Es una noche lluviosa, y pienso en todo lo que pasamos, me rodea el miedo de saber que no estás. Veo un relámpago caer en el pararrayos del lugar e ilumina todo a mi alrededor, veo como las luces se destellan en cada rincón y de un momento a otro empiezo a recordarte, a recordar tu mirada. Me acerco a la ventana y la lluvia cae con fuerza, formando una torrente de agua que crea en mí una absoluta tristeza. El viento y el agua se juntan como si estuvieran destinados a ser, o coincidir, algo que entre los dos no volverá a suceder. El trueno que está sonando me hace sentir perdida, porque así tal cual me sentí cuando te fuiste a explorar nuevos horizontes, la inundación de mis ojos es continúa, y ¡sí! Siento que gracias a ti me desconozco un poco más. Analizando lo que describo anteriormente me doy cuenta que realmente me perdí, no perdí a nadie, nisiquiera me dejaron, yo me abandoné, me perdí tratando de encontrar a alguien con quien encajar, cuando cada detalle de mí se perdió por la aceptación de alguien que nisiquiera lo merece, de alguien que me ha lastimado y ha tomado todas las ventajas posibles para controlar cada uno de mis pensamientos y mi vida en general. Ya no sé si esto es real o ficticio, siento que he creado un estado en el que soy feliz y en que realmente estoy siendo yo, mientras otra persona vive mi vida como le place. Estoy encerrada en un calabozo mental, no puedo salir de aquí porque no lo permito, estoy dejando que alguien más defina quién soy y qué quiero. No puedo salir de aquí, me siento atrapada.