Enough | Pandora&Cedric (Privado)
Sostuvo el cuerpo de la chica alzándola ligeramente para tomar una posición segura y a la misma vez cómoda para ambos. Echó ligeramente su cabeza hacia detrás dejando que los actos de la chica provocaran que su cuerpo se estremeciera haciendo que las manos del chico hicieran presión sobre los muslos de la rubia casi de forma inconsciente, mostrando así el deseo que sentía hacia ella. Quería sentirla de una forma más profunda, quería llegar hasta el final de aquello que habían comenzado, no podía pensar en otra cosa que no fuera en aquél momento que tanto había esperado de forma inconsciente. Besó su cuello, lamiendo algunas otras zonas de este, haciendo una ligera presión con sus labios, succionando pequeños trozos de piel dejando así unas rojeces que probablemente se convertirían en pequeños moretones. Un suspiro escapó chocando contra la piel de la contraria, Cedric rozó sus labios contra esta a la misma vez que bajaba por su cuerpo, llegando hasta el escote mimando también aquella parte de ella. Aquella magia volvía a sentirse en el ambiente, cargado de lujuria, pasión y sentimientos que ambos lograban comprender a la perfección, sin necesidad de utilizar las palabras para hacerlo. Y entonces, algo más se añadió a la lista de emociones que danzaban por el ambiente, o más bien comenzaban a danzar al ritmo de la música del maldito politono que otra vez volvía a hacerse escuchar. Una especie de híbrido entre resoplido y gruñido salió de la boca del psicoanalista acompañado de algunas palabras incomprensibles, apartando su mirada a la misma vez que dejaba en pie a la chica sobre el suelo depositando un pequeño beso sobre sus suaves labios antes de separarse de ella. —Qué narices se les ha roto ahora a esos… —Pensó para si mismo, inspirando profundamente cerrando sus ojos durante unos instantes antes de abrirlos, sacar su teléfono del pantalón y contestar la llamada de su jefe. —Dígame, señor. —Pronunció dejando entrever un tono cortante en sus palabras.
Todas aquellas sensaciones eran demasiado para ella. Tan intensas, tan diferentes a lo que normalmente estaba acostumbrada. La excitación, el anhelo por sentir más del contrario, todo aquello conseguía que olvidara lo mucho que se había dejado llevar por la situación, actuando como si de una adolescente atolondrada se tratara. Sin embargo, cuando sus pies volvieron a tocar el suelo, haciendo que su mente lo hiciera a su misma vez, sintiendo que su cara enrojecía rápidamente al percatarse de todo lo que había sucedido en ese corto lapso de tiempo. Al escuchar a Cedric hablar por el teléfono, pudo suponer fácilmente que se trataba de alguno de sus jefes, por lo que prefirió no estorbarle. Aún así, no por eso se encontraba menos frustrada que el chico por dicha interrupción, de la que estaba segura que no se olvidaría en bastante tiempo. Agarró la prenda de la parte superior de la que se había desprendido con la ayuda del chico hacía pocos minutos atrás, volviendo a colocársela rápidamente. Alcanzó también la camisa del muchacho, acercándosela. Sin embargo, esta fue incapaz de mirarle fijamente a los ojos. Era raro en ella, pues la timidez no era algo propio de Pandora, pero el haberse dejado ir de aquel modo, que sus sentimientos fluyeran sin debatirlo por un momento, había logrado que esas sensaciones volvieran a aparecer en la rubia. Por mucho que tal vez para ojos ajenos hubiera sido un acto infantil y poco adecuado para dos adultos, que es lo que ambos eran, no sentía un ápice de arrepentimiento, y esperaba que el contrario tampoco. Tan solo, una leve fragmento de duda aprisionaba su pecho. ¿Habría llegado a aquella situación tan íntima por la misma razón que ella? Consideraba tener más motivos para creer que no las tenía, pero tampoco iba a sacar conclusiones precipitadas. Se alejó unos pasos de Cedric, observando su propio reflejo de soslayo, apreciando en el espejo del baño las rojeces que comenzaban a hacerse más presentes por su cuello y parte del escote, ascendiendo hasta su rostro, donde sus mejillas seguían ardiendo.









