Brócoli y Chocolate
La cosa es que mucho de lo que es bueno casi nunca sabe tan bueno, por ejemplo el brócoli. Pero en cambio adoramos la grasa azucarada de sabor suave y penetrante del chocolate aunque genere un poco de diabetes. No hay nada que hacer. Es nuestro cableado cerebral ancestral. Lo mismo sucede con el conocimiento. Lo nutritivo casi siempre viene en forma de pesados artículos científicos embrutecidos con montones de matemáticas y lenguaje críptico. A ningún científico parece interesarle que alguien más entienda. La forma chocolatosa del conocimiento es banal y casi siempre viene con un tufillo místico; lejos de cualquier rigor y endulzada con pensamiento mágico, simplicidades y autoayuda. Así que quienes agenciamos procesos de aprendizaje estamos en la non grata tarea de alimentar con brócoli y chocolate. Cosa que debe saber horrible pues hay cosas que tienen más valor separadas que juntas. Hay quienes intentan cócteles y mixturas exóticas, pero hay cosas que sencillamente no deben ir juntas. Como la epilepsia y la lepra, o la tos y la diarrea. Mi aproximación al tema es que la mejor manera es dar pequeñas y concentradas ensaladitas de brócoli con buen aderezo visual de ser posible, y luego un largo y delicioso postre de chocolate, y hacer tantas iteraciones de esta receta como sea necesario.









