I’ve spent so much time and energy, hating the world because you were no longer in it.
Nunca antes te habías enfrentado a la pérdida y sus efectos colaterales de esta manera. Mírate, ¡eres un desastre! Que poco te bañas... si es que ya ni siquiera te afeitas. Duermes en el trabajo porque llegar a casa significa quedarte despierto toda la noche, recordando. O, si tienes suerte, acabas llorando en el piso del baño, buscando refugio en una botella de whiskey, rogando porque el alcohol te haga perder la consciencia y el vómito te pesque lo suficientemente desprevenido como para terminar ahogándote con el mismo. Y así seguirla, a dónde quiera que haya ido.
Si ella te viese...
Lo sabes. Tienes que recomponerte. Pero el dolor te desgarra desde adentro. Lo que sea de lo que estén hechas las almas, la tuya y la de ella estaban hechas de lo mismo. ¿Cómo puede alguien seguir adelante sin eso? Tú no. No puedes, ese es tu veredicto. Y aunque pudieras, tampoco te interesaría hacerlo, porque por muy egoísta que pueda sonar esto, la sigues queriendo, y la quieres contigo, muy a pesar de las circunstancias. Muy a pesar del tiempo. Muy a pesar de la muerte.
Y lo entiendo. Hasta yo puedo empatizar con eso.
Lo que es inaudito es que la desesperación te haya llevado a encargar una réplica idéntica en todo sentido. Lo que sea con tal de tenerla a tu lado, ¿no? Aunque seguro había métodos mucho menos costosos para afrontar esto. Terapia, en principio. O sacarla de debajo de la tierra y acostarla en tu cama, si tanto empeño tenías en optar por algo ya carente de vida. Pero eh, ¡tienes toda la pasta del mundo! Si el androide falla, siempre puedes hacer lo segundo, y buscar la ayuda de un buen psiquiatra.
Ahora piensa... ¿qué diría ella?










