te extraño mucho :( volvé.
Quien sos pequeño anoncillo?! ;0; yo también te extraño, aunque no se quien sea lslslsls 💕
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I'd rather be in outer space 🛸
trying on a metaphor
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if i look back, i am lost

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@pinkbvclavxx
te extraño mucho :( volvé.
Quien sos pequeño anoncillo?! ;0; yo también te extraño, aunque no se quien sea lslslsls 💕
Belated but my first doodles inspired by the prompt “ Touch”
it makes me very emotional– the feeling of being alive
Pree fall
Angela: This is my boyfriend Genji. And this is Genji's boyfriend Jesse.
Winston: What?
Post recall
Angela: This is my boyfriend Genji. And this is Genji's boyfriend Jesse, and this is Jesse's boyfriend Hanzo who is Genji's brother. And this is Fareeha my girlfriend.
Winston: The thing with human culture is that i dont understand it...
What is your opinion of the sibling rivalry over McCree? Will he just date both? Will they know he is dating both or sneak around behind their back? Or, will they share McCree?
Let me put it this way:
Well nonnie, I don’t see McCree as the cheater type with people he really cares about so I guess he would be upright honest and try to win the hearts of both brothers. Genji wouldn’t probably mind very much, since he isn’t all too serious with McCree and just wants some fun with his friend, but for Hanzo it’s a big no-no. He had already seen their father favoring his little brother all the time and even if he would never admit it, I hc him having the subcontious fear of “losing” to Genji again. So he would make Jesse pick one before investing any emotions and energy into the relationship.
Also I am very sorry this took me a decade to answer. Have a messy sketch as apology. m(_ _)m *slams head on the table*
continuation (they are ok)
•.¸♫ sayuri
No tenía ni cinco minutos en esa casa, y ya se sentía abrumada por la situación. Se consideraba una persona tímida, al menos hasta que cogía confianza, y no estaba preparada para toparse con alguien tan contrario a sí misma. Fareeha no era, ni de lejos, la persona que Sayu recordaba de su infancia –independientemente del aspecto del que ahora gozaba la morena. —¡Oh…! —exclamó, encontrándose entre sus brazos y tensándose levemente. Venía dispuesta a adaptarse a las costumbres occidentales: era ella la que se mudaba, los demás no tenían que ser los que se acomodasen a su cultura. —Arigatō gozaimasu —murmuró en una vocecilla baja y musical, tanto por el inesperado cumplido como por su manifiesto de ser “indulgente”. Significara lo que significara eso. —Quiero no molestar —agregó, agarrando su otra bolsa para seguirla. Imaginaba que estaba guiándola hasta el lugar que ocuparía en las noches, pero Sayuri aprovechó ese camino para fijarse más en la muchacha que en la casa. No entendía mucho de cómo había dado ese cambio tan radical, pero no se sentía extraño verla así; cuando la conoció supo perfectamente lo que en verdad era, y ahora que también lo expresaba su exterior, parecía radiante. —Tú mucho bonita también —dijo al poco rato, tocando suavemente su antebrazo, con una sonrisa llena de bondad y los almendrados ojos brillando. No lo decía únicamente por devolver el halago, realmente se veía estupenda. —¿Qué int- intrer- interrurpir? —. Quería entablar una conversación, pero su limitado vocabulario estaba fastidiándola como nunca. —Antes, dices que morir por mi distraje. ¿Qué haces antes? —intentó explicar, haciendo una mueca.
Subía las escaleras arrastrando la maleta tras de sí. Era muy buena conversando, el silencio solía causarle ansiedad, y aunque ya no más, seguía emitiendo palabras sin parar. Estaba a punto de continuar su perorata, cuando el suave toque ajeno en su brazo logró sorprenderla. Se volteó por completo, apoyando finalmente la maleta fuera de una de las puertas del segundo nivel. Estaba acostumbrada a los cumplidos, pero algo en esa mirada tan inocente encendía algo en su interior.---... Dios ¡¿Por qué eres tan adorable?! --- Exclamó acercándose a abrazarla una vez más. No sabía si a la japonesa le incomodaría, pero lo cierto es que juraría que no.--- Oh... tu no molestar, cariño.--- Respondió abriendo la puerta de su cuarto, ingresando la enorme maleta.--- Este es tu cuarto... Lo mandé a decorar. Espero te guste, aunque podemos ir mañana a comprar más cosas, si quieres....--- Señaló al interior, un cuarto decorado mayoritariamente con colores pastel. Llevaba días estudiando los cuartos de la chica promedio japonesa, eso sumado a la expertiz de la decoradora que contrató. Se apresuró al interior de la habitación, adelantando incluso a la dueña, dejándose caer sobre la gran superficie de una cama repleta de almohadas.--- No sabía cuanto tiempo te ibas a quedar, así que te conseguí una cama enorme. Mírala... ---Sonrió sinceramente. Aunque no estaba acostumbrada, adoraba tener visitas.--- Oh....Bueno, ahora... creo que quieres estar sola ¿no?--- Cuestionó consciente de lo demandante que podía ser en ocasiones.--- Cuando bajes a cenar te cuento lo de morir ¿sí? Puedes ponerte pijama si quieres.--- indicó sin dejar de observar a la más baja.--- Iré a preparar la mesa... ordené un poco de comida para ti, debes estar muriendo de hambre.--- Fue lo último que dijo antes de retirarrse.
today on why I hate white people
•.¸♫ sayuri
*✧. Sayu & Fa.
El corazón le latía con la velocidad de un colibrí mientras el ascensor ascendía lentamente por el altísimo edificio. Sayuri había sido entrenada para incontables situaciones sociales, pero ninguna de esas enseñanzas le servía ahora. Había dejado toda su vida atrás, todo lo que le quedaba eran aquellas maletas que superaban con creces su propio peso, y estaba dirigiéndose hacia la casa de una persona que apenas conocía. Empezó a echar de menos la omnipresente compañía de su guardaespaldas cuando las puertas del ascensor se abrieron y tuvo que arrastrar el equipaje hacia dentro. —¿Hola? —pronunció dudosa y casi sin aliento, mientras observaba la enorme sala moderna a la que había llegado. Nada tenía que ver con el hermoso salón con tatami de la casa de sus abuelos, en comparación ese lugar estaba abarrotado de muebles. —Konbanwa —saludó al advertir la presencia de Fa, haciendo una sentida inclinación. —Tú mucho amable por dejarme quedar —agregó, no sin cierta vergüenza y esfuerzo por usar un idioma extranjero. @pinkbvclavxx
Apretaba los botones del control con tanta desesperación que cualquiera podría creer que se trataba de una novata luchando con sus nervios, sufriendo por cada obstáculo, alejándose de cada enemigo. Pero no podía hallarse más lejos. Fa sabía exactamente lo que estaba haciendo, había jugado ese modo al menos un centenar de veces, pero para esas alturas, ya no contaba con la paciencia necesaria. Ese día, su alarma la despertó a las seis quince de la mañana-una total hazaña, considerando que se había acostado a las cuatro- se deslizó por la casa con porte de zombie, subiéndose al auto de su chofer en el mismo estado a eso de las siete. Tenía un sin fin de actividades en su agenda, y eso sin contar el gran acontecimiento de la noche. Tendría que aguantar, no le quedaba de otra. Normalmente, las consolas yacían en su cuarto de juegos, pero considerando que en pocas horas recibiría una visita, acarreó el Playstation hasta la sala, donde podría estar al pendiente del ascensor. La cuenta regresiva de su primera partida de ranking de la tarde acababa de llegar a su fin, el tiempo extra avanzaba con grosera velocidad. El punto casi era de su equipo, cuando el timbrecillo del ascensor y la suave voz de una muchacha que no le sonaba de nada, ganaron su atención, llevando así a su personaje a la muerte casi instantánea a manos de un sniper.— Puta madre...— reclamó lanzando el control al asiento vacío a su lado. La partida finalizó casi en ese mismo instante, con su muerte. Pero al menos fueron victoriosos. Suspiró con pesadez, acomodando sus desordenados rizos tras la orejas antes de levantarse y caminar en dirección de k recién llegada ¿Cuantos años desde que la vio por primera vez? Demasiados, eso era seguro, ya ni se parecía a la asiática de la que su mente tenía archivo.— ¿Eres Sayuri? — Cuestionó agachándose apenas, buscando su rostro entre aquella mata de pelo.— wow...— No pudo disimular su sorpresa antes de envolver su pequeño cuerpo entre ambos brazos.De hace mucho que había perdido la amistad con el concepto “espacio personal”.— Yo, mucho amable... Tu mucho bonita.— Respondió imitando las penosas conjugaciones ajenas, esbozando una amplia y sincera sonrisa al tiempo que se apartaba y cogia la gran maleta de la muchacha.— Lo siento por eso.— Señaló el joystick que yacía en el sillón.— Me distrajiste y morí... Pero me caes bien, o no sería tan indulgente...— Bromeó comenzando a arrastrar el enorme bulto.
•.¸♫ ziggy
Su mirada se desvió hacia la pequeña ventana, justo antes de que su amigo pudiera dar una respuesta a la interrogante que había formulado. Luego fingió estar demasiado interesado buscando algo en su bolso, evitando completamente los ojos tiernos de Lukas. Y es que no podía sostenerle la mirada por demasiado tiempo sin comenzar a sentirse culpable por su actitud infantil y su apatía. Ziggy comprendía a la perfección que su estado emocional no tenía justificación alguna. Sabía que, el hecho de haber visto a su mejor amigo involucrado con otro tipo, no debía ser motivo para su fastidio, porque no tenía derechos a reclamar nada. Sin embargo, jamás había aprendido a controlar sus reacciones, el muchacho prefería disfrazar sus sentimientos con una mala actitud y esperar a que sus problemas se atenuaran solos. Había sólo una persona en este mundo que poseía la capacidad de hacerle entrar en razón, pero cuando esa persona formaba parte del descontento, todo se volvía mucho más difícil.
Ziggy detuvo su accionar apenas las palabras ajenas hicieron eco en la habitación, y tuvo ganas de agarrar su teléfono y lanzarlo a la cabeza de su amigo. Sabía que probablemente se iría a refugiar donde su nuevo interés y eso le provocaba el genuino entusiasmo de quemar el hostal o, al menos, reducir ese cuarto a un desastre como había hecho alguna vez con el propio. Suspiró sonoramente y entonces se volteó para enfrentar a Lukas con sus ojos claros empapados de una mezcolanza entre molestia, furia y algo suplicante que, estaba seguro, su mejor amigo era muy capaz de percibir. “Bien” comenzó a decir, sin quitarle la mirada de encima. “Estoy seguro de que tienes otro lugar donde dormir hoy.” Su tono de niño malcriado teñía cada sílaba que emitía. La mayor parte del tiempo, Ziggy se odiaba por aquel comportamiento, pero no era algo que pudiera eludir. Podía sentir las miradas sigilosas de los demás, probablemente decidiendo fingir demencia respecto a su conducta. Sus amigos lo conocían lo suficiente como para decidir ignorar ese tipo de escena.
Tomó la caja de cigarrillos que había encontrado en su bolso e hizo abandono de la habitación, dirigiendo una mirada directa hacia el guitarrista al momento en que pasaba a su lado. ¿Esperaba que lo siguiera? Por supuesto que sí. El rubio sabía cómo funcionaban las cosas; él no podía existir sin Lukas, sin su apoyo constante y la paciencia que tenía para soportar situaciones como esa. Y era lo bastante egoísta como para anhelar la presencia de su amigo allí, incluso cuando estaba consciente de que las posibilidades de haberlo herido eran bastante altas. Cuando llegó a la calle, se sentó en la orilla de la acera y encendió el cigarrillo, ignorando el frío de la noche londinense.
Conocía a Ziggy de toda la vida, tan literal era la situación que incluso en su primer recuerdo, el rubio aparecía como una pequeña versión de sí mismo, con el mismo cabello reluciente, con sus ojos claros analizando el entorno con tanta curiosidad que podría incomodar-pero que obviamente no lo hizo porque era un bebé-. Desde ese entonces lo adoró e idealizó como a una deidad. Tan precioso, tan maravilloso, incluso considerando sus interstelares intereses. Lo amó incluso más tarde cuando descubrió que tanta perfección no existía sino en su mente. Ziggy era un hombre común y corriente, lleno de miedos e inseguridades, lleno de traumas y mañas. Claro, no era más que un ser humano, no eran un alíen y mucho menos un Dios; pero continuaba siendo de los humanos, su favorito. Se prometió a sí mismo que no lo dejaría ir, que lo cuidaría, incluso siendo él el menor, y a su juicio, el más débil. Quería que su mejor amigo fuese feliz, y es que una de esas prístinas sonrisas significaban el mundo para alguien tan etéreo como era Lukas. Sin embargo, algo inesperado ocurrió más tarde. La admiración se negó a permanecer como tal, mutando rebelde e inevitablemente en enamoramiento: amor mezclado con deseo. Amor prohibido para ellos; no solo por ser hombres. Más bien vetado por su condición de amistad. Ziggy era guapísimo y descuidado, volaba sin mucho sigilo de flor en flor, y aunque Lukas sentía que le arrancaban un dedo cada vez que los labios ajenos se unían con los de otro ser, jamás se creyó digno de replicar. No le correspondía. Con el sabor fresco de los labios de Félix, Lukas observaba el angelical rostro ajeno, sintiéndose culpable sin precisar el porqué. Sabía que no le debía explicaciones, pero algo en la mirada cargada de odio que le era dedicada, no le permitía replicar, mucho menos defenderse. Había sido espectador de sus rabietas un sinfín de ocasiones, y aunque aún no hallaba manera de aplacarlas del todo, tenía claro que su mejor amigo no quería prescindir de su presencia en ese momento. Dedicó una mirada de súplica al resto de sus amigos, rogando por un perdón que no le correspondía solicitar y se dispuso a seguir a Ziggy fuera del cuarto. Una vez en la calle, pudo visualizar la espalda del mayor, el humo enroscándose como manos fantasmas en dirección al cielo. En cualquier otra situación, aquello le hubiese parecido relajante, pero digamos que el aura de Ziggy lucia más negra que la máscara de Darth Vader. Chasqueó los labios, y sin pensarlo demasiado, se sentó a su lado, observando por el rabillo de sus orbes, el perfecto perfil del rubio.— ¿Me vas a decir por qué estás tan molesto? — Cuestionó utilizando aquel tono cauteloso y suave que solía estar asignado para las crisis.— Si... si es porque no te espere fuera del baño, lo siento ¿si? Es solo que... pensé que no me necesitarías.— Continúo, rogando a todas las galaxias que la ira de Ziggy no adquiriera su máxima expresión.— si te molesta, puedo irme... en serio.— Mordió su labio inferior, desviando la mirada, deseando tener su propio cigarro. Se sentía tenso como un alambre.— o si... Félix. El es agradable, Ziggy, en serio... Además me ofreció algo muy bueno— Algo, algo en su interior le decía que precisamente de Félix se trataba la molestia. Y aunque aquello sembrase falsas ilusiones, también incitaba a la rabia ¿Acaso él no tenía derecho a divertirse un rato? Ziggy siempre besaba, siempre conquistaba. Él nunca tenía las energías, ni la entereza de besar otros labios sin imaginar que eran los suyos, razón suficiente para pasar de las conquistas superfluas. Abrir los ojos y ver otro rostro era demasiado doloroso como para aguantarlo muy seguido.
Janis Ancens | Street F/W 2015 Milan Men’s Fashion Week
•.¸♫ mathias
El único momento en que decidía pasar por alto el sonido de la campanilla anunciando la llegada de alguien, fue cuando debía interesarle más. El muchacho estaba escribiendo un mensaje para sus amigos, anunciando, por décima vez, que estaba bien y mentía acerca de haberlos perdonado por dejarlo solo en el club la noche anterior. Fue entonces cuando ese acento nórdico lo obligó a levantar la mirada para cerciorarse de que no estaba soñando. Allí estaba esa mirada salvaje y la forma encantadora de llamarlo ‘Matti’ como si se hubiesen conocido años atrás. Y Matti tuvo que tomarse un segundo para respirar como una persona normal y luego dedicarle una sonrisa amplia y genuina. “Bjark…” pronunció con cuidado, esperando no haber errado ninguna letra. Siguió con la mirada las acciones del mayor, mientras esperaba que los golpecitos en su pecho regresaran a la normalidad antes de que se le saliera el corazón por la boca. “Estoy mucho mejor, gracias” respondió con entusiasmo, con ese aire tan educado que emanaba con la sobriedad de su lado. “Sólo tenía dolor de cabeza, pero un analgésico fue suficiente” agregó. En ese minuto había pronunciado más palabras de lo que había dicho la noche anterior, dejándole la libertad al verdadero Mathias Fraser-Tyrwhitt para que se presentara frente a quien había sido su héroe la noche anterior. “¿Qué tal tú? Siento mucho haber arruinado tu noche” comenzó a decir, intercalando miradas entre el rostro ajeno y sus manos que descansaban sobre la mesa. “Pero no sé qué hubiera sido de mí… Probablemente tendría el rostro desfigurado.” Y dejó salir una risita despacio. Si hace unas horas le costaba pronunciar una sola palabra frente a Bjark, ahora no sabía como detenerlas. Lo atribuía al nerviosismo del momento, a las sutiles cosquillas en su estómago y a esa inverosímil sonrisita que no quería abandonar sus labios. No estaba seguro de cómo catalogar su situación, pero tenía certeza de que no quería estar en ningún otro lugar.
Ese muchacho continuaba sorprendiéndolo, ahora que estaba completamente sobrio, parecía incluso aún más joven que la noche anterior. Con una sonrisa fresca adornando su infantil rostro, y algo que quizás podría identificar como emoción, tiñendo sus palabras. Nunca había sido muy bueno analizando a la gente, más bien, solía ser incapaz de detectar los sentimientos ajenos, pero quería creer que Mathias era transparente ante sus ojos. Porque claro... no le estaba prestando más atención de la normal. No, claro que no.
Alzó su ceja derecha sin borrar el gesto amigable de su rostro. No quería que el pequeño se sintiese intimidado, pero la visión de ese agradable lugar era algo realmente nuevo para el.— ¿yo? Para la mierda... — Respondió con brutal sinceridad, aunque la carcajada siguiente aliviano ligeramente el ambiente.— No me mal interpretes, Mathi, no es tu culpa ¿si?— Se corrigió el castaño inclinándose hacia adelante en la mesa— Te envidio porque tu antiinflamatorio sirvió. Lo que es yo...— Tomó el menú que yacía al alcance de su mano, comenzando a hojearlo lentamente— Mis amigos, son un poco... especiales ¿sabes? apenas pude dormir.— Realmente adoraba a los Spiders, pero era difícil convivir con ellos. Frotó su sien al tiempo que examinaba una atractiva cesta de galletas en la página cinco del menú, notando por fin que no había almorzado, y las tostadas del desayuno ya no eran más que fantasmas en su estómago. Chasqueó sus labios antes de regresar la vista al muchachito que no era capaz de mantenerse callado esa tarde. De seguro se trataba de su verdadera personalidad, esa infantil ansiedad, ese brillo en sus claros ojitos; su elegancia y propiedad que delataban sus orígenes. Sonrió con empatía genuina.— No tienes que agradecer... Pero me prometerás que no volverás a pasearte solo por Londres en la madrugada...— Sabia que no era nadie para hacerlo prometer algo, pero era justo y necesario.
Bien, ahora, Mathi...— Comentó abriendo el menú frente a ambos, mostrando precisamente la página de la cesta de galletas.— Yo no soy inglés...— Como dejaba más que en claro su nombre y acentos.— Y no acostumbro ir a lugares como este...Tendrás que ayudarme a escoger, porque muero de hambre.— Anunció sonriendo. Quería que el muchacho se sintiera cómodo.— Me gustan los scones con mermelada de fresa... Pero quiero más que eso, ya sabes...soy un tipo grande.
She sat by the ocean for hours smoking cigarettes with her best friend. It was around 3 am, her mile-long legs were crossed, she smiled and tossed her phone into the sand, “F*ck him, I’m legendary.” she said, as the smoke leapt from the end of her cigarette. Her friend laughed, “That’s pure poetry.” she replied as she took the last sip of rosé they’d been drinking straight from the bottle.”
riley b. (via wordsnquotes)
@basckctcase
•.¸♫ mathias
* ✧ ° ☾ Todavía faltaban algunos minutos para las seis de la tarde, pero Matti ya se encontraba allí. Tenía un nudo en el estómago y sus manos agarraban un leve temblor cada vez que pensaba en la imagen del mayor cruzando las puertas del recinto. Estaba en uno de sus cafés en el centro de Wimbledon; era un lugar relativamente pequeño, inundado con un acogedora mezcla de aromas entre galletas recién horneadas, té y café. Matti lo consideraba como un escondite y jamás había invitado a alguien allí, ni siquiera a sus amigos. Sin embargo, esa mañana sus dedos habían escrito un par de mensajes sigilosamente ansiosos, antes de que pudiera sopesar lo que hacía; había invitado a Bjark a tomar una taza de té, justificando la invitación con el hecho de querer agradecerle por salvar su vida y por haberlo llevado a casa. Era una excusa prudente y creíble, algo que ocultaba de manera perfecta el anhelo de volver a contemplar esa mirada salvaje, ahora estando completamente sobrio.
Fingía estar muy interesado en la pantalla de su teléfono, mientras daba miraditas sigilosas hacia la entrada, sintiendo cómo el corazón le daba un par de saltitos en el pecho cada vez que la campanilla anunciaba un nuevo cliente. No lograba comprender en su totalidad el efecto que le había provocado el otro muchacho, pero tenía toda la disposición de descubrirlo y de agotar las excusas para volver encontrarse con él. ( @pinkbvclavxx )
Debía admitirlo, la noche anterior había sido curiosa, incómoda y otro sin fin de apelativos que no tenía claro como clasificar. Primero la tocata fue un éxito, todo felicidad y gritos, luego el desafortunado encuentro con aquel rubio muchacho, y el broche de oro, las peleas entre Lukas y Ziggy ¿Era en serio? Sabía que esos dos solían tener pequeñas discusiones sin sentido, pero esta vez se habían extralimitado. Su cabeza dolía horrores, y es que incluso para alguien tan relajado como él, dormir en un ambiente tan tenso había sido difícil. En su lugar, aunque le costase admitirlo, o explicarse porqué, se había dedicado a pensar en ese muchacho. Matthias se llamaba ¿no? Algo tenía su rostro que no quería abandonar su cabeza. Y el deseo de protección, saber cómo estaba lo intensificaba. La mañana lo recibió con un par de discretos mensajes del dueño de sus pensamientos, quien lo invitó a reunirse en un pequeño café local. Sin pensarlo demasiado, aceptó, no quería estar cerca de sus amigos aquel día, eso y deseaba asegurarse del buen estado de salud del menor.
Luego de ducharse en el incómodo baño común de la hostal, y un sutil anuncio al amiguito de Piero[el único que parecía cuerdo aun luego de las discusiones de Ziggy y Lukas] abandonó el lugar, subiéndose al primer bus rojo que encontró en la avenida principal. No tenía ganas de conducir. Luego de un par de minutos de viaje, llegó a la calle señalada. Solo había acudido a Londres un par de veces antes, y nunca dejaba de parecerle maravilloso. Sin embargo, debía admitir que esta vez, su atención se hallaba enfocada en otra dirección. Prendió su teléfono, buscando la dirección señalada por el rubio, localizando sin mucha dificultad el número indicado. Empujó la puerta con su diestra, uníca acción que bastó para ser golpeado por la imagen más surreal de su vida. Aires intensos de chocolate y café, sumados a masa y mantequilla derretida, todo aquello orquestado por los azulinos y discretos ojos de ese pequeño niño ¿Acaso había rejuvenecido aún más? --- Hola, Matti, ¿qué tal…? --- Saludó al tiempo que corría sin cuidado la silla de enfrente del pequeño.--- ¿Cómo va la resaca? --- Preguntó traviesamente, sonriendo del mismo modo.
Because I don’t sleep at all without you pressed up against me.
All Time Low, “If These Sheets Were The States” (via wordsnquotes)
@ourgossiplips
•.¸♫ mathias
‘Matti, Matti, Matti, me agradas… Matti.’ Esas palabras comenzaron a repetirse en su cabeza, al mismo tiempo que su estómago hacía esa cosa rara como si una mano invisible lo golpeara, queriendo anunciarle algo que se rehusaba a sopesar en ese momento. ¿De dónde había salido el muchacho de mirada salvaje? Era increíble cómo en un par de horas se encontraba fascinado con un extraño y no era precisamente por el hecho de haberle salvado la vida. Y de pronto se encontraba fingiendo más ebriedad de la que tenía, sólo para mantener al otro muchacho a su lado otro par de minutos, algo que jamás había hecho.
No pronunció ninguna palabra, se limitó a sujetar el brazo ajeno, buscando un soporte innecesario, mientras caminaban hacia su hogar. El automóvil de sus padres no estaba, así que no había problemas para que Bjark entrara y lo acompañara a su habitación. Ya estaba. Eso había sido todo; estaba sentado en su cama, sin ningún tipo de contacto con el mayor, quien se disponía a abandonar su mundo. Sin embargo, el ofrecimiento de su número de teléfono fue como una alarma de policía. “Está bien…” asintió, siguiendo con sus ojos claros, atentamente, las acciones del otro muchacho, permitiéndose escrutarlo cuando no lo observaba de vuelta. Se fijó en su cabello claro y en su espalda ancha y en sus brazos fuertes. Seguramente, si se enfrentasen en una pelea, el contrario podría noquearlo enseguida. Y junto con eso, llegó a su mente la imagen de esos brazos alrededor de su cintura y cercanía… mucha cercanía entre ellos. Estaba seguro de que se había ruborizado y quiso esconder el rostro entre las almohadas de su cama. “¿Puedo pedir te algo..?” comenzó a decir. Sus ojos buscaron la imagen de sus manos, evitando que el mayor notara su sonrojo. “¿Me acompañarías a buscar un vaso con agua? Y… si quieres, puedes beber o comer algo…” su voz seguía siendo suave. “Es que me siento culpable de haber arruinado tu noche.” ¿Qué tan mal estaba esa excusa? Probablemente bastante.
No era muy bueno con las palabras, lo que resultaba contradictorio, considerando lo sencillo que le resultaba conocer personas y convertirse como mínimo, en sus conocidos. Pero con Matti era diferente, no se sentía cohibido, ni mucho menos intimidado... Cuestión absolutamente normal para él; pero digamos que la novedad era otra. Su permanente expresión de borreguito no paraba de despertar aquel intenso instinto protector. Necesitaba asegurarse de que estaba bien, y de que lo seguiría estando, incluso ahora, incluso cuando el niño yacía sentado en la comodidad de su cama. Pero ya estaba, era hora de retirarse, seguro los chicos ya querrían irse a la hostal ¿cierto? Suspiró ligeramente, estaba dispuesto a despedirse, pero la voz ajena volvió a alzarse haciendo una petición curiosa e inesperada.— ¿eh? — Cuestionó algo confundido. Realmente resultaba sospechosa la actitud ajena, pero no había razones aparentes para desconfiar ¿verdad? De seguro solo estaba asustado de quedarse solo— Eh...— Revisó la hora en su teléfono, tres y cuarto. Si, podía tomarse un segundo más para acompañar al rubio— Está bien, vamos... — Después de todo, moría de hambre, el bajón del alcohol y la hierba ya le estaba haciendo mella.
Ayudó al pequeño a levantarse, guiando su caminar de ahí a lo que sería la cocina— Me hubieras dicho antes de subir...— Reprochó una vez hubo acomodado al pequeño en una silla y se dirigió a llenar un dos vasos con agua— Permiso...— entregó su agua al menor y se dispuso a beber la propia— un secreto de ebrios es... Beber cinco vasos de agua antes de irte a dormir— señaló con gracia, acercándose para tomar asiento cerca del de ojos claros— Así mañana no tendrás tanta resaca...— Sus grandes ojos recorrieron la estancia para luego volver a posarse en su interlocutor. Realmente era muy adorable, la inocencia lo cubría como un delicado y reluciente velo— ¿Donde está la comida? Me lo prometiste, y es la única razón por la que me quedé...— Bromeó inclinándose sobre la mesa, esperando la respuesta ajena— ¿No prefieres irte a dormir, Matti? Debes sentirte muy mal... —Ahí estaba otra vez su instinto protector— ¿Cuantos años tienes? ¿16? ...— simplemente no podía resistir la curiosidad.--- ¿Sabes qué? te haré un café...