Siempre que le salía la oportunidad de hacer algo nuevo, algo que le pasaba a menudo desde que su madre había fallecido, Sunnie se encontraba frente a una encrucijada: por una parte su naturaleza curiosa la empujaba a vivir nuevas experiencias, a continuar explorando el mundo que le había sido negado durante años, pero por otro lado la sobreprotección de su madre hacía que tuviera miedo a las cosas desconocidas. Normalmente, su curiosidad solía ganar, y aquella vez no fue una excepción. “La verdad es que no me imagino un club que no sea… Bueno, así como es este”, contestó con tono divertido, “Pero sería interesante conocer otra versión”. Observó con el ceño ligeramente fruncido como sacaba el teléfono móvil de uno de los bolsillos de su pantalón, durante unos segundos preguntándose si se habría dejado el suyo en casa como le ocurría a veces, todavía sin acostumbrarse a llevarlo con ella. “Oh, vale”, contestó con una sonrisa, pensando que realmente era un gesto inocente y que no quería su teléfono para nada más, poco habituada a las costumbres que había a la hora de flirtear con alguien. “Espera que busque mi móvil porque todavía no me he aprendido el número”, comentó después, empezando a buscar el aparato en cuestión dentro de su bolso, “Tú sigue hablando, que yo te escucho”. Y así fue, escuchando atentamente sus explicaciones a cerca de su trabajo mientras buscaba su número de teléfono y comenzaba a apuntarlo con algo de torpeza en el de Aiden. Una vez se lo hubo devuelto, alzó la vista para mirarle, quedándose sin habla cuando el moreno acarició suavemente su mejilla, haciendo que se sonrojara aún más. “Si son algo tétricos igual no es tan buena idea que los lea”, consiguió balbucear después, llevándose una mano allí donde la había tocado, pudiendo sentir un cosquilleo en su piel, “Suelo asustarme con facilidad, la verdad”, añadió como explicación. “Y no, la verdad es que nunca me han dicho eso”, dijo después con timidez, no atreviéndose a mirarle y optando por mirar de nuevo a la ciudad que vibraba bajo ellos.
Mientras ella no imaginaba otra clase de clubes, él sí, eran incontables las veces en dónde asistió a muchos de ellos, en su mayoría por razones de negocio “Tomaré eso como una aceptación” se atrevió a decir, señalándola por breves segundos “y soy un hombre de completa palabra, así que espero no te retractes después” aseguró, así era Aiden, una vez que decía que haría algo, lo haría, sin importar las circunstancias que le pusiera la vida, ni los obstáculos que tuviera que atravesar cumpliría con lo prometido. Fuera así de grande, o pequeña, su promesa “solo necesitas decirme que día paso por ti” usualmente no era un hombre insistente, tampoco alguien que buscase miles de métodos para poder obtener una cita, y es que muy poco necesitaba esforzarse, pero no sabía si era ese aspecto de inocencia que envolvía a la blonda lo que lo atraía o razones desconocidas aún. La sonrisa que se talló en sus labios no desaparecía, mucho menos al notar que ante su tacto las mejillas se tornaron de un carmesí más intenso ¡Qué ganas le daban de sentir ese calor que debía esparcirse en la piel ajena sobre sus labios! Pero no podía, no así de rápido, al menos no con ella. Arregló el nudo de su corbata, en un vago intento de distraer su mente de todo pensamiento carnal que pudiese controlarlo “Buscaré entre ese montón de papeles uno que sea un poco más ¿feliz, tal vez?” dijo un tanto inseguro, puesto que no creía que llegaría a conseguir uno, al menos que se dispusiera a escribirlo “Disculpa si soy algo, no lo sé, un tanto imprudente en ocasiones, pero me es difícil pensar que nunca se lo han dicho” frunció su ceño, desviando de igual manera su mirada hasta la esplendorosa vista que le ofrecía la ciudad “lo digo porque, sin ningún tipo de mal intención, usted es una chica muy hermosa. No es un secreto para nadie”