Cristianos y Evangélicos: Hacia la politización de la fe en Colombia
por Carolina Luna
Reunión del Presidente Santos con los 14 pastores cristianos después del triunfo del NO en el Plebiscito
Hace un par de meses, en uno de esos domingos de pereza en el sofá, me encontré con un documental en Netflix que llamó mi atención: Jesus Camp (Soldados de Dios es su nombre en español). Resumiendo para no hacer el cuento largo y dejar en ustedes la tarea de ver este documental que lo mantiene a uno con la boca abierta por 1h24m, Jesus Camp muestra la fervorosa y extremista visión del mundo que le es enseñada a niños de familias evangélicas pentecostales en un campamento de verano en los Estados Unidos. En el documental se revisan temas como el calentamiento global, el aborto, el Islam y la teoría de la evolución, entre varios otros.
Observar la visión de mundo de las familias que hacen parte del documental aumentó mi grado de preocupación respecto a la cada vez más visible influencia de este tipo de corrientes religiosas en la esfera pública pues para nadie es un secreto la rápida transformación que se está viviendo al interior de estas iglesias en torno a la politización de la fe. Así, en pleno siglo XXI, estamos presenciando el robustecimiento de las expresiones evangélicas y cristianas como nueva fuerza política no sólo en Colombia, sino también en toda Latinoamérica, por circunscribirnos a nuestra región.
En mi afán por entender este fenómeno decidí investigar en páginas y blogs de iglesias evangélicas y cristianas en Colombia y América Latina, y me encontré con que su incursión en la política comenzó a darse a finales del siglo XX (1). Antes de los 90s la mayoría de estas iglesias eran, en términos generales, apáticas a la participación en política, y dedicaban sus esfuerzos a cultivar relaciones interpersonales, familiares, y a preparar un eventual paso al reino de los cielos, despreocupándose de lo que ocurría aquí en la tierra, muchas veces concebida como un lugar corrupto y maligno. Sin embargo hoy en día, a través de la politización de la fe, estas iglesias están buscando generar cambios importantes en los ámbitos social y político para acercar un poco este mundo terrenal a lo que ellos consideran es el ideal, el Reino de Dios. La ciudadanía entonces se ve ejercida alrededor de una visión mesiánica, en torno a la idea de salvar el mundo a través de la purificación de la política.
En una de sus publicaciones, titulada “Lo imposible es real”: Apuntes en torno a la participación del Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA) (2), la politóloga Bibiana Ortega Gómez expone la manera en que este partido político confesional, hoy el mayor partido de este tipo en Colombia, ha ido creciendo de la mano de sus templos. Como lo expone la autora, la estrategia del partido ha consistido en construir templos en diferentes departamentos, establecer centros espirituales que aglutinen a la comunidad, para luego dar paso a las sedes del partido y así ganar fuerza electoral.
Pero, ¿qué tienen de particular estos partidos confesionales para tener tantos feligreses dispuestos a participar cada vez más en política mientras que a los otros partidos políticos cada vez les cuesta más involucrar a sus seguidores? Una de las explicaciones, trabajada igualmente por Ortega, es la labor social que las iglesias desarrollan con sus bases y que se ve reforzada por el trabajo que realizan sus representantes en la esfera pública. Es ahí en donde se entrecruza lo religioso y lo político. Los feligreses, a través de sus pastores, reciben y envían mensajes de y hacia aquellos que los representan en el ámbito político, con lo cual sienten que pueden expresar sus necesidades y que éstas son escuchadas y atendidas. Esta forma íntima y espiritual de relacionamiento con los políticos dista mucho de la tradicional, en la que los ciudadanos solamente saben de sus candidatos mientras están en campaña.
Las redes de apoyo que forman estas Iglesias son muy fuertes. Pensemos, por ejemplo, en el caso de una madre soltera, sin trabajo, viviendo en una ciudad lejos de sus familiares. Esta mujer encuentra refugio espiritual en un templo en donde el pastor escucha sus necesidades, luego le ayuda a conseguir trabajo, a acceder a un crédito de vivienda para vivir en el barrio que está construyendo la iglesia, y fuera de eso consigue matricular a sus hijos en el mismo colegio de la iglesia. Y llega el día de las elecciones. ¿Por quién va a votar? ¿Por aquel candidato con el que no tiene ninguna conexión o por el miembro de la iglesia que le ha apoyado y con quien comparte una misma visión de mundo?
El elevado número de cristianos y evangélicos y la convicción con que salieron a votar el pasado dos de Octubre dejó a más de uno boquiabierto, no sólo por sus argumentos para haber acudido a las urnas, sino además por el grado de influencia que mostraron tener en la vida nacional y que no muchos habíamos dimensionado.
Mirando en la página del Ministerio de Interior, en la sección de asuntos religiosos, me encontré con la base de datos del Registro Público de Entidades Religiosas No Católicas. Si bien esta base de datos no contiene una casilla donde se indique el tipo de confesión de fe, mirando los nombres de las iglesias no es difícil deducir que la gran mayoría son de carácter confesional cristiano o evangélico. Con esta información me puse entonces en la tarea de mirar cuantas de estas iglesias existen por departamentos, encontrando que de un total de 5877 en todo el territorio nacional, Bogotá ocupa el primer puesto con 1398, seguida por Atlántico con 786, Valle del Cauca con 626, Antioquia con 469, y Bolívar 376 como se puede ver en el gráfico.
Las elecciones presidenciales del 2018 serán un escenario muy diferente al que vimos en el 2014. Para ese momento, posiblemente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) serán uno más de los partidos políticos en la contienda electoral y La Unidad Nacional ya no estará en el escenario como un ente monolítico. Veremos entonces a los partidos tradicionales, al Centro Democrático y a los partidos de izquierda peleando votos en el ruedo cada uno con sus candidatos, haciendo promesas y usando y abusando de la paz para su propio beneficio. Ya vimos cómo lo votos Cristianos y Evangélicos contribuyeron en el triunfo del NO en el plebiscito, y cómo desde entonces los ojos de los partidos están puestos sobre esta fuerza electoral que ha demostrado ser muy activa en la vida política. Si a esto le agregamos la posibilidad de tener de posibles candidatos a el ex-procurador Alejandro Ordóñez, quien a pesar de ser un lefebvrista radical mantiene vínculos muy cercanos con pastores cristianos y evangélicos, y a Vivian Morales, quien ha sonado como posible formula vicepresidencial de Germán Vargas Lleras (y quien al igual que Ordóñez sostiene estrechas relaciones con este tipo de confesiones religiosas), creo que en el 2018 no solamente veremos una vez más secuestrada la paloma de la Paz, sino que es muy posible que veamos también amenazadas algunas de las libertades individuales a las que hemos logrado acceder después del cambio constitucional de 1991.
La apatía de Cristianos y Evangélicos por participar en política hace parte del pasado. En la actualidad son ellos los que quieren escribir la historia, claro está, partiendo desde su visión de mundo. Como lo muestran los datos del Ministerio del Interior y los acontecimientos recientes de la vida nacional, no estamos hablando de una minoría política, sino de una parte importante del electorado en un país donde la abstención pasa el 60%. Así lo indicó Edgar Castaño, presidente de la Confederación Evangélica en Colombia, cuando afirmó que “en el país se elige presidente con ocho o diez millones de votantes... y nosotros somos diez"(3). Será mejor tomarlos en serio, y empezar a establecer estrategias que nos permitan salvaguardar un orden constitucional en donde quepamos todos, y no sólo los Soldados de Dios.
¿Qué pasará en las elecciones de 2018? Amanecerá y veremos. Por ahora esperemos poder terminar este desastroso 2016, y prepararnos para los impredecibles años que vienen.
Ñapa:
Junto a mi recomendación de Netflix, los invito a leer el siguiente artículo en la Silla Vacía sobre las Parteras del Pacífico.
________________
Enlaces de interés:
(1) ¿Espera Dios que los cristianos voten?
Los evangélicos y la política en América Latina: de la negación a la participación abierta.
América Latina vive proceso de “pentecostalización del cristianismo”, dice experto.
El cristiano y la Política.
(3) El rol de las iglesias cristianas evangélicas en la victoria del "No" en el plebiscito de Colombia.
(2) Ortega Gómez, B. (2012) “Lo imposible es real”: Apuntes en torno a la participación del Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA). En Parker, C. Religión, política y cultura en América latina, nuevas miradas. (Pp.147-168). Chile: Universidad de Santiago de Chile. Instituto de Estudios Avanzados.









