— Bien, esa es la actitud que quería ver.— respondió, volviendo sus orbes hasta donde él estaba, aunque sólo fue porque éste cogió de su mechón sin avisar. — Ya te dije, te echaré una mano.
Que parecía encantarle usar esa expresión. Podría decirse que a cada uno de los príncipes les echó una mano; tenía un ideal extraño y poderoso a su vez el pensar que lo hacía. Pareciera que hubieran llegado a algún tipo de pacto. A decir verdad lo era; ahora significaba que algún día el príncipe iría a conquistar alguna celda que Judal hubiera erigido o que fuera a hacerlo.
— Igual, trata de que Kouen vaya contigo como con Leraje, ¿bien? — porque, él no iba a acompañarle. No lo había hecho con ninguno de los príncipes, y esto principalmente era por una extraña norma de Al-Thamen. Seguramente no era apropiado que los djinns vieran un Magi con rukhs negros, y podrían sospechar.
Miró por unos segundos el cabello de Kouha también. Aunque fuera más corto, el color rosado se distinguía tanto en aquella piel tan blanquecina y en aquel mármol que ahora llegaba a entender un poco más porque el chico estaba tan obsesionado con los cabellos y con el suyo propio. Se lo cuidaba, y se apreciaba. Además, no era el único ya que Judal también lo hacía. Se levantó, dejando mostrar su cuerpo al ponerse en pie, desprendiéndose de toda aquella agua que comenzó a gotear en sus extremidades.
— Pues ya puedes empezar a entrenar, ¿no? Llevas mucho tiempo aquí.— le sugirió como pequeña indirecta mientras tomaba la toalla más cercana y la llevaba hasta su cabello.
Le gustó escuchar la respuesta afirmativa del magi pues eso le hizo sentirse un poco más aliviado ya que, si contaba con su ayuda al menos sabía que podía intentarlo. Bien era cierto que Leraje le escogió por la manera de ser que tenía, al igual que también porque Kouen ya tenía muchos djinn según la mujer, pero desconocía si habría más djinn como ella que se rehusasen a formar parte de su equipo por ya tener uno. Tal vez era por eso, la idea de poder quedar atrapado si no aceptaba venirse con él, aunque tenía a su hermano de su parte para que le ayudase y estaba seguro de que Judal tampoco los dejaría morir sin más. -Está bien, aunque ¿sabes? en realidad me gustaría que pudieses acompañarnos- Aunque ya le hubiese dicho en otras ocasiones que eso no podía ser era gratis poder imaginarlo.
Aunque el movimiento de Judal hizo que soltase su cabello un instante para quedarse mirándole un tanto curioso, pues durante un momento no sabía que iba a hacer, pero cuando le dijo aquello sonrió más que antes, mirándole mientras se secaba el cabello. -¿Y qué sugieres? ¿Me ayudarás ahora a entrenar?-
Se mostró levemente emocionado por ello aunque luego lo meditó un instante. Ambos acababan de bañarse y no sabía si el magi estaba dispuesto a entrenar después de aquello aunque, no había nadie más cerca para poder ayudarle con sus entrenamientos ya que sus hermanos estaba bastante ocupados últimamente. -Nunca te he visto pelear con un arma cuerpo a cuerpo, ¿te gustaría pelear conmigo de ese modo?- Pues ahora que lo pensaba Judal siempre iba con su varita, cosa lógica al ser un mago, pero podría ser divertido verle pelear de otro modo.