Este tema genera en el terreno de las finanzas una serie de controversias, especialmente porque existe una dificultad manifiesta en la justeza de su medición, que deriva de dos condiciones esenciales, la incertidumbre y la variedad de instrumentos que pueden ser utilizados en el financiamiento de las inversiones. Como se verá posteriormente, la medición correcta del costo de capital (K) determinará el grado de eficiencia con que se tomarán las decisiones de aceptación o rechazo de las propuestas de inversión, por lo que así se convierte prácticamente en una medida insustituible de la administración financiera, a la que es necesario abocarse aún a sabiendas de sus imperfecciones, ya que en definitiva será la pauta clave en la asignación de recursos limitados, ante alternativas competitivas de inversión, pero cuando tales rendimientos y los costos reales del proyecto se hallan sujetos a incertidumbre, no es posible aceptar la tasa de interés como medida de K, máxime teniendo en cuenta que el financiamiento por lo común es una mezcla de fondos internos y externos, deuda y patrimonio neto, como se ha visto anteriormente, se requiere una medida objetiva del costo del capital, “que sirva de standard financiero para la productividad relativa, como tasa de rendimiento mínima aceptable y como límite en las decisiones de inversión”.















