Cold War (2018) dir. Paweł Pawlikowski

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@reecardough
Cold War (2018) dir. Paweł Pawlikowski
No he trabajado en suficientes oficinas para que esta película me duela, pero sí he trabajado en suficientes para saber que me va a doler todo. Muchísimo. En mi experiencia (poca), toda esta película es 100% certera: hay un drenaje de alma, una injusticia preponderante y al final un romance no donde las personas, el trabajo y las emociones propias se traslapan, y todo se hace una mengambrea estúpida y confusa. Es un poco difícil saber en qué mitad de la palabra dramedy se encuentra Broadcast News, sí hay humor pero mucho antes hay dolor y amargura, hay una exploración franca del sinsentido y el amor en apariencia inexplicable.
Creo que es la definición perfecta de una película adulta, una que definitivamente le habla a un público que ha visto y experimentado desesperación, impotencia y amargura en contextos que aún no logro ni imaginar bien. Yo no creo haber experimentado a profundidad algunas de estas sensaciones, pero Broadcast News resonó profundamente en mí, porque al final es un largometraje sobre el sinuoso camino de las convicciones personales y profesionales. También adoro cómo habla sobre las relaciones en nuestras vidas: las amistades que dejamos más cerca tal vez no son las correctas, y en otras ocasiones la gente simplemente se va. Es melancólico pero necesario. Es irresoluto y poco satisfactorio, pero al final uno termina en esa vida sin darse cuenta.
Necesito verla. Tal vez lo haré en 15 años cuando mi perspectiva haya cambiado.
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Tuve un momento muy Barry-Jenkins-embriagándose-mientras-veía-Notting-Hill cuando vi esta película. Mis papás querían ver una comedia ligera, agradable y que estuviera en Netflix. Esta fue la opción. En mi prejuicio, la medio veía en lo que escribía otras cosas en mi computadora. Mientras más volteaba a verla más quedaba ligeramente hechizado por su encantadora y exagerada trama, su humor tan simplón (para bien), la sonrisa de Rachel McAdams que científicamente puede curar cualquier enfermedad y —más que cualquier otro elemento— su lenguaje visual. No es el de cualquier otra romcom, está llena de travelings, push-ins, tomas más largas de lo normal y un estilo de edición que no es el acelere aburrido de una película comercial de esta estirpe, hay tiempo y necesidad de ver y adquirir lo que sucede en el cuadro. Googleé quién era el director y todo tenía sentido: ¡Era Roger Michell! el mismo director de Notting Hill.
Por supuesto no es la mejor de Michell, pero vaya que no se queda atrás. Morning Glory es honesta y encantadora, y mentiría si dijera que no carcajeé estruendosamente en algunos de sus segmentos. Asimismo, varios de sus personajes tienen micro-arcos y sus pequeñas tramas minúsculas que logran resolverse de formas muy bonitas (desde las velas hasta los diccionarios son relevantes y tienen muy buen payoff).
En lo que creo que cojea un poco la película es en hacer de algunos actores parodias de sí mismos. Hablo particularmente de Harrison Ford y Diane Keaton, que son un pastiche mal formulado y excesivamente escrito para ellos. Sólo que ya cansa verlos rehacer el mismo papel del señor gruñón y la señora aventurada y orgullosa respectivamente. A pesar de esto, es innegable el encanto y hechizo de Morning Glory, un largometraje honesto a más no poder. Quizá sus últimos minutos también son demasiado apresurados, pero todos su bemoles logran compensarse tranquilamente.
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Creo que es un buen balance entre divertido estudio de personaje y ácido comentario político. Por el lado de los personajes, todos tienen suficiente información, contexto y motivaciones para que sus acciones tengan humor, vínculo y amargura de formas muy bien justificadas. La película es política, sí; y los protagonistas están —obviamente— motivados así, pero también tienen un lado personal que los aflige de maneras muy específicas, y rebasan las líneas de lo político: va más hacia lo inmediatamente social o familiar. En unos cuantos minutos es muy fácil reír, impresionarse y luego sentir que el corazón se le hace a uno muy chiquito, pues hay una excelente construcción hacia ese final bien melancólico y tristón. Por último me gustaría nada más remarcar que la música hace todo muy divertido. Ya vi quién hace el tema principal, pero el resto de las piezas originales empatan muy bien el estilo despreocupado y humorístico de The Unorthodox
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Me encanta. Me encanta cómo envuelve lentamente para dosis de dolor muy pequeñas, tranquilas y finamente álgidas. Mucha gente se queja de que esta película es una oda a la miseria, un trabajo que sólo proyecta lástima o que depende completamente del dolor. Pero no. Verla así sería darle una interpretación demasiado acotada, ignorar todos los otros elementos periféricos que hacen de Moonlight una belleza. Si algo tiene de perfecto Moonlight es esa lentitud, la cotidianidad con la que la vida cambia. Creo que es un acercamiento excesivamente acertado. Moonlight no es una película onerosa para mostrar la vida del protagonista, ni ocupa eventos con claridad relevante, todo se mueve de forma callada, con lujo de detalle y muchísima lentitud. Jenkins entendió perfectamente que no es necesario ser ultra explícito, ni ser exhaustivo en acontecimientos, sino dejar que las cosas fluyan. Eso sólo en cuestión de historia es brillante. Por otro lado, creo que esta película es criminalmente talentosa en sus capacidades técnicas, todas en su máxima expresión y a la orden el día. Primero la edición de Nat Sanders y Joi McMillon (Sanders claramente también realizó la hermosa quemadura paulatina Short Term 12) que apoya esta cotidianidad y capacidad de lentitud, acomodando los eventos de tal forma que su fluir es natural. Por último, la muy aclamada cinematografía de James Laxton es apabullante, con un juego de iluminaciones bellísimo (también entre Laxton y Jenkins se armaron la mejor toma inicial que se les pudo ocurrir, envolvente y muy estimulante). Moonlight está despreocupada por hacernos sentir simpatía por su personaje principal, de hecho éste está construido de forma muy plana, y uno puede hacer todo tipo de proyecciones hacia él. Más bien, lo fascinante es su capacidad para transmitir un pulso vital; su preocupación por la cotidianidad no la incluye ni siquiera entre una película de protesta o denuncia, sino un largometraje sobre la agria belleza que hay en la vida diaria y en las injusticias, en encontrar lentamente el polo opuesto y dónde uno pertenece. Una obra espléndida.
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La verdad es que no puedo calificar esto por varias razones. Vi esto con mi mamá y mi papá en un momento en el que mi familia atraviesa días muy complicados.
El Principito es un libro crucial para mi familia también, al menos para mi relación con mis padres, pues fue de las primeras cosas que me leyeron cuando era niño, y aún siento su eco. Sobra decir que casi durante toda la película se me inundaron de lágrimas los ojos. A mis padres también.
Creo que su acto final sí es fallido y algo forzado. No obstante, la película triunfa porque más que una adaptación es un homenaje al libro, inclusive en ese último acto (corríjanme si me equivoco, pero Mr. Prince parece más bien el farolero, ¿no?). Inteligentemente, Mark Osborne entendió que El Principito no es tanto sobre la trama en sí sino el significado que nos dejó a todos los que lo leímos, y ese es el verdadero retrato de esta película.
Por cierto, qué maldita sorpresa todas las voces.
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Las obviedades en mis películas favoritas son algo como aquí: un avión carga una ojiva núclear de hidrógeno que, en la cabeza, tiene una inscripción que lee "H-Bomb". Ya saben, por si se confunden.
Primero lo malo: es excesivamente melodramática y tarda en que hagan efecto el misterio, los insectos, la acción en general y pues tampoco se transpira mucha tensión para estar aguantando estas cosas. Es muy evidente todo... creo que debí suponerlo cuando vi lo de H-Bomb. Vaya, no pensé que el resto de la película se fuese a desenvolver así. El problema también es que eso hace algunas apariciones de los insectos medio anticlimáticas. En ese sentido me pareció muy familiar a un clásico cincuentero: Marabunta, una película cincuentera con Charlon Heston muy poco entretenida pero cuando era morro algunas cosas me parecieron divertidas. Pero tanto en Marabuna como en Genocide la aparición de los insectos se vuelve algo medio inerte en su mayoría.
Lo bueno: hay un par de secuencias donde no se observa tanto a los insectos sino a sus consecuencias y la locura que provocan. Esos momentos son increíbles. No sólo porque la locura representada es perfecta, sino porque las alucinaciones también están hechas con muy buenas ideas de color y actuaciones. Cada que gritan "genocide!" es un momento donde me daban ganas de saltar en mi asiento. Por último, también amé los créditos iniciales.
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Seconds (1966) // dir. John Frankenheimer
This review may contain spoilers.
La vi hace ya un buen pero un amigo me prestó su copia de Criterion y no pude evitar revisitarla en estas condiciones.
Si no lo es, sí está muy cerca de ser perfecta ¿no? Tiene tensión impresionante y unas secuencias que rebasan lo icónico. Creo que The Thin Red Line como The New World son los ´ultimos atisbos de este Malick más claro, un poquito más evidente pero sin diluir absolutamente nada de su discurso ni artesanal manufactura. Me agrada mucho The Tree of Life, pero no me dan ganas de revisitarla para ser honesto, creo que es una película hecha para apreciarse en una ocasión y lugar muy específico, fuera de eso no me emociona en absoluto.
Pero The Thin Red Line sí invita a la revisión. Tiene un goce impresionante al ver esos travelings con grúa de las montañas, o la narración que casi siempre está puntualmente editada (algo santurrona también, pero creo que eso ya es una cosa muy de Malick).
Qué chafa ese final con Witt (Jim Caviezel) cayéndose como si nada.
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Está bien.
Un principio medio molesto al final resulta en una película bien encantadora y carismática. Hay chistes bien puestos (ninguno acá increíble pero definitivamente agradable), actuaciones a muy buen tono y dos estelares súper suaves. También se ayuda de buenos diálogos y en general una muy buena ambientación.
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Recuerdo haber visto varias partes hace mucho tiempo pero nunca la película completa. Está... mucho más cringey de lo que recordaba.
Creo que después de la segunda mitad despunta muy bien y ya no resulta tan cliché ni tan infantil. En ese sentido creo que salió muy bien. Los dos actores tienen un carisma impresionante y —reitero— los últimos 30 minutos son sólidos.
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Es un trabajo muy tierno, empático y con un estilo que —creo yo— es el elemento mejor trabajado y más importante.
También creo que al final es una salida muy fácil y no sé si no logré empatizar tanto pero pues... es un descubrimiento tan común que pues no logré conectar tanto en ese sentido.
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Sigue siendo bellísima.
Destaco ahora lo perfectamente hecha que está. Hay un buen match cuts y transiciones preciosas (destaco el flashback en la feria) , y el trabajo de efectos especiales bellísimos.
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Tensísimo. Me da pena admitir que me faltan muchísimas de los hermanos Coen, pero este trabajo es formidable a más no poder. Hay silencios perfectos, la fotografía es lo suficientemente expresiva y puedo ver los rastros genéticos que plagan gran parte de su filmografía: protagonistas y villanos torpes, confusiones imbéciles y un ambiente de suprema incomodidad. Hay secuencias sin un solo diálogo que resultan potentemente efectivas (destaco el final y el entierro en la tierra). Amo cómo la narración inicial enmarca todo pero en realidad no dice absolutamente nada. Blood Simple es una quemadura lentísima, a medio camino entre divertida, contemplativa y absolutamente derrite nalgas.
Me encantó.
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Siempre me tomo el tiempo con películas con este nivel de hype. Esta vez fueron casi cinco años. Me pareció algo súper inferior. Jamás pude tragarme su tono entre humor negro, thriller y una suerte de vibra telenovelesca y kitsch para mal. Pero más grave aún, tampoco pude superar la trama, una compleja maraña con plan maestro extremadamente falible (al final sí fue falible, pero es impresionante que haya sido hasta ESE punto). Lo peor es que inclusive cuando falla se nos dan... ¡cosas aún más increíbles! Y a todo eso se le suma un circo mediático que claro, es efectivamente crítico de la realidad, pero —y sé que sueno como un disco rayado— es demasiado paródico e improbable. Mi problema con la verosimilitud es que no sabía qué película estaba viendo, si humor negro (Tyler Perry es el más spot-on de esa faceta) o un thriller (como siempre, aquí el triunfador indiscutido es David Fincher), y esta cuestión tonal fue una piedra que siempre tuve en el zapato. Me pareció un trabajo no exactamente tenso, pero sí divertido y entretenido, aunque con una medio molesta confusión de tono que constantemente me hizo decir "naaah ma..." no tanto como impresión apabullante, sino incredulidad negativa. En lo positivo, creo que Fincher está en su mejor forma visual. Por algún lado leí que esta es la película más formalmente ambigua y débil de Fincher. No obstante, yo creo que la edición es un elemento tan llamativo y efectivo para una película así de dispersa que quedó perfectamente. Me gustó mucho lo rápida y fugaz que es Gone Girl con muchísimas tomas que no superan los dos segundos y son suficiente para introducirte a una escena, personaje, situación o tema. Por lo menos esto sí le dio un estilo muy llamativo, interesante e inteligente a una película a la que desafortunadamente no le creí nada.
Dato irrelevante: la estaba viendo en casa con mi mamá. Mi papá se puso a verla a los 40 minutos de haber empezado, entendió todo a la perfección y no nos hizo ni una pregunta. Me hizo pensar para qué diablos fueron esos 40 minutos de set-up.
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Primera película del año y pues qué película.
Edward Yang construye universos con una temporalidad muy específica (que poco tiene que ver con lo cronológico o la fecha) y unas necesidades precisas. Más que una temporalidad de lugar, año y ambientación, es una representación del TIEMPO en sí mismo, el tiempo como un proceso y una declaración. Es una película sobre la verdad y la realidad. Yi Yi me parecía algo fenomenal y fuera de este mundo, pero está pequeña a comparación de esto. Hay alma y corazón en ambos largometrajes, sólo que A Brighter Summer Day parece estar sacada directamente del recuerdo y de las vivencias, esta película respira y está viva. Hay también una diferencia sustancial con Yi Yi (uso mucho esta comparación porque la vi hace poco y no he visto otra del director): no es cursi. De hecho no es ni medianamente aleccionadora o conmovedora, es plenamente real. A Brighter Summer Day brilla porque uno como espectador se reconoce a sí mismo de varias formas que trascienden lo superficial. Lo real de esta película poco tiene que ver con lo fidedigno e histórico (sucesos que desconozco y la verdad investigué hasta después de ver el largometraje) y ni siquiera con qué tanta simpatía tengan los personajes (poca), sino en la extrema naturalidad de sus reacciones y andares, en lo creíble que resulta todo. Al contrario de casi cualquier película existente, A Brighter Summer Day es un trabajo a la que no se le debe de exigir o conceder nada, todo lo dado por hecho es pertinente y aceptable, así como el ligerísimo fluir de los hechos narrativos.
Bueno, retiro lo dicho, sí hay algo que uno debe conceder y aceptar: su duración. Cuatro horas se dicen fácil, experimentarlas es otra historia. No obstante, lo reconfortante es que uno sólo debe invertir tiempo, nunca excesiva atención o ganas, pues este trabajo fácilmente diluye su metraje para bien: no adormece, no es lento y siempre está contando algo relevante. Yang realiza narrativas ambiciosas y de larguísimo aliento, las cuales sólo generan más cercanía con la historia y su eco. Por ahí había leído que esta película es sobre una inmensa cantidad de personajes y personalidades. Esto no me parece una descripción acertada. Tal vez sí hay muchos personajes y caras por recordar, pero este hecho pasa desapercibido, todo está muy bien centrado alrededor de su protagonista y —si tuviera que elegir otro— su padre, quien se roba una porción de la película en un tramo más o menos efectivo. Historias más cortas y con muchos menos personajes me confunden menos, aquí siempre tuve claro quién es quién, a qué personas responde y cuál es su círculo social.
Por último, creo que Edward Yang también es un genio para comunicar información. La exposición es una cosa muy curiosa, pues al menos en subtítulos los diálogos eran mundanos y muy azotados, nada exagerados, factor apoyado por todo el trabajo actoral de los niños. Asimismo nada es plano, aburrido o convencional. Los encuadres siempre son expresivos (¿qué tal esa increíble conversación al reflejo de la puerta? ¿O aquella pelota de basket que sale de la oscuridad?). A Brighter Summer Day podrá ser larguísima, pero Yang se las arregla para que esta longitud tenga sentido, intención y profundo significado. Yang no sólo es excelente para crear universos, sino también para hacerlos digeribles y presentarlos de la forma más bella posible (la restauración de Criterion se ve fuera de este mundo).
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This review may contain spoilers.
La mayoría de las reseñas que leo reducen esta película a una escena/instante que sirve como analogía para el resto. No estoy completamente a favor de una lectura así —creo que puede pecar de simplista— pero no me pude resistir y ahí va:
Hay un pequeño momento en Burning que me parece genial: Jong-Su recibe la última llamade de Hae-Mi y lo único que escucha son sonidos extraños. Cuando la llamada termina el foco cambia hacia los árboles del fondo pero con Jong-Su aún en primer plano contrapicado y completamente desenfocado. Es muy difícil no darse cuenta de lo sucedido; no obstante, me parece una manera muy simple de reforzar las reglas del largometraje: dejar de prestarle atención a lo más evidente y en primera impresión, más bien juzgar las cosas por la sensación y no darlas por sentado en su cercanía (física o mental). Muy similar a lo que sucede en una de las primeras secuencias, en la que Hae-Mi hace pantomima para comer una mandarina: "No se trata de hacerte creer que la mandarina no está ahí, sino de olvidarte que la mandarina no está ahí".
Leer el cuento de Murakami que sirvió como base —Barn Burning— antes de ver esta película sí ayuda a esclarecer de mejor forma los matices que Lee Chang Dong trató de proyectar en Burning. Hay una sensación de leve desconcierto (llevada a un desagradable más claro en la película), así como una tensión entre lo siniestro y lo fantástico. Obviamente nada en Burning es inverosímil, pero el juego de las desapariciones e investigaciones muchas veces cruza líneas difíciles de clasificar. Poco a poco construye tensión y culmina en uno de los finales más emocionantes, merecidos y mejor grabados que existen. En su muy particular manera, esta película es inesperadamente tensa, pues el misterio entra casi a la mitad del metraje (cuya duración total es de casi dos horas y media) y es ahí cuando muta en un viaje más tétrico y ominoso.
Pero Burning sí deshace algo que Murakami estableció muy bien y se trata del misterio. Mientras Murakami es sutilmente siniestro, Burning es un esfuerzo más temerario de mostrarnos esos colores, lo cual resulta en un largometraje de a ratos más obvio y claro en las intenciones de los personajes y de la narrativa. La película de Lee Chang Dong es ambigua antes que nada, por supuesto, pero hay espacios ciertamente mucho más acotados y menos abiertos a la imaginación. En estos casos, un gran poder resulta en que la fantasía del espectador puede ser mucho peor, o simplemente menos obvia. Aquí todo está encaminado de una manera un poco más clara en cuestiones narrativas.
No así en materia temática. Este es probablemente (junto con la fotografía) el elemento más potente de Burning: la capacidad que tiene de lectura e interpretación. No sólo es un espléndido libro abierto, sino que logra sostener todas sus lecturas con muchísimo soporte, sin importar qué impliquen para los protagonistas o para el discurso de la película en sí. Burning puede leerse desde una arista de la vida juvenil en el capitalista y caníbal mundo contemporáneo, una historia de amor no correspondido, un melodrama sobre afrontar la familia que uno tiene, la vida moderna en las ciudades grandes, una historia de un posible asesino serial, una desaparición sin explicación alguna, entre otros. En lo personal, yo vi en Burning una película sobre el traicionero, manipulable y surreal ejercicio de la memoria. Todos los personajes tienen un debate extraño con su pasado, sin importar qué tanto logren disimularlo. Los ejes se pueden ir agregando y cada uno fortalece las capacidades discursivas de esta película. Si en algo ha triunfado Lee Chang Dong, es en hacer un formidable trabajo exhaustivo e inagotable, donde sacarle tres patas al gato es el divertido ejercicio que siempre debería ser.
Su necesidad de clarificar algunas cuestiones —y de formas demasiado evidentes (¿de verdad el reloj era el único refuerzo posible?)— es su gran punto débil. Tampoco es una enorme queja, pues Burning tiene un ambiente muy pesado, y construido de forma excelente. Nadie puede dejar de mencionar toda la secuencia del atardecer, así como la poderosa fotografía que incluye su manufactura. Toda la secuencia es hipnotizante y bellísimamente grabada. A pesar de ello, el ambiente desconcertado se desvanece cuando lo opaco pasa a ser más que transparente. Su punto más fuerte es darle al espectador la libertad de conjetura, y es un elemento medular, creo que la secuencia del gato es la prueba inequívoca: ¿es o no es el mismo gato? hay razones para creer cualquier opción en este dilema, pero la película es recia en su cerrazón de claridad. En el desconcierto, Burning es un triunfo, en la claridad se le restan algunos puntos.
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