El leve golpe que aterrizó sobre su frente, la hizo reaccionar y buscar paz interior. Si ya estaba aterrada por tener que usar un trapo como vestimenta todos los días, se vería acabada al ver que no la habían trasladado allí para participar de un reality y hacer drama en este para ganar algo de dinero en un futuro. Aunque, sinceramente, ella odiaba el drama. Sino que sería parte de un proyecto ilegal, o peor que eso, una cárcel llena de desconocidos. Un miedo la acorraló por dentro y se sintió débil, como un diminuto bicho que solo buscaba la salida y mantenerse con vida antes de que alguien lo aplastara. Contempló con detenimiento los brazos de la chica y por poco no logra que la desesperación la superara, y saliera corriendo a causa de esto. Ahogó un grito inaudible, aterrada—. Mi piel es sagrada, ¡No puedo permitir que hagan eso! —apuntó con un dedo las marcas y comenzó a caminar de un lado a otro, mirando un punto fijo— ¿Al menos alguien sabe de esto?¡Perderé mi puesto en el cuadro de honor escolar! —siguió, preocupada— ¿Sabes lo que me ha costado poder estar ahí, lo sabes? —clavó la mirada en la suya, sin señales de poder tranquilizarse.