SOY UN MONSTRUO
Soy un monstruo, insensible. La sensibilidad la perdí hace ya tiempo, desde que soy un monstruo. Soy un monstruo insensible que gusta de las hamacas, del viento en la cara, de la lluvia con sol, de las plantas, del helado de limón, de la muerte “accidental” de algunos gendarmes, de la rebelión de las masas, de lxs que se van de su casa, de lxs que saben rebuscarla, aunque sea al fondo de un contenedor de basura. Soy un monstruo, aunque insensible, empático con-la-otra-monstruosidad. Soy un monstruo que se regocija de ser un monstruo, quiero ser un monstruo, decido ser un monstruo. Soy un monstruo que se viste monstruosamente, se decora monstruosamente, se alimenta y bebe monstruosidades, se comunica a través de monstruosidad: mucho Monsanto, mucha Coca-Cola, tengo adentro; Mc Donald de chica, mucho Facebook, Whatassp, Messenger, Fotolog, Metroflog… Mucha Barrick Gold, tengo adentro; mucho Claro y carne y animales inocentes y galletas Merengadas cuando niño y la escuela primaria y primera comunión y después secundaria y casi confirmación, casi, pero no. Soy un monstruo desde hace tiempo, desde siempre, por todo eso y por todo lo que decido hacer con eso. Antes de nacer, decían iba a ser niño, y cuando grande va a jugar al futbol o va a ser médico como el tío Tito. Nací, fui niña, dijeron y colorcito rosa y nombre de santa. Crecí y no me podían definir. Crecí más y pude decidir: “soy un monstruo” dije y no me entendieron y se cagaron de risa. Y crecí más y no más escuela, nunca más iglesia y apostasía y anarquía y mientras pueda no más patrón y sí o sí nunca más patria, no votar y no comprar más innecesario y no más carne por un tiempo y Coca-Cola de vez en cuando y no más varones que son el patriarcado y crecer y poder decidir y saber nombrar, poder decir: esto violación, esto otro opresión y esto elijo y esto me lo querés obligar. Y nombrar violencia de padre y reconocer esfuerzos de madre, pero irse de la casa, bien rápido y no tener hijos, nunca, jamás. Y nunca más olvidar, sobretodo, no olvidar para no repetir. Soy un monstro solo que no participa de comunidades monstruas, pero piensa en otros monstruos, y se alegra pensando en otros, se masturba pensando en otros, se entristece pensando en otros, gusta de otros, duerme con otros, comparte con otros, hace con otros. Pero soy solo, quizás el más solitario de todos los monstruos, que disfruta de su monstruosidad en soledad, en libertad (o al menos buscándola). Un monstruo solo para el mundo, contra el mundo. Un monstruo que ama pero que odia también: A la policía. A lxs jueces de menores viejxs y rancixs. A las monjas (esas más que odio me dan pena). A los machos golpeadores. Violadores. A lxs que desaparecen. A lxs que explotan. A lxs que callan y así son cómplices, sí, cómplices; y cuando callan obligan a otrxs a hacerse cargo. A lxs que defienden la propiedad privada. A lxs guardiacárceles. A lxs misnistrxs cocainómanxs. A los curas adictos a menores. A lxs que trabajan para sostener al Estado. A lxs que vulneran los derechos. A lxs que son tan derechos que no cuestionan nada. A lxs izquierdxs que se hacen pero no hacen nada. A lxs del centro, por acomodadxs y a lxs de abajo… A lxs de abajo lxs amo, lxs quiero, lxs aprecio, me caen simpáticxs: por manzanas podridas, por mutantes, por zombies de la periferia, por oprobios, por mierdas caminantes. A todxs: lxs negrxs, lxs putxs, lxs pankis, lxs linyeras, lxs gordxs, lxs fexs, lxs mutiladxs, huérfanxs, lxs que luchan, lxs que buscan en la basura, lxs recicladores de la vida, lxs que roban porque no les queda otra, pero se las ingenian para escaparse, para irse, de la policía, de la cárcel o del estado… Soy un monstruo creado por el capitalismo y vuelto contra él. Soy un monstruo, y en medio de tanto molde, tanto copiar y pegarse, tanto necesitar etiquetarse, decidir, porque sí, porque me pinta, porque me viene en gana, ser un monstruo hoy es lo más sensible que me queda.
MARZO, 2015











