Deberíamos decirnos menos mentiras
Entender que porque tengamos un celular no significa que debamos estar siempre disponibles para los demás y contestar de inmediato, que las modelos tienen cuerpos de modelos porque viven de eso (así como tú sabes cosas de leyes, publicidad, ingeniería o de lo que sea que te dediques que los demás ni entienden), que no importa si la persona que te gusta te dice que te quiere y se muere por ti cuando no es capaz de hacer nada para demostrarlo y que no lo debes justificar ni vivir intranquila por eso, que no somos nadie para juzgar la vida de los demás cuando solo sabemos de ellos lo que publican en redes sociales, que no existe un tiempo exacto para nada (ni siquiera para los embarazos porque hasta los bebés se adelantan) y no eres una loca por llevar x tiempo llorando por la tusa, porque llevas un mes de dieta y no ves cambios o no encuentras trabajo.
Deberíamos decirnos menos mentiras y aprender a soltar el pasado que tanto nos pesa y dejar de preocuparnos tanto por el futuro, porque si seguimos así en unos meses este presente se volverá el pasado que nos atormentaba: porque estábamos muy flacas, porque no nos disfrutábamos la relación con el man o la vieja por estarnos matando la cabeza con inseguridades, porque no aprovechamos las vacaciones para lo que queríamos…
Sí, deberíamos entender todas esas cosas y hacer lo que nos hace bien, aunque no se sienta tan bien, como dedicarle toda una tarde a llorar lo que nos duele para dejar de guardarnos lo que sentimos, dejar de aceptar planes solo porque creemos que si decimos “no” nos vamos a ver muy maleducadas.
Deberíamos aprender a ponernos de primeras y reconocernos los méritos porque mijita si estás aquí hoy es por ti que te paraste de la cama, que te tomaste la Emulsión de Scott a los siete años, aprendiste a cuidarte los cólicos a los 15, aunque fuera con copia en matemáticas te graduaste del colegio y así lo pienses cuando estas borracha igual ya no lo llamas.
Probablemente estas leyendo esto y no te conozco pero deberías decirte “gracias” por permitirte sentir lo bueno y lo malo, por todas las veces en que te fuiste a dormir llorando pensando que no podías más pero contra todo pronóstico seguiste adelante, por ser real.











