SER O NO SER: Diseño cartesano vs humanista.
En su publicación “diseño cortesano” de Ramiro Espinoza, el autor devela muy lúcidamente los grandes problemas en la práctica profesional del diseño en aras de la modernidad y el creciente capitalismo en el S.XIX; de su génesis a su desarrollo y evolución. Si bien estoy de acuerdo en muchos de sus postulados disto de estarlo en otros. El presente escrito pretende ser un análisis comparativo entre los postulados de Espinoza y la realidad contextual de mi formación universitaria de Diseño en México. Cabe mencionar, que pese a ser un análisis desde una óptica fundamentalmente personal, trataré de enfocar las conclusiones a la situación de la enseñanza del diseño en general y su impacto en el contexto mexicano.
Ramiro Espinoza parte haciendo una relatoría de hechos breves y concisos de hitos en la historia del diseño. Para la primera mitad del S. XX el diseñador ya tenía definida su identidad, plantea el autor, y concuerdo que para entonces ya había una noción aceptada sobre el diseño como respuesta que dista a la noción romántica del arte. Sin embargo, creo que faltó acotar un hecho que, a consideración propia, es la pieza medular de todos los problemas y retos que enfrenta el diseño en la actualidad, y es lo referido a los fundamentos en los que fue concebido tal como lo conocemos, pues se sabe que en los inicios el diseño nace por la necesidad de reconstruir Alemania tras la primer gran guerra. Eran someramente artes aplicadas; arte que tenía utilidad. Ésta visión de diseño como una rama más del arte es la que pone el desorden, pues como podemos ver en el devenir de la disciplina, al no tener bases sólidas independientes el desarrollo fue creciendo de una forma un tanto inconsistente. Cabe resaltar que es opinión personal, y que no se trata de culpar a Walter Gropius por no lograr ver las repercusiones que su idea generaría, más bien trato de evidenciar que los retos actuales en la profesión son en parte los mismos que hemos arrastrado por años.
Aunado a lo anterior, Espinoza menciona una discrepancia que surge posteriormente ya en la escuela de Ulm, y es respecto al modelo pedagógico; por un lado la propuesta de Max Bill, ex alumno de la Bauhaus y alguna vez rector de la HfG Ulm y por el otro la crítica de Aicher, Maldonado, Gugelot y Zeischegg, quienes bajo la premisa del formalismo rechazaron el modelo de Max Bill, basado en la creación estética y la producción “honesta” como fundamento del qué hacer en diseño. Tenemos pues 2 postulados que van directamente relacionados a la carencia de bases teóricas sólidas; uno apegado al valor estético y lo sublime del diseño y otro cargado hacia el pragmatismo y funcionalismo de “La buena forma”. En lo personal creo que tal disyuntiva no ha podido encontrar momentos de encuentro claros, o no al menos en las escuelas de diseño en México, pues por mencionar un ejemplo tenemos el contraste de la formación cargada al humanismo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y por otro el modelo enfocado al pensamiento científico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) En consecuencia, no podemos hablar aún de diseño en México en términos amplios, puesto que hasta para los profesionales es difícil definir qué es lo que hacemos. Eso sí, es fácil decir que podemos hacer muchas cosas, pero otra cosa distinta lo es el enunciar el cómo.
Hasta este momento podemos ver que los grandes retos del diseño se enmarcan en contextos que si bien son lejanos al actual siguen permeando en el desarrollo de la disciplina en nuestro país, hecho que como muestro al inicio, se puede ver reflejado en el rol económico que juega el diseño en México, por mencionar un ejemplo lo que ocurre en cuanto a percepción de confianza de inversión en el sector privado según el IMCO. Aunque no todo es responsabilidad de las y los diseñadores, pues lo anterior es reflejo de una economía subdesarrollada donde las prioridades de inversión y capitalización son otras. Basta con revisar las cifras del PIB que se dedican a investigación en México, pues de acuerdo a estadísticas publicadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) México dedica únicamente 0.5% de su Producto Interno Bruto (PIB) a las áreas de investigación y desarrollo. Para darnos una idea, nuestro país se encuentra a la par de países como Tanzania, Uganda, Senegal y Botswana. Como podemos ver, nos encontramos lejos de ser un país interesado en la innovación (Fin último del diseño, a consideración personal).
En suma de todo lo planteado, el autor hace una distinción clara entre ser un diseñador cortesano, siendo éste el que sólo se preocupa por suplir necesidades de un cliente sin plantearse cuestiones éticas, y el de un diseñador sin más, que es todo lo contrario. Básicamente la publicación de Espinoza no plantea una distinción, sino, enmarca a un tipo de diseñador que se alejó, según él, de los principios bajo los que el diseño surge y se acercó más a lo que criticaba; el artista burgués. Algo en lo que no puedo estar totalmente de acuerdo con Ramiro Espinoza es con la premisa donde toda su tesis cierra, pues enuncia que la elección de ser una clase u otra de profesional del diseño recae en el diseñador o diseñadora. Creo que es mucho más complejo que eso.
Valdría la pena parar a reflexionar todo lo que interviene para ser un diseñador de tipo cortesano o no, pues como enuncie anteriormente no todo es culpa del diseñador o diseñadora, lo es también del estado y sus políticas públicas, las instituciones y su enseñanza, así como las exigencias del campo laboral bajo un contexto neoliberal capitalista. En ese sentido, yo diría que la elección de ser cortesano o no en realidad nunca ocurre, pues es más bien una consecuencia del camino que las estructuras económicas, culturales, etc. Fueron forjando para el diseñador. Si embargo, vale la pena remarcar que, si bien el rol del diseño está supeditado a otros factores externos, al final sí hay una responsabilidad fuerte de cambiar el panorama que recae en quienes ejercemos la profesión, puesto que afortunada o desafortunadamente, los aciertos en la práctica del diseño se miden en la práctica. Hemos de aprender a caminar con pasos firmes sobre fango, supongo que ese es en la actualidad el mayor problema a solucionar en diseño.
REFERENCIAS:
- El diseño cortesano, Ramiro Espinoza (2003) recuperado de: https://www.yumpu.com/es/document/view/14616450/el-diseno-cortesano-ramiro-espinoza-designblog
- Las estadísticas de inversión en Investigación y Desarrollo proporcionadas por la UNESCO se encuentran en: http://uis.unesco.org/apps/visualisations/research-and-development-spending/%C2%A0








