Entre la Razón y el Amor.
Una vez estaba yo en medio de una batalla entre la Razón y el Amor. Yo sólo me senté y empecé a escuchar. La razón era fría, directa y muy madura. El amor era inocente y hasta cierto punto estúpido.
El Amor dijo: “Vamos a hablarle. Tal vez ahora sea distinto. Tal vez ahora sí te quiera”. Yo me le quedé viendo y con tal sólo escuchar esa simple idea mis ojos se iluminaron. Tomé el celular y la razón gritó: “Estúpido fuiste, estúpido eres y estúpido serás si le hablas. No te quiere y no te querrá. Mejor déjala ya, deja que el tiempo la entierre. Manda ese mensaje y habrás perdido tanta dignidad que se podría eliminar el hambre del mundo con ella.”.
Yo dejé el celular en la mesa, el Amor me volteó a ver y se fue. La Razón tomó asiento y me dijo: “Cada persona es un planeta y ese planeta forma parte de una galaxia. Pero no todos los planetas están destinados a estar en la misma galaxia. Lo mismo pasa con las personas. No te aferres a nadie. Aferrarse no es amor, aferrarse es costumbre. Busca quien te mande mensajes que parezcan hechos un poema. Busca quien te responda como si tú fueras la última gota de agua en el desierto. Busca quien se desvele contigo aunque al día siguiente tenga su jornada laboral desde antes que salga el sol. Busca quien te dé alegrías, no penas”.
Se levantó y antes de irse dijo: “Busca quien te quiera”.


















