Al oír la respuesta de su colocutora, Stanton afirma sus suposiciones. La castaña oscura no está allí por placer, sino por negocios, y es por eso que no se encuentra en la comodidad de su habitación a esas horas de la noche, tal y como lo hace Molly en el cuarto que alquiló para ambos. En algunos minutos piensa unírsele, por supuesto. Stanton no quiere que Mary Margaret se preocupe de sobra. Ya tiene demasiado memorizando qué hacer durante las sesiones de espiritísmo.
Pareciera que el estrés y los problemas aquejan a estos dos noctámbulos, protagonistas en esta escena. Como si se tratara de un mal sueño, Stanton oía claramente el sonido producido por el órgano, y las voces de sus fieles, aquellos que canturreaban el hímno Al otro lado del Jordán. Pareciera no poder escapar de su congregación incluso aunque tratara. Sus mentiras lo habían atrapado en un laberinto sin salida, la vida que había construído no se asemejaba a lo que alguna vez imaginó en su mente. Sin embargo, le llenó de riquezas, no podía quejarse, tenía más de lo que necesitaba, pero al ser Stanton un hombre avaricioso continuó con su mentira, y ahora era, (nada más y) nada menos que el Pastor de la Iglesia del Mensaje Celestial. “Si te he confundido te pido disculpas.” Dice posicionando su diesta sobre su propio pecho. La expresión en su rostro pareciera enseñar lo mucho que lo siente. “Imparto las enseñansas del Espíritu de la Luz Eterna, a quien algunos llaman Dios Padre, y otros Espíritu Santo; el cual, según creen algunos, vino a la tierra como Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.” Sonó convincente, tal y como lo hacía cada domingo. Incluso pareciera divisar el atril que sostenía la biblia de las sagradas enseñazas. “Es un placer.” Termina diciendo sin remover la vista de la mujer a su lado. Él sin embargo no pareciera hallar nada peculiar en su nombre de pila, cree es tan común como cualquier otro. Será que este le recuerda a los primeros años de su vida. Esas amargas memorias parecieran no querer dejarle en paz, le persiguen como a un criminal.
Asiente levemente al oír el nombre de la bebida, ya no era bueno en esas cosas, mucho menos después de lo que le ocurrió a Pete. Aún recordaba esos ojos sin vida, así como también su cuerpo rígido y piel grisácea. Una expresión de desagrado se apoderó de todo su rostro, incluso aunque intentó ocultarlo. Stanton parecía enfermo, hace días no podía dormir bien, su apariencia era de alguien fatigado, o enfermo. “He viajado por la mitad de los condados del país. Comprenderá, estoy abriendo sedes, impartiendo la palabra. Durante este viaje he sentido la presencia del Ramakrishna a mi lado…” Y habiendo dicho esto, sus párpados se cierran por un instante, agotados. Mientras tanto su cuerpo se inclina hacia la barra del bar, sus manos intentan buscar balance, pareciera que terminará desplománodose por completo.
“No, discúlpame tú a mí. Fui yo la que pensé que te conocía de algo... Me pareces realmente familiar. Pero no es así, no pasa nada.” respondió ella negando con la cabeza mientras se terminaba su mojito con una sonrisa. Ya era cosa del pasado, podría pensar que le conocía de algo, pero ya que no era así ahora tenía la oportunidad de conocerle, aunque sea un poco o durante el tiempo que Stanton le dejara -y cuánto, por supuesto-.
Se quedó sorprendida al saber que aquel hombre era un pastor o alguna especie de reverendo. “Ooh, menuda coincidencia...” dijo ella asombrada. En aquella ciudad tan grande, le pareció casi cosa del destino haber encontrado a la persona la cual estaba buscando. “No sé si alguien de tu congregación te lo habrá anunciado... Pero yo soy la reportera que quiere hacerte una entrevista este fin de semana sobre tu nueva religión.” le explicó, con una sonrisa de sorpresa en el rostro. No tenía ni idea de cómo era el rostro de aquel Reverendo, tampoco su nombre. Tan solo el nombre de su congregación y aquello se lo dejó bastante claro. “Tranquilo, no voy a hacerte la entrevista ahora pero... Es una agradable sorpresa.” le comentó. Le escuchó con atención mientras guardaba mentalmente todo lo que estaba diciendo; tal vez algo le serviría para su entrevista aunque, claramente, no podría publicar nada sin su permiso. Pero pensó que aquella conversación casual le hacía comprender mejor al Reverendo y poder escribir mejor sobre él. “Ramakrishna...” repitió, intentando encontrarle algo de sentido a todo. Vio lo cansado que parecía estar y frunció el ceño, llevando la mano hacia él, intentando agarrarle antes de que se desplomara. “Stanton, ¿Estás bien? ¿Estás cansado?”
En cuanto vio al camarero aparecer al ver la escena, le pidió por favor un vaso de agua y, en cuanto se lo dio, se lo puso frente a él.