¡OPERACIÓN PICASSO cumple 8 años hoy!

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¡OPERACIÓN PICASSO cumple 8 años hoy!
¡OPERACIÓN PICASSO cumple 7 años hoy!
¡OPERACIÓN PICASSO cumple 6 años hoy!
¡OPERACIÓN PICASSO cumple 5 años hoy!
A la gente que se ha dejado lo mejor de sí mismos para que otros podamos contarlo. A los que han sido capaces de mirar de frente al horizonte, más allá de su sombra, de sus pequeñas mezquindades, convencidos de que el oasis del futuro no era un espejismo, y de que solo dependía de nuestra paciencia y nuestro esfuerzo. A todos los conejillos de indias alineados en la pista de rastreo del cielo que desprendidamente han señalado ese camino como guijarros de luz. A los científicos, a los sanitarios, a los cuidadores, a tantos ángeles de la guarda escondidos en su modestia, que sin ruido ni furia ni confrontación trabajan cada día para que podamos llegar. GRACIAS. #COVID19 #vacunacovid #vacuna #ciencia https://www.instagram.com/p/CPJFKV5l_n4/?utm_medium=tumblr
Como Dios manda, antes de comulgar debo confesar. Yo pecador, confieso que no había leído a Eloy Tizón, del que he tenido noticias recientemente gracias a la comunidad lectora de las redes sociales. Mea culpa. Durante gran parte de mi vida mi relación con los libros, igual que con las personas, se ha basado en la primera impresión. Si de entrada ese libro (esa persona) escondía su rostro, o si este no era lo suficientemente amable y permeable, directamente lo/la obviaba; nunca he tenido ardor guerrero, ni vocación quijotesca, ni espíritu (ni cuerpo) erudito, ni he buscado a propósito complicarme la vida, para qué, bastante tenía (quiero creer que pensaba). Tal vez porque las ataduras cotidianas han aflojado su yugo, tal vez porque, en consecuencia, he podido volcar ahora y por fin mi tiempo muerto en la literatura, me he dado cuenta de que solo sé que no sé nada. Y he comprendido también, más vale tarde que nunca, que, igual que no hay un único lector, parapetados tras mi coraza de lector profano se escondían otros, igual que dentro de cada persona siempre hay un mundo por explorar, que antes o después acaba aflorando. Debo confesar asimismo que (cosas del ebook) mientras empezaba a leer, iba quedando deslumbrado por lo que pensaba era el primer cuento, Zoótropo. Tanto por su recreación biográfica, esa fase de la juventud en la que “vivíamos para ver cómo Dios rompía sus amargos hechizos”, como por su lograda ambientación de esos años 80 en la “vida de frontera” de su barrio madrileño, y ese despertar al mundo y a la vocación literaria (“escribir no significa cumplir un destino, sino escapar de un destino. Escribir es siempre una traición”), que por su valentía tanto envidia el lector. ¡Dios mío!, pensé cuando llegué en realidad al primer cuento, ¡si solo era el prólogo! (a su segunda edición revisada de 2017). La cosa prometía. Y, para escarnio de los políticos, conforme iba pulsando con el índice la punta de flecha horizontal del paginado, la promesa no solo se iba cumpliendo sino que desbordaba mis previsiones más optimistas, yendo, como todo buen libro, de menos a más. Ni siquiera necesité despojarme de mis últimos prejuicios. 👇👇👇👇👇👇👇👇👇 https://www.instagram.com/p/COx1paAFKQE/?igshid=vdg8ddizukyi
Los dos o tres que os habéis molestado en leer mis noreseñas sabéis que casi siempre comento libros que me han gustado mucho. Otros me gustan menos, pero como me confieso pecador contra el undécimo (no escribirás lo que se te pase por la cabeza), valoro tanto esa tentación que el mero hecho de sucumbir ya me parece elogiable. Por tanto, y máxime al no ser ni por asomo un crítico, no me parece ético exponer mis decepciones literarias, ni mucho menos denostar un libro. Es un ejercicio tan personal que merece todo el respeto, no solo el que escribe, sino sobre todo el que lee; ya se sabe que hay tantos como variedad de flores silvestres en mayo, o incluso más. Con este preámbulo no pretendo excusarme, ni aliviar mi conciencia antes de romper mi palabra. Pero tengo que reconocer que AMOR INTEMPESTIVO, de Rafael Reig, me ha dejado, más que frustrado, en un estado espiritual difuso, como entre Pinto y Valdemoro. Y un libro que, aunque no exalte mi entusiasmo lector, me remueve, me provoca, me hace pensar, y hasta me obliga a bucear por las redes en busca del autor y su verdad (ver entrevista de Javier Morales en El Asombrario del 8/11/20), no merece mi ostracismo. No solo soy un escritor frustrado. También hay otros campos de la vida por los que, a estas alturas, sé positivamente que Dios no me ha llamado, aunque me hubiera gustado, de poder, como cantante (enseguida lo supe, cuando las beatas se giraban en misa para detectar mis desafines infantiles), bohemio (aprecio demasiado el orden en mi vida), alpinista (mi vértigo me limita a ver los documentales) o latin lover (sin comentarios). Por eso, cuando me doy de bruces en una novela con alguien que ha apostado todo a la sagrada cruzada del arte, hasta el punto de levantarse todos los días “a las cinco de la mañana para leer dos horas”, pero que reconoce que “no leo para tener cultura, sino para vivir. También para follar. Yo he follado mucho por ser culto”, mi mundo burgués y apacible se tambalea. Y ese viejo sueño adolescente, hace tanto desechado por las crueles leyes del reparto genético, vuelve a asomarse perturbador. Mientras el autor va desgranando, en un ejercicio autobiográfico confeso, 👇👇👇👇👇👇 https://www.instagram.com/p/COGQiXwlBhN/?igshid=73cli0xj1z9e
Soy un privilegiado: yo libro todos los días del año. #diadellibro #sanjordi #sanjordi🌹 #sanjordi2021 #LeerEsUnRefugio #leer #leermola #amoleer #leeresvivir https://www.instagram.com/p/COA4XjLlXOk/?igshid=309fl5llgmho
Hoy estoy de estreno. Como todos los que no tenemos una editorial detrás que se encargue de estas tareas, me tengo que buscar la vida para tener en un escaparate decente lo que se me va ocurriendo escribir. Ya tengo una web presentable , y todo gracias a mi hermano David Saugar Segarra, que además de Poeta es un hacha en diseño de páginas y marketing de contenidos (http://www.davidsaugar.com ). Aunque es un mago de estas herramientas, no ha conseguido sacarme guapo en la foto, ni ponerme pelo. Qué le vamos a hacer. https://pedrosaugar.com/ https://www.instagram.com/p/CNz1xl5Fmrs/?igshid=p2xei19a67d5
¡100 publicaciones!
La gente cuando está mal hace cosas raras. Muchos beben. Suele funcionar, al menos hasta la resaca, pues es sabido que el alcohol afloja el esfínter de la sonrisa a la vez que nubla las penas, transmutándote a otro cuerpo y a otro mundo, mucho más amable y merecido. Otros salen a correr, o con la bici. Cuanto más sudan, menos piensan, y cuanto menos piensan, menos sufren, aliviados por la anestesia mecánica del esfuerzo físico, por la dictadura simple del cuerpo y sus querencias. A otros les da por discutir. No hay nada como liarla parda. Unas voces, algunos sulfuros, los insultos justos, no sea peor el remedio que la enfermedad, y tras la tormenta purificadora siempre viene la calma, la sensación engañosa de que al esputar nuestra bilis nos purificamos. Ya hace un tiempo que descubrí otra terapia. Ni mejor ni peor. Otra. Cuando vivo sin vivir en mí me siento y escribo. Sin necesidad de beber, ni de sudar, ni de vocear, me convierto en otro. Da lo mismo que bucee en mis adentros, o que me escape de mí mismo y me reinvente, o que me limite a observar el apasionante circo que me rodea. Con el conjuro de cada frase que mi antiguo profe de literatura me aprueba sobre la plantilla de Word, siento que hay otro mundo a mi alcance. O tal vez sea el mismo pero visto desde otros ojos, tan desorbitados que estuvieran fuera de mí. Y que muchas más cosas merecen la pena de las que el bajón puntual me permite apreciar sin escribir, tal vez por ese mismo distanciamiento de la realidad. Tal vez porque, al recrearla, me ofrezco la coartada que necesito para negarla. Ni siquiera sé si, además de mi catarsis, lo que intento escribir sirve para algo. Iba a decir que, incluso, ni me importa, pero, además de como fanfarrón, quedaría como un mentiroso redomado. A todos los locos que intentamos ponernos por escrito nos importa el lector. Aunque no sepamos si existe. Posdata. También cuando habito razonablemente en mí escribo, aunque no sea esta semana santa que nunca fue y que me asfixia con su vacío. #semanasanta2021 #escribir https://www.instagram.com/p/CNF8NL-lsTG/?igshid=wnweqod7aows
Ayer discutía con un amigo muy querido. Eran las nueve de la tarde de un viernes de Dolores en Cuenca. No sé en otros sitios, pero en Cuenca los viernes de Dolores no son un viernes cualquiera. En Cuenca un viernes de Dolores es la primera estación de un viaje ritual que concluye el domingo de Resurrección. Un viaje del cuerpo y del alma, o viceversa, en el que la mayoría de los conquenses nos embarcamos cada primavera y de por vida, desde que nuestra abuela se peleaba a boca partida con otras de su quinta para que pudiéramos contemplar en primera fila desde sus brazos la procesión, sin poder ni querer renunciar a su leva anual, a la periódica llamada de la sangre. Cada año por estas fechas regresamos a nuestras raíces para revivir nuestro particular vía crucis, sabiendo que igual que la Semana Santa es de todos y de ninguno, cada uno tiene la suya. Que todas caben por igual entre las dos interminables filas de nazarenos que peregrinan calle arriba en busca del misterio de nuestra vida, de esa revelación íntima que nos inyecte la adrenalina necesaria para seguir soportando el peso de nuestra cruz a cuestas por el traicionero camino del día a día. Y que para unos será el ejemplo de sacrificio solidario de un personaje milenario y su promesa de futuro en la fe. Para otros, su propia vida balanceada en andas de pasiones de juventud, cuando, entre el incienso, el aroma de las primeras flores te envenena por dentro y persigues su rostro fijo en ti entre la luz temblorosa de las velas, y estás convencido de que el mañana solo será con ella o nada. Y, para todos, un vaivén de recuerdos de familia, de viejas sensaciones que reviven, de amistad caldeada al olor del resoli y de momentos especiales hermanados. Me recuerda Facebook que hace tres años colgué esta foto. Acababa de sacar mi primera novela, #operacionpicasso, en la que conectaba dos de mis grandes pasiones, la Semana Santa y Picasso, tan aparentemente ajenas. Mi capuz del Bautismo, recién planchado, temblaba ya de gusto al eco lejano del redoble de los tambores, dispuesto a revivir con los personajes de mi libro su particular búsqueda del Santo Grial picassiano, la primera versión perdida de👇👇👇👇👇👇👇👇👇 https://www.instagram.com/p/CM7r7YzFu1b/?igshid=ep7kluf92zx5
Hace ya casi siete años que te fuiste y aún no he sido capaz de ponerte unas letras. Y se supone que intento ser escritor, o algo que se le aproxime. Pero, aunque te parezca mentira, sigo siendo incapaz de evocarte sin que la superficie del folio y la formica rallada de la mesa y el parqué del suelo y la puerta luego y el mundo allá al fondo se me difuminen, igual que se disuelve un día de lluvia tras las cortinas de agua que resbalan por el cristal de las ventanas. Hoy, no sé por qué, me he propuesto no salir corriendo cuando tu recuerdo se me aparezca y me vele las pupilas, como siempre. Hoy siento que no te lo mereces. Que de lo que de verdad estarías orgulloso es de que te contara la suerte que tengo al tenerte conmigo. Al saber que sigues ahí, que en realidad nunca te has ido, aunque juegues a esconderte y te disfraces de sombra una mañana nublada, de aire tibio al caer la tarde de junio, o de luna llena al borrarnos la noche del mapa, según te dé, que para eso sueles ser muy tuyo. Siempre he sabido que estabas ahí. Desde que me exhibiste vanidoso a la cámara nada más nacer, sin que el gesto pícaro de guiñarle el ojo silbando lograra disimular del todo tu arrobamiento, hasta cuando esa noche en el hospital, ya con un pie en el estribo del vagón del último viaje, me cogiste de la mano y me miraste. Y yo supe sin necesidad de hablar lo que me querías pedir, y te dije apenas, o igual no pude, yo me ocupo de todos, puedes irte tranquilo, todo está bien, y sonreíste apenas, o igual ni pudiste, quién sabe lo fiables que son esas imágenes que nos van cincelando la vida a martillazos traicioneros, como nadie puede asegurar del todo la solvencia de la memoria, que jamás deja de ser lo que queramos que sea. Siempre has sabido lo orgulloso que estaba de ti. Aunque no te lo dijera. ¿Es necesario acaso verbalizar la admiración incondicional, el agradecimiento por tu cálido manto protector, por tu continuo desprendimiento, el amor que se supone? Eras incapaz de regañarme. Ni siquiera cuando sacaba el pie del tiesto, por raro que fuera. Como cuando llegué esa nochebuena tambaleándome, tan atascado de villancicos que me mandaste a la cama sin cenar y sin un reproche ni https://www.instagram.com/p/CMnI22vlf0v/?igshid=uatda0byyo5a
Hoy hace justo un año del día en que supimos por fin que todos somos iguales. Mis hijas. El albañil que retejaba la casa de enfrente. La cajera del supermercado. Ese compañero que te apuñala la espalda al girarte. El fantasma de aquella novia que se te aparece al cerrar los ojos. El loco de la barbita que, Biblia en mano, predica el fin del mundo a las puertas de misa de una. Mi mejor amigo. Rosmery, la chica boliviana que cuida de tu madre impedida. Aquel pastor de cabras de Loja zambo y culón que te tocó al lado en la mili y con el que, caprichos del destino, hermanaste tanto que te duele hasta el recuerdo. El Caracolillo, siempre con Antonio Molina en la boca y el corazón por fuera, siempre en lucha con ese otro virus que una noche tonta, a traición, le apuñaló las venas mientras soñaba con su bebé y se reía asomado al Júcar. El último ganador del premio Planeta. El penúltimo. El bancero que te precede y resuella como un gorrino al final del tranco. La samaritana de los ojos poseídos bajo los tirabuzones rubios. Tu quiosquero. El portero de finca que no para de cascar los sábados en el grupetto mientras chupa rueda. El húngaro de los ojos excavados que cada mañana cruza el semáforo con su sillita al brazo y su acordeón al hombro hacia su esquina. El médico de tus hijas, q.e.p.d. Tú. Hoy hace justo un año que un virus nos declaró oficialmente la guerra. La mayoría seguimos en la trinchera, esperando a Godot mientras intentamos sobrevivir, procurando obviarlo, de puro agotamiento. Muchos no lo han conseguido. Y algunos siguen librando la batalla por su cuenta, como si no fuera con ellos. https://www.instagram.com/p/CMXqZqYltZb/?igshid=18n0md6w5wkj4
Cuando mi librera me lo entregó me dije: bueno, solo cien páginas, y tan chico, me lo devoro en un par de días. Incluso en unos de los biosaludables post matinales de @justo_sotelo , al confesar mis intenciones, éste me apuntó literalmente “ten cuidado no te devore él a ti”. Y a punto ha estado. Hay dos formas, a mi humilde entender, de leer “Poeta en Madrid”. La primera es por encima, a la carrera, incluso obviando los recodos y las cuestas, atajando en busca de una trama y un desenlace como Dios manda, si acaso admitiendo el deslumbramiento insólito, o directamente abdicando ante el más puro desconcierto. La segunda necesita tiempo. Mucho más tiempo, el justo (no puedo evitar el fácil juego de palabras con “el tiempo de Justo”) para despojarte de tus prejuicios. El necesario para darte cuenta de que te engañas al intentar desentrañar cada palabra, cada frase, cada personaje, cada situación, utilizando la lógica narrativa, las coordenadas del gps convencional que ubica tu vida. Que todo este extraordinario poema disfrazado sobre el ars poética no deja de ser un “fingimiento”, el juego de “un observador que es observado por los demás”. Y que asistimos mientras a una epifanía de la creación, que no deja de pretender serlo de la belleza y del amor, las claves para justificar la vida de un autor que persigue entre sus mantras culturales “un nuevo libro para una nueva época”. Más que nunca Justo Sotelo te exige ahora ese pacto del buen lector que invocaba en “Las mentiras inexactas”. Y lo hace en la misma proporción en que él se exige reescribir todo, “con sus incongruencias y misterios”, en su definitivo asalto a la trinchera de la literatura, en ese viaje audaz para encontrar el pájaro sagrado en el que se miran los creadores. Para cambiar de una vez por todas el mundo, iluminándolo a su imagen y semejanza. Un viaje apasionante, tan alejado de la rutina. https://www.instagram.com/p/CMFE6gfFsdj/?igshid=1o0jb2kclo7d6
"Como escritor, no es imprescindible que abandones por completo tu propia biografía para realizar un acto de suplantación de personalidad. De hecho, puede ser más interesante no hacerlo. El escritor distorsiona, caricaturiza, parodia, maltrata, subvierte y explota su propia biografía, y todo para darle una dimensión que estimule su existencia verbal. Millones de personas hacen lo mismo todos los días sin la excusa de estar creando una obra literaria. Lo hacen en serio" Philip Roth https://www.instagram.com/p/CKZZtF2lTWA/?igshid=mnffotg2a3mj
"El mundo hay que volverlo a describir continuamente porque nunca es el de antes, aunque solo sea porque antes no estábamos nosotros." — Wisława Szymborska https://www.instagram.com/p/CKBDAtIFn0b/?igshid=hybckvayo3xq