[Hackeable] ¡De vuelta!
Respiró el inigualable aroma a calor y humedad. Tan familiar, tan hogareño. ¡Y pensar que habían pasado tantos siglos desde que se fue a casa de su madre, pensando en no volver jamás!
Llevaba la melena rubia hasta la mitad de la espalda, suelta, un sombrero casi sacado de un derby, sandalias rosas de tacón, y un vestido vaporoso y veraniego de color rosa y por arriba de la rodilla. Muy diferente a la túnica blanca con la que se fue.
Hasta hace poco tiempo, se creía divorciada del rey de los mares, aunque apenas unos meses atrás, se dio cuenta de que en realidad, Poseidón nunca había firmado los papeles de divorcio. Al principio se enfadó, ¿acaso ese viejo lobo de mar se creía su dueño? Luego, lo pensó mejor. Tal vez todo eso significaba que ambos podían darse otra oportunidad, no había mal que durara 100 años… o 3000.
Después de pedir información a algunas de las ninfas más… informadas del Olímpo, se enteró de que su ex, había vuelto a la Tierra, ocupando el cuerpo de un veinteañero bien parecido y educado muchacho.
Contempló el paiseje una vez más, y jalando su gran maleta rosa de rueditas, se dirigió al palacio submarino. Al llegar al salón del trono, aventó la maleta y su bolso al primer General Marino que encontró, y siguió avanzando hasta el hombre sentado en el trono.
- ¡Cariño! ¿Tantos años y no remodelaste? ¡En fin, hombres! - Se sentó en uno de los descansabrazos del trono - Como sea, ¡estoy de vuelta! ¿Me extrañaste?
[Había pasado la mañana entera gestionando asuntos urgentes en cuanto a la distribución de recursos en el Pacífico; los números de ciertas especies de ballenas comenzaban a mermar, las corrientes cambiaban bruscamente de temperatura y los desechos de los miserables humanos llenaban su glorioso reino, haciendo que las quejas aumentaran al por mayor. ¡Era un Emperador, un Conquistador, un Dios! Debería estar dedicando su tiempo a cosas más gloriosas que clausurar corrientes y cambiar las frecuencias de comunicación de los Cetáceos.
Poseidón se mesó la barba… O lo habría hecho si al cuerpo de Julián Solo le creciera ésta. Otro fracaso de la Era Moderna.]
“Qué vergüenza.”
[Un sonido a la cercanía lo hizo poner en alerta en un santiamén. El cosmos era familiar, si bien le había perdido la costumbre, y con una muy buena razón; Anfitrite no se había aparecido en Atlantis en más de doscientos años, tras de su último pleito marital.]
No, no, no, este es el peor momento posible. Que se encargue el muchacho.
[Y de pronto, Julián despertó en el trono, con una pila de papeles en las manos, y una elegante rubia socialité yendo en su dirección sin una pizca de respeto ni por la persona ni por el recinto. Dio un salto pequeño en su lugar cuando ésta se sento en el descansabrazos.]
“… Disculpe, ¿Quién es usted?”
[La voz cantarina, la seguridad en sus pasos, el comando y el desdén. Sintió las vísceras contraerse al vacío. La última vez que una mujer invadió el imperio, terminó los despropósitos que convulsiva vida le proporcionaban a la Atlántida. Menguado en culpas, y temiendo revivir la tragedia, arrojó el equipaje y se apresuró a la mujer con presta intención de eliminar las amenazas, sean cuales fueran, a la primera orden]
[Se había quedado con el sombrero de la mujer, bastante parecido a los que le recordaba a su madre. Observó cómo trataba a Julián, y algo en él lo hizo creer que no había peligro. Aunque después de que Isaak saliera huyendo, no supo que esperar. Recogió la maleta y el bolso, esperando alguna resolución de la pareja]
-Willy la orca anda terrible liberáo toavía. Llegaron reportes de carretes intensos y ruidos molestos. Wally anda entero perdío aún y nadie cacha dónde está. Encontramos un nuevo basural flotante a unos kilómetros de aquí y tengo gente trabajando en eso. Hubo una fuga de Salmones de nuevo en Chile porque los saco e’ wéas… perdón, porque falló la contención de la we…cosa donde estaban y ahora hay que… [Eo estaba dando el reporte de algunos otros detalles del Pacífico sur a su jefe. Tan concentrado estaba intentando leer todo bien y usar la menor cantidad de modismos posibles, que se perdió la entrada de la mujer. No fue sino hasta cuando su colega salió corriendo que levantó la vista] -¿Le dolió la guata? Pobrecito yo tengo unas pastillas de carbón por si acaso… [Y fue cuando vió a la mujer en el descansabrazos. Y le cayó lo que había dicho. ¿Había llamado “Cariño” a su jefe? Estaba demasiado en shock como para salir con alguna ocurrencia así que solo se limitó a…pegar una súper exclamación como quien veía una novela] -¡¿HAHHH?!
[Lo tomó de ambas mejillas y observó sus ojos unos instantes] - Así que el viejo lobo de mar sigue encargándole el control del reino al recipiente. ¿No tienes acceso a sus memorias, verdad? [Giró los ojos y suspiró. Ése hombre jamás cambiaría] - Lo lamento, cielo. Talasa, la reina de los mares, emperatriz de las criaturas marinas, la diosa del Mar, esposa de Poseidón. [Extendió su mano frente a él, esperando que el recipiente fuera más caballeroso que su marido] - Creo que vengo en el paquete, junto con la Atlántida, cariñito.
“Disculpe, yo no-”
[Con palabras atropelladas trató de excusarse, pero al escuchar lo último, sintió el estómago encogérsele. ¡¿Cómo era posible que su huesped divino hubiese olvidado mencionarle un detalle tan crucial como lo era una esposa?! Tomó la mano proferida y la besó más por reflejo que por convicción propia; su expresión de sorpresa traicionaba el gesto, pero era de caballeros el ser atento, así que trató de lidiar con el asunto con la menor cantidad de rudeza de la que era capaz en dicho estado.]
“E-es un placer, estimada dama. Mi nombre es Julián Solo… Aunque, supongo, es algo que usted ya sabía. Mucho me temo que no tengo gran comunicación con… Bueno. <i>Él</i>. Me disculpo por no haberle preparado una recepción digna; no teníamos idea de que nos honraría con una visita.”
Una corta, si bien nos va.
[En la explanada, el horizonte marino transcurría con mortal calma; carente de irrupciones cósmicas, sin ejércitos apiñados al pie de las escaleras. La señora no había arribado con una delegación, aunque en principio tampoco lo hizo Atenea. Estrategia funesta. No recordaba provocación alguna que lo justificara.
La sombra de la vergüenza no se presentó al sopesar el arrebato sobre lo que ahora se concretaba como un vulgar equipaje; le cubrió a su regreso a la amplia estancia, cuando se encontró con la rubia aun asaltando desenvuelta y con meloso propósito el espacio vital del emperador. Eran una guardia inservible.
Antes de cometer una segunda imprudencia, airado, inquirió con la mirada a sus compañeros. Tanta inacción merecía una justificación o un término inmediato a tal desatención.]
—Asiste sin cortejo. Esperamos instrucciones, emperador.
[¿E-esposa de Poseidón? ¿Había escuchado bien? El beso en la mano y la actitud de Julián parecieron darle la razón, ante la incapacidad auditiva de escuchar la conversación correctamente. Dió un paso hacia adelante y hizo una reverencia, aún con el sombrero y el bolso de diseñador entre las manos]. - Os ruego, mi señora, que nos confirme a nosotros, fieles siervos de nuestro dios, Poseidón, y del emperador Julián Solo, ante la mismísima Anfitrite, hija de Nereo. De ser así, mi señora me pongo a su servicio, tal como lo hice ante Poseidón. [Si no se trataba de Anfitrite, el ridículo al que se expuso, lo recordarían sus compañeros hasta la próxima cena de navidad.]
[Ok. Definitivamente todo esto debía ser un mal entendido. Tal vez la mujer estaba buceando -con vestido rosa y tacones porque claro, la moda avanza y cambia en cada temporada- y la profundidad le afectó. Él conocía el efecto de la altura, más o menos, porque había estado en el altiplano de su país y se había apunado. No podía ser tan distinto estando allá abajo. Era altura hacia abajo, ¿no? Claro, podrían ser efectos distintos para el cerebro, pero efectos al fin y al cabo. Intentó acercarse con cautela. La mirada de Isaak todavía le daba miedo pese al tiempo de servicio juntos]
-Eh… Mi reinita, ¿le ayudo con algo? ¿Se perdió? Sí mire, somos de mentira, todo esto nomás es su cerebro y…
[Porque había que proteger el misterio de la existencia de ese reino. O eso aprendió después de ver Atlantis de disney por lo menos 10 veces. Mejor actuar como que todo era producto de la imaginación de la rubia.Pero cuando se esforzó un poco más y activó mejor sus neuronas sentidos, comprendió todo. El jefe le había besado la mano, la mujer tenía un cosmos único e innegable que extrañamente había ignorado hasta ese momento, y Sorrento hablaba en un idioma que era el doble de imposible entender. Todo calzaba]
-Llegó la Pincoya. *susurro* Tamos cagaos. Nos viene a sacar la cresta por la mugre que se le tiene que haber enredao en el pelo. ¿Krishna te puedo pedir un último alineao de chakras antes de morir? Siento que vamoh a cagar todos.
[La hora de meditación era un momento sagrado en el que no permitía que los asuntos mundanos lo distrajeran de su propósito y, aún con las ocasionales e intempestivas visitas de Eo (y de cierta náyade), el pilar que resguardaba seguía siendo el mejor lugar para dejar la mente en blanco. La tierra, el mar, eran todo parte del mismo tejido latiendo en armonía, parecía que nada podía perturbar su paz y su conexión con el universo, cuando de pronto una presencia extraña y las vibraciones de varios cosmos en alerta lo sacaron de su trance de una manera demasiado abrupta. Tanto que al abrir los ojos le costó trabajo reconocer el lugar donde se encontraba, eso era… ¿Atlantis? Parecía el mismo espacio pero algo se veía diferente, no tuvo tiempo de analizar el paisaje a detalle pues al localizar el punto de donde provenía tanta conmoción, su deber como general se sobrepuso ante todo. ¡El emperador, sus aposentos! Se dirigió hacia allá a toda velocidad, mientras su entorno parecía seguir mutando intermitentemente a su alrededor. Al llegar se quedó pasmado con la escena, ahí se encontraban Poseidón, otros generales y una mujer rubia con una túnica blanca que aunque jamás había visto, le parecía familiar. Irónicamente, la presencia más extraña era la que menos desentonaba, pues aunque el joven que portaba la escama de Kraken tenía la misma mirada y hablaba igual que el general del Ártico, ¡no se parecía en nada a Isaak! Lo mismo sucedía con quienes debían ser Eo y Sorrento, era como si todos hubieran sido suplantados. No sabía cómo proceder, un general esperaba órdenes del emperador, otro presentaba respetos a la dama y otro decía que todo era de mentira y producto de su imaginación. Sí, tal vez era eso, solo un sueño extraño, pero no por eso podía ser descortés con una visita, real o imaginaria.] —Krishna de Chrysaor reportándose a su servicio mi Señor, mi… Señora?— al levantar la vista después de imitar la reverencia de Sorrento, las ropas de la mujer habían cambiado a un color rosa muy intenso y eran de un corte mucho más moderno que la túnica. Observó a las demás personas en la sala y todos volvían a ser los mismos de siempre, al igual que la estancia. Eso ya era demasiado, tenía que ser un sueño. —Creo que estoy alucinando, veo a una mujer al lado del joven Julián… [El comentario no pretendía ser más que un susurro dicho a la nada, pero con tal incredulidad en su voz se había escuchado más como si dicho presagio fuera señal del apocalipsis inminente. Tal vez lo era.]
- No te preocupes, cariño. Yo tampoco tengo muy buena relación con él. *Acarició un momento la barbilla de Julián, feliz por encontrar un yorishiro sin esa barba de marinero con tuberculosis que a su marido le encantaba llevar* ¡Siempre ha sido así! Primero manda a las marsopas para pedirme que me case con él, y ahora se esconde dentro del envase para evitar hablar conmigo. [Suspiró, resignada. El viejo seguía igual que siempre]. [Escuchó a los generales hablar] - Gracias, Sirena. Es realmente satisfactorio ser reconocida. [Observó uno a uno a los muchachos, tratando de adivinar algo de ellos]. - Kraken, Scylla, Crisaor… ¡Mi muchacho! ¡Que grande y fuerte te ves en ésta reencarnación! Mami siempre está orgullosa de tí… ¿Dónde están Hipocampo, Lymnades y Dragón Marino?
[Rehuyó a la caricia inconscientemente. A pesar de su melosidad natural, su espacio personal era muy importante para Julián, algo que solamente les estaba permitido a Sorrento y a su Princesa…
¡Maldición, su Princesa no podía enterarse de esto de ninguna manera! Se prestaría a malas interpretaciones y su labor de cortejo de años quedaría reducida a escombros sólo porque a su Yo Divino nunca se le pasó por la cabeza decirle que tenía esposa.
Había que armarse de coraje. Por Ella.]
“Estimada dama, no pretendo, como hombre, tomar libertades con usted de las cuales es responsable la Deidad que en mí habita, así que le suplico encarecidamente que-”
[Y la intervención de Krishna, el siempre leal Krishna, le evitó terminar de meterse los pies en la boca. Aparentemente Anfitrite les tenía, cuando menos, aprecio a sus Generales al igual que él mismo.
Poco le duró el gusto, sin embargo.]
“Hipocampo y Lymnades se encuentran en misiones, aunque, según anticipamos, no tardarán en volver.”
[Se le agrió el rostro, con un gesto poco característico en su disposición usualmente afable.]
“… Y no tenemos un Dragón Marino.”
[El suspenso y arrobo general, así la atmósfera enclaustrada en enajenaciones, le generaron una sensación de respirar légamo. Al prolongarse el abandono del emperador, le socavó el ardor de batalla. No era amenaza, ni gracia bienvenida. De sobrentender, apenas un pendiente incómodo de otra vida.
Entonces Julián habló. Contuvo con dificultad el gesto que combinaba decepción y duelo por el sentido común del griego. ¡Con lo bien que iba! Habrían de endurecerle, mantener a piel viva el instinto de supervivencia. Cediendo información de las condiciones de su ejército a la menor presión y sin conocimiento de causas. Rogaba a Ponto, un atisbo de ingenio mercantil retomara la interacción con la divinidad.]
—Señora, si necesita descansar, podemos conseguirle una silla. O pasar a un lugar apropiado para esta entrevista.
- Isaak tiene razón, mi señora. Sería más prudente nos trasladásemos a un lugar más cómodo para usted. El viaje es largo y el descansabrazos no es digno de una diosa. [Agradeció que su compañero le diera una idea de cómo acabar con la incómoda situación, tomándo la maleta y dándosela a Eo] - ¿Podría sugerir ir a el despacho?
















