S T O R M
raybanksensate:
Su silencio le obligó a carraspear ligeramente la garganta y a desviar la mirada durante unos segundos, como si hubiera dicho una completa estupidez. Cosa que no distaba demasiado de la realidad de su comentario. Fue entonces cuando pasó a observar cada uno de sus movimientos, acabando por apoyar una de las manos sobre el marco de la puerta del camarote mientras que la otra se mantenía como muerta por su propio peso a un lado de su cuerpo. Prestaba atención, casi como si intentase aprender. Lo cierto es que no parecía demasiado complejo, aunque para ella directamente era un juego de niños. Alzó la mirada hacia su rostro, aunque de nuevo esta se dejó caer hacia el reloj que nuevamente había terminado en su poder. El hombre chistó, pero no tardó en arrebatarle el reloj con cierto desagrado.
—Al menos los magos amateur no repiten el mismo truco dos veces seguidas. Buscan algo más de… repertorio, ¿sabes? —añadió en un claro tono que buscaba provocarla, y acabando por negar varias veces con la cabeza empujó la puerta de su camarote con el fin de pasar al interior y por fin, perderla de vista. Sin embargo, a punto de cerrar dicha puerta decidió volver a abrirla para dedicarle unas últimas palabras.
—Si hubieras girado la ganzúa hacia el lado contrario, habrías tardado menos. —tras aquello se perdió en el interior de la habitación, empujando la puerta para cerrarla, aunque no lo suficiente para conseguirlo; quedando entreabierta.
Mala suerte para él el haber cerrado mal la puerta, pues nada más dejó esa rendija abierta abrió la misma sin pedir perdón o permiso, es más, al abrirla dio un leve portazo cuando la misma chocó contra la pared.
- Me parece genial que intentes defender tu ego de hombre cada vez que te cruces conmigo, pero teníamos un trato. Más bien un pago, te he abierto la puesta y si tan afligido estabas por haberte quedado en la calle y según tú podías haberla abierto, haberlo hecho,
Dicho eso cerró tras ella, no quería que medio pasillo se enterase de la verborrea que estaba soltando sin filtro debido al alcohol que ya tenía en sangre y a que no llevaba bien los reflejos de su cleptomanía, si algo quería la costaba devolverlo, casi como un drogadicto que necesitaba su dosis. Automáticamente sacó de su bolso una llave con la que jugó entre sus dedos antes de lanzársela al pecho.
- Existe cierto honor entre los ladrones, te robé, te lo devolví, lo tomé por pago y me lo robaste, para que veas que tengo cierta empatía ahí tienes las llaves y no, no las robé, se te cayeron al haber huido de la cubierta como alma que lleva el diablo. Ya has visto que no necesito de las llaves de nadie para entrar a ningún lado.
Sentenció frotándose un instante la frente para recobrar la compostura obviando por completo haber perdido los nervios durante un leve instante.
- Creo que es mejor que me marche, un placer cascos, para no variar.













