Canto a la mujer Cordobesa
y habla como una princesa.
cuando en la feria de mayo
las treinta mulas compré.
puso el rejón más certero
que había puesto en su vida,
Pedro, el de Puente Genil,
y el Niño Sabio, el de Lora,
en la puerta el Mercantil
tomando una de «Pastora».
¡Qué trajín! ¡Cuánta alegría,
de aquel bullir que no cesa,
tú que aquello lo conoces
de cuando fuiste a comprar
la yegua, el rumor de voces
y al pecho todas llevaban
flores en lugar de espigas.
Y entre mujeres y flores,
luciendo sobre los potros
¡Qué de coches! ¡Qué de troncos!,
donde los caballos broncos
yendo los cocheros roncos
de tanto hablar al gentío.
más gallardo y más serrano
que viera del sol la luz,
del mejor hierro andaluz.
¡Vaya mujer con hechuras,
luciendo el traje campero
No tiene Dios en los cielos;
Pues su hermosura es tan rara,
que si un ángel la mirara,
los demás sintieran celos.
eran sus labios de rojos,
y eran dos vivos crespones
la luz que daban sus ojos.
que desgarra las entrañas,
que el que lucía su dueña.
del freno y del hebillaje,
como el caballo de un rey,
cuando hasta el propio Cañero
tiró a su paso el sombrero
Mezcla de gitana y reina,
llegó entre palmas y olés;
espuelas de oro en los pies,
que llegó el Gran Capitán
Unas vueltas dio al paseo.
no cabía en la ancha calle;
y aquella mujer preciosa,
de hermosura tan completa,
se iba meciendo orgullosa
lo cierto es que me miró…
como en el día la aurora,
y estoy tan esclavo ahora
más sangre que hay en mis venas.
que no es de mi condición.
¡Pero ya no hay solución!
¡Que el hombre siempre obedece
~ Julián Sánchez Prieto (El poeta pastor)