Porque alguien como tú no debería estar en mi camino, pero deseo volver a tocar ese rostro terso.
Te conocí en esos enmascarados amarillos, lleno de incógnitos y grises monocromáticos. Dónde su orgullo se torna oscuro y los colores se vuelven vergüenza. Ese lugar, dónde el mercado yace en la carne, el sexo casual, las pollas y los culos están por doquier. Urgidos de contacto, necesitados de sentir, y aburridos de la cotidianidad de sus vidas en closet. Delimitados todos por radares de pasos a kilómetros más allá.
Te encontré un día sin ilusión, más bien de máxima excitación que me derramaba en sudor y ganas de contacto cuerpo a cuerpo. Y ahí estabas, bajo una imagen de referencia y a menos de 200 metros; la universidad parecía ser el epicentro de toda esta situación ya que muchos individuos se encontraban allí, lastima porque ya no era mi horario.
Me viste tras la pantalla en fotos causales y de interiores; tres fotografías fueron suficientes para incendiar el chat y programar una posible cita. Estábamos interesados, creo que el también. Dónde mi habitación nos recibió ya cayendo el sol, yo nervioso y tú oliendo delicioso; tal y como me gustan, el café Carmelo de sus ojos, la suavidad de su cuello y la seda en sus manos, su mirada que desnudaba el nudo de la cortina. Entre miradas, besos de cuello, manos intrepidas entre las piernas, apreciando la tela y la seda de los boxers que ajustados le quedan. Mutualidad excesiva, acción y reacción lo que puede ser un nudo difícil de romper. Entre música, sudor y risas el contacto de ser cuerpo a cuerpo se convirtió en pequeños tactos al alma. Es encantador ! Todo luego de hablar y apreciar la mirada hasta ser abrazados por la oscuridad y ver el cielo sin estrellas.
Siento haber escrito esto antes, en el mismo plano, en el mismo infierno, en la misma necesidad. Solo que el es grande y lampiño.
Después de ti..."Me quedé en un mensaje visto y vuelto en la noche clara, de esa habitación blanca y de cama fría". Pasado una semana ya se había olvidado de mi, y extrañaba lo que nunca pudo ser para mí. Alejado, cómo si estuviese amenazado, perdido en la jungla que exhala humo, entre las juventudes tristes, los gritos de euforia y el florecer de los árboles de febrero. Me comencé a marchitar, a sentir la misma decepción de Alcalá. A sentir frío cuando sudaba, a temblar sin estar en el bosque. Estaba sintiendo de verdad.
Desalmado y solitario, caminando sobre las hojas que contaron su historia, inclemente sol triste y luna dulce coqueta. En aquel momento parece que te veo en los pasillos, esos en los que nunca te ví, en el tercer piso rojo, en las mesitas públicas y entre las rayas azules de tu camisa que me enamoraron. Porque siempre quieres más, y yo mendigo más que tú simple mirar. Porque te recuerdo en las puestas de sol y vueltas de atleta.
Nos volvimos a ver, ahora sin foto de referencia pero sabía en mi corazonada que a esos 200 metros estabas, otra vez. Otra vez para decirte que dolía y creo que lo sentías, otra vez para verte con la piel tersa, otra vez para verte los ojos café. Otra vez para que me dejases en un mensaje leído. Otra vez para creerte y volver a verte acostado en mi cama, ahora en una mañana. Ya no, aparte de solamente desear de tu cuerpo aborrezco lo que eres y lo que puedes llegar a ser. No estaré tras la pantalla maniático por una señal de vida, no me importaría dejarte leído, no me importará verte en los lugares donde no te solía ver. No me importaría quitarte la camisa de rayas ya estando sin alma.
Espero verte otra vez sin esa imagen de referencia, a menos de 200 metros. Otra vez...