“N-no, no. No lo entiendes.” Trata de añadir severidad a sus ojos para ver si alguien se dignaba a comprender su punto. “No puedo, simplemente no puedo ser despedida. Yo vine hasta acá a Orlando sólo por Disney, no tengo dinero para regresar a Los Ángeles o a Balaton, ¡mucho menos con esta miseria de sueldo!” Estaba al borde de las lágrimas, podría jurar que tal vez y en un ataque de pánico. No sabía que hacer y sus palabras eran sinceras.












