Daniela Prezley:⋆。˚ ✧ ˚ ⋆。˚𝓡𝓤𝓢𝓘𝓐 ˚ ༘ ⋆。˚ ✧ ˚ ༘ ⋆。
ɢʟᴀᴅɪᴀᴛᴏʀɪ ᴀ ʀᴏᴍᴀ
Antón Chéjov tiene un cuento, que empieza así: ‘Un nuevo personaje ha llegado a la Ciudad, se trata de una Dama y un Perrito’ .
¡Bravo Chéjov, qué manera de empezar una historia que terminará mal! Porque tú nunca adornaste la realidad, hiciste visible el mundo interno de un pueblo que exigía a gritos la Revolución.
Tengo la teoría que lo que (nos) gusta de Chéjov a lxs actores/actrices, y los mexicanxs en general, es que fue un radical que se opuso a las reglas de su época, que se alejó de las ideas románticas y acartonadas del principio de siglo y empezó a hablar del día a día, de lo que la gente platicaba en las calles, de sus angustias y sus ilusiones, pero no de manera obvia, más bien sútil, casi imperceptible. Es que no pretendía otra cosa más que hablar el idioma de su pueblo, una Rusia naciente, que apenas y podía gobernarse así misma de tan extensa. Alguna vez tuve un novio al que amé, y fue nuestro sueño, escribir una obra que se titulara Rusia. No sabíamos de qué iba a tratar, pero ya teníamos el título y muchas veces, a veces, lo que se necesita es un buen título y ya. Rusia nunca se escribió, las Tres Hermanas de Chéjov no llegaron nunca a Moscú, los tzares nunca recibieron asilo político. Anastasia no sobrevivió. Los cuentos de hadas no son reales y la Revolución nunca terminó. Todos nosotros somos los sobrevivientes de batallas pérdidas, unas se llaman Rusia, otras, Amor.
Hace mucho que no leo a Chéjov. Pero esa línea del cuento de la Dama y el Perrito, viene a mi memoria con frecuencia desde que tengo a Pirata.
Pirata, que no es dálmata ni pitbull, sino algo intermedio, paseamos el martes por la mañana en el parque de Janeiro. Entonces, vimos al baterista de una banda famosa pasar y pasear a su perro también. Esa misma mañana bebimos el café con la leche más espumosa en un café cercano a la casa, había caído una tormenta eléctrica la noche anterior y la lluvia había dejado hojas tiradas en los charcos profundos de las calles. Pirata y yo nos perdíamos en la voz de Morrisey - que muy vegano y todo pero no le gustan los latinos - canturrea quejándose de no tener un trapo que ponerse encima. This Charming Man está en mi top ten de canciones para el FINDELMUNDO, si el mundo, se acabara hoy en la Copa de Fútbol. Yo le pondría PLAY ON REPEAT 4EVER. Nunca me imaginé, cómo seguramente millones no se imaginarán en unas horas, estar presente en un momento tan importante para ésta nación como lo fueron en su momento otros eventos. Memoria histórica. Memoria Colectiva. Es un poco difícil mantenerse imparcial siendo testigo de un partido en un país que sigue siendo desigual, no es un juego justo y como un techo que parece desmoronarse sobre nosotros, la injusticia son esas ganas de tener que cubrirnos y no tener con qué.
Así debió sentirse Chéjov, atribulado, como sus personajes, por cosas que no podía cambiar, mientras la sociedad que conoció colapsaba. A Chéjov le criticaron mucho, en su época, que parecía escribir de nada, de boberías, de cosas que parecían simples, pero hay un mucha complejidad en el nada de Chéjov. Hay pasión, hay silencio, hay espera, hay amor; pero no espere el lector que sean pasiones desbordadas, no, las palabras de Chéjov son armas, son voces que rehusan ser silenciadas, apenas un susurro, sus pausas en el teatro, son como un alivio en el cansancio de un obrero, sus descripciones el polvo que cubre las botas del campesino, sus cuentos son santuario y refugio de una tragedia cotidiana. La primera vez que La Gaviota se estrenó, fue un fracaso, no habían encontrado a nadie que pudiera exteriorizar en una crisis personal, lo que le ocurría a una nación hasta que vieron en escena a la Dussel. Si tan sólo se pudiera escribir lo que ella actúa. Natural. Como la gente normal. Desde entonces lo natural, lo cotidiano, se volvió tema recurrente del elenco estable del Gran Teatro de Moscú. Cuando reestrenaron la Gaviota, toda Rusia la reverenció. Luego, vino la obra por excelencia de Antón: Las Tres Hermanas.
-¿Es verdad, entonces que ustedes se van?
- Sí, venderemos el jardín, la casa, todo. Nos iremos a Moscú en cuanto…
Y ese en cuanto, ese no ahora, ese mientras algo más suceda es lo que duele en el teatro de Chéjov. Porque sabemos, incluso antes de terminar, que no se irán, que no serán felices, que Moscú no es San Petersburgo y que no hay nada que puedan hacer ante la decisión de cambiar la capital de ciudad. Antes San Petersburgo, ahora Moscú. Nos vamos. No nos iremos. Estamos en casa. Mi casa no existe, se la llevó la Revolución. Veo desde mi balcón los autos pasar, a extranjeros borrachos pidiendo diversión fácil, veo a los obreros embellecer una ciudad que ya es bella sólo para no quedar mal, antes de atender muchos otros mal funcionamientos, veo el tráfico incesante ir de aquí para acá. Es la inauguración de la Copa del Mundo, pero se siente como el fin de éste. El mundo tal y cómo lo conocemos, está otra vez, a punto de derribarse.
Ayer, anochecido ya, vine al jardín para ver si se conservaba nuestro teatro. Todavía sigue en pie. Me puse a llorar y me sentí consolada, se me hizo más clara el alma.
Pero hay una clemencia pacífica en los finales de Chéjov, que no castiga a sus personajes cruelmente, los deja sumergirse de nuevo en su condición, un poco más dañados, un poco más rotos, pero así es Chéjov.
Un cuentista que lo describió todo, con una tragedia personal encima.







