El secreto de la asistenta
Es difícil encontrar a alguien que te dé trabajo sin preguntar demasiado sobre tu pasado. Así que le agradezco al universo que, milagrosamente, los Garrick me hayan dado empleo limpiando su impresionante ático con vistas a todo Manhattan y preparándoles comidas sofisticadas en su inmensa cocina. Puedo trabajar aquí durante un tiempo, ser discreta hasta conseguir lo que quiero. Es casi perfecto. Sin embargo, todavía no he conocido a la señora Garrick ni he podido ver lo que hay dentro de la habitación de invitados. Estoy segura de que la oigo llorar. Veo las pequeñas manchas de sangre en el cuello de sus camisones blancos cuando hago la colada. Y, un día, no puedo evitar llamar a su puerta. Cuando esta se abre lentamente, lo que veo lo cambia todo... Es entonces cuando hago una promesa. Douglas Garrick se ha equivocado. Y va a pagar. Es todo una cuestión de hasta dónde estoy dispuesta a llegar...
" Esta noche me van a asesinar. Los relámpagos destellan en torno a mí, iluminando el salón de la pequeña cabaña en la que estoy pasando la noche y donde mi vida pronto llegará a un final abrupto. Apenas alcanzo a vislumbrar las tablas del suelo y, por unos instantes, me asalta la imagen de mi cuerpo despatarrado sobre ellas, encima de un charco de sangre que se extiende formando un círculo irregular que cala en la madera. Me imagino con los ojos abiertos, mirando al vacío, la boca ligeramente entreabierta y un hilillo rojo resbalándome por el mentón. No. NO. Esta noche no. En cuanto la cabaña vuelve a sumirse en la oscuridad, me alejo de la comodidad del sofá, a ciegas, con los brazos extendidos ante mí. Es una tempestad violenta, pero no tanto como para provocar un corte de corriente. No, eso ha sido obra de otra persona. Una persona que ya ha arrebatado una vida esta noche y cuenta con que la mía sea la siguiente. Todo empezó con un simple trabajo de limpieza y ahora podría acabar con alguien fregando el suelo de la cabaña para limpiar mi sangre. Aguardo a que otro relámpago me ilumine el camino y luego me dirijo con cautela hacia la cocina. Aunque no tengo un plan concreto, la cocina contiene varias armas potenciales. Hay un taco entero de cuchillos ahí dentro, y, a falta de eso, hasta un tenedor podría venirme bien. Con las manos desnudas estoy perdida. Un cuchillo tal vez mejoraría ligeramente mis posibilidades. Gracias a sus grandes ventanales, en la cocina hay un poco más de claridad que en el resto de la cabaña. Las pupilas se me dilatan en su esfuerzo por absorber toda la luz posible. Me acerco trastabillando a la encimera, pero, tras avanzar tres pasos sobre el linóleo, me patinan los pies, me pego un batacazo y me golpeo el codo con tanta fuerza que se me arrasan los ojos en lágrimas. Aunque, a decir verdad, ya tenía lágrimas en los ojos desde antes. Mientras me esfuerzo por levantarme, me percato de que el suelo de la cocina está mojado. Cuando relumbra otro rayo, bajo la vista hacia mis manos. Ambas palmas están manchadas de rojo. No he resbalado sobre agua o leche derramada. He resbalado sobre sangre. Me quedo un rato sentada, haciendo inventario de las partes de mi cuerpo. No me duele nada. Sigo intacta, lo que significa que la sangre no es mía. Al menos por el momento. «Mueve el culo. Espabila. Es tu única oportunidad». Esta vez consigo ponerme de pie. Llego frente a la encimera y exhalo un suspiro de alivio cuando mis dedos entran en contacto con la superficie dura y fría. Busco a tientas el taco de cuchillos, pero no lo encuentro. ¿Dónde estará? Y entonces oigo las pisadas que se acercan. Como está tan oscuro, no estoy del todo segura, pero diría que ahora hay alguien en la cocina conmigo. Se me eriza el vello de la nuca cuando un par de ojos se clava en mí. Ya no estoy sola. El corazón se me cae al estómago. He cometido un error de cálculo fatal. He subestimado a una persona extremadamente peligrosa. Y ahora pagaré el precio más alto por ello. "















