Escribo este post ya en Nancy (a donde conduce mi cambio, por ahora). Lo hago para contarles mi historia a aquellos que tienen temor en este momento de reconocer verdades en sus vidas, a cambiar, a dejar lo que conocen, pero que saben que en el fondo no los llena. También, escribo para decirles que no hay que temer, que hay que CONFIAR (sé que sueno a coach loco) porque así lo viví. Lo hago para darme las gracias por ser valiente, una vez más. Lo hago para contarles que el “conócete a ti mismo” es más sobre corazonate a ti mismo (todos sabemos las verdades y anhelos reales de nuestro ser solo que nos cuesta aceptarlo, reconocerlo, luchar por ello). Este post es sobre seguir el instinto y luchar por los sueños y deseos del alma.
En mi caso, todo empezó hace un poco más de año y medio cuando en medio de una crisis de vida me di cuenta y acepté que tal vez no estaba viviendo una vida feliz (plena). Lo tenía todo (casa, estudios, comida, trabajo, posibilidades, un buen ex marido), pero llegaba a casa y a veces me sentía vacia. Algo sentía que me faltaba. Y no me malentiendan, para otros lo tenía todo, pero en mi interior sabía que tal vez por ahí no era, que tal vez Colombia no era.
Así que un día, con las huevas en la mano, me pregunté si era feliz: la respuesta en medio de un llanto fue NO. Ahí tenía mi verdad. Así que empecé a pensar qué realmente me hacía vibrar (recordé mis viajes, mis épocas de estudiante, mis primeros trabajos - recordé una vida más sencilla, recordé lo feliz que me pone hablar con mis amigos en inglés y lo que siempre he querido - ser capaz de comunicarme con muchas personas). Así que ahí tenía una pista. Adicional, recordé que siempre había querido vivir afuera, pero por distintos motivos no se me había dado o lo había ido aplazando. Sabía el qué, pero no el cómo. Ahí empecé a pensar cómo lo iba a lograr.
Y empezaron los temores: tuve mucho miedo. Todo el que se puedan imaginar. Preguntas como : ¿de qué voy a vivir? ¿Y si no salen las cosas bien? ¿A dónde voy a ir? Qué haré? etc rondaban mi cabeza y fui respondiendo poco a poco, viendo posibilidades y siento realista.
En el fondo de mi corazón sabía que tenía que hacerlo, también empecé a confiar en que el cómo se iría develando. Y así fue. No solo con búsquedas, excels -planificando financieramente el asunto - y aceptaciones sobre cosas no tan chéveres que podían suceder en el camino, sobre conforts que iba a dejar atrás, sobre cosas que no podía seguir manteniendo en mi vida, etc. Además, gracias a la aceptación y confianza empezaron a llegar los consejos, palabras de aliento, historias inspiradoras de cambio, entre otras muchas cosas maravillosas que hicieron parte del proceso.
Sabía que iba a estar difícil. Iba a dejar TODO lo que había logrado. Pero no olvidaba mi propia promesa : no desistir así estuviera color hormiga (y tuvo color tarántula por momentos). Le pedí mucho a Dios por su ayuda y también por paciencia y confianza. Me volví la que más CONFIABA en que eso era. Me repetía la frase de “insistir y persistir”. Así que me empecé a dejar de cuentos conmigo misma y a aceptar que : el cambio y la decisión de dejar Colombia no iba a estar fácil, que tenía que ahorrar y mucho (adios compras y viajes por un tiempo), pasar mucho tiempo con los míos porque no sabría cuando iba a volver a verlos, que Apolo no podía ir conmigo, que tenía que enfocarme, prepararme para salir de mi comodidad. Adicional, sabía que muchos me cuestionarían (¿a esta edad? ¿Por qué? ¿Para qué si tienes todo en Colombia? ¿Sola? ¿Y tu carrera?) y que otros pensarían que ahora si me chifle. Pero también me di cuenta que mi vida no son las opiniones de los demás, sino lo que yo haga de ella. Y hasta el momento, con aciertos y triunfos he hecho una vida de la que me siento orgullosa.
Así que, luego de año y medio ahorrando, y siguiendo la hojita de ruta, leyendo sobre visas, pénsums, procesos de adaptación, hablando con personas que lo habían hecho, lo hice. Ah, eso sí, todo super callado porque es mejor así. Y me lancé. Primero, le conté a mi mamá y Pame (las dos personas más importantes para mi), luego a mi jefa (Alexandra, quien siempre me apoyó y se emocionó por mi y mi valentía) y luego de haber tomado la decisión con todo y sus consecuencias, tracé un plan que tuvo más de un ajuste (los publicistas entienden este chiste) y así fue como mi anhelo de cambiar de vida, de volver a ser estudiante, de vivir una vida más sencilla y de tal vez con todo esto encontrar una vida con más propósito llegó. Y acá estoy, con una sonrisa, viendo el atardecer que siempre me perdía en la oficina, hablando en inglés-español-francés con Amelié, mi amiga y ángel de AirBnb contándoles mi historia.