La castaña revoloteaba las páginas de su libro de genética tratando de encontrar los temas de la clase que debía dictar el viernes próximo. Se preguntaba si había seleccionado el libro adecuado de su biblioteca esa misma tarde porque parecía que aquel libro no contenía lo que necesitaba. Después de todo no había sido buena idea ir a preparar su clase en el jardín trasero de la cafetería, donde acostumbraba a hacerlo. Ahora tenía que ir a su residencia a buscar el otro libro, pero no estaba dispuesta dejar todas sus pertenencias allí sin la supervisión de alguien. “Disculpa.” Llamó a la persona que caminaba por allí. “¿Puedes hacerme un enorme favor?”
Si había algo que ponía a Reagan de buen humor, era tirarse en el césped a mirar el cielo sin importar la hora que fuera. Esa tarde se dispuso a ir a uno de los jardines del campus a hacer justamente eso pues estaba un poco aburrido y que mejor que curar eso con ver nubes, ¿cierto? Llevaba sus colores, lápices y cuaderno en su mochila pues uno nunca sabe cuando te dará un arranque de inspiración para comenzar a dibujar, lo cuál era muy seguido en el caso del irlandés. Apenas llegó al jardín, escuchó la voz de una chica llamando a alguien, lo que hizo que el curioso peliverde dirigiera la vista en dirección a la muchacha solamente para darse cuenta que al parecer ese “alguien” al que ella llamaba era a él. - ¿Yo? Ehm, claro. ¿Qué pasa?








