« BORGIN & BURKES »
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Aquella supuesta fiesta de aniversario no eran más que una fachada para asuntos verdaderamente importantes: los nuevos anuncios del Señor Tenebroso. Aún así, Bellatrix desfiló dentro del establecimiento del brazo de su marido, de quien se deshizo poco después. Observaba los artículos expuestos para la subasta que se llevaría a cabo más tarde sin decantarse por ninguno en particular, hasta que vio aquél vuelapluma. La advertencia de cierta rubia la hizo soltar una carcajada corta. La miró.— Deberías tener cuidado con esa boquita tuya —dijo, un deje de amenaza en su voz.
Nada más ni nada menos que la mismísima Bellatrix Black (ahora Lestrange), dueña de las noches en vela de más de uno y capaz de erizar hasta el último folículo capilar de los más pusilánimes. Pero si la Ravenclaw debía ser completamente sincera, su interlocutora nunca le había causado un sentimiento que fuera más allá de las barreras impuestas por el rechazo y mal gusto que poseía. “¿Qué harás? ¿Me la sellarás con un encanto?” Sílabas que vociferó de una manera retórica, aplicando un matiz de voz suave con ápices desafiantes. “Me ofende el hecho de pensar que crees que estoy bastante oxidada en cuanto a los contra-hechizos” Una vez estuvo lo suficientemente cerca dejó que la yema de su índice diestro se posara sobre la gelidez del cristal, acariciándolo por un par de segundos. Aquella vuelapluma sería suya, no iba a dejar que cayera en las manos de Bellatrix aunque dependiera de todos y cada uno de los galeones ahorrados.















