sorprendió enterarme lo de aspen, aunque creo que sigue bastante a la defensiva.” o al menos eso había interpretado luego de volver a cruzarla después de la fiesta. por otro lado podía decir que la entendía, después de todo era su primer año en essex, y estaba siendo particularmente caótico. “el otro, fred, es hermano de uno de mis compañeros de equipo. no lo sé… creo que puede ser un poco desastroso si llegara a pasar algo más.” no sabe exactamente por qué, pero es un presentimiento que aflora, instinto. entiende punto que otorga mayor, y labios se presionan en una suave línea recta. “creo que suponían que quedaría en el anonimato ; pero sí, siempre hay consecuencias en este tipo de cosas.” porque de eso no había duda. vuelve a reír, meneando apenas la cabeza de un lado a otro. “no lo sé, cada vez que mi nombre sale en esa estúpida columna me adjudican una nueva conquista, creo que no me llamaron puta porque no se animaron.” si bien bromea, lo que dice no deja de ser cierto.
—Bueno, somos dos. — ¡Mentira! Muere de ganas de comprometerse y desaparecer en el ocaso, eso sin dudas, pero es una cuestión impensable de decir en voz alta así que la ignora y en todo caso prefiere centrarse en un aspecto de la charla que no la interpele tanto: — ¿Y quiénes te gustan más? —A lo otro rueda los ojos. No entiende cómo soportan a Aspen Xiang, a Nuria le parece la mujer más insoportable de la universidad y, por ende, de su micromundo. Le es desagradable compartir espacios si bien no puede evitar pelear con ella. Quizá está demasiado frustrada con su vida y no puede verlo, proyectando lo mismo en Aspen. —Quién soy yo para juzgar. —Alza ambas manos si bien piensa en lo que empieza violentamente, termina violentamente, que últimamente da vueltas en su cabeza enamorada. A lo otro encoge los hombros un tanto. —La columna es un mal social. —Tan verdaderamente convencida de sus palabras Nuria descansa ahora la almohada sobre la cama. —No se puede esperar mucha privacidad hoy en día, si bien esto está salido de proporciones. En tanto a los juzgamientos... es tan arcaico como moneda corriente. —Quizá más seria de lo que se esperaría de la creyente del amor a primera vista, continúa: —Yo digo que la juventud es una sola.