Water Lilies painted by Claude Monet (1840 - 1926)
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Water Lilies painted by Claude Monet (1840 - 1926)
Ser el xoloitzcuintle chicloso
Cuando tenía 12 años llegué a casa llorando de la escuela porque mis “amigos” de primaria no me habían considerado para bailar en el festival, porque yo no era “cool” por ser una “matadita”.
Esa fue la primera vez que me sentí como el xoloitzcuintle chicloso del que Juan Son (pinche vato hermoso, nadie me hará odiarte jamás) habla: expuesta, rara, sin nada que me cubriera. A mi corta edad sentí una traición. ¿Cómo era posible que quienes decían quererte pudieran ser tan hirientes? ¿Cómo era que sí querían mi atención cuando se trataba de pasar una tarea, pero no para hacer algo divertido?
Quizás suena a un drama infantil que debería trabajar en terapia (claro que debería), pero ese día comprendí que confiar duele.
Dieciséis años después, nuevamente me veo como el xoloitzcuintle entoloachado. Otra vez soy la niña que llora en su habitación porque sus “amigos” la rechazan.
Ya no se trata de proyectos escolares o de una kermés, sino de puestos, ascensos y decisiones que, en teoría, no deberían tocar la amistad… pero terminan rompiéndola.
Hace escasas semanas la vida era diferente. Podía jactarme de tener a los “reales”, aquellos con los que reía, lloraba y la pasaba bien… me sentía en casa. ¿En qué momento me hicieron confiar y luego todo se rompió? ¿Cuándo me dieron la espalda? ¿Cuándo se volvió incómodo que yo avanzara?
Qué risa que siempre dijeron que una cosa era el trabajo y otra la amistad, y terminaron demostrando que, cuando sobresales, te vuelves incómoda.
Ahora sé que la amistad no se ve como una salida a la chevecería para desahogarse de un pésimo día y compartir penas similares, para después convertirte en tema de conversación. No es amigo a quien le cuentas tus miedos, traumas y secretos en un café para luego descubrir que se los contó a todos en la oficina. La amistad no se ve como envidia; tampoco cuando tratan de ser una copia barata de ti. No es quien te celebra en corto y te compite en silencio. Definitivamente, la amistad no es el wey resentido con la vida y frustrado que no te da las putas gracias aunque le ayudaste a obtener un ascenso, y que necesitaba que te hicieras pequeña para sentirse suficiente.
Cuando grita mi ego afirma que mi brillo los opacó, que están reflejando su frustración en mí, que no es mi culpa ser tan genial (¿se van a arrepentir de perder algo tan chicloso, tan jocoso, tan chisposo, tan sabroso, tan chistoso como yo? No lo creo).
Pero cuando mi baja autoestima llora, asegura que todo lo hice mal, que fue mi culpa, que yo debía haber intentado mover el cielo y las estrellas para no destacar, para no molestar.
En primaria, mi venganza fue robarme el disco con el que ensayaban su coreografía y san se acabó: no hubo festival. JA.
Hoy no habrá revancha. Después de leer el chat donde mis examigos hablaron mierda de mí, estoy en paz con ser vulnerable, con ser ruidosa, con ser incómoda.
Acepto que fui el xoloitzcuintle que vendieron al taquero por 40 pesos… y aun así, no aprendí a disfrazarme, tal como hicieron ellos. Humanos al fin.
Ser el xoloitzcuintle chicloso
Cuando tenía 12 años llegué a casa llorando de la escuela porque mis “amigos” de primaria no me habían considerado para bailar en el festival, porque yo no era “cool” por ser una “matadita”.
Esa fue la primera vez que me sentí como el xoloitzcuintle chicloso del que Juan Son (pinche vato hermoso, nadie me hará odiarte jamás) habla: expuesta, rara, sin nada que me cubriera. A mi corta edad sentí una traición. ¿Cómo era posible que quienes decían quererte pudieran ser tan hirientes? ¿Cómo era que sí querían mi atención cuando se trataba de pasar una tarea, pero no para hacer algo divertido?
Quizás suena a un drama infantil que debería trabajar en terapia (claro que debería), pero ese día comprendí que confiar duele.
Dieciséis años después, nuevamente me veo como el xoloitzcuintle entoloachado. Otra vez soy la niña que llora en su habitación porque sus “amigos” la rechazan.
Ya no se trata de proyectos escolares o de una kermés, sino de puestos, ascensos y decisiones que, en teoría, no deberían tocar la amistad… pero terminan rompiéndola.
Hace escasas semanas la vida era diferente. Podía jactarme de tener a los “reales”, aquellos con los que reía, lloraba y la pasaba bien… me sentía en casa. ¿En qué momento me hicieron confiar y luego todo se rompió? ¿Cuándo me dieron la espalda? ¿Cuándo se volvió incómodo que yo avanzara?
Qué risa que siempre dijeron que una cosa era el trabajo y otra la amistad, y terminaron demostrando que, cuando sobresales, te vuelves incómoda.
Ahora sé que la amistad no se ve como una salida a la chevecería para desahogarse de un pésimo día y compartir penas similares, para después convertirte en tema de conversación. No es amigo a quien le cuentas tus miedos, traumas y secretos en un café para luego descubrir que se los contó a todos en la oficina. La amistad no se ve como envidia; tampoco cuando tratan de ser una copia barata de ti. No es quien te celebra en corto y te compite en silencio. Definitivamente, la amistad no es el wey resentido con la vida y frustrado que no te da las putas gracias aunque le ayudaste a obtener un ascenso, y que necesitaba que te hicieras pequeña para sentirse suficiente.
Cuando grita mi ego afirma que mi brillo los opacó, que están reflejando su frustración en mí, que no es mi culpa ser tan genial (¿se van a arrepentir de perder algo tan chicloso, tan jocoso, tan chisposo, tan sabroso, tan chistoso como yo? No lo creo).
Pero cuando mi baja autoestima llora, asegura que todo lo hice mal, que fue mi culpa, que yo debía haber intentado mover el cielo y las estrellas para no destacar, para no molestar.
En primaria, mi venganza fue robarme el disco con el que ensayaban su coreografía y san se acabó: no hubo festival. JA.
Hoy no habrá revancha. Después de leer el chat donde mis examigos hablaron mierda de mí, estoy en paz con ser vulnerable, con ser ruidosa, con ser incómoda.
Acepto que fui el xoloitzcuintle que vendieron al taquero por 40 pesos… y aun así, no aprendí a disfrazarme, tal como hicieron ellos. Humanos al fin.
Heroes (sin acento por Bowie) sin justicia
Mi padre una vez me dijo: "La vida no es justa". Lo he comprobado mil veces a lo largo de mi corta, estúpida e insignificante vida.
¿Pero cuándo tenemos oportunidad de hacer lo justo? ¿Qué pasa? ¿Debemos aceptar que la vida no lo sea y no romper ese patrón? ¿Debemos conformarnos y decir 'bueno, ya está'? Si podemos hacer que lo justo suceda, ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué soportamos? ¿Por qué nos da miedo que algo que no está bien se rompa y tengamos que empezar de nuevo?
¿Por qué no somos los héroes que David Bowie esperaría que fuéramos? Lo siento, Bowie, te hemos fallado tanto. Quizás no se trata de andar por la vida de justicieros como Robert De Niro en Taxi Driver (puta qué joya de película), pero sí, de no permitir que nadie ni nada pase por encima de nosotros.
En uno de los últimos grandes libros que leí (El héroe discreto de Mario Vargas Llosa), el protagonista estaba claro en que debía cumplir con lo que su progenitor le indicó: nunca dejarse pisotear por nadie. Y eso es hacer justicia para sí mismo.
No es justo cuando luchamos tanto por algo y las cosas no salen como esperamos, porque no obtenemos el éxito esperado. No es justo cuando en el trabajo les va bien a los que no hacen nada. No es justo cuando queremos a alguien y esa persona no nos quiere.
Y ya poniéndonos en tono más político y crudo, podría mencionar que no es justo que las madres tengan que buscar a sus hijos en fosas clandestinas, pero luego hablaremos de lo jodido que está México.
A veces es más sencillo hacer (o dejar de hacer) para que lo injusto pase, porque hacer lo correcto toma tiempo y esfuerzo. Ese éxito que buscamos, sólo se obtiene con perseverancia. Ese reconocimiento que queremos llegará, pero debemos tener paciencia y constancia. Y esa persona que no nos quiere, quizás no nos quiera en un futuro (risas fuertes), pero lo justo es querernos primero nosotros mismos.
Lo siento, papá, me niego a que la vida no sea justa. Y si yo puedo marcar la diferencia para que lo sea, lo haré, aunque sea… just for one day.
La música, Zoé y de cómo me rompieron el corazón por primera vez
Un día León Larregui se despertó, escribió Vía Láctea, y después el muy cabrón siguió con su vida. Lo amo.
Cuando tenía ocho años, vivía en el Estado de México. Enrique Peña Nieto era gobernante y bajo su gestión la crisis de feminicidios repuntó (quién diría que aún así sería presidente de México, solo porque era guapo). Aunque esos no son tan lindos recuerdos, tengo algunos otros que sí y es cómo conocí a Zoé.
Residía en una privada, y como buena niña que le encantan las bicicletas, salía todas las tardes a andar con un grupo de amigos de la cuadra. Ahí conocí a Iván y, bueno, como dice León Larregui, “es raro el amor que se te aparece cuando menos piensas”.
El caso es que, como dos chiquillos que se gustan pero no lo aceptan, bajo la supervisión de sus padres (claro), siempre que estaba con él no dejaba de mencionar a una banda: Zoé. Cuando fue su cumpleaños, yo que me jactó de dar los mejores regalos, evidentemente iba a comprarle el nuevo disco: Memo Rex Commander y el corazón atómico de la Vía Láctea.
13 canciones, 53 minutos y lo que para mí es una de las mejores canciones: Vía Láctea. He de confesar que, antes de dárselo, escuché el disco tantas veces como pude. Cuando llegó emocionada a darle su regalo, resultó que en la fiesta estaba su exnovia y él pasó toda la tarde con ella. Se me rompió el corazón. Me dolió.
Lo anterior me hace pensar en las conexiones que hacemos a través de la música. En las canciones que nos recuerdan a alguien o en las que nos hacen sentirnos de cierta forma. Me gusta pensar que a veces las canciones llegan a nosotros cuando las necesitamos, cuando el universo o alguna deidad quiere mandarnos un mensaje. La música siempre está ahí, cuando nadie más lo está.
Todas las personas que me han roto el corazón (no necesariamente románticamente hablando, pero sí) me han enseñado muchas de las canciones más jodidamente hermosas. Y está bien, porque así es como la música debe llegar a través de sentimientos.
Cada sonido dentro de una canción se hizo para vivirse intensamente. Para gritarlo en un concierto con miles y miles de personas o bailar por la noche solos en nuestra habitación. La música nos mueve, nos duele, nos conforta, nos hace. ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos escuchar nuestra canción favorita mientras estamos felices conduciendo sin rumbo? ¿Cómo no recordar a esa persona cuando aparece esa canción en nuestra playlist? ¿Cómo no poner música triste mientras lloramos? O incluso, ¿cómo hacer la limpieza de nuestra habitación sin las canciones de señora despechada? No se puede, así de sencillo. Porque la vida sin música no funciona.
Iván: Donde quiera que estés, gracias por ser el primero en romperme el corazón, pero también gracias por enseñarme a Zoé. Porque no importa cuántas veces me den en la madre en el amor, siempre estará León Larregui en mis oídos cantando Vía Láctea.
(Por favor, aquí imaginen que empieza a sonar Vía Láctea con esa solito de guitarra)
Pienso (remasterizado)
Pienso en quitarme la vida más veces de las que me gustaría admitir.
Pienso que he fallado tantas veces que ya no hay solución. Pienso que me he lastimado tanto. Pienso que he sido tan mala. Pienso que he sido tan estúpida. Pienso que a veces no merezco sentirme así o que me traten mal. Pienso tantas cosas. ¿Cómo les dices a las personas que quieres que ya no quieres seguir existiendo?
Si tuviera una pistola, lo más seguro es que ya me habría disparado. Pienso en la lista de cosas que tengo que hacer antes de morir. ¿Quién las cumplirá por mí si no estoy?
Pienso que nunca me van a querer bonito. Pienso que nunca le voy a gustar a nadie. Pienso en el chico que me gusta y siento que nunca le gustaré lo suficiente.
Pienso en todo el mal que he hecho. Pienso en que no me perdono. Pienso en la ocasión en la que olvidé el cumpleaños de mi padre. Pienso que no lo vi morir porque estaba trabajando. Pienso en mi trabajo. Pienso en mi mejor amigo. ¿Alguien me extrañará si no estoy?
Pienso que nunca seré bonita. Pienso que nunca tendré un cuerpo bonito. Pienso en dejar de comer. Pienso en fumar. Pienso en dejar de fumar. Pienso mucho. Pensar tanto duele.
Siento tanta envidia del pollo feliz, porque él sí es feliz de verdad y yo tengo que fingir serlo. Pienso en trascender. Pienso en el sentimiento de cuando todo sale bien y te sientes satisfecho. Pienso en las personas que han sido malas conmigo. Pienso en llorar. Lloro mucho. Pienso mucho.
Pienso en esa canción de los Arctic que hace que me duela el alma. Pienso en la escena más graciosa de The Office. Pienso en mi película favorita. Pienso en que se me perdieron mis cosas en el Minecraft una vez y ya nunca las recuperé. Pensar me duele, me cansa. Ya no quiero pensar.
Pienso en ser suficiente. ¿Para qué? ¿Para quién? Pienso en mi comida favorita. Pienso en tomarme una Coca-Cola con mucho hielo, tanto que se me congele el cerebro. Pienso en mi libro favorito. Pienso en que ya no quiero estar aquí, y por aquí me refiero a existir.
No es de a huevo y está bien
Lo que aprendí durante 2024
No es de a huevo gustarle a quien te gusta. Lo superarás con el tiempo.
No es de a huevo volver con tu ex, sólo porque te sientes sólo, hay 8 mil 156 millones de personas en el mundo, seguro encontrarás a alguien más.
No es de a huevo que a todos les guste tu arte. En la vida obtendremos más no’s que sí’s. Pero al final llegará la persona o el público que le encante lo que hagas.
No es de a huevo caerle bien a todos. Tampoco es de a huevo que todos te caigan bien. Está bien sentir que alguien te cae mal sólo con verlo. Y es válido que por tu actitud caigas mal.
No es de a huevo tener que demostrar que eres más que alguien. Todos tienen su ritmo y está bien mientras te muevas. No eres Dios.
No es de a huevo perdonar sólo por compromiso. Sólo si lo sientes transforma; si no, ni lo hagas.
No es de a huevo hablar con alguien todos los días y todo el tiempo para tener una conexión real. Está bien la individualidad.
No es de a huevo ser feliz en base a lujos y éxitos ostentosos. A veces un plato de frijoles en agua y sal, unas tortillas de harina y queso fresco te hacen sentir como el rey del mundo.
No es de a huevo soportar tanta mamada. Establecer límites está bien; moverse de donde no le aporta nada a uno también es necesario. Y recuerda, las mamadas se dan, no se dicen, ni se hacen.
No es de a huevo ser siempre positivos. Estar mal también es necesario. Todo es un balance. Mucho placer también hace daño.
No es de a huevo tener que hablar mal de terceros. ¿No tienes nada más interesante que hacer?
No es de a huevo dártela de Good Vibes. Deja de querer aparentar.
No es de a huevo querer cobrar venganza de todo o hacerte el culero sólo para hacerte más interesante. Está chido ser amable y linda persona sin querer obtener nada a cambio ni ser hipócrita.
No es de a huevo opinar de cuerpos ajenos. No es tu problema, así de simple.
No es de a huevo criticar los gustos de los demás. Como si tus gustos fueran los mejores; vive y deja vivir.
No es de a huevo saber todo. Nadie espera que lo hagas. Tampoco es de a huevo creerte más que los demás, sí, si sabes, está bien, si no, pues no.
No es de a huevo siempre obtener algo a cambio. Deber ser, piensa en el bien colectivo.
No es de a huevo que la gente tenga que aguantar tus pendejadas. Cansas, aburres, y también te pasas de lanza. Reflexiona sobre eso.
No es de a huevo opinar sólo por opinar. Calladito, más bonito.
No es de a huevo forzarla. Ya te truena la rodilla, priorízate a ti. Los años no pasan en vano.
No es de a huevo tomar para pasarla chido; la convivencia sana existe. A veces ver caricaturas en calzones los domingos por la mañana es un planazo o ir al café con tus compas también.
No es de a huevo rogarle a la gente. Ya está, déjalo ir.
No es de a huevo ser culero y mal agradecido con quienes nos quieren. A veces somos muy ingratos.
No es de a huevo victimizarte por todo. Una lloradita y a seguir. Créeme, no es Dios, no es el Universo, no es el destino, sólo eres tú valiendo madres.
No es de a huevo gastar dinero que no tienes, por Dios no lo hagas.
No es de a huevo engañarte a ti mismo. Ya deja de hacerte daño, esas películas que te haces es muy poco probable que vayan a pasar.
No es de a huevo mentir, ten huevos para decir la verdad.
No es de a huevo culpar a tus padres de todos tus males; ya estás grande, asume tus responsabilidades.
Nada en esta vida es de a huevo, y está lindo. Lo único de a huevo es la muerte, pero mientras, el viaje se disfruta chido.
Water Lilies painted by Claude Monet (1840 - 1926)
"PULP FICTION" by Ruiz Burgos
Dueles como Reforma Judicial
No eres mío, así que te dejaré ir
como esa canción que de vez en
vez tarareo sin recordar su nombre.
No eres mío por más que quiera,
aunque llore y patalee cual niño
que no le compran un juguete.
No eres mío, y renunciaré a ti
como ministro de la Suprema Corte
ante una caótica Reforma Judicial.
No eres mío, aunque se besen nuestros labios
y nuestros cuerpos se fundan en uno solo;
no eres mío a las 10 A.M ni en la madrugada.
Entonces renunciaré, con la dignidad intacta,
los ideales bien puestos y con la frente
en alto ante el poder oficialista (tu indiferencia).
Gracias por las risas
Somos de quienes nos hacen reír. Somos de las personas que nos sacan una sonrisa en nuestros peores momentos. Somos de esa broma interna entre dos o más personas, de esa mirada de complicidad con ojos coquetos y de aguantar la carcajada tapándose la boca.
Somos el dolor de estómago tras reír a más no poder, somos de esa lágrima de felicidad que recorre nuestra mejilla por haberse mofado hasta quedarse sin respirar. Somos de las personas con las que rompemos nuestra caja de la risa o con las que nos da "el tonto".
Somos de quienes con una sonrisa nos abrazan el alma, de aquellos con el don de ser tan inteligentes como graciosos. Somos de esos amigos en los que no importa si hoy es un día gris porque sabemos que mañana nos estaremos partiendo de la risa, juntos, siempre juntos.