— Descuida, solo he vivido allí, nunca llegué a practicar la religión. —explicó con una sonrisa divertida.— No tienes pinta de asesino y si lo fueras, es posible que yo lleve un taser en el bolso. —bromeó intentando parecer seria.
Tranquila, estás a salvo.-- Rió levemente. El muchacho dejó varias carcajadas salir de sus labios, pero enseguida, notaba como aquella tos empezaba venirle, algo que, disimuladamente ocultó.-- Y bueno, ¿Qué más me puedes contar de ti?













