kiss me on the mouth &&
SET me f r e e. ——
i can be the subject of
your DREAMS. ——
your SICKENING desire.
Ella es [ ITZELLE MCFARLAND ], mejor conocida como [ THE ECCEDENTESIAST ].Teniendo [ 17 ] y siendo [ ESTUDIANTE DE JUNIOR // BAILARINA ], pertenece a la ciudad de Phadena. Sus allegados suelen confundirle con [ NORMANI KORDEI ].
The Eccedentesiast — Una persona que finge una sonrisa. Éste apodo ha ido con ella toda su vida. Las veces que fue burlada, excluida, subestimada, tuvo que reír simplemente para tratar de demostrar que estaba bien. Porque si se atrevía a llorar sería tomada por sentimental, débil. Ella tenía potencial pero nadie lo apreciaba. Todos querían forzarla a encajar en un estereotipo de inteligencia, porque no quería ser apreciada por otra cosa. Sin embargo, lo que sus superiores buscaban era una intelecto matemático y mecánico, mientras que ella poseía una mente creativa y fascinada por las bellas artes. Pero una artista no es nada, ¿verdad? Solo terminarás exponiendo pinturas que nadie comprará, o componiendo canciones que no pasarán más de los jingles de comerciales. Porque los números están sobrevaluados en éste siglo y lo demás es un cero a la izquierda. Fue rechazada por sus docentes y padres por su manera de pensar. Tuvo que camuflar sus sueños como "leves bromas" y tener proyectos personales clandestinamente.
✔ Persistente, complaciente, compasiva.
✖ Dramática, indecisa, impulsiva.
##. IF THE CITY NEVER SLEEPS, THEN THAT MAKES TWO ;;
Es bailarina. Por lo menos de danza contemporánea y ballet. Comenzó desde muy pequeña, después de verse atraída por los tutús rosa. Después de todo, aquél era su color favorito para ése entonces. Le tomó años para tener equilibrio en su danza, ni mencionemos el relevé. La muchacha fue duramente criticada por tomar la danza como una pasión, un trabajo, su todo. Sobre todo por no ser de complexión fina y figura exactamente delgada. En palabras más simples, su etnicidad le dificultó el llegar a ser la bailarina principal, lo cual era injusto.
Tiene un tatuaje de un par de alas en su espalda. Ésto mayormente para cubrir cicatrices y estragos que años de abuso por parte de su padre han dejado en su piel. ¿La razón? No ser lo suficiente. Su padre siempre ha sido la figura más exigente hacia la morena: con sus estudios, con no distraerse con chicos. Una noche, el padre de familia la llamó. Ella atendió al llamado inmediato. En su mano, el hombre tenía su boleta de calificaciones, con dos o tres puntos por debajo de la nota máxima. Se esperó gritos, claro, y aguantó cada uno de ellos. Era consciente del tipo de carácter que tenía su padre, y se atrevió a responder de mala manera. En cuanto el mayor alzó su mano y ésta impactó contra su rostro, dejando un ardor infernal en su pómulo, las lágrimas se depositaron en los ojos de la adolescente. Caminó hacia atrás, atemorizada. Pero no estaba satisfecho. Haló de su pelo, y ella suplicaba perdón, mientras aquella despiadada silueta continuaba hiriéndola. Pasaron unos minutos hasta que estuvo satisfecho con los cardenales que empezarían a formarse días después alrededor de su anatomía, su temerosa madre junto al umbral de la cocina, paralizada por el terror. Ésto se volvió habitual. Antes de acudir a sus clases de ballet, tenía que maquillar aquellas heridas y su madre la ayudaba. La mujer juraba que pronto pasaría, pero eso nunca ocurrió. La adolescente, por causa de éso, trató de suicidarse en una ocasión. Sin embargo, se acobardó a último momento y carga con ése secreto hasta el día de hoy, aguardando con ansias por el día en el que se gradúe y pueda marcharse de casa.
Padece de emetofobia. Después de una experiencia traumática con su familia, no puede estar cerca de alguien con nauseas y trata lo mejor de no enfermarse. Estaba en una fiesta de cumpleaños de una de sus amigas, y uno de sus primos había acudido a ésta. Todo parecía bien, la muchacha apenas contaba con trece años en ése entonces. El chico, que casi le doblaba la edad, parecía no poder aguantar la celebración sin tener una cerveza en su mano y a medida que las botellas se acababan, se encontró indispuesto. Corrió al baño, esperando vomitar y que se pasase aquél mal rato. Estuvo aturdido por unos segundos, su respiración volviéndose irregular por el pánico y su movilización dificultándose; para que perdiese la conciencia. Itzelle, alarmada por su ausencia, lo buscó, para encontrarlo desmayado en un charco de su propio vómito. Le costó mucho no gritar del impacto, o que la bilis no subiese a su garganta; y pidió auxilio. El joven se había sumido en un coma etílico, y desde aquél suceso temió que aquello le pasara. Ésto no impidió que comenzara a beber o consumir estupefacientes, sin embargo tiene más conciencia sobre la cantidad que entra en su organismo.