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Una mueca adornó su semblante mientras trataba de mantener la compostura. No obstante, si la chica comenzaba a llorar, todo el sentimiento que guardaba dentro de sí iba a resurgir. “Quizá puedas retomar el empleo en Los Ángeles, podríamos ayudarte para regresar o… Tal vez sólo necesitamos un tiempo lejos de Disney para que nos extrañen” mencionó, aunque dudaba de sus palabras. “Necesitas estar tranquila, ¿de acuerdo?” pidió, acercándose a ella para brindarle un abrazo. “No llores, ya verás que todo éste desastre se solucionará de una forma u otra.”
Turce su boca mientras Bianca dice una de sus frases. “Realmente odiaría derrumbar tu espíritu, pero vamos: Disney es una compañía gigante, dudo que nos vuelvan a admitir. Esto es deprimente.” Lo era, de verdad. Todo por lo que Romina había estado trabajando desde la granja en Balaton se derrumbó con una carta de tres párrafos. Acepta el abrazo, aún así: recarga su cabeza en su hombro como consuelo. Solloza una vez más, le resultaba inevitable, y contesta: “Ojalá. No tengo un plan B.”







