Jeffmads
¿Cómo empezar a describir esto? Sencillo. Un cadáver, un cadáver con una bala en medio del pecho. Tirado en medio de la calle, el culpable había huido luego de su fechoría, y ahí empieza la historia.
¿Cómo sucedió eso? Alexander Hamilton no lo sabía, vestido de negro ante el funeral de su mejor amigo, le desesperaba. Inclusive ignoró a su propia esposa ante aquel suceso que tanto le afectó, entre lágrimas mirando aquel ataúd. ¿Quién habrá sido? ¿Quién fue el asesino? Necesitaba hacerlo pagar, pero no podía sin saber la identidad del criminal por más abogado que fuera.
Eso fue lo que dijo al momento de pedir los servicios de su peor enemigo, Thomas Jefferson. Iba a hacerlo pagar con facilidad, era un erudito en cuanto a leyes y derecho se trataba, perfectamente haría que acabara en la cárcel, y aquí es donde la historia realmente empieza, ¿no? Después de todo, Alexander le pidió a aquel “policía privado” que le ayude a meter a prisión al asesino de John.
Una pequeña tos llenaba la silenciosa habitación, mientras que alguien con un fino traje leía algunos papeles, buscando y rebuscando alguna señal en esa historia. A pesar de no llevarse del todo bien con Alexander Hamilton, Thomas Jefferson estaba dispuesto a hacer su trabajo y descubrir quién fue el asesino, con la obvia ayuda de su fiel asistente (y mejor amigo), James Madison.
—¿Y? ¿Alguna idea para empezar?— Al fin el silencio fue roto, la voz de James entre su tos fue la que dijo aquello. Ninguno de los dos estaba por completo seguro, ¿y las pistas? Una simple bala dentro de una bolsa bien sellada, las huellas de los zapatos los cuales quedaron marcadas entre el lodo ante semejante lluvia que anunciaba desgracia, y una grabación de alguna cámara de seguridad con mala calidad, simplemente mostrando a un típico tipo encapuchado. Era imposible adivinar quién fue el culpable así como así.
—Hum… No estoy seguro, no tenemos suficientes pruebas, no aún.
—¿Sospechosos?
—Charles Lee, Elizabeth Schuyler Hamilton, Angelica Schuyler Church, entre otros. Es complicado, sabemos que Alexander y John eran… Ya lo sabes, ¿no?— Después de todo, cualquiera podría ser culpable. Desde Charles Lee que se sabía que no se llevaba bien con John, hasta Eliza o Angelica debido a la relación que éste tenía con Alexander a escondidas, simplemente muchos tenían razones para asesinarle.
—Sí, lo sé, ¿pero no hay más evidencias? Quizás algún testigo… ¿La cámara no captó a ninguno?
—Fue en medio de la noche, en un lugar poco transitado. Cuando se dieron cuenta por el sonido del disparo ya se había dado a fuga.
—Oh… Mierda.
—¿Aún no?
—No, no se conectan aún las pistas. Es difícil, mañana iremos a ver el lugar por si encontramos pistas. —Tengo sueño.— Al final mencionó James, en una mezcla de tos y bostezo (lol), puesto que seguía estando bastante enfermo al igual que siempre. —Tenemos un caso que investigar, sólo dame un rato más. —Sólo ven conmigo, a cama.— Después de todo, a pesar de que la homosexualidad sea tan mal vista en esos tiempos, en ese contexto, ninguno de los dos tenía ni el más mínimo derecho a juzgar al muerto y a su respectivo amante. Ya estaba de más decir la razón de ello, simplemente era innecesario. Desde afuera sólo seguían siendo compañeros de trabajo, nadie debía saberlo, y nadie iba a saberlo. Después de todo, Thomas no podía resistirse ante James, era perfecto a sus ojos, tanto que tras unos segundos no dudó en levantarse, dejando el trabajo de lado para tomar su mano e ir ambos a la pieza de siempre, para dormir juntos como siempre, tan sólo abrazados. Una buena rutina, aunque Thomas en parte se avergonzaba demasiado al admitirlo, cada quien estaba ya a los pies del contrario, vivían juntos y pasaban todo el día juntos, cual pareja de cualquier novela cliché. Después de todo, cualquier problema lograban resolverlo juntos, con James preparando del plato favorito de Thomas para charlar un rato. Tan sencillo era, y a pesar de que uno de ellos no era para nada humilde amaba aquello.
—Elizabeth y Angelica están descartadas, tal parece que aquella noche ambas se la pasaron en casa de su padre.
—¿En serio? Pues cada vez quedan menos sospechosos. ¿Quiénes no han dado pruebas de lo que hacían esa noche a aquella hora?
—No lo creerás, Lee y Hamilton tal parece, ellos son los únicos sospechosos, Thomas… ¿No deberíamos arrestar a Lee? A pesar dudo que él haya…— James dudaba, y algo de tos le ayudaba a poder dejar la oración a medias. James Madison dudaba de que alguien como Alexander, el mismo que había pedido su ayuda, haya sido el asesino de su propio amante. —Después de todo, no podemos llegar y descartar a Alexander… —Al momento de querer acercarse a su asistente para sentarse a su lado con intensión de charlar un rato para ver qué pistas habían pasado por alto, con James apoyado en su hombro, sonó un fuerte disparo a unas cuantas casas del lugar. Eso fue suficiente para que se dieran cuenta, viendo tan sólo por la ventana. Ya no necesitaban resolver el caso, no tenía sentido trabajar sin sueldo alguno. Ese disparó ya resolvió todo sólo, reveló al culpable y a la víctima de golpe en medio de la boca. Aquella bala fue sencillamente las que los hizo prometer a sus adentros el no terminar así. Después de todo, después de todo, después de todo, si no salía a la luz no se verían acorralados como ellos. Un pacto suicida entre amantes, qué fácil sonaba, ¿no? Al menos ambos sabían que no iban a terminar así. Después de todo, detrás de las puertas de la oficina y de su casa todo se quedaría.
Hum… Pues bueno, milésima vez que intento publicar esto. Inserte disclaimer aquí, blah blah blah, me vale pico todo.
Lamento el OoC, faltas ortográficas, etc.









