La morena caminaba rumbo a la habitación de su mejor amiga, más su camino se vio obstruido en el momento en que encontró a la bahameña. Iba a protestar en cuanto ésta la agarró ya que la mexicana no se sentía de humor como para andar jugando, sin embargo, supo que aquello sería en vano por lo que se dejó guiar por la fémina. La mexicana se sorprendió ante aquella unión, no obstante, la correspondió por unos breves segundos antes de alejarse y dedicarle una pequeña sonrisa a la azabache, sin percatarse que cierto australiano estaba cerca. “Eso fue lindo, Nadia, pero honestamente no estoy de humor.”
La mirada de la bahameña posada sobre él lo intrigó de cierta manera, por lo que con cierta curiosidad se dispuso a seguirla por las instalaciones del palacio, siempre manteniendo una distancia prudente aunque su presencia ya hubiese sido notada. Estaba por abandonar uno de los salones del palacio, mas bastó percatarse de la persona que se sumaba a la escena para que sus pies frenaran inmediatamente bajo el umbral de la puerta. Frunció el ceño ante las intenciones poco claras de la mayor, pero después de unos segundos fue capaz de presenciar algo que definitivamente no esperaba ver. Cualquiera hubiese disfrutado de dicha escena: dos mujeres hermosas en un acto lésbico que, independientemente de lo que durara, era algo capaz de deleitar la vista de un muchacho. No obstante, de cierta manera, este no fue el caso con el australiano, no cuando dicho sucesos involucraba a alguien cuyo nombre ardía de cierta manera en su pecho, no cuando ésta misma poseía labios que se había cansado de compartir, ni mucho menos cuando sabía que aquel reto había sido planteado solamente para joderle un poco más la vida. Un nudo se le hizo en la garganta, mismo que descendió hasta su corazón en cuanto las siguientes palabras fueron escuchadas. Un poco de desconcierto alcanzó al bastardo, pero más allá de eso, preocupación. ¿Era su culpa? Pero claro que lo era, por lo que bastó retroceder un par de días para que el recuerdo de una noticia volviese a revivir en su interior, provocando cierto rencor en el rubio. En segundos, su cerebro se desconectó, no fue más dueño de sus acciones y simplemente avanzó hacia ambas princesas. Sus azules viajaron sin pensarlo a la morena. “¿Ves? No era tan difícil retractarte, ni debió serlo cuando trató de mi propio mejor amigo.” Luego de aquellas palabras, no se dignó siquiera a esperar por una respuesta y sin más comenzó a andar por los pasillos del palacio, lejos de ese resentimiento que poco a poco comenzaba a carcomerlo por dentro.
El beso fue corto pero dulce y a Nadia no le había molestado en lo absoluto que fuera así, después de todo, no era como si hubiera ido a buscar a la morena con ganas de tener algo mucho mas intimo, iba hacia ella por tener que cumplir el reto solamente. “Tranquila, cariño. Era solo un beso, nada mas” La bahameña replico suave ante las palabras de Luna, pues, esas eran sus intenciones, estaba por decirle algo mas, algo acerca del reto cuando Bash llego hacia ellas. “¿Cuando que? Hey.” Nadia no sabia mucho la historia que había entre Bash y Luna, sabia que algo habían entre ellos pero no sabia si era oficial o no, bueno, si fuera oficial, estaría anunciado por todas partes y la bahameña estaría al tanto pero como no sabia de nada, suponía que no era así, aun que obviamente supo que las palabras del monarca no iban dirigidas a ella si no a la princesa que la acompañaba. Antes de que Bash pudiera marcharse, la azabache lo tomo le brazo. “Hey. No tienes derecho a juzgarla así, menos tu, quien tiene buen récord de meterse con otra gente.”