Yo no vine a este mundo a pedir que me entiendan ni me tengan compasión, a que me escuchen o que me quieran pero por lo menos que se tomen el tiempo para el respeto a sí mismxs por lo menos.
La pérdida de mi madre ha sido un reto inconmensurable. A diario se me aparece en pequeños lugares, como en mis sueños la veo y no la siento es como re conocer a alguien como empezar de nuevo una relación sin entender el lenguaje de como hacerlo es un proceso sumamente distintivo.
Esa cortina de humo que cargo de arriba para abajo no me dejará nunca de acompañar entonces me hice ya a la costumbre que es parte ahora de mi, esa neblina diaria de no distinguir entre estar despierta o dormida. Las ganas han cambiado, la tristeza fluye siempre fluye. Hoy me encuentro con menos personas en mi vida, antes cargaba a muchxs que pensaba me querían pero por sanidad me di ala tarea de sacarles a todos aquellos que no me daban nada bueno en la vida, que se dedicaban a ser egoístas y reclamarme por mis actitudes cuando mi dolor es tan grande que no tengo ni tiempo ni ganas para andar idolatrando a nadie, repito a nadie.
El perder a una madre es fuerte, es como que si el universo jalase de el imaginario cordón umbilical para regresar a ese ente que nos trajo al mundo a el universo a el espacio sideral. Ese jalón sigue reciente es ahí mismo donde siento el vacío, entre mi corazón y mi estomago, donde viven las mariposas del amor ahí mismo es donde esta el dolor.
Una de las tareas que me he dado desde su partida a sido buscar respuestas, querer con más necedad y necesidad entender la vida. En esta incesante búsqueda me he encontrado con libros sobre otras personas que han perdido a una madre y las similitudes entre lo que sienten es tan identificable y me he llegado a sentir en mi ausencia un poco identificada y menos vulnerable. Claro está que la vulnerabilidad me ataca a diario más la trato de convertir en creaciones, de mutarla y volverla algo que de algo sirva o que si bien sirviendo de algo me sacuda las lágrimas y me invite a nadar en este ciclo nuevo.
Trato de encontrarla en la vida, el viento y la lluvia y recuerdo sus ojos y veo sus fotos y se me escurren las lágrimas tan saladas que me hace darme cuenta que mis recuerdos están intactos y solo se que poco a poco se atacaran con el tiempo y cambiarán a ausencia de memoria y de una tristeza acumulada. Sus huellas están por doquier, su cuerpo murió pero me niego a creer que ella murió en espíritu, que su alma no ronda por nosotros.
El prolongar el dolor no es algo que se hace conscientemente, es un dolor que se asienta después de ver una caja de madera, de ver flores por doquier, de abrazar a mil extraños y comer consomé de pollo sin cattaro. El cuerpo sana lo se y lo hace de una manera tan hermosa. El abrir los ojos, el respirar profundo, el sentir el sol en la piel, el ver las nubes y sentir el agua entre los dedos, la arena entre las uñas los piquetes de moscos el ruido de las ambulancias y así es como entonces las conecciones jamás cesan. Ambulancia-enfermo-enfermo-hospital-hospital-enfermedad-medioapendicitis-mimamayanoestaba y asi cada cosa se conecta con el hecho que ya no esta y donde esta? Esto me recuerda sin duda alguna a esta canción de Silvio Rodríguez que ahora más que nunca tiene un sentido preciso:
“¿adónde van las palabras que no se quedaron?
¿adónde van las miradas que un día partieron?
¿acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón?
¿o se acurrucan, entre las rendijas, buscando calor?
¿acaso ruedan sobre los cristales, cual gotas de lluvia que quieren pasar?
¿acaso nunca vuelven a ser algo?
¿en qué estarán convertidos mis viejos zapatos?
¿a dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?
¿por dónde están las angustias, que desde tus ojos saltaron por mí?
¿adónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril?
¿adónde van ahora mismo estos cuerpos, que no puedo nunca dejar de alumbrar?
¿acaso nunca vuelven a ser algo?
¿adónde va lo común, lo de todos los días?
¿el descalzarse en la puerta, la mano amiga?
¿adónde va la sorpresa, casi cotidiana del atardecer?
¿adónde va el mantel de la mesa, el café de ayer?
¿adónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar?
¿acaso nunca vuelven a ser algo?
¿adónde van?” https://www.youtube.com/watch?v=OSUka5xbphk
En uno de los libros que leo la autora habla sobre la muerte de su esposo y ella cuenta que de lo más difícil para ella fue dejar ir la ropa y los zapatos. Luego de pensar y pensar se dio cuenta que no quería regalarlos aunque sabía que era lo que debiese pasar y supo un día porque, qué pasaría si él regresaba? que zapatos iba a ponerse? Que tan cierto ese sentimiento, querer abrir los ojos y verla ahí, sentada sin haberse ido. A donde fue? Porque se fue? con quien se fue?
No me hablen de su dios, de cómo si creo en el me hara bien. No lo hagan, pierden mi tiempo y muy certeramente mi amistad. No hay reglas para administrar la tristeza asi que abstenganse de sus recetas.
Son momentos donde los abrazos me faltan, donde las amistades que pensé existían se me escurren entre los dedos, donde el amor que irradio se pierde en la distancia y no recibo nada de vuelta, estoy rota, estoy despedazada, tengo miedo, busco algo que no encuentro y las lágrimas se me caen tan fácilmente que ya me canse de guardarlas, de contarlas de chinearlas para una posteridad terrible que me espera en el mismo lecho donde ella partió.
El nudo que tengo en la garganta no me lo enseñó ningún marinero, no esta en ningun libro de nudos, es un nudo gigantesco que crece con el sentimiento de desamparo. Me siento desubicada, en una nube flotante sin entender que pasa, que alguien me diga que es lo que va a suceder. Cansada y harta estoy de escuchar ya todo pasara, todo estara bien o simplemente no escuchar nada. Que tan cobardes son las personas que se van, huyen.
He decidido ser feliz, agarrarme de las fuerzas que mi tristeza inunda, agarrarme de lo aprendido y tirarme a volar y agarrar estas fuerzas que la vida me dio y con este miedo continuar hasta donde ya no, donde me venga otro miedo aún más fuerte. El miedo no se me va, y quizás no es malo, quizás es un regalo que puedo manejar como un precipicio que no me deja saltar pero que me llena los ojos con un vidrio cenizo que no cambia de color. Aunque ella no esta, aunque no la encuentro sin importar donde busco no me doy por vencida y muerta de miedo no dejaré de buscarla jamás.