Bebé, feliz día del papi chulo hermoso. --Hans
Papi chulo, mucho mejor. El otro mensaje casi me hace regurgitar el corazón. Gracias, Hans, lo mismo para ti.
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Bebé, feliz día del papi chulo hermoso. --Hans
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¡Feliz día del padre, Max! :) -Violet
Uh, ¿Violetta no? te falto una t y una a, pff, no puedes ser la Violet que conozco. De todas formas, no soy un papá..¿? ¿Debería celebrarlo? No, es imposible, pero asumo que te refieres a lo papasito y, bueno, eso le hace justicia. Gracias…Violetta.
Papasito, que dios te bendiga este que es tu día. -- Mate, Liana, Adele
¡Pero por supuesto que es mi día! Solo por eso estaré todo el día en calzoncillos y dando bailes sensuales a las chicas guapas. Gracias, fanáticos.
..♡.. La italiana puso los ojos en blanco ante las palabras de su propio hermano, en sus adentros ella tampoco deseaba escuchar absolutamente nada acerca del moreno, sin embargo, tampoco lo dejaba pasar tan fácil, especialmente cuando luchaba día con día con sus propios sentimientos.Sintió una fuerte punzada en su corazón al escuchar las confesiones hacía al preciado alemán sintiendo que su boca se secaba y un sinfín de confusiones se adentraban en su organismo.“¿Cómo sabes que eso es verdad?, qué más da ya tengo muy claro que fui una tonta por confiar en él”, su tono de voz era suave a pesar de la cólera que la rodeaba se limitaba a cruzarse de brazos sintiendo un frió interno y bajando la mirada rendida ante las palabras ajenas. “Dime la verdad, ¿la quieres?” deseaba que la respuesta fuera afirmativa y de tal modo acabar con toda ilusión presente en ella, no obstante, sus adentros suplicaban que su hermano negará cualquier sentimiento hacía su prometida. Resignada ante su agarre regreso la mirada a la de él escuchando una a una de sus palabras; sin poder soportarlo más. Lo tomo de sus mejillas acortando cualquier distancia existente entre ambos besando dichos labios prohibidos que tanto deseo le provocaban, la cruda realidad se hizo presente separándose de inmediato y pasando su mano continuas veces por su cabello. “¿Qué hice?” Se repetía la pregunta en voz baja, reprendiéndose porque aquello no era lo correcto (¡Eran hermanos!), ese hecho nadie lo cambiaba. Se sentó en el borde de su cama negando mientras sentía la humedad de sus ojos presente.
“Porque lo vi con mis propios ojos, Alessandra. Vi al maldito de Cambriel besarla y si no fuera porque Ophelia intervino, yo mismo me hubiera encargado de partirle la cara a ese infeliz en ese momento.” Reveló con coraje y una rabia que comenzaba a consumir toda su persona, carcomiendo el interior del italiano conforme este hacía hasta lo imposible por tratar de mantener la compostura. “Lo fuiste y lo sabes, pero aún así vas detrás de él. ¿Qué sucede contigo? ¿Quieres terminar aún más herida? Eres una mujer hermosa y cualquiera aquí estaría a tus pies, un buen hombre, alguien que te mereciera de verdad pero no alguien que como primera impresión supo jugar contigo a su comodidad. “ Replicó con el ceño fruncido y un tono de voz elevado. Bastó que aquella pregunta fuese planteada para que el monarca de viera en la necesidad de dar un fuerte suspiro. “No, no siento nada por ella.” Confesó con veracidad, porque en realidad sus sentimientos apuntaban a la hermana de su futura esposa, pero aquella realidad era algo que no se había confesado ni siquiera a sí mismo y, a la vez, aún trataba ingenuamente de evitar. Bajó la mirada por unos instantes, elevándola segundos después para crear un contacto visual con la morena, esta vez más profundo. La distancia fue acortada repentinamente por la princesa en un roce fugaz que a pesar de carecer de duración, fue más significativo de lo que podría esperar. El masculino permaneció helado, incrédulo ante lo sucedido, entreabriendo levemente sus labios para tratar de decir algo, pero su cerebro era incapaz de formular una respuesta coherente a aquel beso que, bastaba admitir, había sido totalmente esperado. No podía reclamarle, pero en ese momento tampoco podría consolarla entre mentiras que no encajarían con la forma en la que verdaderamente lo veía. Tragó saliva fuerte mientras la tentación corrompía su razonamiento y, sin más, avanzaba hasta su hermana para sujetarla por la nuca y una vez más colisionar ambas bocas en un beso, esta vez más intensificado que el anterior. ¿Lo peor de todo? Ni siquiera se arrepentía.
Todo hubiera sido tan normal si le hubiera besado así un tiempo atrás, cuando ninguno de los dos sabia lo que era el otro, cuando ninguno de los dos sabia de la posición que ocupaban, cuando no habían miedos o preocupaciones. Pero de cierta manera, el besarlo ahora, con todo lo que sabia, le provocaba algo de adrenalina, pues sabia que no debía de estar haciendolo y lo hacia igual. Siguió besándolo, de tanto en tanto separaba un poco sus labios de los de el para tomar un poco de aire antes de sumergirse de nuevo en sus labios. Sus brazos fueron alrededor del cuello del contrario y Nadia intensifico un poco mas el beso, necesitaba de Max y quizá la necesidad venia del hecho de que en cualquier momento lo podía perder. Después de un largo tiempo besándolo, la azabache fue haciendo del beso uno mas lento para poder abrir los ojos y mirarlo. “Desde esa vez que no vimos no haz dicho ni una sola palabra y me preocupas” Comento con una suave voz, sin juzgar pero solo para mostrar que aquel detalle no habia pasado desapercibido.
Dicen por ahí que hacer lo incorrecto siempre será lo correcto mientras se sienta bien. Estaba claro que la situación de la bahameña con el italiano era el mejor ejemplo de tal frase, pues bastaba rozar ese par de labios carnosos para que todos los problemas que atormentaban su cabeza desaparecieran de un momento a otro, pero una vez la lejanía era impuesta entre ambas pieles, todo recuerdo y remordimiento acerca del error que estaban cometiendo volvía como tren a toda velocidad hacia el subconsciente del monarca. En cuanto aquel argumento fue planteado, el italiano permaneció un rato inmóvil y atónito ante esa realidad que aún no estaba preparado para enfrentar. La misma princesa había confesado que lo quería y aunque en el fondo sabía que sentía lo mismo, había sido incapaz de pronunciar una sola palabra desde entonces. Relamió sus labios y tragó fuerte, dejando caer sus párpados unos segundos mientras apreciaba la cercanía contraria, hasta terminar por soltar un suspiro y dar un paso hacia atrás. “Soy yo quien está preocupado, Nadia, aterrorizado si así le quieres llamar.” Finalmente confesó, alterándose un poco de manera casi inmediata. “Esto está fuera de nuestras manos, no somos nosotros mismos y nos estamos dejando llevar por unos sentimientos que nunca debieron haber existido.” Soltó de golpe, un dolor propagándose en el pecho mientras que su cerebro trataba de contradecir los mandatos del corazón, expresando ideas que aunque cruzaran su mente, no estuviesen ni un poco cerca de la forma en la que en verdad se sentía. “¿Eres consciente de que en un par de meses me voy a casar con tu propia hermana? No deberíamos ni siquiera tener esta conversación y aún así la tenemos, pero no es lo único, Nadia, también tengo miedo, miedo a que esto llegue muy lejos y si las cosas no salen como esperamos ambos terminemos malheridos de forma injusta. No quería que esto sucediera, pero tampoco me arrepiento y he ahí el problema, porque por más que quisiera evitar que algo realmente existiera entre tú y yo o negarle a mi corazón verte como algo más allá de lo necesario...algo dentro de mí quiere hacerme creer que ya es demasiado tarde para detenerlo y yo solo...no te quiero lastimar, no podría vivir con ello.”
Max llevaba varios minutos esperando fuera de la regadera cerca de la alberca, dispuesto a darse una rápida remojada antes de nadar como lo hacía después de largas horas de gimnasio. No obstante, quien fuese que se encontraba ocupando ésta, parecía demorarse años en algo tan simple. “¿Quién demonios tarda tanto?” Replicó en un murmullo, mas bastó que la puerta se abriera para que una respuesta poco agradable se presentase frente a sus ojos. “Lo que me faltaba.” Bufó de mala gana. “A un lado, imbécil, necesito ducharme.” Pasó golpeando el hombro contrario con el propio para adentrarse a la regadera. “¿Tanto te costaba apresurarte? Oh, espera, no contestes, seguramente con tanta enfermedad ni después de sesenta litros de agua podrías sentirte limpio de verdad.” { @anwcrv }
..♡.. La italiana había tratado con todo su ser de reprimir dichos sentimientos enfocando su mente en diversas acciones que evitaran ceder ante lo que sentía. Era su hermano, algo completamente imposible que la mataba día con día, ni siquiera su enfoque en Cambriel habían conseguido borrar por completo la atención que le proporcionaba al castaño. Sus palabras eran duras para ella y a su vez merecidas, no tenía ningún derecho, siendo el mayor quien se lo dejaba en claro. Bajo la mirada unos instantes mientras un suspiro escapaba de sus labios rosados. “¿Por qué te molesta tanto mi comentario? ¿Te recuerdo tu reacción cuando te confesé lo que tengo con Cambriel”. Su tono de voz era bajo, se sentía mal por comenzar una pelea que no la llevaría a ninguna parte. “Solo te he dicho la verdad, quiero que seas feliz y no puedo permitir que te mientas a ti mismo diciendo que la quieres a ella”. Le reclamó con impotencia, está la rodeaba y jugaba con su propia mente. “Suéltame, tienes razón solo soy tu hermana y quizás lo mejor es que me comporte como tal”, aquel comentario no era para él, sin embargo, tenía que recordarselo a ella misma; amenazando un par de lágrimas con derramarse de los orbes de la ojiazul.
“Te he dicho que no menciones a ese imbécil.” Intervino de inmediato, siendo un sabor amargo el que de pronto se apoderaba de su paladar ante la mención de aquel príncipe. “Cambriel se metió con quien se supone será mi futura esposa y quién sabe con cuantas más. Puedo cometer muchos errores en mi vida, pero créeme que el decirte que ese idiota no te merece, no es uno de ellos.” Aseguró, manteniendo un punto de vista firme e imposible de doblegar con respecto al moreno. “Y-yo...yo no mencioné nada acerca de los sentimientos que tenga o deje de tener por cualquiera.” Su mirada viajó de inmediato al alfombrado de la habitación, víctima de un tormento que se desataba en el interior del masculino, sintiéndose impotente de alguna forma frente a su hermana. Sin importar la petición planteada por la contraria, el italiano se negó a soltarla un solo segundo. Sus orbes avellanadas se incrustaron en las ajenas, demostrando la veracidad que acompañaría sus siguientes palabras. “No lo haré, porque, ¿sabes qué? ese es exactamente el problema, Alessandra, que a pesar de todo, no quiero que lo hagas, no quiero que actúes como tal, porque hace mucho tiempo que dejé de verte solo como mi hermana.”
Aún no recordaba cómo había empezado aquella discusión acerca de la decisión de sus padres y el sacrificio de su hermano. No entendía la posición del italiano en todo aquello, y el hecho de que estuviera a favor la desconcertaba aún más. –Tú no lo entiendes, Max –aseguró. –Es mi hermano. Y le quiero demasiado como para permitir que se sacrifique por mí escogiendo alguien con quien compartir el resto de su vida. No quiero que arruine su vida con alguien a quien no quiere, solo por simple conveniencia –no lograba aceptar aquello, y no quería que tuviera lugar. Sabía que lo hacía porque la quería, mas le dolía demasiado. –Puedo hacerlo. No necesito que nadie se sacrifique por mí y pase a cargar todos mis problemas –la tristeza en sus ojos se veía reflejada por sus palabras. –Estaré bien –dijo esto último, sin embargo ni ella misma estaba segura de sus palabras.
“No lo harás, Ciara, te conozco.” Aclaró, a sabiendas de que la irlandesa podría a veces demostrar ser lo suficientemente fuerte para soportar lo que la vida tuviese para ella, mas bastaba ser conocedor de sus sentimientos para saber que aquello no era más que un intento de ella por convencerse a sí misma. “Estar comprometido con una persona a lo que no amas es horrible. En mi caso, creo que es muy tarde para evitarlo, pero tú estás a tiempo de cometer ese gran error. Henry sabrá a quién escoger como su futura esposa, después de todo, dices que está enamorado de la estadounidense, ¿no? mientras que tú posees aún un corazón libre, uno que no merece ser atado y mucho menos a tan temprana edad.”
Lo fue a buscar con aquel reto en mente, nada mas. No quería pensar que estaba buscándolo por lo que había pasado antes entre ellos, es por eso, que al verlo desde lejos, se acerco con la seguridad que siempre poseía y sin importarle nada, se puso enfrente de el para plantar un beso que Maximilian jamas pudiera olvidar. Si tenia que ganarse al príncipe, lo haría. ( @pizzxntorini )
Desde el previo encuentro con la bahameña sus pensamientos, así como los mencionados sentimientos, habían sido partidarios de un irremediable desorden en el interior del italiano. Por ende, la presencia inesperada de la susodicha supo dejarlo helado, inmóvil frente a la figura femenina cuya imagen ahora no salía de su cabeza. No dijo nada, ni siquiera lo intentó, porque de cierta manera conocía esa mirada, la seguridad de la contraria y, claro, ese deseo que ahora resultaba ser mutuo en ambos monarcas. Sus bocas colisionaron y sin pensarlo cedió una vez más a ese par de labios carnosos que últimamente no podía olvidar, sin importarle lo que sucedía o fuese a suceder, en ese momento era justo lo que quería y, a final de cuentas, también necesitaba.
¿Eres selectiva para responder?
Creo que cuando tienes 11 hijos y un cerebro drogado en medicinas, yup, se viene lo que tenga en la punta de los dedos cuando puedo, de lo contrario me encierro en los drafts para ir contestando todo encadenada y sin escape, pero la mayoría del tiempo soy un oso perezoso perdiendo el tiempo y así estaría ahora mismo si mi hijo no estuviera llorando como marica c: but perdón por no contestar con todos a la vez, mi cerebro no da pa tanto pos, i try (8
Nadia siempre se había caracterizado por ser una persona de gran conocimiento, por tener, hasta en los momentos mas terribles, una mente fría con un corazon comprensivo, pero lejos quedaba esa imagen sabia de la princesa, en ese momento no estaba pensando en nada mas que en Maximilian ¿Como había llegado a reducir sus pensamientos a una persona? Ademas estar adolorida se sentía en un cierto desconcierto, ella siempre habia podia estar realizando muchas tareas a la vez, pensar en quien quería pero al mismo tiempo estar ocupado en algo mas, pero algo sucedía con Max que no la dejaba funcionar, que todo su sistema se concentraba en ese príncipe y nunca había experimentado algo así, bueno, como tampoco había experimentado la mala suerte de que aquel hombre que le hacia sentir nuevos sentimientos, estuviera comprometido con su hermana menor. Cuando la azabache escucho sus palabras, un suspiro de alivio salio de ella, no moviéndose ni un centímetro y observando como el italiano se acercaba. No podía decir que no era culpa del moreno, pues en cierta parte lo era, aun que la sacaba a la fuerza de la linda ignorancia en la que vivía.
Nadia cerro los ojos al sentir su suave mano contra sus mejilla, de hecho, ladeo un poco el rostro hacia ese lado. Lentamente abrió los ojos después cuando percibió que la mano de Max estaba en su barbilla, lo que logro que instantáneamente, casi que por acto de reflejo, la bahameña subiera una de sus manos hacia el pecho del italiano y otra a su cuello, su fina y pálida mano se mantuvo en su cuello mientras el dedo gordo se posicionaba en su mandíbula. “¿Que nos sucede?” Susurro entre medio de ambos, sus ojos fijos en los contrarios, todavia brillosos por las lagrimas pasadas. “¿Cuando esto se volvió esto?” Cuando algo tan simple como algo de una noche, ahora involucraba llanto y unas ganas desesperantes por no soltar al otro. “Max…creo que te quiero”Confeso la fémina,pero mas que ser una confesión para el, era una confesión para ella misma. Su otra mano la subió al cuello de Max, sus rostros cerca, que podía sentir la respiración del italiano. “Y necesito que te quedes. Porque de alguna manera contigo yo…-”
“¿Que nos sucede?” Palabras que de pronto encajaron a la perfección entre esas dudas que poco a poco se acumulaban en la cabeza del italiano. “¿Cuando esto se volvió esto?” No lo sabía, y ni siquiera estaba seguro de si quería obtener una respuesta a todo aquello, porque la forma en la que el palpitar de su corazón comenzaba a acelerarse y los pulmones le dejaban de funcionar correctamente, inhalando una cantidad de oxígeno que no era suficiente y reteniéndola en el interior de los mismos como si ésta se encontrase atascada, no era algo normal, no trataba de reacciones que el masculino tuviese diariamente ante los problemas de su vida cotidiana, porque incluso aquella princesa a quien alguna vez consideró el amor de su vida dejaba de provocar dichos resultados dentro de él. Eso era, su pasado, un conjunto de sucesos inolvidables que se aferraban con uñas y dientes al presente del mayor lo que le prohibía avanzar y rehacer su vida, como si aún después de meses encerrado en rehabilitación el tratamiento no hubiese sido suficiente, el recuerdo aún estaba ahí y la presencia de éste conllevaba a la incapacidad de cicatrizado en sus heridas. Lo único que debía hacer era permitirse ser parte de un nuevo comienzo, pero la lógica era poco debatible cuando el pulso se le aceleraba y dejaba de ser él mismo. Había perdido un amor, luego otro incluso mayor y con aquel segundo, también un bebé. Su vida claramente no era el cuento de hadas que todos creerían encontrar en el expediente de aquel príncipe, pero no todo era tan malo, porque así como finales trágicos marcaban su vida, otro par de comienzos intentaban revivir un poco de aquello que creía muerto. Nadia resultaba ser el mejor ejemplo en el que pudiese pensar en ese instante, patético pensar el parentesco que tendría con la azabache si su matrimonio llegase a suceder, irónico considerar la idea de que ni siquiera aquella mujer destinada a ser su esposa lograba provocar en él esa serie de sentimientos que viajaban por su pecho, confundiendo cada perspectiva que había tenido de ella, de su propia vida, incluso de él mismo. Un te quiero en la punta de su lengua, dos labios tentados a saborear lo indebido, pero más allá de eso, miedo, un temor propagándose en toda su persona. Sus previas relaciones habían sido merecedoras de finales trágicos, no porque hubiese sido su corazón el centro del juego, pero sí porque de una u otra forma, el destino se encargaba de hacer de sus más grandes amores, el peor infierno del italiano. No quería, por ningún motivo, que la situación se repitiera una vez más, pero más allá de ser precavido por sí mismo, quería cuidarla a ella, de una u otra forma, sintiendo ser el único capaz de lastimar, y ella a la única que debía proteger. Misma razón lo llevó al silencio, uno que a pesar de dar tiempo para aquellas teorías inconclusas, fue breve y poco significativo. No quería dejarla así, pero más allá de compromiso, era algo que necesitaba inexplicablemente. No fue capaz de devolver palabras que sentía pero de las cuales temía, ni siquiera de pronunciar ese: “No deberías” que su subconsciente vociferaba a gritos. No obstante, el impulso provocado por su corazón que dio luz verde a las siguientes acciones no fue algo que quiso evitar. Su diestra se deslizó entre el cabello de la princesa y ambas bocas colisionaron en un beso que seguramente, de no haber iniciado, se hubiera arrepentido por el resto de sus días. No estaba seguro de lo que sucedería a continuación, pero tampoco quería saberlo, porque fuese cual fuese su destino, o el futuro que le esperaba, su presente ahora solo se centraba en una persona: Nadia.
Max…Creo que te quiero.
{ @nadiaxcarp }
[ NADIA & MAX ]
+you make me feel so safe
-i promise to keep you safe
No tenia una razón muy clara por la que había dicho esas dos palabras, tampoco tenia muy claro lo que sucedía con ella. Antes era experta en evitar malos compromisos, malas relaciones y ahora parecía caer en toda mala relación y experiencia. Lo que había sido algo de una noche, ahora era algo mas intimo. Sentía su corazon latir con fuerza cuando se miraban y trataba de reprimir aquello pero no le funciono y ahora, ahora que la verdad y realidad se presentaba ante sus ojos, Nadia no pudo hacer mas que decir. “Por favor, quédate.” La bahameña sentía que todo su ser estaba desprotegido, abierto para que lo destruyeran cuando quisieran y odiaba sentirse de esa manera, ella jamas había estado en el lado débil y ahora que lo estaba, lo único que necesitaba era sentir protección y por un extraño sentimiento, algo le decía que encontrara protección en los brazos de aquel príncipe italiano. Los ojos de la bahameña estaban llorosos, casi que quería tirarse al suelo en forma de bolita y evitar todo. Subio la mirada luego de un momento y asintió con la cabeza pero muy sutilmente, su mirada mostraba el dolor que sentía dentro y fue cuando lo escucho hablar de nuevo, que pudo musitar unas palabras. “S-si. Se que me debo ver patética y seguro piensas eso pero no puedo dejar que tu te me vayas. No puedo, no quiero.”
Desconcierto, intriga y una inseguridad que no solo se basaba en las palabras de la fémina, sino también en la reacción que aquellas habían tenido sobre el italiano, confundiendo de cierta manera los rumbos en los que sus sentimientos debían ser conducidos. La relación con la mayor de las bahameñas era incluso mejor que la que actualmente tenía con su futura esposa, a pesar de que sus encuentros tratasen de diversos encames, diversión y un coqueteo innegable entre ambos monarcas, la comprensión y química entre Nadia y él resultaba alcanzar un nivel más alto de lo que podía esperar. Algunos dirían que era la corta diferencia de edades, pero justo en ese momento, de pie frente a la princesa, Maximilian podría afirmar que era algo más que eso. La realidad de los inevitables acontecimientos en su vida personal había sido una sorpresa para ambos, pero nunca tan grande como la reacción que ahora tenía la castaña ante una noticia que cualquiera hubiese creído que la alejaría de una vez por todas del italiano. Para su suerte, era todo lo contrario. “No me estoy yendo a ninguna parte.” Aclaró, girando por completo para comenzar a avanzar una vez más hacia la fémina. “No te ves patética, de hecho, lo único que puedo pensar ahora mismo es en el remordimiento que me provoca el verte así por mi culpa.” Inconscientemente, su diestra se encargó de retirar esa lágrima al borde de sus pestañas inferiores, antes de sujetar la barbilla de la contraria y elevarla hacia su propio rostro. “Es exactamente eso lo que no comprendo, Nadia, porque yo tampoco me quiero ir, ni pienso hacerlo mientras tú me pidas que me quede.”
@alessandrasantorini: "I hope you're happy."
“Espera, ¿Qué?” Frunció el ceño con claro desconcierto, avanzando hacia la italiana para sujetarla de ambos costados de los brazos. “¿Qué demonios es esto, Alessandra? ¿Alguna clase de escena de celos?” Inquirió indignado, sin comprender la reacción que ahora tenía la castaña ante los acontecimientos acerca de su matrimonio de los cuales le hizo ser conocedora. “Te recuerdo que eres mi hermana y, por ende, no tienes derecho a reclamarme por lo que suceda en mi vida personal.”
@insanel0ver: "I wanted to spend my life with you."
“Los dos, Amy.” Corrigió de inmediato, sintiendo como el corazón se le volcaba una vez más, víctima de un dolor que no sabría cuando llegaría a su fin. ¿Era así como se sentía cuando las heridas simplemente cicatrizaban? O, probablemente, cuando se abrían más de lo que ya estaban. “Los dos teníamos planes juntos, los dos queríamos pasar el resto de nuestras vidas el uno al lado del otro.” Agregó, tratando de mantener la compostura y una fingida firmeza que tan solo bastaría la partida de la monarca para que el italiano se desmoronara una vez entre el daño que la historia junto aquella princesa había causado en él y los sentimientos de culpa y dolor que ésta conllevaba. “Pero a veces las cosas no salen como esperábamos. Sin importar que me amaste, o cuánto yo te amé también, esta no es la excepción. Te he hecho mucho daño e, independientemente de si tú lo haces o no, yo jamás podré perdonarme por eso.”
@ciaragh: "You always make things way harder than they have to be."
“¿Yo?” Inquirió, frunciendo el ceño con cierta indignación. Estaba de más resaltar lo alterado que estaba ante la discusión que estaba tomando lugar entre ambos monarcas. “Tú eres la que ha estado reclamándome a mí todo este tiempo. Lo único que hice fue darte mi opinión y, digas lo que digas, nada me hará dejar de estar de acuerdo con que sea tu hermano quien se sacrifique por ti, porque siendo sinceros, no soportaría verte casada con alguien fuera de tu propia voluntad. Créeme, es algo horrible y vaya si no lo sé.”